No soy muy de Wilco. Bueno, no soy mucho de grupos que suenan como antaño porque para eso tengo los grupos de antaño. Me sorprende escuchar estructuras sonoras propias de los setenta, de los ochenta en grupos modernos; que si ese bajo suena a..., que si esa batería parece sacada de un disco de Bowie, y no digamos nada de la voz. Ni siquiera me vale eso de "soy un grupo de ahora, pero quiero usar la tecnología de antes para ver de lo que soy capaz", aunque a veces reconozca logros espléndidos (llamémosles, por ejemplo, The Editors). Sin embargo, a veces, sólo a veces, se da esa conjunción astral que propicia que, de repente, a la primera escucha, una canción entre en el "top ten" de tu cabeza, y se convierta en uno de esos temas escuchados hasta la saciedad, taladrado en tu cerebro como si fuera un maldito martillo pilón.
Y, así, fue como me topé con esto...
Ese ritmo, esa batería añeja, ese bajo de otros tiempos como si tuviera flojas las cuerdas, ese órgano como de válvulas, esa voz bowieana contoneando las estrofas, el estribillo, el detalle del xilófono, ese pequeño parón en mitad de la frase que tanto me gusta, ese canturreo acompañante, esos parapapeos finales, esa tensión permanente y, ante todo, esa compleja sencillez han hecho de esta canción, ya, un clásico en vida, en mi vida, una esplendorosa manera de despedir este otoño destemplado.
Así que ahora, cuando me pregunten si me gusta Wilco, en vez de torcer el gesto, tendré que decir que sí, con la cabeza gacha y haciendo círculos en el suelo con la punta del zapato.
Sí, al menos una canción, una de ESAS canciones perfectas, brillantes como soles de otoño. No sé si me entendéis...
El bestia de Tom Waits, que ya ha aparecido en esta sección en alguna ocasión, además de ser cofrade de la Santa y Ronca Virgen de los Ebrios de Cazalla de la Sierra (pueblo sevillano, señor Rajoy), y de estar siempre en la punta de lanza de los músicos que se empeñan en acariciar lo inescuchable, amén de ser el destrozado por excelencia y santo actor de los papeles imposibles, tiene también la virtud de, cantando, saber ponerse tierno como pocos, tal y como repasamos en "Blue Valentine", o en "Innocent when you dream". Pero a mí, que me gusta más su vena "tónica" que "átona", siempre me gusta volver a sus discos de siempre, los sacados de una peli de circo decididamente decadente (como sólo puede ser decadente un circo) o los empleados en sus venas jazzístico-bluseras rodeado de pachucos y humo hediondo. Y entre ellos destaca Blue Valentine, y entre sus surcos (imaginarios con tanto bit digital) siempre llego a la misma canción en la que paro máquinas, me bajo del mundo y llego a la misma conclusión: si alguna vez tuviese que elegir, si ello fuera posible, las mejores diez canciones de mi historia, tiraría de esta pieza de nostalgia adolescente sin dudarlo: "Kentucky Avenue".
Por muchas razones; porque es la oda a la melancolía y la emoción (ronca, pero emoción, al fin y al cabo) hecha canción, porque mantiene una tensión difícil de igualar, porque es emotiva sin ser blandengue, y tiene uno de los finales más hermosos que jamás se hayan grabado en la historia de la música. ¿Exagerado yo?, qué va. Juzgad vosotros mismos, avivando ese seso dormido, antes de que veamos pasar la vida por la Avenida Kentucky.
Os dejo primero este vídeo de una vieja actuación del bueno de Tom:
Después esta onírica versión en blanco y negro que me ha recordado que ya queda poco para que empiece la nueva temporada de Mad Men, y de la que no tengo ni idea de su procedencia, pero con la que al menos podéis escuchar decentemente la versión original de la canción, sin tener que poner atención a las imágenes.
Brindo de nuevo por la cándida adolescencia, por pura nostalgia, por esos recuerdos y porque, gracias supongo a no ser profesor, ahora venero como ese tiempo brillante y hermoso en el que nos creímos inmortales.
So many people, can't express what's on their minds, Nobody knows them & nobody ever will, Until their backs are broken & their dreams are stolen, & they can't get what they want, then they're gonna get angry! Well it ain't written in the papers, but its written on the walls
Matt Johnson se refería a Inglaterra, pero creo que puede aplicarse perfectamente a nuestros indignados, para que no pierdan el espíritu después del domingo.
