La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Ladytron: ¿dónde estabas en 1985?

Bueno, el sábado estuve viendo un concierto largamente esperado. Ladytron probablemente no ocupe un puesto de honor en aquellos grupos que os comenté en mi "cuestión de principios", pero sí son de los que da gusto verlos, a pesar de que musicalmente hablando (no nos engañemos) no son de primer orden.

Dentro del revival ochentero que nos "acosa", este grupo tiene muchas cosas a su favor que merecen la pena destacarse. Lo primero, su estética y actitud musical, claramente enmarcadas en las de los grupos tecno de los primeros ochenta, pero actualizada a los tiempos que corren. A ver cómo lo explico: de los seis componentes, tres se presentan en escena con su correspondiente teclado y una actitud fría y distante ante el público. Ya sé que diréis que menudo coñazo, pero hay muchos a los que eso "nos pone", ¡qué le vamos a hacer! Sin embargo, añaden un batería, un guitarrista y una bajista que "se ajustan" mejor a los cánones actuales, con lo que no puede decirse que son únicamente un grupo fanático de las maquinitas. Con todo, su propuesta musical, clasificada en allmusic como "electronica", era en un principio algo más desenfadada, pero con el tiempo, y sobre todo con éste (para mí magnífico) último disco, Witching hour, se han vuelto más duros y ruidosos, algo que también se ajusta más a los tiempos que corren. El sonido es contundente, quizá algo pasado en los bajos (que ya sabemos que normalmente esconden carencias armónicas), y las canciones suenan bastante bien, a pesar de la incomodidad de la Sala Arena y de su limitada acústica (¡Dios, qué mal está Madrid de salas!; y me temo que es un mal endémico desde hace muchos años que no tiene visos de arreglarse en breve). Vamos, que aunque algunas son más opresivas, el público, que casi abarrotaba el local, se lo pasé en grande bailando sus canciones. Correcta actuación, pues.

Al margen de cuestiones musicales, más o menos discutibles, el respetable también estaba muy atento a la evolución en escena de sus componentes, en especial de la pareja de vocalistas / teclistas. La mayoría del público masculino presente (salvo quienes prefieran los de su propio sexo, claro) y del femenino (salvo las que tengan tendencia heterosexual) disfrutaron viendo cómo Helena Marnie colocaba sus manos en jarras en actitud desafiante, con un vestido negro que le sentaba francamente bien. Sin embargo, Mira Aroyo, un verdadero bellezón, llevaba un vestido que le sentaba fatal y que era absolutamente antilujurioso. Pero, ¡qué belleza tiene esta mujer! Es fascinante, en serio.

Perdonad estos apuntes petardos, pero es que en esta ocasión eran inevitables. No en vano el gancho estético de este peculiar grupo se basa en su imagen. Y si no, revisad las portadas de sus discos... Afortunadamente hay algo más detrás, eso os lo aseguro.

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