La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Errante sobre el mar de niebla


Esta mañana Madrid se ha levantado con una intensa niebla, algo que suele ser habitual en estas épocas del año, pero que nunca suele alcanzar la intensidad de la de hoy.

La niebla es, quizás, el fenómeno meteorológico más fascinante que existe. Puede paralizar una ciudad, pero puede, sobre todo, paralizarnos de terror ante lo desconocido. No es de extrañar que sea, por ello, motivo recurrente en muchos pintores románticos, pero sobre todo en el pintor por excelencia del período: Caspar David Friedrich.

No es que pretenda inaugurar una sección en mi blog (aunque, quién sabe, lo mismo lo hago) que se llame "el artista y su obra", pero sí que quería compartir con vosotros la que, sin lugar a dudas, es la imagen que mejor ilustra uno de los períodos más fascinantes del arte: el período romántico. Este Errante sobre el mar de niebla (¡qué título, Dios, qué título!), el cual no he tenido la suerte de ver in situ, es un compendio de los valores de la época: el ser humano solitario que camina por el mundo fascinado por la naturaleza y se para a contemplar toda su grandeza. El personaje se nos presenta de espaldas, empequeñecido por el inmenso paisaje, pero protagonista de su propio destino, que le ha llevado hasta allí para poder disfrutar de aquello que sólo saben apreciar los que llegan hasta allí. El sentimiento y la libertad, la individualidad, valores que en la vorágine del mundo de hoy día parecen no estar precisamente de moda.

Nota: La mujer también es protagonista, algo que no puede decirse de otras épocas (y en la actual habría mucho que decir). Aquí os presento la versión femenina, aunque en este caso la niebla no sea la protagonista, sino los brillantes rayos de sol.

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