Poca cosa. Una guitarra y una voz. Ahora que se cumplen setenta años desde que Bob Dylan está en este mundo, sabemos que su esencia, tan profundamente criticable, ha sido destilada por muchos otros, desde los grandes del show business (don Bruce "the Boss" puede y debe apuntarse) o las pequeñas joyas que de vez en cuando nos tropiezan en el camino (por poner un ejemplo, Kings of convenience tienen grandes temas ejecutados única y exclusivamente con una guitarra y sus voces). Pero esa esencia es la pura esencia de la música popular: un tipo (una tipa) enfrentado a las seis cuerdas y sus propias cuerdas vocales. Y lo que son capaces de hacer algunos con esta simple fórmula, bien, hay veces que resulta asombroso.
Hoy os traigo un tardío descubrimiento, como suelen ser mis propios descubrimientos. El que fuera líder de The Red House Painters, Mark Kozelek, hace ya tiempo que camina en solitario; pero solitario de verdad, solo con su guitarra. Hace poco pasó por España, y cómo no, me lo perdí, por idiota, por despistado, por ser yo mismo... En cualquier caso, me he adentrado en su entrañas, y hoy os traigo esta pequeña joya, tremenda versión de una canción de AC/DC (qué cosas tiene la música) cuya letra, explícita letra, podéis seguir aquí. Así que si queréis sangre, con todo lo que está pasando y lo que está aún por pasar, aquí la tenéis. Sangre en las calles, sangre en las cunetas, sangre en el cielo...
No sé, supongo que me estoy haciendo mayor, pero jamás pensé que me deleitara con un cantautor (siempre denominados por mí "cansautores"). Quizá es que valore cada vez más lo sencillo, con tanto artificio a nuestro alrededor. No sé, ¿quién sabe?
Actualización: ¡Vaya, lo que es no saber! Efectivamente, todo el disco en el que se encuentra esta canción es una serie de versiones de los míticos AC/DC, lo cual, querido Pierre, lo hace aún más interesante, si cabe. Pues eso, enmiendo mi propio texto.
Somos inmortales. Fuertes, poderosos. El mundo está a nuestros pies. Somos el triunfo de la creación. Magníficos, hermosos, únicos. Ningún mal puede con nosotros, nada puede dañarnos porque somos perfectos, bellos. Reímos ante el sopor del mundo, nos reímos como niños en lo alto de nuestra cima, observando el horizonte, el horizonte que es nuestro. Somos temibles, esplendorosos. Refulgimos como dioses de otros tiempos. Plenos y magníficos.
Con esta caloraca qué mejor que una canción de amor. Qué digo de amor, de amor tórrido. Qué digo de amor tórrido, de pasión. Qué digo de pasión, de calentón. Qué digo de calentón, de la madre de todos los calentones.
El señor Nick Cave en su disco más comercial (a muchos les encantaría haber firmado un disco comercial como éste). Y para demostrar que es comercial, se casca una canción de casi quince minutos al final de su disco, vídeo incluido, en el que viene a decir que tiene un calentón que no se lo quita ni una ducha fría, y que todo el mundo, hasta el Papa de Roma, lo sabe. Y, claro, "the video kill the radio star", pero quién le iba a decir al tipo que hiciera ese famoso tema (líder de The Baggles, y uno de los más famosos ladrones y "listos" de la historia del rock) que no podría jamás saber que la famosa fórmula para vender en formato videográfico (una historia que pueda ser recordada desde el límite de los cuatro minutos, con su estribillo y su canesú), se iba a convertir en esto, la madre de todos los vídeos.
Cave y Blixa Bargeld haciendo el capullo para demostrar hasta qué punto una canción de amor (sic) puede llegar a ser intensa. Dudo que se pinchara en las radiofórmulas del momento, pero para mí este tema resume toda la esencia del rock and roll: dos que se quieren, contundencia sonora, lenguaje políticamente incorrecto, mucho cachondeo, sexo, crudeza y una pizca de poesía. Vamos, que ni los mismísimos The Doors (ya oigo vuestros látigos fustigándome).
Como tiene semejante minutaje la cosa se divide en dos. Y después la letra, para que no os perdáis un ápice (y perdón por no traducirla, pero es que no tengo título).
