La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Las falúas indolentes de El Capricho


La duquesa de Osuna, vestida "a la francesa", luce brillante y casi altiva en el famoso cuadro de Goya. Doña María Josefa de la Soledad cumplía dos premisas de una buena aristócrata de la época (aparte de su gusto por los trapitos): llegar a ser una mecenas de las artes y haberse construido un cortijito en las afueras de la capital con palacete incluido. Pues bien, gracias a la recuperación que el Ayuntamiento de Madrid ha hecho del lugar (al César lo que es del César, y cuando las cosas se hacen bien, bien hechas quedan), hoy podemos contemplar casi como estaba en la época su "Retiro" particular. Y digo casi no porque la actuación arqueológica no haya sido la correcta, sino porque dentro de las catorce hectáreas del solar también puede "admirarse" otras obras arquitectónicas que si bien no son fruto de tan aristócrata interés, si tienen otro "interés" histórico innegable: los bunkers que mandó construir el general Miaja durante la tristemente célebre batalla de Madrid.

El paseo por la finca "El Capricho" nos sumerge en la atmósfera galante, coqueta y, por qué no decirlo, decadente (en el peor sentido de la palabra) de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Dentro del parque (porque parque es hoy día... ¡y público!) podemos admirar un palacete firmado por López Aguado (el diseñador de, entre otros, el parque de El Retiro), un cenador espectacular, un laberinto, un templete circular clásico dedicado a Baco (no podía ser de otra manera), un embarcadero, un castillito, un pequeño fuerte (no me quiero imaginar para qué lo usarían), una ermita, un curiosísimo abejero (sí, abejero, es decir, un lugar donde las abejas fabricaban miel, y se podía observar cómodamente, a través de unos cristales, su paciente labor), una imitación de una vivienda campesina (sic) con huerta y todo, un lago con isla, un ambarcadero, un puente de hierro y un espléndido y coqueto salón de baile. ¿Habéis contado cuántas cosas? Unas cuantas, ¿verdad?

El paraje (bucólico pastoril, permitidme la osadía) es toda una lección de habilidad arquitectónica ilustrada, con la salvedad, además, de que encierra no pocos "trucos", finamente llamados trampantojos con los que engañar a los ojos del visitante para que parezcan construcciones elaboradas con materiales nobles, cuando realmente es un dechado de yesos, estucos, escayolas y demás "cutre" adminículos que adornan paredes, columnas y techos. Además, en varios rincones de la finca, sobre todo en la ermita y el embarcadero, pueden admirarse pinturas sobre las paredes que simulan hornacinas, ventanas y, en el colmo del delirio, paredes de ladrillos y ventanas abiertas a un paisaje inexistente. La sublimación puede también observarse en el curioso abejero, en el que, según fuentes de la época, hubo de aplicarse prontas obras de reformas por su inmediato deterioro.

El parque, además, incluye toda una amalgama de plantas, flores, arbustos y enormes árboles que han crecido fuertes y altos, los cuales convierten al lugar en un "parque temático" de floresta dominada por la concienzuda cabeza de los jardineros de la época. La duquesa era, además, una apasionada de la floricultura, y gracias a su afición pueden admirarse todavía hoy lilas y otras flores cuidadosamente cuidadas. Entre las especies de árboles podéis ver pinos, cipreses, falsos plátanos, robles, etc.

Pero lo que más me llamó la atención fue una curiosísima red de canales que, desde el embarcadero, van discurriendo por gran parte de la finca pasando por el famoso fuerte, un pequeño laguito, el gran lago con isla y puente, y terminan en el salón de baile (con jabalí incluido) donde los invitados de las (imaginamos) decadentes, pícaras y panatagruélicas fiestas allí celebradas, podían, como reza el cartel explicativo, navegar indolentemente en pequeñas falúas entregados al dolce fare niente.

En fin, visita inexcusable. Pero antes varias advertencias: es un parque público, sí, pero tiene un horario restringido (creo que sólo abren los fines de semana). Además, está cuidado con esmero, así que sed cuidadosos con todo, porque me consta que ha supuesto un verdadero esfuerzo de rehabilitación. En fin, llevad a quien se lo merezca y sepa admirarlo. Y si vais en otoño, el espectáculo puede ser orgiástico.

Acabo de subir algunas fotos a una cuenta nueva de webshots. Podéis verlas aquí.

2 comentarios

  1. Gran descripción de uno de los parques más bonitos y más desconocidos de Madrid. Yo tengo la suerte de vivir muy cerca de él y lo visito varias veces al año. Ahora, en otoño, está precioso.

    Saludos!

  2. ... Para conocer un poco más de los gustos de esta "indolente" burguesía, podéis ver mi post sobre el Parque de El Capricho.

    Al cruzar el río había un soto donde crecía uno de esos árboles...

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