La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Esos locos bajitos a este lado del mundo

Tenía que pasar. Uno va ya cumpliendo años, y aunque mi generación está tardando mucho en tenerlos, era lógico que de repente me viera rodeado de niños.

Aunque sé que para muchos no es comparable, siempre se me han dado bien los animales. Tengo mano para los perros, gatos, caballos y demás bichos. Lo que no sabía es que tenía buena mano para los cachorros humanos, pero parece ser que también (al menos con los más pequeños). En cualquiera de los casos, la ternura que desprende una criatura tan pequeña, indefensa e inocente, es tan poderosa que te descubres a ti mismo haciendo monerías, mojigangas y carantoñas a un niño, a pesar de que pensabas que "no era lo tuyo". Insisto, he acabado con las manos destrozadas por soportar los afilados dientes, pezuñas y uñas de pequeños gatos o perros que, a falta de otra cosa, te utilizan como juguete al que morder inmisericordemente. Pero debo reconocer que sentir a un niño de meses agarrarse a tus hombros y mirarte muy de cerca embobado es una experiencia que me ha dejado atónito. Al final resulta que yo también podría ser buen padre, además de buen adiestrador... ¡Quién lo iba a decir!

Pensaréis que a qué viene todo esto en mis reflexiones estentóreas. Pues simplemente a que el milagro de la vida es una de las cosas más fascinantes a las que podemos enfrentarnos en nuestro viaje vital. Claro, y diréis, "¡pues vaya cosa!", éste ha descubierto Roma". Y puede ser, pero, qué queréis que os diga, para los solteros (empedernidos o accidentales), alejados de la rutina biberón-baño-no dormir-pañales, se nos hace un mundo lo que para otros es lo más habitual. Pero la sensación de ver cómo ese cachorro se desarrolla rápidamente ante tus ojos es muy especial.

Ya queda poco para que mi hermana se traiga a España un bebé marroquí que se va a convertir en mi nuevo sobrino y en casi un ahijado. El cariño y el cuidado a una criatura como ésta quizá me haga olvidar por un rato todas las fronteras que se han llevado, con sus oleajes, vallas inmensas o fuego de ametralladoras, la vida de muchos. Curioso azar que nos hace nacer en un lugar o en otro. Desde el primer mundo la vida puede incluso sonreír. Desde el otro lado, la tragedia espera a la vuelta de la esquina.

Todo es vanidad.

2 comentarios

  1. -----

    Seguro que serías un buen padre.

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