La Coctelera

Las manos en los bolsillos

8 Julio 2009

Orgullo 2009: la gran verbena

Un año más cumplí con el rito de salir a la calle el día del orgullo para tomar algunas fotos. Me fascina pasear cámara en ristre para captar el ambiente. Sin embargo, este año tuve que desistir al final de la tarde, pues no sé por qué extraña razón en esta ocasión el desfile fue tremendamente lento, y entre carroza y carroza había más de media hora de retraso. Echamos un buen rato, pero al final la luz se iba y preferimos ir al cine que aguantar de pie a que pasara algo. Mientras tiré algunas fotos, como estas dos en blanco y negro. Si pincháis sobre ellas podéis ver las que he subido a flickr.

Luego volvimos para darnos una vuelta por Chueca, pero lo que vimos fue más propio de una verbena que de una fiesta con carácter reivindicativo. No quiero criticar por criticar, pues me parece perfecto que todo esto se haya convertido en una fiesta más (la mayor, sin duda) de las que pueblan el verano madrileño, pero algo se ha perdido, y eso es innegable. Tuvimos que desistir al rato, incómodos por lo desmadrado (en el peor sentido de la palabra) del tema, pues no somos muy verbeneros, aunque satisfechos porque, por una noche del fin de semana, y sin que sirva de precedente, los ríos de meados se habían trasladado unas cuantas calles más arriba.

En cualquier caso, bendita exaltación de la libertad de elección sexual. Heteros, homos y bisexuales campábamos por la calle sin problema, acordándonos de aquellos que ven en esto una nueva Sodoma o Gomorra.

Probablemente algunos que yo me sé necesitarían una verdadera Gomorra en sus pulcras y tradicionales calles, pero esa es otra historia.

Espero que disfrutéis de las fotos.

Tags: orgullo, 09

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3 Julio 2009

La T es el martillo del abecedario

Controvertido, genial. Rocambolesco, absurdo y, a la postre niño pijo, pero también divertido, chispeante. Leer sus greguerías es siempre sorber poemas en versos muy cortos, antes de que nadie hablara de micropoemas, haikus y demás zarandajas (nota: un tal Losantos acaba de publicar un libro de haikus; aviso para navegantes).

Ramón fue contemporáneo de don Ramón, el Nobel, pero éste era más histriónico, y para nada encorsetado y remilgado como el segundo. Se reía hasta de sí mismo, pero al final no supo reírse de quien más debiera, apoyando con pasta para armas y un doblar de rodillas al golpista que luego se tomó muy en serio eso de que su apodo terminaba en "ísimo", y así estuvo cuarenta años.

Hoy hubiese cumplido ciento veintiún años. 121. Sobre la cifra, así escrita, según lo viera, hubiese dicho que son dos soldados, muy firmes, que custodian a una serpiente. Lo curioso del caso es que ¡cómo podía imaginar el bueno de Ramón que a todos nos ha recordado su cumpleaños una cosa llamada Google! Le hubiese dado un vértigo.

Vayan sólo diez greguerías escogidas. Buscad más, que no os arrepentiréis.

  • Aburrirse es besar a la muerte.
  • La noche que acaba de pasar se va al mismo sitio en que está la noche más antigua del mundo.
  • El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
  • A las doce las manillas del reloj presentan armas.
  • Cuando la mujer se quita una media parece que va a mirarse una herida.
  • Carterista: caballero de la mano en el pecho... de otro.
  • Los presos a través de la reja ven la libertad a la parrilla.
  • El Pensador de Rodin es un ajedrecista al que le han quitado la mesa.
  • La Y es la copa de champaña del alfabeto.
  • Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan.

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26 Junio 2009

Momentos históricos: Jacko muere y La Coctelera cumple años

Desde luego, una noche para recordar. Con el buen sabor de boca de la fiesta de La Coctelera, a la que hemos asistido Innes y yo (encantado, Furillo, ha sido un placer) y con el orgullo de haber sido incluido en el libro Cuatro años de La Coctelera en cien posts (gracias), nos enteramos de la muerte de Jacko... La vida es así, y yo no sé muy bien por qué escribo esto, a vuela pluma y a punto de acostarme, pero todos sabemos que hemos vivido un momento histórico, por partida doble para los "cocteleros". Mañana habrá un aluvión de noticias sobre ambos asuntos, pero yo siempre recordaré que estuve a la una de la madrugada escribiendo estas cuatro líneas. Esto es vivir, no lo dudéis.

Feliz cumpleaños, mi querida Coctelera. Adiós paras siempre, Jacko. Esta noche rumiaré muchos momentos antes de conciliar el sueño.

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25 Junio 2009

Ávila sin mística

Porque Ávila es mística, y en cierto modo quieta, aunque sospecho que fuese mucho (incluso) más quieta antaño. Ahora luce turística y hasta dicharachera, con esos especímenes que suelen poblar todas las ciudades de provincias, a bordo de artefactos tuneados. Ávila, la de pedazos anatómicos incorruptos, viejos inquisidores y místicos poetas; la de las murallas mejor conservadas de Europa (tremendas murallas) y la catedral gótica más temprana; la de San Vicente románica, con su cadáver de olmo centenario y su rosa juradera; la de las callejas y el sol tostado de atardecer, es la ciudad perfecta del fin de semana, de la buena carne y la noche tranquila, la del fresquito de verano y el calor benevolente. Y de todo eso, vayan algunas fotos.

