Björk Guðmundsdóttir: la más

La más estupenda, la más atrevida, la más moderna, la más cool, la más adelantada, la más independiente, la más grande... Y la más pedorra, y la más engreída, y la más insoportable...
Y ahora, según una encuesta de la BBC, también la famosa más excéntrica.
Sí, todo eso, pero también la más inteligente.
Corría el año del Señor de 1987 cuando mi hermano y yo vimos un vídeo en la tele muy extraño en el que aparecía una tía con pinta de esquimal que chillaba más que cantaba una preciosa canción que se llamaba "Birthday". Pronto supimos que esa gente venía nada menos que de Islandia, que se llamaban The Sugar Cubes (los terrones de azúcar) y que esa chica bajita y chillona, con esa voz tan particular, se llamaba Björk (pronunciado 'bior', a secas).
De ahí a comprarnos el disco de marras pasó poco tiempo. Y poco tiempo más para sabérnoslo de memoria. Recuerdo especialmente una canción cuyo estribillo rezaba "deus no exist" y que a mí me llamaba en especial la atención, pasando como estaba pasando una etapa existencialista (una de tantas). En fin, eran uno de los más grandes en un año que hubo tantas y tantas cosas que sería imposible rememorarlo en pocas líneas.
Pero hete aquí que la chica esta, la, como se llamaba, la Bior esa, que ya casi no nos acordábamos de ella, dicen que va a sacar un disco en solitario con lo mejorcito del momento y con una portada hecha por Mondino, lo más de lo más de la moda del año 1993.

Y allí estaba ella, con esa mirada. Y, oye, no la recordaba yo tan guapa. Pero entonces se nos ocurrió escuchar la radio, y sonaba "Venus As a Boy", y ya sabíamos que habíamos caído en sus redes. Pero luego escuchabas "Violenty happy", y veías aquel vídeo y te enamorabas de esa pequeñaja que daba esos saltitos y esos grititos. Y encima vino a tocar a Madrid, y salimos flipaos.
Claro, que después de la resaca de su Debut apareció el siguiente, o sea el Post. Y la señorita Guðmundsdóttir aparecía entonces espectacular en una portada llena de colorines.

Y nada más empezar te encontrabas con una desasogante y difícil para aquellos tiempos "Army of me". Pero señoras y caballeros, después venía una de las más hermosas canciones escritas en los últimos tiempos, "Hyperballad". Y ya la habías cagao. Era una droga, un enganche. El cd (por esa época me acuerdo que vivía en Bilbao, y me lo compré en El Corte Ingles... ¡qué poco cool!) se desgastaba de oírlo, porque además estaba producido de narices, porque tenía joyas como "Isobel", y terminaba con "Headphones". De rodillas te imploro, mi diosa.
Pero... Esto no había hecho nada más que empezar. Homogenic, ahí es nada, con esa portada imposible entre princesa de Tokyo y mujer jirafa...

Y era un disco duro, con ritmos imposibles, percusiones irreales, sonidos extraños, y una orquestación potente y aterradora. Al principio dijimos, ¡pero esto que es! Pero, gracias al crédito obtenido por la entrega anterior lo escuchabas una vez más. "Hunter", miedo a que nos cacen en la espesura. "Jòga", pura hermosura ("state of emergency, how beautiful to be"). La "comercial" "Bachelorette". La prístina "All neon like". La subyugante, plena "5 years". La explosión de vitalidad, de alegría de "Alarm call". Desde el estómago, la fuerza bruta de "Pluto". Y la deliciosa y entrañable "All is full of love". Uno de mis discos de cabecera. Una obra maestra. Y Björk se convirtió en la puta ama.
Porque es muy inteligente, porque lleva el ritmo, el sonido, la melodía, la música metida en el tuétano. Porque se atreve con lo que nadie se atreve, porque va contra corriente, porque, como el aguardiente, baja haciendo vereda, porque no deja indiferente, porque es humana y animal, bestia y delicada, asonante y armoniosa.
Entonces se dedicaba a recorrer mundo con una orquesta minimalista, o sólo con un arpa (un amigo mío tuvo la suerte de verla en París). Luego vino el concierto de Benicassim 98. Yo no había escuchado algo así en directo en mi vida. Una esplanada llena de indies guitarreros sucumbía ante un pequeña orquesta de cuerda, un dj y una figura de blanco con alas blancas entonando unos sonidos que envolvían el terral donde estábamos, y una voz que nunca antes había escuchado me dejó estupefacto. Sin lugar a dudas, uno de los mejores conciertos de mi vida. En palabra de un colaborador de www.indyrock.es, “¡El espíritu de Benicassim existe! ¡Alabada sea Björk!”.

