La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Adiós a "El Gran Capitán"

Hoy me he enterado de una noticia que, hombre, no es que me entristezca, pero sí que me da bastante lástima. Toda la lástima que pueda dar un árbol caído, claro, aunque éste era un árbol muy especial.

Viví más de dos años en la llamada "Colonia de Manzanares", una zona de Madrid que se encuentra entre el río Manzanares y la Casa de Campo. Es una zona que me encanta, y en la cual me gustaría vivir, pero las circunstancias de la vida me han hecho tener que dejarla. Hay muchísima superficie arbolada, el río está embalsado, y parece más grande y caudaloso de lo que realmente es, y aunque podría parecer que iba a heder, no huele nada mal. Toda la ribera del Manzanares es un paseo donde hay muchos árboles y pequeñas estructuras de madera donde se supone que se puede pescar (algunos pescadores se ven, pero pescar, lo que se dice pescar, no pescan mucho, la verdad). Es, en definitiva, una zona estupenda que, como tantas otras, está fuera del alcance para bolsillos poco pudientes como el mío. Una pena.

Me ha costado mucho encontrar una foto, y me ha dado cuenta de que fui tan tonto que no hice ninguna cuando estuve allí. Así que tomaré prestada ésta de Juanra (La bombilla) para ilustrar la zona de la que os hablo:

Bien, pues en la calle paralela hay (había) un árbol bicentenario que nos evoca otras épocas en las que Madrid era muy, pero que muy diferente. En concreto, esta zona era parte de una gran "zona verde" (lo entrecomillo porque el concepto de zona verde no era, evidentemente, el mismo que en la actualidad) por la que transcurría una senda entre árboles que unía el Palacio Real con el Palacio de El Pardo y que se llamaba entonces "La Pradera del Corregidor". No en vano esta última residencia real era muy apreciada en época de Carlos IV por ser buena tierra para la caza (bueno, y en épocas más recientes también, sobre todo por el tío Paco, a quien se le conocen perfectamente sus aficiones cinegéticas, así como los lances a otros tipos de "bestias" masónicas y carmesíes -sic-), por lo que esa senda era transitada con cierta frecuencia por los miembros más ilustres de la sociedad matritense de aquel entonces. Para conocer un poco más de los gustos de esta "indolente" burguesía, podéis ver mi post sobre el Parque de El Capricho.

Al cruzar el río había un soto donde crecía uno de esos árboles, quizá el mayor de todos. Se cree que era un olmo, aunque algunos hablan de un almez (¡qué bonita palabra!, almez) o un plátano (yo no puedo deciros mucho porque de especies de árboles sé más bien poco). El caso es que ese gran árbol, o mejor dicho su esqueleto hueco y ennegrecido, había llegado hasta nosotros. Según la leyenda, el propio Goya se apoyaba en su tronco para resguardarse del calor y pintar algunos de los cartones para tapices que le hicieron famoso antes de dedicarse a abrir nuevos caminos en la pintura y ser considerado el primer pintor "moderno". Quien sabe si bajo sus ramas rematara obras como El baile a orillas del Manzanares, o La gallina ciega, pero cualquiera de los cartones de esta serie dan una idea de cómo era el paraje. Una gran estatua de bronce delante de las gemelas ermitas de San Francisco el Grande (por si no lo sabéis, una para el culto y otra como "cofre" en el que albergar los famosos frescos y el cuerpo del de Fuendetodos) recuerdan el paso del genio maño por esta zona de Madrid.

Pues, decía, ese tronco se conservaba ya agostado, marchito, medio podrido y sin embargo orgulloso en la confluencia de las calles Comandante Fortea y Santa Olalla. Según cuenta otra leyenda, en uno de los merenderos que se asentaban en estos lares hace algo menos de tiempo, hubo un empleado, cordobés a la sazón, que se dispuso a tallar en el tronco del gran árbol una leyenda en honor de su paisano y coetáneo de los tantomontantes Reyes Católicos, don Gonzalo Fernández de Córdoba, el "Gran Capitán", el azote de napolitanos y sicilianos y creador de la fama de los famosos "tercios" españoles. El caso es que "le pillaron" con las manos en la masa, o se quedó sin espacio, así que sólo pudo escribir "El Capitán". Esta es la razón por la que este tronco era conocido popularmente por "El Gran Capitán", o simplemente "El Capitán".

