La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Orgullo y prejuicio, o la sensibilidad romántica

Solventados mis problemas técnicos con el monstruo, me alegro de poder volver a daros leña con la que atizar este fuego. ¡Viva la lírica!

Bueno, empiezo a creer que lo hacen a posta. ¡Otra vez me han dejado para mí solito toda una sala de cine! Desde luego, se ve que en las sesiones golfas no están ya hechas ni siquiera para solitarios nocturnos como yo. Pero esta vez ha sido en un cine “de cultos”, en el Renoir, al que he acudido para ver una peli que estaba a punto de pasárseme y que, mira tú por dónde, sólo ponían a esas horas: Orgullo y prejuicio.

Vaya por delante que tenía un gran recuerdo de Sentido y sensibilidad. Y no es que sea un apasionado de las novelas de Jane Austen, ni mucho menos de la llamada novela romántica (sólo de pensar en Corín Tellado me da repelús), pero de una cosa sí que estoy convencido: adoro el período romántico, o sea, el final del siglo XVIII y la primera mita del siglo XIX. Cuando la mitad de Europa estaba en guerra, novelistas y artistas se dedicaban a hacer hermosas obras de arte con las que evadirse de la cruda realidad. Además, esa forma de vestir, las levitas, los pantalones estrechos, las botas altas, los cuellos acartonados… Y no digamos nada de la vestimenta de las mujeres, con las telas vaporosas, el talle justo por debajo del pecho, las mangas apenas cubriendo los hombros, y esos escotes que marcaban el pecho y dejaban al aire el cuello. Sé que los corsés eran cosas del demonio, y que era una forma de vestir más propia de gente pudiente a la que probablemente yo no accediera por mi rango social, y que al fin y al cabo eran sólo los ricos los que podían permitirse el lujo de evadirse de esa realidad, pero soñar es gratis, ¿verdad?

Austen centra sus novelas en los temas favoritos de la sociedad de la época. Los amores que vencen mil y un obstáculos, el papel de la mujer como mera comparsa a la espera de un marido que quiera mantenerlas, los prejuicios de clase… Pero, precisamente sus heroínas son mujeres fuertes y hermosas, que se rebelan contra el encorsetamiento de la época. Además, los héroes masculinos son hombres cultos, sensibles y atentos. Tanto Matthew Macfadyen en Orgullo y prejuicio como el denostado (y con razón) Hugh Grant o James Fleet en Sentido y sensibilidad son hombres “de los pies a la cabeza”, con fuerza y corazón, a los que contemplamos con orgullo de género los espectadores masculinos de hoy día. Y por los que suspiran, imagino, las féminas que los contemplan.

La película es deliciosa. Magníficamente rodada (por un desconocido Joe Wright), cuidadísima en la ambientación y espléndida en los detalles. Las escenas en el baile están casi a la altura de la increíble La edad de la inocencia de Scorsesse. Y la forma de rodar el paso del tiempo con Keira Knightley dando vueltas a su columpio es deliciosa. Las localizaciones en la campiña inglesa son perfectas. ¡Y no digamos nada de las mansiones! Son de museo, con ese mobiliario, esas pinturas y esa decadente y romántica (por el estilo, me refiero) forma de entender la comodidad. Si queréis haceros una idea, y vivís en Madrid, daros una vuelta por el Museo Cerralbo; no es lo mismo, pero el salón de baile y la Biblioteca os transportará a esa época. Bueno, y por supuesto el Museo Romántico, que no sé si ya estará abierto, pero es una pasada. No dejéis de visitarlo.

Por cierto, ¡ay, Keira! Ya lo advertí en mi anterior post sobre El rey Arturo, es una hermosísima mujer, pero además en esta peli está tremenda. Desde los primeros compases de la cinta, en la que aparece como una niña caprichosa y altiva, hasta el final, donde tira de fortaleza y llena la pantalla con inteligencia y buen hacer, está magnífica. ¿Se me nota que me ha dejado enamoradito? Pues debo reconocerlo, y lo reconozco. Tiene un rostro bellísimo, y un cuello espectacular. Los vestidos de la época le sientan de maravilla, y la cámara la adora. Me traía recuerdos de la venida a menos Winona Ryder en sus buenos tiempos, sólo que no sé por qué me da a mí que Keira va a tener una mejor carrera, sobre todo después de esta peli. Claro, que la Ryder en La edad de la inocencia también está magnífica. El tiempo dirá quien gana el combate. Atentos, sino, a la escena en el hermoso edificio circular, cuando rechaza la petición de Mr. Darcy, demostrando la rabia sentida por lo que ella creía ser una traición a su familia; está espléndida.