Después vino Von Triers y su Bailar en la oscuridad, y la colaboración con Tom York en "I've seen it all" (¡qué momento en la película, qué pasada!), y la canción a capella al final de la cinta, y lo bien que estaba la peli, y los Oscar, y el famoso vestido de cisne. Pero qué queréis que os diga, yo estuve en Benicassim, yo vi la luz.
Y luego Björk toca para elegidos en pequeños teatros, y luego saca un disco deliciosamente comercial con un coro de cantantes islandesas y los increíbles magos de Matmos (ese momento de los pies en la arena para hacer la base de una canción, ¡magnífico!) y la arpista Zeena Parkins. Y luego empieza a sacar directos (¡cómo suenan, Dios, como suenan!) y recopilatorios en cajas de lujo a muchos euros ya, y luego toca en Madrid con fuegos artificiales incluidos y nos lo pasamos increíble (¡cómo sonó "Pluto"!), y luego aparece en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas cantando una maravilla que se llama "Oceania", y luego saca un disco grabado sólo con voces, y luego saca un disco imposible con su nuevo novio, un famosísimo vídeo-artista...

Lo que ella quiera.
La odias o la amas. Porque ella es la más estupenda, la más atrevida, la más moderna, la más cool, la más adelantada, la más independiente, la más grande, la más pedorra, la más engreída, la más insoportable...
Pero señores, la más excéntrica, lo que se dice la más excéntrica, lo fue allá por 1988.

Stephin dijo
Pues de nuevo entraré al trapo, a ver si me templas la embestida con un par de suaves lances de recibo, como ayer con lo del artista escatológico...
Es cierto que Björk no deja indiferente y que no es, digamos, una cantante convencional. Pero tampoco la veo tan excéntrica como tú dices y ella nos quiere hacer parecer. A mí me parece una tía muy lista y que ha sabido encontrar un espacio propio en la industria musical, a medio camino entre lo masivo y lo minoritario. Es atractiva sin tener una belleza estándar o de revista de modas (esa carita esquimal entre dulce y agresiva), su voz es bellísima y muy característica, suave y chirriante a la vez, y tiene una sensibilidad musical innegable, que ha demostrado en todos sus discos acercándose con respeto y autenticidad a estilos muy dispares (pop, rock industrial, jazz, etc.), sin caer nunca en el pastiche de diseño para aprovechar modas pasajeras.
Aparte de su intuición, me barrunto que también es habilísima en las relaciones profesionales, pues se rodea de los productores, ingenieros de sonido, directores o diseñadores más adecuados para envolver lo que factura de lujosa y moderna actualidad.
Pero, no jodamos con la excentricidad, que si Björk la tiene no se la podremos negar a Bono, Madonna o, en su tiempo, Cindy Lauper (ojo, comparo los personajes, no los artistas). Lo que quiero decir es que, si es cierto que se permite incursiones relativamente exitosas en terrenos muy minoritarios y hasta "underground" (y no le niego su inquietud artística y buena fé en ello), es porque antes ha sabido vendernos la perfecta joya pop, fácilmente vendible y absolutamente radiable.
O sea, que si dos mil y pico jovenzuelos a la última moda se pegan a las puertas del Liceo para pagar una pastizara por verla en un espectáculo medio conceptual, es porque ya la han visto en Benicassim o La Riviera o porque dos años antes no ha parado de sonar "Hyperballad" o "It's so quiet" o en la radio, en la MTV y hasta en los anuncios de coches.
¡Ojo! No es una crítica lo que hago. Todo lo contrario. Para mí lo mejor de Björk es precisamente "Hyperballad", una canción maravillosa y que al mismo tiempo es fácilmente digerible y comercialísima. Y lo último de ella que más me ha gustado es "Oceanía", otra gran canción que al mismo tiempo es lo suficientemente asequible como para cantarla en una ceremonia que ven 1.000 millones de personas. Y con ese respaldo económico y publicitario ya se puede poner tranquilamente a grabar con arpistas, coros camboyanos, proyectos sonoro-industriales o combos dodecafónicos, que de un millón de copias vendidas del single fácilmente habrá un 10% de culos inquietos que se lo compren
Excéntrica es la Peaches, la Brigitte Fontaine o si quieres hasta la Patti Smith, pero la Björk lo es tanto como lo pueda ser Alaska en España. Por suerte, canta mil veces mejor. Y es un millón de veces más guapa...
12 Enero 2006 | 10:59 AM