Energumenismo
Pensaba dedicar un post a este tema más adelante, pero escuchando ayer la radio volví a darle vueltas al asunto, así que aquí os lo presento.
Supongo que si sois conductores (y si sois "acompañantes" lo habréis experimentado también, pero con otra perspectiva) se os habrá presentado alguna vez esta situación: atasco descomunal, varios kilómetros de retención y de ver el mismo paisaje a la velocidad de una tortuga. Luego, por esos designios de la providencia, el azar o la puñetera casualidad, la cosa empieza a moverse y puedes empezar a utilizar las marchas más largas y coger un poquito de velocidad. Bien, pues cuando la cosa se va "animando", y ves como el número de coches y la intensidad de tráfico es la misma, pero en el carril izquierdo se alcanzan ya los 100 o 110 km/h, empieza el espectáculo: surge el energumenismo.
De repente, un tipo con un coche igual o más potente que el tuyo comienza a pegarse al tuyo, lo que se conoce en el argot como "comerte el culo". A veces un simple toque del freno para que se dé cuenta de su estupidez es bastante, pero la mayoría de las veces no. Tú miras hacia delante y ves tropecientos coches en tu mismo carril, así que sabes que ese tipo no va a adelantar gran cosa, pero sigue ahí, pegado a tu culo como si fuese una lapa.
Entonces (no tiene remedio), comienzas a ponerte nervioso. Espero que los no conductores me comprendan, porque argüirían (y con mucha razón) que por qué no se pasa de él y ya está. A ver si puedo explicarlo: cuando inicias el viaje te sientas en el coche y te dices a ti mismo: venga, tengo muchos kilómetros por delante, así que me lo voy a tomar con calma. Así, vas echando horas al volante y, cuando llevas ya más de cuatro (incluida alguna parada, claro), el cuerpo empieza a estar cansado, aunque tú te encuentres bien, y te das cuenta de que, sin querer, te vuelves más inquieto, cambiando de postura, recolocando el cuerpo en el asiento, deseando cambiar de música más a menudo... qué sé yo. El caso es que nunca piensas que te va a pasar, aunque tengas en la cabeza la casi segura probabilidad de encontrarte atasco, pero al final siempre te pilla de sorpresa. Pasado el fastidio inicial, te resignas, bajas la guardia y te dejar llevar por la marea de coches que te rodea. Por eso, cuando empiezas a andar, a veces después de mucho tiempo en caravana, te alegras de poder moverte, y de andar un poco a la velocidad lógica, pero es entonces, justo, cuando surge ese energumenismo. Y entonces te dan ganas de parar el coche y sacar al tipo o tipa del suyo y abofetearle.
Y luego viene la segunda parte. Tú, por inercia, pisas el acelerador para que el hueco con el coche anterior sea algo menor, y el energúmeno aplaque su avidez ante un hueco vacío. Pero ahí llega el energumenismo supino de (¡Dios Santo!) quererte adelantar por la derecha. E inconscientemente tú aprietas un poco más el acelerador para que el maldito gilipollas no lo sea tanto de poner en peligro a todo el mundo por ocupar tu puesto en la caravana. ¡Pero va el muy imbécil y lo hace! Y entonces te faltan pitos, cláxones y luces largas para accionar. Y eso que el otro día llevaba el coche de mi hermana, que aunque diesel (un Peugeot 206), tiene fuerza suficiente para ponerse a la velocidad que me dé la gana (o sea, la que se puede coger, que una autovía no es el Jarama o Montemeló). Imaginaros cuando voy en mi Hyundaicito de 1.300 cc, o cuando usaba mi primer coche, un Panda que cuando cogía 110 se ponía a temblar...
Lo que sí es cierto que estos imbéciles, que se creen que por tener un coche más o menos potente, pueden emular a Fernando Alonso por las carreteras nacionales, consiguen que, además de cansado, termines el viaje de mala hostia. No lo puedo evitar, pero siempre me ha pasado lo mismo, y mira que no es la primera vez (ni será la última). Estos gilipollas siempre lo consiguen, porque no sólo es peligroso y absurdo, es que es inútil y una forma gratuita y estúpida de poner en peligro a ti mismo y a los demás. A todos nos gusta correr, pero en una carretera vacía y respetando unas mínimas normas de conciencia, convivencia y de las propias leyes que promulga el Estado, pero lo de éstos es de juzgado de guardia. Y eso que me ha tocado a veces sufrirlo en mis allegados...
En resumidas cuentas, estos imbéciles deberían estar perseguidos como delincuentes. Claro, que es imposible poder "pillarlos". Por otro lado, el energumenismo no sabe de edades, condiciones ni estatus social; he podido ver imbéciles con flamantes todoterrenos que te asustan desde el televisor, amantes del tunning, gente con coches destartalados o aparentes padres de familia que te miran con desprecio desde sus gafas oscuras. Curiosamente cuando ves un coche de los que de verdad corren, sus conductores suelen ser muy respetuosos, y te marcan su intención de adelantarte con una aproximación ligera y el intermitente izquierdo; cuando les dejas pasar suelen adelantarte con toda suavidad, y sólo te queda dar las gracias por haberlo hecho, como rindiendo pleitesía (recuerdo un Ferrari maravilloso, amarillo chillón, que me adelantó una vez en la carretera de Burgos); pero los energúmenos de los atascos que os comento sólo te falta escupirles a su paso. Me imagino alguna que otra muestra de mala educación en su vida "normal", pero también es cierto que la gente se transforma al volante, y pueden convertirse en incontrolables miembros del energumenismo a las primeras de cambio.
Perdonad por el tono biliesco de este post, pero ayer me volví a alterar recordándolo. Y ahora me he quedado un poco más a gusto. Gracias.



3 comentarios
Jijiji... Bueno, compañero, lo que cuentas es tan tristemente habitual que no puedo hacer otra cosa que solidarizarme contigo.
Como me decía mi padre, que en algunas cosas tiene más razón que un santo, «en carretera no te fíes ni de tu puto padre» (ya sabes de dónde me viene mi querencia por los tacos, dicho sea de paso :)
A lo que podríamos añadir «la carretera está llena de hijos de puta». Pero de verdad, está llena de gente a la que meterías cuatro hostias por prepotentes, insensatos y niñatos. Aunque tengan 50 años. O más. O yo qué sé.
Será que yo no hago trayectos tan largos, Polidori, pero normalmente con los «comeculos» actúo como si no existieran. Yo sigo a mi ritmo, tranquilo, y dejo que se sancochen en su propia mala hostia. Yo a lo mío, tranquilito.
Un abrazo desde aquí lejos :)
5 may 2006 | 02:47 PM
cómo puede haber tanto cabestro por las carreteras suelto?
dónde se sacaráin el caré? en la tómbola de su barrio?
...
tantas preguntas. yo conducir no conduzco, pero conozco unas elementales normas de convivencia, y ahay gente que por asquerosa prepotencia se las salta
en fin, polidori, tú a lo tuyo. mientras existan prudentes conductores no se habrá perdido tanto
un saludo y pásate por mi página (www.fotolog.com/mozzer)
6 may 2006 | 05:06 AM
Me hace gracia encontrarme esto en un blog porque es una situación que pasa mucho, y a mí también me cabrea. En general me asombra lo poco que respeta la gente, energúmenos y no, la distancia de seguridad, que es algo tan básico como llevar el cinturón.
Creo que la solución no es pegarse al siguiente para que el hueco se reduzca... tener un tío justo detrás es peligroso, pero mucho más estar justo detrás de un tío.
Una solución es poner las antiniebla trasera, que joden bastante :-)
11 may 2006 | 03:08 AM
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