Una mención más para Donald Sutherland en su papel de padre de la criatura. Desde luego, papeles como éste a un actor en el ocaso de su carrera son peritas en dulce. Se nota que el tío ha disfrutado como un enano (con todos mis respetos) haciéndolo.

En fin, una delicia. Y ya sé que son historias blandas, cursis y con un final feliz propio de otras épocas, pero qué queréis que os diga: en el fondo y en la forma uno es un romántico. Salí del cine tocado, y no sólo por la soledad de la sala y las altas horas que eran, sino porque el choque de la vuelta a la realidad fue muy duro. Sólo puedo acostarme con el vano deseo de querer trasladarme a esas campiñas, paseando a caballo por hermosas praderas con una mujer vestida así, mientras ajusto los puños de mi chaqueta, adoptando una postura digna de un cuadro de Friedrich. Seguro que desde donde me leáis podéis escuchar los suspiros…

P.D.: Por cierto, es lo que tiene quedarse hasta el final de las letras. Descubrí que uno de los agradecimientos de la peli va para Emma Thompson. Desconozco cuál ha sido su papel en la historia, pero seguro que ha tenido que ver en la forma con que está captada la época. Si es así, ¡bien por la Thompson! Es una actriz magnífica y, me temo, una gran conocedora del XIX y de Austen, estoy seguro.

6 comentarios

  1. Stephin

    Otra noche de insomnio...

    Me ha gustado que te acuerdes de esta película. Sin duda, es la mejor que he visto este año (vaya por delante que me faltan muchísimas por ver, como "Crash", "Buenas noches y buena suerte" o "Brokeback Mountain").

    Estoy de acuerdo con tus comentarios, y destacaría entre todas la majestuosa interpretación del gran Donald Sutherland. No me imagino a nadie capaz de transmitir mejor la socarronería tierna de ese patriarca. Brenda Blethyn también se sale, haciendo un personaje que podría hacerse cargante y estereotipado (esa madre histérica y metomentodo), pero que también está lleno de matices.

    Pero lo que más me gustó de esta película es su frescura, su ligereza. Para tratarse de cine de época, es todo lo contrario a un dramón trascendente, engolado y recargado. Nada sobra. Los diálogos son chispeantes y la cámara va al grano, moviéndose con la precisión de un bisturí en manos de un gran cirujano. "Orgullo y Prejuicio" es un ejemplo perfecto para ilustrar la crítica que hacía en otro post de directores como Almodóvar, que se empeñan en trascender la película con su personalidad. De Joe Wright no se acordará nadie, pero su trabajo es soberbio (ese travelling inicial para presentarnos el hogar de los Bennet tiene el sabor del mejor cine clásico).

    Vayan a verla, y si no son tan amantes del romanticismo como Polidori no teman, porque aunque la historia esté ambientada en esa época no es en absoluto una película romántica. Si, como he leído, es cierto que los productores pretendieron recuperar el sentido original de la obra, desde luego Jane Austen no debía ser una escritora romántica (no lo sé; no he leído nada suyo). Porque lo que esta película nos muestra es realismo puro: un retrato fidelísimo de esa clasista sociedad británica acojonada ante lo que se avecinaba (la Revolución Francesa y lo que vino detrás).