Mañana La Coctelera está de cumpleaños. Intentaremos pasarnos, a ver qué se cuece.

Tags: avila

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22 Junio 2009

Cabecera de verano

El verano, el asueto, la vida floja, el estío... La promesa de las vacaciones, el momento de relajarse, la carrera cuya meta final es el merecido descanso.

¿El fin de la astenia? La primavera ha sido dura en muchos sentidos. El verano espero que sea reparador, ubicador, reflexivo. Mientras todo eso llega, os dejo como siempre con el bueno de Friedrich y su Einsamer Baum, que podéis admirar, si tenéis esa suerte, en el Alte Nationalgalerie de Berlín, y que ha ilustrado el período primaveral de este vuestro blog.

Pronto más cosas, y confío que interesantes. Os lo prometo.

Tags: cabecera

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18 Junio 2009

Las tiras de Innes (8)

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17 Junio 2009

Hacerse valer

Todos los lunes comparto cancha de juego con mi querida cuadrilla de machos alfa, de los cuales el otro día descubrí que, en este momento, soy de los más jóvenes (lo que da una idea de la edad que nos gastamos). Durante dos horas puedo verme inmerso en una metáfora vital de cómo funciona el mundo y, lo que es más importante para mí, cómo me enfrento yo a él.

La cosa es sencilla: hay que saber hacerse un hueco, y para ello los modos de conseguirlo varían diametralmente entre uno y otro espécimen de esta entrañable jauría. Los que suelen destacar por su calidad y técnica pasan por la zona como si flotaran, realizando limpios saltos sin ningún contacto físico y consiguen una canasta tras otra de manera mecánica pero muy eficiente; por supuesto, suelen ser imparables. Otros, los que más ruido suelen hacer, al margen de la efectividad de sus entradas, comunican todas sus acciones con grandes aspavientos, protestando contra todo y cometiendo faltas que si bien serían admisibles en un circuito profesional, están completamente fuera de lugar en una competición entre amigos (ejemplo, caer a plomo sobre un defensor cuando tiene un rebote claro, algo que puede hacer mucho daño [inciso necesario: estamos hablando de adultos masculinos que sobrepasan con facilidad los cien kilos]). Otros pululan por la zona con sigilo, intentando aprovechar un descuido para colarse hasta la canasta y conseguir una que no haga mucho ruido, y ahorrarse así un golpe innecesario. También hay otros que toman la distancia adecuada para hacer entradas de más largo recorrido, conscientes de que su mejor baza es la de entrar con suficiente antelación, con un par de buenas zancadas. Hay otros que toman distancia y nunca se meten en líos (es decir, en la zona), sino que se dedican a recorrer la bombilla de un lado a otro levantándose sólo cuando tienen un tiro franco. Y otros a los que ni siquiera esa distancia les satisface, y no suelen jamás sobrepasar la línea de 6,25 (y ni siquiera ensayan el triple, sino que pululan por ahí, por lo que pueda pasar). No faltan los que, incomprensiblemente, en un momento dado abandonan el barco farfullando improperios, de tal modo que pueda parecer que es imposible continuar jugando con ese panorama (y, como en el cuento del lobo, el resto de sus compañeros desdeñan ya las caras de asombro y sólo esgrimen un ligero encogimiento de hombros, ignorando la obvia falta de sensibilidad, y continúan como si tal cosa). Y, al fin, están las "estrellas", que se han confundido de liga y juegan al basket como si estuvieran corriendo en una cinta en frente de un espejo, con posturas irrisorias de lo forzadas que son (es decir, la actitud de un "jugón" sin serlo).

¿Y yo? Soy sorprendentemente competitivo, pero las cosas que se me mueven por dentro en un partido de basket tienen mucho que ver con lo que siento generalmente en mi día a día: soy mejor de lo que me creo, pero sé que no soy suficientemente bueno como para sentirme satisfecho. Así, camino entre la desesperación y la aflicción, tanto como por el gusto del deber cumplido (por ejemplo, con un triple decisivo) e incluso la euforia, aunque me machaco demasiado por ser útil al equipo (lo cual es perfectamente inútil, pero no se puede evitar sentirlo). En resumidas cuentas, soy capaz de lo mejor y de lo peor, a veces (las más) mediocre, pero tengo mis momentos, y soy bastante perseverante, aunque en no pocas ocasiones me puede la desesperación. Exactamente igual que en la vida misma.

