La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Métodos del FBI

No sé si es porque la memoria tiene estos juegos extraños, pero el caso es que al pensar en los nazarenos me he acordado de otros encapuchados de no tan piadoso recuerdo: del tristemente famoso Ku Klux Klan, esa organización fanática y racista que aterrorizó a los estados sureños de Estados Unidos a lo largo del parte del siglo XIX y casi todo el XX. Espero que nadie vea en esto ningún atisbo de comparación, ¡Dios me libre! El caso es que tirando del hilo me he acordado de una espléndida película de Alan Parker (sí, el de El muro) que hacía mucho tiempo que no veía: Mississippi Burning (Arde Mississippi), así que he tirado de videoteca y he vuelto a verla.

Imagino que cuando tenéis en la cabeza una película, una obra de teatro o un libro redondos sabéis a lo que os estáis refiriendo, ¿verdad? Bien, pues ésta es una película redonda, creedme. Basada en hechos reales (algo que no siempre, o mejor dicho, casi nunca es garantía de éxito), la peli nos cuenta la tremenda historia de tres activistas por los derechos humanos que son asesinados por un grupo anónimo del que poco a poco se descubre que está integrado por miembros de la comunidad sospechosos de pertenecer al Ku Klux Klan, entre ellos el ayudante del sheriff.

Más allá del lógico interés de Parker por mostrarnos en toda su crudeza los desmanes y crueldades de la siniestra organización, y el encubrimiento de los implicados en el crimen y de los propios habitantes de la pequeña ciudad, la película está narrada con un ritmo impecable, y sus actores, espléndidamente dirigidos, están magníficos en sus interpretaciones, tanto los “buenos” como los “malos”. Por citar algunos, y porque para algo son los protas, debo mencionar a Gene Hackman, Willem Defoe y Frances McDormand.

En el caso de los dos primeros, son el contrapunto ideal entre el miembro del FBI socarrón y rebotado de mil historias que encarna Hackman (Oso de oro en Berlín) al que se le encarga formar parte de la investigación por su pasado sureño; y del pulcro joven jefe interpretado por Dafoe que aplica en sus más estrictas normas los métodos del FBI. El pulso entre ambos es fascinante, y va llevando la trama de la película entre vaivenes desde lo políticamente correcto a lo sórdido y no muy adecuado, pero muy eficaz para la investigación (de especial recuerdo la escena de la cabaña y el alcalde, ¡glubs!).

En cuanto a la McDormand, ¡qué decir! Actriz fetiche de los Cohen, está impresionante, y fue nominada por ello al Oscar. No se me puede ocurrir mejor rostro para escenificar lo difícil que es salir de un ambiente opresivo y alienante, y lo duro que supone actuar de acuerdo con la ética cuando tu marido y el mundo en el que has vivido hasta ahora está tan podrido como éste. Se me ocurren algunos ejemplos no muy lejos de nosotros, pero ahora no es el momento de hablar de ello.

Película a la que no le sobra nada, en la que todo está perfectamente ubicado y que engancha como pocas al espectador hasta llevarle al final de una historia cruda pero esperanzadora. Y en la que, por una vez en la vida, los del FBI no son tan patéticos como de costumbre.

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