¿Qué hacías tú aquel día?
Hace veinte años yo era un jovenzuelo universitario que pensaba que el mundo giraba en torno a mí y los míos. En esa época debía de estar comenzando tercero, y por las fechas del año estaría haciendo pues eso, nada, que es lo propio que se hacía cuando comenzaba el año (pues, claro está, no era de esos alumnos que son capaces de empezar a estudiar a principios de curso; bastante tenía con ir a clase). Recuerdo perfectamente que acababa de nacer el periódico El mundo, y en esa época todos los universitarios lo leíamos porque nos parecía viento fresco en la prensa española (que andando el tiempo se convirtió en pestilente, pero esa es otra historia). Y parece que acertaron, porque a los pocos días de salir a la luz dieron la gran noticia: el Muro de Berlín estaba comenzando a caer. A todos nos pareció la mejor noticia que podría darse en aquel mundo raro post Guerra Fría, cuando todavía estaba fresca en la memoria la masacre de Tiannanmen. Era el fin de una época, y nos sentíamos muy afortunados de estar viviendo semejante suceso histórico.

Veinte años después las cosas han cambiado mucho, bien es cierto, pero los muros siguen altos y las diferencias entre el primer y el resto de mundos tan vivas como entonces. Deberíamos estar satisfechos de todo lo que ha ocurrido en estas dos décadas, pero nuestros sentimientos son agridulces. El mundo no es intrínsecamente mejor que aquel mundo; es distinto, mejor, sí, en algunos aspectos, pero aquella esperanza que nació en el corazón de los europeos no ha evolucionado como esperábamos. Las cosas siguen mal, estos veinte años han sido convulsos, y aunque puedan parecer mucho más plácidos que todo lo ocurrido hasta entonces, la injusticia sigue campando a sus anchas. De cualquier forma, estamos aquí para celebrarlo, y esperamos que esta celebración sirva para que el mundo pueda ser un poco más justo, pero eso es ser tan soñadores como lo éramos aquel frío 9 de noviembre de 1989.
¿Y qué fue de mí? La rueda ha girado tanto que da vértigo. Ahora mismo, como podréis comprobar, Las manos en los bolsillos ha cambiado de aspecto. De hecho, muchas cosas están mudando de aspecto a mi alrededor, empezando por la casa en la que vivo. Ahora no tengo al faro de la Gran Vía en mi ventana, sino un ventanal coqueto que me devuelve los tejados de un barrio residencial que ya duerme. Me siento extraño, viendo imágenes de aquella época en la que yo era mucho más joven y despreocupado. Ahora, en plena crisis de los cuarenta, pienso en qué muros querría derribar en mi propia mente, mientras veo las nuevas vistas y el nuevo aspecto de mi blog. Y pienso en cuántas cosas más tendrán que cambiar. Pero esa es la vida, ir mudando de piel como lagartos.
Por lo demás, espero que os guste el cambio. Necesito hacer algunos ajustes más, pero vamos poco a poco. Disfrutemos de esta efeméride, y mañana el demiurgo dirá.
Y mientras, va esa pregunta: ¿qué hacíais vosotros el 9 de noviembre de 1989? Venga, no seáis tímidos y contadnos vuestras experiencias. Terapia de grupo gratis... ¿qué más queréis?





