La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Categoría: Comando Filológico

El Comando Filológico en Euskadi

Sí, así es. El Comando Filológico estuvo el puente pasado por tierras euskaldunas. Y como era de esperar, fue un viaje espléndido, no sólo por el tiempo, que fue mucho más que benévolo, sino también por volver a poder disfrutar de la bendita tierra vasca, algo que procuro hacer siempre que puedo. Y como no podía ser de otra forma, el Comando se hizo notar nada más traspasar la "frontera" entre Castilla y Euskadi, por el imponente puerto de Orduña, cuyo cartel fue debidamente corregido. Véase a Innes en plena acción:

Y, como ya es habitual en las acciones del Comando, acá está el resultado (debe advertirse de que, como no disponíamos de rotulador blanco, he hecho una simulación con Photoshop, para que se vean mejor las intenciones):

Acciones del Comando aparte, nunca me cansaré de alabar los rincones tantas veces visitados de estas tierras, sobre todo del valle de Ayala y del norte de Vizcaya. Y qué decir de Bilbao, una de esas ciudades que siempre sorprenden, no sólo porque ya antes la consideré hermosa, a pesar de la supuesta y sempiterna fealdad que se le achaca, sino porque hay que reconocer que cuando las autoridades saben hacer bien las cosas las hacen (y sabéis que suelo siempre criticarles lo contrario). La ciudad está espléndida, muy hermosa y transitable. Quizá "las siete calles" hayan perdido el sabor de antaño, pero hay que reconocer que el Arenal está francamente bonito, especialmente bonito, lo que unido a la socarronería y cordialidad de siempre de los lugareños y lo "andable" que está la ciudad se ha obrado el milagro: la vieja ciudad gris e industrial ha pasado a ser una hermosa ciudad que no sorprende nada que sea ya calificada de "turística", imagino que para regocijo de los de "El Bocho" y sorpresa de los foráneos. Tengo ganas de volver, a ser posible un día de diario, para pulsar el ritmo (de hecho sólo estuvimos de noche) de la ciudad, pues me he llevado una gratísima sorpresa.

De lo demás, los rincones de siempre igual de hermosos. Pero este post es más que nada para que visitéis las pocas fotos que he subido a flickr, entre ellas ésta de uno de mis rincones favoritos del mundo mundial ya en el anochecer: el cabo Machichaco.

Y una cosa más: una foto que me hizo Innes mientras hacía la foto anterior. La verdad es que me encanta, y, bueno, uno también tiene su corazoncito ególatra:

No dejéis de visitar mi cuenta en flickr. Pronto estaré de vuelta con más temas, y con más tiras de Innes, que sé que las estáis esperando.


Nota: Hemos cambiado de estación y de portada. Llegó al fin la primavera. Y como era de esperar, os dejo con la cabecera de la estación anterior, del viejo amigo Friedrich, Paisaje de invierno (1811, Staatliche Museum, Schwerin).

Aventurerismo... WTF?

Veamos. Que luego se dice que no advertimos. Queridos políticos, periodistas y, en el escalafón más alto de la cadena, señores académicos: por mucho que se hayan puesto de acuerdo algunos seres pocos respetuosos con estas cosas, que no dudan en inventarse palabra que a ellos les suena bien (vaya usted a saber por qué), señor Rajoy, aventurerismo no existe en castellano. Por no existir, no existe ni aventurismo. Así que, antes de que todo el mundo se ponga a soltar por su boquita la dichosa palabra, desde las filas del Comando Filológico rogamos que se abstengan, desde ya, de hacer uso de ella.

Dicho queda. Y es más, rubricamos con un sonoro "joder, coño ya" para demostrar nuestro desacuerdo. Y advertimos: como dentro de un par de años, que es lo que se tarda en admitir estas tropelías, el dichoso término sea admitido en el DRAE, obraremos en consecuencia.

El Comando ha hablado.

[Nota] Uso la etiqueta WTF?, muy extendida por Microsiervos, pues viene como anillo al dedo. En traducción libre, entonamos un contundente "¿Pero qué coño?", a su salud.

Día del corrector de textos

El Comando Filológico, para conmemorar el Día del Corrector de textos, auspiciado por la UniCo, tiene a bien presentaos esta maravilla encontrada en un garaje de la capital de España.

