La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Decadencia y épica en Avalon

Ahora que voy cumpliendo años -de más- es muy habitual que me sonría cuando leo cómo tiernos infantes, que siguen teniendo un dígito uno en la decena de su edad, hablan de grupos que para mí son ya dinosaurios. Ya os he comentado que me resulta flipante que mis músicos y grupos preferidos de los ochenta y primerísimos noventa estén ahora de nuevo en la palestra. Pero supongo que los efluvios químicos de los fármacos antigripales en mi cerebro me han predispuesto todavía más a escudriñar en el desorden de éste, y me he acordado del grupo por excelencia por el que me pasó algo muy parecido a mí cuando aún era un teenager. Bueno, más que con un grupo fue con un disco de neblinosas reminiscencias: Avalon de los Roxy Music.

Teóricamente (y me temo que en la práctica), la aventura vital del grupo se inicia en 1971 y se termina en 1983, con una disolución entre medias. Es decir, cuando comenzaron yo tenía… ¡dos años!, y cuando acabaron catorce. Y por si no lo sabéis, antes de que los grupos de los ochenta, como Duran Duran, Spandau Ballet o Visage, pero sobre todo (desde una perspectiva más “seria”) Japan reinventaran, a su modo, el glam rock, había unos señores que se llamaban Roxy Music y que, junto a David Bowie (en una de sus múltiples caretas) y The New York Dolls, eran los abanderados de ese rock de lentejuelas, pelucones, tacones altos, guitarras en forma de rayos y amaneradas maneras. Todo esto mezclado con una buena dosis de decibelios, actitud pre-punk y letras pasaditas de tono. Y una fidelidad pasmosa al lema más famoso de los amantes de la guitarra eléctrica: sexo, drogas y rock’n’roll. Pero es que, además, Roxy Music eran famosísimos por sus portadas de esplendorosas féminas ligeras de ropa. La de Country Life, que aquí os reproduzco, con dos modelazos alemanas que se prestaron para ello por “amor al grupo” (se lo pidió el propio Ferry), fue un auténtico escándalo. Pero no os perdáis tampoco las de For you pleasure o Siren. No sé qué opinaba Avedon ni las asociaciones feministas de aquella época, pero a eso se le llama humedecer al personal. Capítulo aparte merece la de Fles + blood, que es una preciosidad; en su línea, bien es cierto, pero a mí me parece muy hermosa. También os la reproduzco aquí.

A mi Roxy Music no me suena a glam rock ni a portadas con tías en bikini. No me suena a decadencia ni a fiestas etílicas y pasadas de drogas en un garito infesto de los bajos fondos de NY o Londres. RM me suena a ese rock épico, evocador, atemporal, que se destila en Avalon, una música que ha resistido muy bien el tiempo (incluso en los anuncios de tv con un ilustre árbitro calvo de protagonista, Colina, si no me confundo). Este disco, que fue su última grabación en estudio, fue una verdadera sorpresa para propios y extraños. No suena a nada parecido, ni suyo ni de otros. Hasta tal punto fue rompedor que el grupo se empeñó en sacar varios directos posteriores a su publicación (que suenan muy bien, por cierto) como para decir “¡eh, vale!, somos los de Avalon, pero también somos los de antes, no lo olvidemos”. Como he hecho en otras ocasiones, lo pongo en palabras de otros (de la selección de la discoteca ideal de la Fnac) para que me entendáis mejor:

“el trío se rodeó de los mejores músicos disponibles en el mercado […] para proponer una música de una belleza y sofisticación hasta ahora nunca oída. Diez títulos de perfecto rock-funk almidonado magistralmente producidos […] en los que extrañamente Bryan Ferry canta bien . Este álbum supone la cúspide que en vano intentará superar.”

Avalon es una preciosidad que, superadas las líneas fáciles de “More than this” y “Avalon” (sobre todo la segunda, más en la línea decadente propia de discos anteriores; y en el caso de la primera hábilmente rescatada en ese imposible karaoke de Lost in traslation, donde Bill Murray está enorme), dos de los singles más famosos del grupo, discurre en un ambiente evocador, de leyenda, la perfecta banda sonora para acompañar los relatos de héroes y heroínas de cuento, en brumosos lagos a la tenue luz de una mortecina luna. También evocan cantos guerreros igualmente neblinosos, como “The space between”, “India” o “The main thing”, con unas percusiones y un bajo abrumadores, una buena utilización del sintetizador (lo que demuestra que no todo era tecno-choni en la época, sino que había gente que se lo tomaba en serio) y un Ferry excelso, arrastrando con desgana y mucha pose todas y cada una de sus frases. “Take a chance with me” es hasta vertiginosa, atendiendo al resto del disco, pero también capta a la perfección esa atmósfera brumosa en la que parece que te vas a encontrar de repente a sir Galahad preguntando por Arturo. “To turn you on” es una deliciosa y delicada pieza que juguetea en tus oídos contándote, qué curioso, historias de la Gran Manzana, de la Quinta Avenida y de la lluvia en la ciudad de los rascacielos en pequeñas habitaciones de hotel. Y “True to life” es quizá la canción más evocadora que he podido escuchar en mi vida; tengo grabado a fuego su comienzo, la voz de Ferry casi susurrando esa “vida entre tinieblas” y la imaginación que te alejará de los días gélidos; es una canción de esperanza, de promesas de un mundo mejor, de una nueva vida fuera de esta mierda de vida. Y, al fin, “Tara”, que cierra el disco, es una increíble y delicada evocación inundada por el saxo de Andy McKay, los teclados del propio Ferry y el mar rugiente de fondo. ¿Hay mejor forma de terminar un disco así?

