La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Águas do março

Marzo ventoso, marzo tormentoso, marzo lluvioso.

En marzo, cuánto más me rascas, más me alzo.

Marzo ventoso, abril lluvioso, preparan a mayo florido y hermoso.

En marzo, la veleta ni dos horas está quieta.

Marzo frío. Marzo bello, fin del invierno. Marzo que empapa de gotas de lluvia la ventana de mi casa. Marzo, que trae promesas que el invierno ha tenido languidecidas. Me gusta marzo, cuando las hojas secan se empapan de agua y parece que al fin alguien ha abierto el grifo de la lluvia para que las calles se limpien y luzcan recién remozadas. Me gusta ese marzo de sobremesa, con buena charla y buenos recuerdos, sobrevolando con la memoria aquellos buenos tiempos, brindando por los tiempos venideros que están aún por llegar y que traerán lo mejor de sí mismos.

Marzo con sus idus, aquellos días de los que debes guardarte, como hubo de guardarse el gran César, pero no lo hizo, el muy torpe. Confió en los suyos, y cayo muerto, la túnica, de alba blancura, manchada de su propia sangre, de las ensangrentadas manos de los conjurados, del amado Bruto, clavando el postrimero cuchillo en la blanda carne, el alopécico César su cráneo manchado también de su sangre aún caliente, muerto, asesinado, el fin de una era, el nacimiento de otra, la pérdida de la inocencia, el comienzo de la marca imperial en occidente. Murió un quince de marzo de hace más de veinte siglos, advertido del peligro, pero incauto en la entrada del senado. Un vidente le advirtió, y él se mofó de él al entrar, diciéndole "Los idus de marzo ya han llegado"; a lo que el vidente contestó compasivamente: "Sí, pero no se han ido".

Marzo y sus aguas. Águas do março. Quizá la mejor canción jamás escrita. Elis y Tom. Regina y Jobim. Marzo tormentoso al otro lado del mundo. Cuando acá el invierno empieza a perder su fuerza, allá es el verano quien empieza a mostrar síntomas de flaqueza, y comienza a romperse el cielo con fuertes tormentas. "São as águas de março fechando o verão, É a promessa de vida no teu coração". Las aguas de marzo que cierran el verano, una promesa de vida en tu corazón. Ambos se solazan, y cantan a las cosas sencillas. Al amor. "É pau, é pedra, é o fim do caminho. [...] É um peixe, é um gesto, é uma prata brilhando." Elis canta divertida, y Tom le contesta con sorna, y ambos acaban riendo, cantando a la vida, incapaces de guardar las composturas ante los técnicos de sonido. Una delicia de canción. Un regalo de Elis, la cantante más querida que naciera en un marzo y que muriera con tan sólo treinta y seis años de una sobredosis de cocaína. Y Tom, que grabara esta canción con ella en 1974.

Marzo, el tercer mes del año, pero el primero durante la época romana y en la Edad Media. Marzo, el mes del dios de la guerra, Marte (Martius), el mes que los romanos representaran con la figura de un hombre cubierto por una piel de loba, en alusión a aquella que había amamantado a Rómulo y Remo. El mes del macho cabrío, que representa el signo zodiacal Aries, que comienza en este mes. Marzo, mes en que acaba la siembra y merma el rigor del invierno.

Es quizá momento de recordar que hubo algunos que hace un par de años idearon la mayor tragedia terrorista que en España ha habido, que en Europa ha sido. Hace dos años ensayaban los horarios de los trenes, con escrupulosa frialdad hicieron cálculos de lo que se tardaba en llegar a la estación, el modo en que se podían extraviar un puñado de mochilas en unos cuantos trenes repletas de explosivos y trozos de metralla asesina, y hacerlos estallar por los aires a la vez, quien sabe si con la idea de hacer que la cúpula de Atocha se hubiese desplomado y haber hecho un 11-S en Madrid. A los pocos días las dársenas de Atocha aparecieron repletas de velas, flores, mensajes y miles de objetos que recordaban a los muertos. Durante semanas fueron apareciendo en los periódicos sus rostros, mirándonos desde el más allá como si estuviesen vivos, y fueron la causa de que aquél 11 de marzo nos pasáramos el día pegados a las televisión, las radios e Internet, e hicieron que ese 12 de marzo saliéramos todos a las calles con una lluvia inclemente, fría y copiosa que disimulaba nuestras lágrimas de emoción. Poco tiempo después yo hice algo que mi habitual discreción me hubiese impedido hacer, pero que aquel día me hizo sacar fuerzas donde no las tenía. Llegué a Atocha, con la cámara en la mano, y no me atreví, hasta que me dije a mí mismo: "vamos, tío, saca la cámara, haz fotos, esto no puede escaparse de tu mente nunca, debes recordarlo tal y como lo viste, que los que te sigan lo recuerden, que nunca se olvide". Y saqué la cámara, y disparé, y el resultado es el que, en una pequeña muestra, podéis ver en esta página.

Marzo. Mes de sonrisas. Mes de amor. Mes de lágrimas. Mes de dolor.

Mójame, marzo, las sienes. Recuérdame que estoy vivo, y que otros murieron. Moja mi alma, haz que la lluvia renueve mis pensamientos, y vea el futuro que acecha con buenos ojos.

2 comentarios

  1. La verdad es que al haber visto las fotos uno vuelve a recordar lo que aquél día pasó y se le pone a uno ujn nudo en la garganta...

    Lo que no entiendo es como tras dos años de aquello en este país n ohayamos largado a gorrazos de la vida política a los mismos personajes que se emepñaron en levantar mentiras jugando con los casi 200 muertos (vease Acebes and company...)

    Un saluo Polidori

  2. Magnífico, Polidori, transpira sinceridad y sentimiento. Me ha emocionado. ¡Gracias! :)

Escribe un comentario