Dado el nivel que presenta esta obra de arte, el Comando decidió no actuar y sólo perpetuarla en la memoria de todos, señalando, eso sí, los detalles más destacados, a saber:

  • El artista original, que amén de utilizar unos maravillosos y trasnochados iconos para llamar la atención del receptor del mensaje (¡ese triciclo!), e incurrir en la sonada errata, tampoco tuvo excesivo cuidado en guardar las distancias entre palabras y, en general, centrar la caja de texto, aunque esas sean menudencias.
  • El cuidado con que el corrector anónimo señala el error (¡qué se escribe con v, hombre!) y el modo en el que se autocorrige, pues dudó sin la palabra "empiece" se escribe con "n" o con "m" (bueno, y ya de paso le advertimos que las mayúsculas también se acentúan...). Eso sí, la corrección no está reñida con el oportunismo y la ocasión que ofrece el anonimato para demandar también sus soluciones, claro. Es lo que se llama economía de medios.
  • Ese lacónico "la de enfrente" superpuesto a todo y que no deja de ser ambigüo. ¿Que quiere señalar, que la culpable de la errata es "la de enfrente", lo que supone que al menos conoce su género, lo que ya rompe un poco la general búsqueda de anonimato?; ¿o acaso pretende acusar a esa mujer de encizañar a todos con sus cuitas? Pero el trazo parece ser el mismo que las letras "OR" superiores, lo que entraña aún más misterios... ¿qué querrá decir todo esto? Estamos consternados por no poder descubrirlo.
  • Para terminar, pero no menos importante, el Comando llama la atención sobre ese icono dibujado que aparece en la esquina superior izquierda. ¿Qué significará?; ¿qué debe pintarse?, ¿la cochambrosa pared, las rayas que tanta discordia producen o la corrección de la errata?; nunca lo sabremos.

En fin, lo dicho, feliz Día del Corrector.

Cambio y corto

Mis muy queridos lectores, los de siempre y los que os habéis incorporado hace poco: Polidori, con las manos más en los bolsillos que nunca, se ausenta durante una temporadita a disfrutar de un (creedme) merecido descanso estival. Hasta septiembre no voy a aparecer por estas páginas, si no es para algún comentario a vuela pluma. Ya sabéis por otras ocasiones parecidas que me suelo regir por años lectivos, así que puede decirse que acabo de terminar un año, y no parece que me hayan quedado muchas para septiembre. Porque en septiembre habrá cosas nuevas, pero eso ya se verá. Incluso puede que me abra una cuenta en flick, quién sabe.

Antes de marcharme os dejo con algunas fotillos. Así pruebo las aplicaciones de mi nuevo iMac, con el que estoy encantado.

Primero, una luna veraniega entre agujas centenarias. Sí, las motas que se ven son pájaros que no querían ser eliminados por el Photoshop.

Hace mucho que la buena de Pitu no aparece por aquí. Lo cierto es que el calor la tiene aplastada, como ya ocurriera hace un año y como le ocurre todos los años. Anda maullando y persiguiéndome por toda la casa inquiriéndome con maullidos que supongo que querrán decir algo así como: "tío, eres capaz de sacarte de la manga comida recién hecha y agua fresca y no eres capaz de bajar este calorazo... ¡pues vaya!". En fin, aquí está la pobre, literalmente derrengada.

El Comando Filológico nos descansa, por supuesto, pero estas fotos tienen ya un tiempo, y hacía tiempo que quería subirlas. Es este un Mostoles horrendo...

que se convierte en un Móstoles como el demiurgo manda.

En septiembre habrá más actuaciones. Lo prometemos.

Poco más. Una hermosa (al menos para mí) vista de la Gran Vía al atardecer.

Y una foto de la plaza del Cristo de los Faroles de Córdoba con una luz mágica (y un calor que ni pa qué, pero eso aquí no se nota).

Me despido. Que seáis muy felices, lo paséis en grande y sigáis creciendo.

Y no olvidéis supervitaminaros y mineralizaros.