Este árbol, histórico a su pesar, famoso sin pretenderlo, por qué no impostor de una historia fabulosa, que tenía más de tres metros de diámetro en su cruz y cuatro metros en sus tristes restos, y que probablemente podría alcanzar los quince en sus buenos tiempos, aguantaba, aunque ya muerto, firme en su ubicación. Incluso fue "restaurado" hace unos diez años, aunque algunos vecinos habían pedido que se actuara sobre él de manera más eficiente, pero no fueron escuchados. En esta pequeña foto de la guía qdq (¿por qué puñetas no lo fotografié en su día?) podéis ver cómo era antes de...

Su desplome. Las fuertes lluvias del pasado mes de noviembre, o un enésimo levantamiento de acera fue demasiado para el pobre viejo tronco. La caída fue oída por los vecinos, quienes se asustaron al escuchar el golpe seco, y suerte hubo de que no cayera encima de algún transeúnte.

En fin, esta es su historia, y así queda consignada. Espero que disfrutéis de ella tanto como yo lo he hecho contándoosla.

El Gran Capitán ha caído. Larga vida al Gran Capitán.

8 comentarios

  1. Stephin

    Es una lástima, la verdad. Casualmente, y al igual que Polidori, yo también viví un par de años por esa zona y era conocedor de la leyenda del Gran Capitán.

    Vaya por delante que no puedo opinar con criterio sobre la conveniencia o no de someterlo a una protección especial. No sé si realmente tenía interés histórico, cultural o botánico, o si simplemente era motivo para la circulación de faltos mitos populares, cuando en realidad no era más que una madera mueta.

    Lo que sí tengo claro es que no debemos de entrañarnos, ni aún en el caso de que se haya perdido algo con más valor que el meramente sentimental que cada vecino le diésemos.

    Y es que en Madrid es perfectamente posible que se encuentren vestigios del poblamiento más antiguo de la ciudad y los funcionarios responsables, aprovechando las vacaciones y con alevosía y "agosticidad", ordenen a los operarios que los arrasen con las máquinas. Todo por terminar en plazo una plaza nueva y un parking.

    Así que cómo vamos siquiera a insinuar que alguien se moleste en proteger al viejo capitán...

  2. Me han gustado mucho este artículo y esta leyenda, Polidori.
    Las pequeñas historias son el esqueleto de la Historia. Olvidarlas, perderlas, me parece un error. :)

  3. Bonita historia, gracias por contarla. Un saludo.

  4. niña azul

    oh capitán!

  5. Qué curioso, durante un tiempo pase largos momentos (muchos) en una calle de Cordoba llamada Gran capitán (en honor a dicho personaje)...ahora me has hecho partícipe de una historia que me descubre una bonita conexion entre ambas ciudades.

    :)

  6. Acabo de descubrir este artículo, Polidori. Mi más sincera enhorabuena. No soy muy dado a leer artículos "largos", pero este me lo he leído de arriba a abajo. Yo soy de Madrid y no tenía ni idea de la existencia de "El Gran Capitán", pero en la foto se le veía imponente.

    ¡Saludos!

  7. Vaya , ha tenido que pasar un año despues de haber escrito este gran artículo sobre " El Gran Capitán" para ver que utilizastes una fotografía mía de la Colonia del Manzanares, mi barrio. Me agrada mucho que te sirviera mi foto y también te lo agradezco; una pena que tampoco fotografiara en su día al "Gran Capitan" cuando estaba vivo...ahora tristemente esta el gran hueco dejado por el. Una abrazo y saludos.

  8. Sergio

    Ahora mismo en frente del ordenador desde el que os escribo veo el hueco que ocupaba el Gran Capitán, todavía recuerdo el día que se cayó...aunque no sabría decir cuantos años hace. En su lugar crece un nuevo arbol, que me gusta pensar que es del mismo tipo del que dio sombra a Goya. El nuevo arbol esta rodeado por una pequeño cercado de verja que no tienen otros árboles de la zona, que me gusta pensar que es en homenaje al Gran Capitán. Quizás si un día le añadiésemos una placa conmemorativa y gente como vosotros siguiese perpetuando esta historia el Gran Capitan seguiría vivo en el imaginario de Madrid.

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