Esto puedo verlo de mí mismo en el laboro, donde no sé contonearme, ni pavonearme, y estoy siempre demasiado dispuesto a ayudar a quien me lo pida. Me desespero conmigo mismo cuando soy consciente de que no he hecho las cosas bien, y las críticas directas (sobre todo de mis superiores) suelen hundirme en la desdicha y la melancolía. Nada nuevo bajo el Sol, lo propio de un inseguro, al que al menos le queda el consuelo de sentirse querido las más de las veces, y profesional, buen profesional, siempre que es necesario, signifique eso lo que signifique.

Al igual que al final de un partido, donde la cerveza cumple su labor socializante, cuando la ficha pasa por la máquina y suena un ligero pitido, el mundo se abre ante mí. Entonces atrás quedan muchas cosas, y con una jarra generosa y relajante, o con un tirón del puño de gas de la moto, ya no existen rivalidades ni malos modos, no existe la competencia ni la necesidad de ser productivo. Porque el trabajo es como una cancha de juego, como la cancha de juego de la vida misma: siempre tan puta por estar tan dispuesta.

Tags: basket

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6 Junio 2009

Ya no remaremos juntos en el lago

No he podido evitarlo... Fue entrar en La Casa del Libro y le vi allí, como si me estuviera esperando. Nada menos que El vampiro del bueno de Polidori en la editorial La Otra Orilla. O séase, ineludible.

Desde hace ya meses y meses guardaba una entrada en borradores que pretendía ser uno de esos “monográficos” propios de este blog. Iba a hablar de aquel verano de 1816, cuando un inusual torrencial verano (como si el tiempo se hubiese puesto de acuerdo para ello; y quizá así fuera) hizo que en la famosa ya desde aquella época Villa Diodati, a orillas del lago con tan literario nombre de Ginebra, se diesen cita al menos, y por distinto motivo, cuatro de los grandes nombres del romanticismo inglés, Mary Wollstonecraft Godwin, Percy Bysshe Shelley, lord Byron y el propio Polidori. Y ahora, al fin, con el libro en la mano, retomo esta historia

Sin embargo, no voy a extenderme demasiado. El hecho es ya demasiado conocido y ha hecho correr ríos y ríos de tinta. Más me quedo con una sensación. Es legendaria la altivez de Byron, y se le supone a Shelley la egolatría propia de los grandes divos del Romanticismo, pero... ¿fueron de algún modo conscientes de la importancia que tuvo para la historia de la literatura aquellos días de verano tormentosos? Las conversaciones entre dos buenos amigos de Boscán y Garcilaso; la tormentosa relación entre Verlaine y Rimbaud; las tardes de tertulia entre Borges y Bioy Casares; o por qué no, los paseos castellanos y carpetovetónicos de Panero y Rosales, por poner algunos ejemplos, ese trato íntimo y personal entre celebridades... ¿se huele a futurible, se siente reseñable en los libros, o simplemente deban a su pretendida intrascendencia la huella que dejaron en las generaciones futuras? De hecho, la Villa Diodati era mítica para Byron y compañía por haber sido lugar de reunión de Milton, Rousseau y Voltaire. Esas paredes parecían destilar inspiración, pero ¿pudieron haberse sentido parte de la historia mientras jugaban a contarse historias de miedo entre relámpagos y truenos?

Mary contaba con tan sólo diecinueve años en el "verano sin verano" de 1816, cuando gran parte de Europa y Norteamérica sufrieron un extraño empeoramiento del tiempo que trajo el invierno al estío. Polidori, joven doctor también de tan sólo veinte años; Byron (también joven, de tan sólo veintiocho) y Shelley de veinticuatro se reunían cada noche junto a la hermanastra de Mary, Claire Clairmont en el gran salón de la mansión... ¿No eran simplemente unos puñeteros críos, malcriados y snobs, que gastaban sus reales como se los gastan los pijos de hoy día en Aspen o los Alpes suizos? ¿Puede alguien con esa edad sentirse (como aseguraba Byron) tan engreídamente importante? Por lo que sabemos sí; se sentían importantes, pero podría pensarse que precisamente se convirtieron en leyenda por ser tan rematadamente jóvenes. Yo puedo asegurar que cuando estaba iniciando la carrera me sentía el ombligo del mundo, y jamás he vuelto a componer versos como lo hice en aquella época. Ahora me temo que no es precisamente a esa parte de la anatomía humana a la que me siento unido...

De aquel gélido verano nacieron dos de las piezas fundamentales de la novela de terror: el primer vampiro aristócrata y el monstruo por antonomasia de las historias de miedo. Lord Ruthven y Frankenstein, el germen de Lestar y Drácula y el pavor de la carne revivida más famoso de la historia. ¿Os imagináis colaros en ese salón donde tales piezas se reunían a beber láudano (según la wikipedia, opio y otros narcóticos diluidos en vino blanco con azafrán, canela y clavo) y contar historias de miedo? La leyenda habla de una horrible pesadilla de Mary, y de un relato inconcluso de Byron que aprovechó Polidori para crear a su chupasangres. Qué más da. Ahora que sería un viejo para estos jóvenes literatos (en toda la honda y ancestral extensión de esa palabra) brindo por esas copas llenas y esos efluvios que inspiraron historias que siguen asombrando al mundo.

Y hasta aquí puedo leer.

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