La Coctelera

Las manos en los bolsillos

La Salomé de Moreau

[Creo que sí... ¡ha nacido una nueva sección de mi blog! ¡Me gusta!]

Salomé es uno de los personajes más fascinantes de la historia antigua. Gracias a un trabajo en la facultad pude profundizar un poco más en el mito de la hija de Herodes Filipo y Herodías, del famoso baile de los siete velos, de la locura de Herodes Antipas viéndola bailar... Pero sobre todo pude adentrarme en el mito erótico, en la carnalidad de la princesa judía (casi una niña) que flota ante los presentes con su danza, atrae sus miradas lujuriosas y llena el salón del trono de su fragancia embriagadora.

Pues bien, también fue el momento en el que me topé con Gustav Moreau, pintor simbolista francés que retrató como nadie a la princesa en un onírico escenario donde la tibieza de los colores y la evocadora (orientalmente evocadora) atmósfera nos traslada al gusto por lo oriental de la época. Puede discutirse el papel, estelar o no, de Moreau en la historia de la pintura, pero es innegable (al menos desde mi punto de vista) que la fuerza de estas composiciones hacen de él el "pintor oficial" de Salomé, por lo que se hace del todo indispensanble mencionarle cuando se ilustra a este personaje. Y para mí es una delicia contemplar estas obras, tanto la que encabeza este artículo, en la que Salomé inicia su danza, como la que está al pie de estas líneas, Aparición, en la que la cabeza del Bautista, chorreando sangre y despojos, se aparece sobre una bandeja de plata para atormentar a la arrepentida bailarina (versión algo libre del artista, dicho sea de paso), que aparece desnuda, sólo tapada con algunos velos trasparentes y la corona.

Este último cuadro, además, que fue tan entusiastamente acogido por los poetas simbolistas como repudiado por algunos críticos, muestra una abigarrada ornamentación que encaja con la idea del esplendor de un palacio oriental de la época, colmado de misterio, fantasía e irrealidad. Si a esto le sumamos algunos "trucos", como las arquitecturas trasparentes, pintadas con incisiones que le dan el aspecto de un grabado, hacen de él una obra única y, porque no, alucinada.

Muy alejada de Moreau es la propuesta del mexicano, afincado en Barcelona, Gino Rubert (que es de mi quinta, por cierto), quien presenta una Salomé vestida de moderna mujer fatal. Su obra es personalísima y de bellísima factura, y encaja perfectamente con la evolución actual del personaje visto por Moreau hace más de dos siglos. Si quereis profundizar en la obra de Rebert, entrar en su página (que por cierto tiene un diseño excelente).



4 comentarios

  1. Me impresiona tu cultura, Polidori.

    Muy buen post y muy buenas imágenes. La que encabeza el post es una obra maestra.

  2. Irukina

    El cuadro de Rubert me produce inquietud y desasosiego, no sé muy bien por qué. La entrada muy buena, como todas.
    Yo también me he animado a estos de los blogs y ya tengo el mío propio, je,je (pero em da mucha vergüenza).
    Un besito de tu apañera

  3. Pues ya sabes qué tienes que hacer...

    ¡decirnos la dirección!

    Que sepas que es adictivo, y muy gratificante cuando te leen y, además (¡gracias a todos!) te contestan.

    Saludos, guapa.

  4. la verdad esos cuadros son espectaculares e inquietantes sobre todo el ultimo de ellos marca bastante

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