  2. Aclaraciones, querido Stephin:

    Siempre que se habla del romanticismo surgen confusiones. No me he querido referir a que Austen sea exactamente romántica, como la ínclita Tellado o la autora de Mujercitas, Louise Mary Alcott, sino que trata "temas románticos", en el sentido de dar vueltas sobre amores imposibles y confesiones a la luz del alba. A mí al menos esa es la referencia que tenga en la cabeza a la hora de pensar en Austen. Pero, lejos de demostrarse blanda, esta autora se "mete en harina" y ahonda en la personalidad de los personajes, nos los acerca y coloca en la realidad de su época. Evidentemente, ahí está su grandeza, y por eso se le puede, perfectamente, incluir en la novela realista inglesa, así que te doy la razón. El problema es que cuando pienso en novela realista inglesa pienso en Dickens (aunque ya sé que es más novela social), y como que no es el caso. En fin, que no podemos negar que Austen tiene un poso de ese romanticismo, así que no me extraña que en sus historias haya esos encuentros entre amantes tan, digamos, "corín-telladescos".

    A lo que más me refería con el romanticismo es a la época. Austen precisamente reaccionó contra la novela gótica, tan de moda en aquellos tiempos, con esta novela más "real" (comparado con la novela gótica cualquier cosa puede ser real), pero no podemos negar que comparten épocas y, en definitiva, sensibilidad, y de ahí el título de este post. En fin, que sea de una forma o de otra, a los protagonistas de estas historionas, o de los héroes góticos, como Melmoth el Errabundo, me los imagino de esta guisa, vestidos a lo Friedrich y con amores imposibles confesados a los cuatros vientos de un acantilado en una costa perdida de Inglaterra o Alemania.

    Y claro, mi mente calenturienta se lo pasa teta. Vamos, que me pone el romanticismo, ¡qué le voy a hacer!

    Aclarado el temita, sólo me queda agradecerte tu comentario insomne. ¡Gracias!, como siempre.

  3. K

    Como llevo una época de total impresentable no encuentro tiempo para ir al cine y esta es una de esas películas que aún tengo pendientes, lo que significa que ya no la veré en cine y tendré que esperarme a que la pongan en el Plus. Lo dicho, un total impresentable.

    De todas formas me atrevo a asegurar que los actores están soberbios. Donald Sutherland me parece un grandísimo actor, siempre y cuando se pone a ello; y en cuanto a Keira Knightley ¡qué quereis que os diga! que es guapísima, está a la vista; o que es una actriz espectacular, a mi me lo parece.

    No creo que Keira vaya a ser la sustituta de Winona, son casos distintos y épocas diferentes. La primera vez que vi a Keira fue en "Arturo" (bueno, realmente en La amenaza fantasma, pero ni me di cuenta) y, sinceramente, desde entonces los pictos han adquirido un interés especial...

    Bueno, a lo que vamos, que espero ver pronto la peli y poder unirme a los comentarios hablando con un poco de conocimiento.

  4. Stephin

    ..Y después del insomnio llega el amodorramiento matinal...

    ...Así que no estoy para debatir mucho. Gracias por tus aclaraciones literarias. Yo no tenía ni idea del género o estilo en el que cabe enmarcar a Jane Austen. Sólo hacía esa última apostilla porque a mí la película no me pareció romántica, ni en su acepción literaria -de eso sabes mucho más que yo, Polidori- ni tampoco en la cinematográfica.

    Es un melodrama de época con pinceladas cómicas, pero creo percibir un especial interés del director y el guionista por acentuar el realismo (supongo que con ello pretendían ser más fieles al texto original de la novela).

  5. Estoy deacuerdo contigo, en algún momento Knightley me recordó a Ryder. Y qué más te puedo decir, la pelicula me encantó en todos los sentidos, en historia, adaptación, interpretación, fotografía, escenarios, música, todo, todo, todo! Sé que podría estar cometiendo un pecado, pero la he llegado a preferir sobre el libro.

    :)

  6. DELICIOSA, ES UNA PELICULA QUE NO TE CANSAS DE VER Y TE LO DICE UNA QUE YA LA HA VISTO UN NUMERO CONSIDERADO DE VECES, ASÍ ES COMO SE HACEN PELICULAS DE CALIDAD.
    TE HACE REIR, TE HACE LLORAR (SOBRE TODO LLORAR), LLEGAS A SENTIR LA MISMA RABIA QUE ELLA, EL MISMO DESCONCIERTO... LOS PAISAJES DE ALGUNAS ESCENAS SON UNA MARAVILLA... PARA MI UNA PELICULA ES MATRICULA DE HONOR.

    SALUDOS

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