Cuestión de principios
Música. Música. Música.
El arte de lo imposible, de lo intangible, de los sonidos que se pierden en el tiempo y el espacio, y que hasta hace relativamente poco tiempo ni siquiera se podían conservar, porque no había forma de “domarlos” y meterlos en un soporte donde poder volver a disponer de ellos, como pudiera ocurrir con la pintura, la escultura, la arquitectura u otras artes. No se hace a la idea el hombre actual de la suerte que tiene de poder disfrutar de ese privilegio. Imaginaros si los faraones de Egipto, los sultanes árabes, los reyes y emperadores de la Antigüedad o los monarcas de la Edad Media, la Edad Moderna y gran parte de la Contemporánea hubieran podido tener ese privilegio, de lo que habrían sido capaces por tenerlo. ¿Podéis imaginaros escuchar los sonidos de Babilonia, las cítaras griegas, las zanfoñas medievales, los sones de los harenes árabes, los conciertos en directo de Marais, Bach, Haendel, Mozart, Beethoven…? ¿o meterse debajo del piano de Chopin y escuchar la resonancia de las cuerdas? Sí, sé que hoy gozamos de la oportunidad de disfrutar de esplendorosas versiones hechas ayer mismo de estos sonidos, pero los de verdad, los que ocurrieron allí mismo, en ese mismo instante, en la Viena imperial, en la Roma de Augusto, en el París napoleónico, en la Alejandría mítica… Esos sones se perdieron en el tiempo, para nunca jamás volver.
Ahora incluso difustramos de una calidad de sonido extraordinaria y de una capacidad de almacenaje insólita hasta hace pocos años por una cantidad de dinero más que aceptable. Que afortunados somos… Y quien no se sienta así probablemente no tenga derecho a disfrutar de ello. Así lo siento, porque lo que aporta la música es algo único, una de las más grandiosas aportaciones al ideal de belleza hecha por el hombre.
Bien, con todo ello no será ahora el momento de hablar de la música culta, ni de las grandezas de la ópera, del jazz o de otros muchos géneros a los que admiro tanto como admiro los grandes nombres de la pintura, de la arquitectura o de la escultura. No, porque cada uno se siente fiel al momento y al legado con el que ha tenido la suerte de crecer. Así que me centraré en el rock y el pop que conozco y al que admiro. Así que tampoco busquéis aquí a grandes nombres del rock de los setenta, o grandes figuras de la música contemporánea, como Leonard Cohen, de los que no me siento con la capacidad suficiente como para hablar de ellos. Me asiré a la que se llamó "música independiente", "indie" o cualquier otro nombre que os guste. Y para ello extiendo la nómina de aquellos grandes nombres que componen el corpus mayor de mi sonoteca, tan mezclados como mejor quieras leerlos, dispuestos en esto orden sin rigor, con total eclecticismo. Y sí ya sé que no hay españoles, pero para eso también habrá tiempo. Allá van:
Tindersticks, Björk, Kraftwerk, New Order, P.J. Harvey, Radiohead, Joy Division, Everything but the girl, The pale fountains, Echo & the Bunnymen, Japan, David Sylvian, The Smiths, Morrisey, Saint Etienne, Josh Rouse, Autour de Lucie, The cure, My bloody Valentine, Cocteau Twins, Soft Cell, The Sundays, Paul Weller (y aledaños), Lloyd Cole, Domenique A, The Delgados, Primal Scream, Ivy, Einstürzende Neubauten, Belle & Sebastian, Marisa Monte, Cibelle, Suba, Stereolab, Massive Attack, The Blue Nile, Teenage Funclub, Pulp, Spiritualized, Luna, Kings of Convenience, The Go Betweens, Aztec Camera y Roddy Frame, The The, Nick Cave & the Bad Seeds, Danny Wilson, Simple Minds, Anthony & teh Johnsons, Tom Waits, Donald Fagen y Steely Dan...
Espero que sea un buen comienzo...



1 comentario
... Ladytron probablemente no ocupe un puesto de honor en aquellos grupos que os comenté en mi "cuestión de principios", pero sí son de los que da gusto verlos, a pesar de que musicalmente hablando ...
19 dic 2005 | 12:32 PM
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