La deslengualización del Estado

Era inevitable que el Comando Filológico® se pronunciara por el tema "de moda" en estos días. Pero no va a caer en la demagogia aplastante que tanto asombra y divierte a partes iguales. Para eso (y puestos a politizar) voy a tirar de Escolar.net, que lo explica muy clarito desde la jefatura de ese panfleto izquierdista que es visto como la bicha desde los rincones bienpensantes de la Madre Patria, y que tiene por nombre Público.es. Con esto sé que me posiciono, y que conste que lo hago conscientemente. A pesar de que los rojos-rojos nos tildan de social-demócratas por leer estas cosas, en el panorama informativo patrio, toda vez que El País se está convirtiendo en lo que se está convirtiendo, ya somos cada vez más los que tenemos a este periódico como cabecera de nuestro navegador. Y para terminar con este alegato propagandístico, pasen y vean la tira de Manel Fontdevila sobre el tema.

Hace unos días unos cuantos "intelectuales" firmaron un manifiesto "en defensa del castellano" en el Ateneo de Madrid (entre otros, Mario Vargas Llosa, Félix de Azúa, Albert Boadella, Arcadi Espada, Álvaro Pombo y Fernando Savater). Vaya por delante que en este post no voy a entrar en las capacidades intelectuales que hacen que estos personajes sean (válgame la rebuznancia) "intelectuales". Por poner un ejemplo, Vargas Llosa posee una envidiable y única capacidad para la prosa, Boadella es uno de nuestros provocadores favoritos (y sabemos por qué está aquí, claro), o Savater no deja de ser uno de los pilares del pensamiento español del momento, pero la cosa es intentar comprender por qué se meten en estos fregaos políticos. Lo único que a mí me vale es una intención puramente agitadora, para que "se hable del tema", pero esos posicionamientos, esos brindis a las veleidades liberales no sé hasta qué punto son beneficiosas para ellos mismos. Cada vez que les veamos ejerciendo su verdadera profesión, sea la literatura, el pensamiento o lo que sea, nos acordaremos de esas memeces que a veces sueltan; y si el sustantivo memez parece un poco fuerte, dejadme al menos que diga contradicciones y exageraciones, pues el ínclito manifiesto está repleto de ellas, y por ahí los que podemos ver puntos sensatos dentro de él nunca pasaremos.

Ese manifiesto, como ya bien sabrán mis lectores, se redactó con la intención de salvar a esa nuestra lengua de los ataques de hordas de políticos y demás ralea que pretenden "deslengualizar" el Estado y dejar que algunas lenguas invasoras relegen al castellano a un segundo plano en muchos territorios de la piel de toro. Como bien dice mi compañera de Comando, Innes, debemos actuar antes de que la lengua de cuatrocientos cuarenta millones de hablantes se vea amenazada por el catalán, el euskara o el gallego. Tenemos que actuar, pues, rápido antes de que se dé el primer caso de sustitución lingüística inversa de la historia. ¡Pobre castellano!, lo defenderemos con uñas y dientes. Pero la pregunta es... ¿lo defienden aquellos que lo firman? Je, acá está el Comando para descifrar el enigma.

A mí me daría mucha vergüenza que el manifiesto que firmo en defensa del uso de una lengua no sólo estuviera redactado, como lo está, de forma más que mediocre, sino que se permite incluso el lujo de incluir faltas de ortografía. Antes de nada, os presento el famoso texto, para que juzguéis por vosotros mismos.

Manifiesto.

Y acá van las faltas. Primero las graves, graves de verdad: un acento, y luego dos "etc." con puntos suspensivos, el terror de los correctores.

Luego dos faltas "menores", pero para mí muy importantes. A los sesudos señores firmantes del manifiesto no se les ocurrió contrastar que, según la RAE, la forma correcta es "cooficial", y no "co-oficial". Ya lo habéis visto más arriba, pero también se repite aquí:

Y ya, en otro nivel, para mí hay otras tres incorrecciones (en este caso por ausencia) del uso de la coma. Sé que eso es discutible, pero yo desde luego lo hubiese corregido.


En otro orden de cosas con menos importancia, pero que da una idea de lo "cuidado" que está el manifiesto, veamos un "orden alfabético desordenado".

En fin, algo tan sencillo como que el manifiesto ni siquiera ha sido revisado por un corrector, lo que, profesionalmente, me resulta indignante y muy molesto.

Todo esto no hace sino demostrar que lo que mueve a estas personas firmantes del famoso manifiesto no es el amor ni el respeto a una lengua, el castellano en este caso, sino el oportunismo político. Las razones: no quiero saberlas. Imagino que la envidia del bilingüismo. Los catalanes que han estudiado con el catalán como lengua vehicular y que yo conozco se expresan perfectamente en castellano, sobre todo los que son bilingües de verdad. Otra cosa son aquellos que hablan prácticamente sólo en catalán, en gallego o en euskara, pero a esos no les hace falta hablar con tanta corrección el castellano. Claro, que como dice el manifiesto... ¡allá ellos! Pues eso, allá; no creo que les preocupe demasiado, y en cualquier caso saben usar perfectamente el castellano para ser "corteses".