Confieso, pues, que éste era mi único contacto con el grupo, pero que me bastó para que siga siendo uno de mis discos de cabecera, al que defiendo a pesar de los pesares, y a pesar de que suele ser un disco indefendible en los ambientes indies. Lo que he sabido de ellos después no ha sido gran cosa. Ferry ha intentado ser cada vez más decadente siguiendo una carrera paralela a la del grupo en solitario, y a fuer que lo ha conseguido, a pesar de su pasmoso éxito con la canción “Slave to love”, incluida en su disco del 85 Boys and girls y que, por supuesto, los reenganchados a Avalon compramos con verdadera avidez. Pues bien, esta canción, que fue por cierto, en palabras del propio Ferry, un descarte, se convirtió en un éxito tremebundo tras ser incluida en la banda sonora de la película Nueve semanas y media, lo que le hizo (de nuevo) millonario. De los lujuriantes sueños de unos aún jóvenes Kim Bassinger (¡hay, Kim, si no fuera por L.A. Confidential…!) y Mickey Rourke (¿quién puede superarle en su papel de continuo estreñido?) hasta ahora ha continuado con su lenta y cadenciosa decadencia. Seguro que al nacer le dijo la matrona a su madre “enhorabuena, señora, ha tenido usted un artista decadente”.

Avalon, además, me pilló en plena eclosión adolescente de búsqueda de referentes culturales. Esa portada con ese caballero, ese halcón y esa bruma en lo que parece un lago me evocaba, evidentemente, a Arturo y sus caballeros. Si bien es evidente que el título es más una pose o un guiño, más por la épica del disco que por el ciclo artúrico en sí, sí que es cierto que sus sones pueden considerarse los de una novela de caballerías llevadas a la modernidad del rock. ¡Salvando todas las distancias que sean necesario ser salvadas, por supuesto!

Asumo, como bien dice mi querido Stephin, que me gusta demasiado la elegancia en la música, y que a él le va más el sonido más sucio, pero Avalon es así para mí, qué le vamos a hacer. Supongo que para la mayoría es un disco secundario, y lo entiendo, pero a mí me sigue gustando pincharlo de vez en cuando, dejando que el final de “Tara” me traiga el mar a casa. Siempre, claro está, que se tenga en cuenta la vieja máxima de Siniestro Total:

“Sabías que / a Bryan Ferry / le huele el alien-to / Más vale ser punki / ah ah / que maricón de playa”.

5 comentarios

  1. K

    Me alegro que estés de vuelta, Polidori, y me ha gustado el post sobre Roxy Music.

    Sí a ti te pillaron en plena adolescencia imagínate dónde estaba yo entonces. A mi lo del rock épico la verdad es que nunca ha llegado a ponerme del todo. Reconozco que hay algunas cosas buenas, como en casi todo, pero no es lo mio. Sinceramente prefiero el glam, pero únicamente (y con permiso de T REx) pq Bowie es Bowie y Dios tiene bastante con jugar a los dados...

    No dudo que Bryan Ferry fuera el alma de Roxy Music (ni de que le huela el aliento), pero ¡ni una mención a Brian Eno!

    Volviendo al rock épico prefiero cosas un poco más burras, no tanto como los Manowar (se supone que tienen el dudoso honor de ser la banda más ruidosa del mundo al alcanzar los 129.5 decibelios gracias a diez toneladas de amplificadores y altavoces -la wikipedia dixit-)pero si del estilo de Nightwish (armadura inclusive).

    Me largo, que se me acumula el curro. Lo dicho, que me alegro de que hayas vuelto.

    Saludos

  2. Si mis datos no fallan, el bueno de Eno sólo estuvo en dos discos del grupo, así que no puede considerarse un miembro estable del mismo. Además, este tipo es más productor que otra cosa. Eso sí... ¡vaya productor!

    Saludos

  3. K

    Vale, pero no me negarás que Brian Eno tuvo mucho que ver en que a estos tipos se les encuadrara en su día en el movimiento glam.

    Por cierto, Sid Vicious sólo grabó un disco con los Pistols, ¿no?

    Saludos

  4. Los Pistols SÓLO grabaron un disco, y no puede decirse que lo concibieran como tal.

  5. Si señor, un disco elegante y distinguido. Un clásico de parte del sonido de los 80, y de unos Roxy Music bastante alejados de sus acidos inicios.

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