La Coctelera

Las manos en los bolsillos

El primo valenciano de Warhol

De acuerdo, el arte pop al más puro estilo "warholiano" no es precisamente lo más querido del panorama de las bellas artes mundial. ¿Qué por qué digo esto? Porque, seamos sinceros, Warhol y sus seguidores son demasiado "divertidos", demasiado "ligeros", demasiado "pop" como para tenerse en cuenta, sobre todo cuando lo único que hacen es pintar encima de una foto en blanco y negro de algún personaje famoso. Muchos piensan que tuvieron su papel en la historia del arte, pero ya está; son perfectos para decorar un salón con una lámina y poco más. Debo confesar que algo de eso había la primera vez que me enfrenté a uno de estos cuadros. Hablo de Warhol y, fundamentalmente de Lichtenstein y Rosenquist, y a algo de distancia Haring (no por su calidad, por supuesto, sino porque no se basa en personajes reales, sino en sus propias y personales figuras). Vamos, que ver una viñeta, una lata de sopa o la cara de Marilyn Monroe pintada en un cuadro enorme no era lo que más me fascinaba, desde luego, del arte. Sin embargo, esto cambia radicalmente cuando estás delante de alguno de ellos. A mí, al menos, así me ocurrió.

Fundamentalmente lo que más te llama la atención es la textura y la magia del color. Vaya majadería, dirán los más avezados expertos en arte de este período, eso es una verdad de perogrullo. Pues es verdad, pero algo tienen estos lienzos que enganchan. No es sólo la iconografía, tan cercana, sino la intensidad del color, la impresión que suele dar su tamaño y la sabia forma con que los artistas centran la atención (desde muy lejos) en su obra. Vamos, que te están llamando en cuanto entras a una sala donde estén expuestos. Y si encima es una monográfica, como me ocurrió a mí en una retrospectiva de Antonio de Felipe, pues mucho más. Casi casi tienes una especie de Síndrome de Stendhal, pero en pop.

De Felipe juega con lo mismo que hizo Warhol, poner ante nuestros ojos tremendos lienzos con la cara de famosos artistas o personajes de la actualidad. Incluso también tiene cuadros de la Monroe, y de Audrey Hepburn (¡ay, Audrey!), Liz Taylor, Marlene Dietrich o Grace Kelly. En todos ellos el colorido y las dimensiones son espectaculares. A mi me gusta mucho el que os muestro de Audrey (tiene 2X2 m) y otro de la Monroe con un fondo de los famosos cuadros de Mondrian (así mata dos pájaros de un tiro en un mismo cuadro, homenajeando a dos de sus personajes favoritos).

Lo curioso de De Felipe es que muchos de sus modelos son "typical spanish", tan typical que ha dibujado a Ángela Molina, Rosi de Palma, Monstserrat Caballé y... ¡hasta a Agatha Ruiz de la Prada y la Thyssen! Todas ellas en lienzos de gran tamaño y todo lujo de colorines. Son fantásticos...

Pero quizá son más famosas y destacables sus obras sobre marcas comerciales, logotipos y, sobre todo, vacas (¡Dios mío, Adastra, no te gastes los dineros en comprarte uno, que te veo venir!). La Vaca que Ríe, el Gigante Verde, Starlux... Aquí os pongo algún ejemplo, pero podéis ver muchos más en su página.



Con De Felipe, además, me pasa una de esas cosas que sólo ocurren muy de vez en cuando: que me trae gratísimos recuerdos. Su exposición en la Casa de Vacas del Retiro coincidió con una época muy especial para mí. Ya sabéis que a veces una exposición, una canción o una película te traen a la memoria recuerdos de una época pasada que fue mucho mejor, o incluso en este caso excepcional. A De Felipe le vi con una persona que fue muy importante para mí, a la que quise con locura y que ocupa una parte fundamental de mi memoria reciente. Seguro que eso también os pasa a vosotros, que algo os trae recuerdos de alguien; es lo que tiene la jodía memoria. El caso es que ver sus cuadros hace que me embobe con los recuerdos, con lo que me es todavía más grato contemplarle. Sentimental que es uno.

Espero que lo disfrutéis, aunque, de veras, no hay nada como verlos en vivo y en directo. Si podéis, no dejéis de hacerlo.

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