Me alegra que la Real Academia se haya desmarcado del tema. Como se suele decir, no van a "enseñar a un padre a hacer hijos". Y a los académicos que han firmado sólo les puedo decir, claro, que allá ellos. Deberían preocuparse en seguir luchando para que nuestra lengua se mantenga viva y fuerte, y no buscar malas intenciones en territorios nacionalistas en los que, por supuesto, el español goza de una salud espléndida. Sólo les doy la razón en una cosa: el bilingüismo. Sí que me parece correcto luchar porque todo lo que sea oficial en estos territorios deba estar en ambos idiomas, todo; lo mismo que debe exigirse una atención en cualquiera de las dos lenguas por parte del funcionariado, pero sin buscar tres patas al gato, con la mayor normalidad. Ahí sí que entiendo una injerencia estatal en las políticas autonómicas, pero ésa es harina de otro costal.

Y ya para acabar, que me ha quedado muy largo, hablemos de lo más divertido de todo esto, que es, como siempre, la torpeza de algunos colectivos politizados que no tienen capacidad de respuesta sensata y tiran de lo primero que más les llama la atención, provocando un cachondeo y una hilaridad (e incluso un justo mosqueo) en la concurrencia que ni siquiera es comprendido por los propios emisores, ya que su capacidad para tener un buen juego de cintura se ha demostrado ya demasiadas veces inútil. Ahí está el famoso cartelito, y no digo ya "más nada":

El Comando Filológico ha hablado.

Empaña, desmiembra y da pudor

Incluso si tiramos de algo tan poco normativo como la Wikipedia, la primera frase que define el ideario que debería guiar a la sacrosanta institución que todos conocemos como Real Academia Española de la Lengua es la de “organismo responsable de elaborar las reglas normativas del español”. Y como tal, la cosa tendría que venir acompañada del buen sentido, la prudencia, la razón, la templanza, la seguridad y, sobre todo, la confianza que para todos debería dar una institución que tiene, nada más y nada menos, como misión la de fijar el uso de una lengua, lo que no es precisamente moco de pavo. El problema fundamental es que, de un tiempo a esta parte, y fruto del proceso de “idiotización” que empaña el mundo en el que vivimos, basado en la urgencia con la que emprendemos todo para que sea moderno y adaptado a “los tiempos que corren” (sic), la Real Academia (RAE, a partir de ahora) ha pasado en un brevísimo espacio de tiempo, comparado con la historia de la venerable institución, de tener la polilla en los sacrosantos sillones y los acartonados ademanes de doctos y viejos letrados, a ser el hazmerreír de todo el orbe lingüístico.

La RAE se fundó en 1713 por un grupo de ilustrados que rodearon al marqués de Villena, y su propósito fue “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza”, resumido en la ya famosa leyenda (tan mofada y befada) de “limpia, fija y da esplendor”, cual Don Limpio o mayordomo del algodón pasando el paño a todos aquellos atropellos a la lengua de Cervantes vistos y oídos por ahí, básicamente para que no dejen pringue en los paños del buen sentido y el uso de nuestra lengua.

Evidentemente, una institución tan venerable y tan anciana tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, más por mor de que no le tachen (algo que ha sido habitual casi desde su fundación) de conservadora, y menos por los satanizados y “sms-eados” tiempos que corren, pero la RAE se ha empeñado desde hace poco años en dar una imagen de modernidad e inmediatez que no le favorece en nada. Ya no es que a los venerables lexicógrafos Riquer, Seco, Ayala, Rico o Blecua le acompañen literatos que, si bien son teóricamente expertos en el uso de la lengua, no tienen por qué ser doctos en las lides del lenguaje (y aquí incluyo tanto a los más insignes Delibes, Sampedro, Goytisolo, Matute, Vargas Llosa, Marías o Mateo Díez como a los discutibles Muñoz Molina, Pérez-Reverte o Pombo; no sería la primera vez que pasa, y si no que se lo pregunten al cascarrabias de Cela o al ripioso Zorrilla), pero ya la cosa empezó a ser esperpéntica cuando los (respetables, que no respetados como lingüistas) Mingote, Cebrián, Anson (sin acento, no lo olvidemos) o Borau ingresaron en los añejos butacones, como si cualquiera que fuera famoso pudiera terminar siendo académico (¿lo terminará siendo Boris Izaguirre, Almodóvar o César Vidal?; quién sabe).