P.D.: Perdón por poner canciones que no sean actuales, pero es que de un tiempo a esta parte todo lo que tenga menos de dos años no me interesa, salvo honrosas excepciones. Será la edad, que me hace ser escéptico y paladeador.
Las vueltas que da la espiral de la música... Porque hoy os presento una de esas versiones dolorosísimas que, parida por el talento de un gran músico (¿discutible?, cuando queráis nos pegamos) como es Trent Reznor (aka "el Torrezno", según terminología de mi querido Torombolo) en un momento chungo de su existencia se convierte en el himno de un momento no menos chungo (probablemente más chungo si cabe) para uno de esos monstruos indiscutibles de la historia de la música como es (fue ya, por desgracia) Johnny Cash. A poco que hayáis indagado en las canciones que acompañan desde hace poco a este blog (cortesía de radioblog) os habréis dado cuenta de que aparecía desde hace unas semanas, y justo era que hablase de ella, y aquí está la cosa.
Cash las pasó muy putas en el final de su vida. Con apenas sesenta y cinco años se le diagnosticó una enfermedad neurodegenerativa (conocida como Síndrome de Shy-Drager) que, unida a la diabetes, le dejó baldado (e incluso en silla de ruedas). Los pasados desmanes (tan propios del oficio) y los estragos de la enfermedad, además de dejar su voz aún más cavernosa, le sumió en una continua depresión y un persistente sentimiento de culpa y melancolía que le acompañó hasta el final. Además, su segunda esposa, June Carter, también enfermó y murió cuatro meses antes de que lo hiciera él mismo. Esos son los hechos, y aquí entra en el ruedo nuestro querido Torrezno.
Reznor, hacia 1994, publicó su elepé The Downward Spiral, en alusión no precisamente velada hacia su afición por las drogas más o menos duras. En ese disco incluyó una llamémosle balada titulada "Hurt" en la que desgrana aquello que se siente cuando llegas al límite del aguante físico. Ya se sabe, cómo se siente uno cuando las cosas se desencadenan de tal forma que te sientas en tu trono de mentiras y te colocas tu corona de mierda para despreciarte por haber llegado a tal extremo. Las palabras, más o menos, son las utilizadas por él mismo, como podéis comprobar en la letra que os dejo más abajo.
Johnny Cash sabía muy bien a qué se refería el de Pennsylvania. Él también se había sentado en el mismo trono innumerables veces, vencido por las anfetas y todo tipo de psicotrópicos. Así que no era de extrañar que, cuando eligió algunas canciones para realizar un nuevo disco de versiones (American IV: The Man Comes Around), echara mano de una canción de un artista "de moda" que tratara el tema del desasosiego y la caída en desgracia personal.
Podrían decirse muchas más cosas, pero creo que con eso a mí me vale. Fue el último disco grabado por Cash, y probablemente (a pesar de su dilatadísima carrera) uno de los más aplaudidos. Yo no sé vosotros, pero a mí un hombre de su edad, en el declive de su vida, cantando una cosa así, me pone los pelos como escarpias. Casi puede decirse que es su testamento sonoro, el canto desesperado de un hombre que sabe que le queda poco, y que sabe que ya nada va a ser lo mismo hasta el fin (próximo) de sus días.
La versión prácticamente fue interpretada literal, salvo, curiosamente, un giro "políticamente correcto" al cambiar "crown of shit" por "crown of thorns"-
El disco vendió más de medio millón de copias. La canción versionada fue elegida "single del año" en 2003. La vida tiene esas cosas...
Vaya primero la letra, luego la versión de Nine Inch Nails, y después la de Cash, junto al vídeo que dio la vuelta al mundo.
Que los disfrutéis.
[Un último dato: la casa que sale en el vídeo era en la que vivió Cash los últimos veinte años. Fue destruida en abril de 2007. La última ironía del destino.]
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"Hurt"
I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that's real
The needle tears a hole
The old familiar sting
Try to kill it all away
But I remember everything
What have I become?
My sweetest friend
Everyone I know
Goes away in the end
You could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt
I wear this crown of shit
Upon my liar's chair
Full of broken thoughts
I cannot repair
Beneath the stains of time
The feelings disappear
You are someone else
I am still right here
What have I become?
My sweetest friend
Everyone I know
Goes away in the end
You could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt
If I could start again
A million miles away
I would keep myself
I would find a way