La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Una declaración de intenciones... o casi

Polidori, el viejo John William Polidori, no sé que diría de todo esto...

No, no soy un loco de la novela gótica, ni del romanticismo anglosajón, ni siquiera he leído todas las obras de Byron, ni de Shelley (ni Percy Byshee ni Mary). Ni siquiera soy médico, ni estoy locamente interesado en el vampirismo. Tampoco soy un gótico con las uñas pintadas de negro (bueno, siempre me han gustado The Cure -La Cura-, si eso cuenta). Bueno, de todo eso y de muchas cosas más, algo hay. De todo eso que hace que esta pobre vida merezca la pena vivirla. Vale, tampoco soy lo que se dice un pesimista empedernido, pero... ¡qué carallo, también de eso algo hay!

Todo empezó desde el principio, que es un buen comienzo para todo, valga la rebuznancia. ¿A quién no le gusta saber que quien esté interesado pueda saber lo que se te pasa por la cabeza con sólo hacer un click en este bendito invento que es un blog de Internet? Pues eso es todo, y no sé en qué acabará. Será este blog mi paciente confidente que acoja con resignación los pensamientos (si se pueden llamar así) que pasen por mi lado y que merezcan (o no) la pena compartirse. Los más sublimes y los más absurdos. Y eso, creo, va a ser todo, amigos.

Desde Vallecas. Desde la perplejidad del mundo moderno. Algunos nos planteamos qué es esta vida mientras otros se dedican a cosas más prosaicas, como ganar dinero. Así nos va. En fin, os saludo desde este etéreo rincón que no existe (¿alguien puede asir los bites que pululan en el ciberespacio?). Con la misma inutilidad que tienen las mejores cosas de este mundo, como el arte, las buenas intenciones o la emoción de una buena puesta de sol en una playa invernal. Aquí me presento, ligero de equipaje y deseoso de no servir tampoco para nada. Salvo de compañía, que no es poco.

¡Ah! ¿Y por qué las manos en los bolsillos? Quizá porque ese sea el emblema de los hombres tranquilos, las manos en los bolsillos que impiden que se pueda salir corriendo cuando lo único que importa es admirar el paisaje.

P.D.: Esta es la vista que se tiene del Cantábrico desde el cabo Matxitxaco. Seguro que al viejo Polidori le encantaría...

4 comentarios

  1. Torombolo

    Hola Plidori,

    ya has enganchado a un lector, a partir de ahora no me perderé ni una actualización tuya.

    Ya sabes, spread the news around the world 8-)

  2. sofia santos

    querido fede: te conozco hace tiempo y acabo de descubrir que llevas un poeta en tu interior. me ha gustado mucho, ya sabes que yo tengo un punto intenso como tú, pero creo que nos equivocamos, deberíamos disfrutar más de las cosas y la vida y pensar menos. pero desde luego me gusta leerte. un besazo

  3. Soy Jose otra vez.
    Una pregunta; polirodri no tendra nada ke ver con nuestro alcalde no?

  4. Polidori amigo, llego a tu blog por un comentario que has dejado en el mío. Vaya por dios, otro blog interesante para revisar, y van... :-D

    Siempre tuve envidia de los que van con las manos en los bolsillos, a mí siempre me ha faltado esa tranquilidad o pasotismo (y así me ha ido muchas veces)

    Vallecas, me viene al recuerdo el horroroso Puente de Vallecas y sus atascos, y el maravilloso "Parque de las Tetas", que descubrí hace poco, no sabía que Madrid tenía esos miradores tan privelegiados. Aquí en el Norte es más común poder ver las ciudades desde arriba. En fin, he sido 28 años madrileño, pero de la zona norte (Barrio del Pilar), del sur conozco poco, es lo que tienen las grandes urbes.

    La ermita de Gaztelugatxe es uno de los sitios que más me gusta del mundo, me parece que está por el cabo Matxitxako también (o bueno, es que en Bilbao se lleva la exageración y tampoco es que tenga mucho mundo, pero mola un montón, he estado muchas veces con distintos climas y siempre genial)

    Un lugar estupendo para reflexionar sobre el mundo moderno y sobre el mundo de siempre.

    Un abrazo

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