Hace tiempo ya que se ha desvirtuado la razón por la que una persona podía llegar a ser académica, y que no es otra que una larga vida dedicada al estudio de la lengua. ¿Os imagináis, por ejemplo, a Iker Jiménez entrando a formar parte de la Real Academia de Ciencias?; ¿o al citado Vidal en la Real Academia de la Historia? ¿A que no? Pues eso es lo que nos pasa a los filólogos cuando vemos en lo que se ha convertido la sacrosanta institución: en una “corte mediática” (véase el cachondeíto incluido en el epíteto, claro ejemplo de lo que estoy argumentando) que está todo el día en la prensa no precisamente como garante del uso del idioma, sino como centro de interés de los noticieros poco serios a la hora de divertirse con la última ocurrencia que han tenido el sesudo docto de turno, y que se ha metido una vez más en camisas de once varas para opinar de lo que no debería opinar, como si fuese un Lázaro Carreter cualquiera. La RAE debe funcionar como una apisonadora bien engrasada, atenta a los desvíos y desvaríos que puedan producirse. Pero eso es una entelequia. La RAE, como casi todo hoy día, vive en un escaparate, y se esfuerza en estar de moda, rasguémonos las vestiduras quienes queramos rasgárnoslas.

En los tiempos en que yo era estudiante, si por algo se caracterizaba la RAE era por seguir un principio tan sensato para una institución normativa como el siguiente: no se debe tener prisa. Así, fuimos muchos los estudiantes de Filología que sufrimos durante años con un tocho llamada Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española (llamado por mí mismo el “Bostezo”, dado semejante ladrillo), suspirando cual quinceañeras para que en pocos años pudiéramos ver la ya famosa Nueva Gramática, mientras sacábamos brillo y esplendor a la vigésimo primera edición del DRAE. Pero llegó en el 2001 la nefasta vigésimo segunda edición, donde, entre otras lindezas, se incluyó (y siempre que tengo ocasión lo recuerdo) el famoso “en olor de multitudes”, asumiendo, pues, que a todas las multitudes les huele el alerón, y dejando por los suelos al pobre loor, relegado ya al uso conocido como “culto” y a la espera de que le llegue el “desuso” que precede a la extinción absoluta y el escaso recuerdo de los enfermos de lengua, como enfermo de literatura estaba el protagonista de El mal de Montano.

La RAE no debe, a toda costa, adaptarse al lenguaje que se usa en la calle, sino que debe empeñarse en que el lenguaje que se habla en ésta, en nuestras aceras y calzadas, dentro de las vacilaciones y las propiedades adaptativas propias de cada lengua, se hable lo mejor posible. A nadie con un poco de seso que viva en Inglaterra se le puede ocurrir que la Academia inglesa incluya todas las palabras, por muy extendidas y por mucho uso que tengan, que se emplean dentro del llamado “slang”, ni lo que introducen todos los inglesitos (e inglesitas) dentro de sus apretados sms, sino que el “inglés de la Reina” esté bien resguardado y a salvo de las inclemencias externas. Ni qué decir tiene que lo mismo pasa en la Academia francesa con el habla callejera de París, o la Academia lusa con el lenguaje de la calle en Lisboa u Oporto. Las academias deben ser como un rodillo que pase por encima de lo poco ortodoxo, y que sea capaz de amoldar, sin romperlas, las nuevas formas que surjan; y no una esponja que se limite a empaparse, sin que pueda ya estrujarse, de todo lo que se le ocurra a un periodista sin escrúpulos y que termine por poner de moda (como, por ejemplo, ese odioso “dos, tres pases y se planta en el área”; la pobre conjunción disyuntiva llora por las esquinas, desconsolada).

Supongo que sería demasiado pedir a nuestra querida ministra de Igualdad que supiese que una de las normas que rigen el uso del género en castellano es que los sustantivos comunes y terminados en –o, (como miembro, en su séptima acepción, “individuo que forma parte de un conjunto, comunidad o cuerpo moral”), no usan la terminación –a en el femenino, por la misma razón por la que azafata no debería tener una forma masculina, por mucho que aparezca la entrada como enmendada y se sepa que va a ser así perpetrada en la próxima edición. Si seguimos este absurdo hilo puede llegar el momento en que alguien se nos presente como una “sobrecarga” del avión, y nos den ganas de tirarla por la ventanilla para que el aparato pueda despegar. La ministra no ha hecho sino recoger el testigo del continuo vilipendio e intromisión en la venerable institución. Ahora, como diría el tango, hoy “cualquiera es un señor, cualquiera es un truhán”; cualquiera es un filólogo, cualquiera es un doctor. Y desde que internet se ha extendido a todos los hogares, ni te cuento.

El problema es que nada menos que el vicedirector de la RAE (y señor que ocupa el sillón k minúscula), José Antonio Pascual, ha tenido los santos cojones de animar a "no oponerse a los nuevos usos lingüísticos" en un discurso de agradecimiento en el acto de nombramiento de socios de honor de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Salamanca (ASUS), celebrado en el paraninfo de tan insigne cátedra. ¡Ay, si Fray Luis levantara la cabeza! Además, ha dicho que de estos nuevos usos "algunos desaparecen por sí solos y otros se integran en la lengua"; pues, como dicen en mi pueblo, ¡échate mano al talento que te bulle!, o ten cuidado con el "microsiervero" Capitán Obvio. ¡Pues claro!, pero no debemos animar a que cada uno haga de la lengua su propio sayo, normalizando un uso que para nada está normalizado. Por eso, afirmaciones como que "el uso lingüístico es siempre un juego, y juega mal quien pierde los nervios y se cree que las cosas son decisivas", dicho por un tipo que tiene el deber de servir de limpiador, abrillantador y hacedor de esplendores, me parece una considerable memez, y una memez muy peligrosa. Si yo soy una de esas "miembras que están hoy aquí", en referencia al público femenino del paraninfo, le hubiese mandado donde se merece, aunque imagino que la compostura no me lo hubiese permitido.

Doña Bibiana Aído es ministra de Igualdad. Bien, pues procure hacer verdad el motivo de la creación de su ministerio: que las mujeres y los hombres sean de verdad iguales en todos los sentidos en los países desarrollados; y luchar a brazo partido desde su cargo para que esa igualdad llegue a todos los rincones del planeta, y no sólo al primer mundo. Tiene bastante con eso, desde luego. Pascual, por su parte, cree que "no es malo discrepar, lo peor en estos casos es la dictadura del silencio"; pero le recuerdo que él mismo también ha advertido de que el uso "por modas" de palabras "de las que se desconoce su significado" pueden llevan a hacer caer "en el ridículo" al que las utiliza. ¿Hace falta decir más?

Así que ni guardamos silencio ni queremos caer en el ridículo: la lengua no se rehace cada día, pero cambia cada momento, y la RAE está para que esa lengua llegue a las generaciones venideras lo más “limpia, brillante y esplendorosa” que se pueda. Así que, señores académicos, utilizando el lenguaje castizo, no la caguemos, y pongamos freno al desenfreno, si no es mucho pedir.

Mis lectores ya saben que el Comando Filológico, desde su humilde atalaya, lucha para que así sea.

Polidori dixit.

[Nota aclaratoria: Bien me dicen por aquí que debería aclarar una cosa "aclarable": el Diccionario de la Lengua Española editado por la Real Academia Española de la Lengua es un diccionario normativo, no descriptivo. Esto significa que no es un diccionario que recoge todos los usos de la lengua del momento (como puedan ser, a bote pronto, el Clave de SM, los Vox, pero sobre todo el María Moliner, que sí son descriptivos), sino que es un diccionario que normaliza y fija el lenguaje, y que no es su labor, pues, tener que "adelantarse" a las veleidades de la lengua. Pues eso.]

Comando: ille tempore

Una de las primeras actuaciones del Comando Filológico que dormía el sueño de los justos, y que por fin ve la luz...

Llevar encima un rotulador da muchas satisfacciones.

Triball... ¿es la solución?

Veamos. Y que me perdonen los lectores de fuera de Madrid por un post eminentemente localista:

La asociación Triball es la última "solución" para limpiar de indeseables, sean éstos quienes sean (fundamentalmente, ahora que no hay drogas, putas, proxenetas y clientes), las calles que pueblan el barrio más canalla que circunda la Gran Vía, en concreto las casticísimas calles Desengaño, Barco, Ballesta y Valverde. Primero fue el aumento del número de efectivos policiales, luego colocar una comisaría en plena calle Ballesta (todo un logro, claro), más tarde arreglar la plaza de los Luna (Soledad Torres Acosta) y, lo último, o mejor dicho lo penúltimo, las cámaras de vídeo.

La asociación Triball se ha propuesto llevar a cabo una (sic) "okupación creativa" de esa parte del barrio. Para ello han abierto trece locales en los que se mezclan el gafapastismo radical con las buenas intenciones. Las buenas intenciones están reñidas, claro, con los vestigios del anterior mundo, como puede comprobarse en la cara de resignación/incomprensión/escepticismo/mosqueo del último portero que queda del penúltimo puticlub de la zona. Y digo esto porque desde que se instalaron cámaras, más policías y (lo que creo más acertado) dieron más vida a la zona en forma de ferias, saraos, exposiciones, alternativismo y demás eventos más o menos participativos, la gente "chunga" que realmente hacía peligrosa a la zona se ha limitado a una pequeña reunión continua de borrachillos y homeless poco activos que lo más que hacen es pedirte unas monedas de forma más o menos inquisitorial.

Sé que este tipo de iniciativas son positivas en sí, pero el intento de convertir Ballesta en un nuevo Soho madrileño me da un poquito de urticaria por dos simples motivos: por un lado, ya estamos un poco hartos de que el sinónimo de "alternativo" sea una serie de tiendas carisísimas sólo aptas para aquellos que aparentan ser unos tirados y que están en realidad forrados por gloria o mor de una familia rica (no olvidaré jamás la conversación telefónica que escuché sin querer -por la falta de pudor de la ínclita conversadora- en la que se mencionó la frase "no te preocupes por el banco, mi padre es un cliente habitual y está forrado"); y por otro, las pobres meretrices, que no tienen la culpa de nada. Y no nos pongamos ahora fariseicos mentando a cualquier entidad divina o social para intentar explicar que el problema no es nuestro, y que las putas no deberían existir. Las putas existen, y están en nuestras calles como han estado siempre. Y qué coño, no hacen daño a nadie. Qué será de ellas ya a nadie le importa, pero una solución más acorde creo que puede ser posible (no soy político ni sociólogo, pero un local apropiado y aséptico sería un buen comienzo, ¿no?).

Mirad: el espectaculito de luz y de color que he visto salir y merodear por el local de Carlos Díez Díez esta noche me ha parecido cuanto menos irrisorio; su "Casa de la carne", una antigua carnicería reconvertida a local de ropa puede ser una buena idea, pero el público (al parecer fiel) que llenaba su tienda parecía sacado de una mala película americana, de esas que exageran el aspecto de los muy petardos hasta el esperpento para hacerles parecer los más modernos del lugar.

En general, los locales me han gustado. La forma en que han rehabilitado las barras de los antiguos puticlubs me ha parecido divertida y muy acertada. Me ha llamado también la atención que sean todas tiendas de diseñadores (ya sabéis, ropa, complementos y demás zarandajas, incluidas algunas camisetas muy chulas a precio de camisa muy cara) y que no haya nada más que pueda considerarse cultura. ¿A que no hay huevos de abrir una pequeña sala de cine, o una librería, o un pequeño teatro? Claro, lo sé, eso no es rentable ni demasiado cool; eso sirve para barrios menos in y más multicultis, como Lavapiés.

En resumen: no sé qué pensar. Cada día me parece que entiendo menos este mundo de modernos, teniendo en cuenta que siempre me he movido entre modernos. Sobre todo, cada día me sorprende más que no me vea yo como (sic de nuevo) target de este tipo de iniciativas. Evidentemente, no soy lo suficientemente moderno, pero me temo que ellos son (o lo quieren aparentar) demasiado.

Nota: al Comando Filológico le parece inadmisible la desidia de los organizadores, que no les ha preocupado (ni ninguno de ellos se ha percatado, por lo que veo) una errata de las que hacen daño a la vista y al estómago en la propaganda de la iniciativa: "13 locales vacios"; ¡por dios!, ¡si hasta salta en cualquier corrector! Acoqui:

No es tan difícil, ¡joder! (y perdón por el exabrupto).