La Coctelera

Las manos en los bolsillos

¿A qué día estamos hoy?, o los caprichos del calendario. Capítulo I

Gracias al bueno de K, que siempre me pica en estas cuestiones, y dado que me ha puesto en bandeja casi todos estos datos, no he tenido más remedio que ponerme a escribir esto que, a falta de saber dónde meterlo, he tenido que ubicarlo en una nueva categoría que he llamado “monográficos”. Mi mente curiosa y calenturienta está siempre al quite con las cosas que le llaman la atención, y el tema del calendario me ha fascinado siempre, así que he escudriñado por vosotros en el tiempo, y he descubierto algunas cosillas. Espero que los historiadores (y no quiero mirar a nadie, querido Alonso de Palencia, no me machaques demasiado) sean condescendientes con algunas licencias, y se metan mejor con Dan Brown, que está sacando mucha panoja por lo suyo (que no es el caso, oiga). Esto es para que quien lo lea pase un rato agradable, y se entere de alguna cosilla, y nada más.

En fin, allá vamos.

Sabemos en qué día vivimos, ¿verdad? Hoy es 9 de mayo de 2006. Es decir, es el noveno día del quinto mes del año que, tras el nacimiento de Jesucristo, cuenta con el número 2006. Es así, ¿no es cierto? ¿O no?

Como os podéis imaginar, esto, como todo lo que hace el hombre, no es tan rigurosamente cierto como parece, ni para todos los humanos rige (o ha regido) la misma forma de contar los días. Aunque el tiempo es siempre el mismo, los modos de medirlo han dado muchas vueltas a lo largo de la historia, e incluso hoy día no es para todo el mundo el día que es. Aunque esto pueda parecer una perogrullada, ha sido la causa de enormes quebraderos de cabeza que incluso hoy día son los culpables de muchos malentendidos, como que se celebre el día del libro en una jornada en la que no se debería celebrar nada, puesto que como mucho (e incluso en eso hay muchas dudas) es esa la fecha en la que murió Cervantes, pero no Shakespeare. Pero de eso hablaremos más tarde.

Para empezar a hablar de calendarios, ni siquiera es cierto que Jesucristo naciera en el año 1, pues las investigaciones sobre el personaje histórico datan su venida al mundo hacia el año 4 antes del inicio del calendario cristiano. Por ajustar, ni siquiera es cierto que su festividad haya sido siempre el día 25 de diciembre, sino el 25 de marzo. A todo esto hay que añadir que, aunque fuera cierto que Jesús naciera en el año 1, no se consignó ese momento como el comienzo del andar del tiempo “nuevo”, sino que se comenzó a contar como el “año 1” (no existe, pues, el “año 0”), con lo que nos hemos “zampado” un año de historia por toda la cara.

¿Pensabais que esto era fácil, verdad? Pues no. Es un problema que viene de lejos, y que casi consiguieron, como siempre, arreglar del todo los romanos, a pesar del galimatías que suponía su calendario antes de Julio César. Pero para llegar allí hay que dar unas cuantas vueltas, así que echemos la marcha atrás, o mejor dicho (¡como me gusta decir esto!): hagamos historia.

Egipto y los extraterrestres

Un día es una medida de tiempo básica y universal, pero llevar la cuenta de días, más todavía cuando no se tiene un sistema sumatorio muy desarrollado, es un poco difícil. Así pues, tradicionalmente el hombre, desde el albor de los tiempos, ha medido las “lunas” que discurrían ante sus ojos, pues era muy fácil contar cómo iba cambiando nuestro satélite de aspecto mes a mes (lunar, por supuesto). Así, el “mes lunar”, que es una medida cronológica natural y universal, mide hoy y ha medido siempre 29’53 días (los científicos me dirán que no exactamente, pero es lo que tienen los científicos). Pero calcular el paso del tiempo midiendo “lunas” no es muy preciso (mirad si no la empanada mental que tienen los pobres indios en las pelis de vaqueros), y es mucho más lógico medir el tiempo por años y paso de estaciones (porque éstas son tan cíclicas como las fases lunares). Claro, que equiparar el “año tropical”, es decir, el tiempo que tarde el Sol en pasar por el equinoccio de primavera de año en año (o lo que es lo mismo, la curva que va describiendo, paulatinamente, el Sol a lo largo de uno de nuestros años hasta que vuelve a ocupar su ubicación primigenia, o sea, hasta que, para que nos entendamos, en la misma fecha del siguiente año dé la misma sombra en el mismo sitio a la misma hora), con el transcurso del los meses lunares es muy complicado, y produce inevitables desajustes. Ya veremos las distintas formas de ajustar esos desfases (algunas curiosas e hilarantes), porque sólo las sociedades más avanzadas se fueron atreviendo con ello. Sabían medirlo en muchas ocasiones, pero no solían aplicarlo a sus calendarios.

Salvo, claro está, los egipcios, a los que no me extraña que muchos hayan querido verles ayudados por los extraterrestres. No sólo es que construyeran pirámides o espacios de piedra que exigían de soluciones arquitectónicas atrevidísimas, impensables para su época (la sala hipóstila del templo de Karnak, que tiene 53 metros de altura y 102 de profundidad, ha sido el mayor espacio vacío construido por el hombre hasta la Edad Moderna, que se dice pronto), sino que tenían unos avanzadísimos métodos de ingeniería y de medición.

Los egipcios tuvieron que tirarse los primeros mil años de su existencia mirando las estrellas, y aunque en un principio adoptaron un calendario lunar primitivo, al final desarrollaron uno de los calendarios más precisos de la Antigüedad basado en los giros de la Tierra alrededor del Sol. Resultado: doce meses de treinta días repartidos en tres estaciones de idéntica duración. Sencillo, ¿verdad? Los cinco días que les faltaban se los añadían al último mes del año, y ya está, y cada cuatro años le añadían un día más. Vamos, lo mismo que nosotros pero tres mil años antes…

Otra civilización que dio verdaderos genios en esto de hacer calendarios fue la azteca, pero para un primer capítulo (y para la extensión de un post) ya hemos tenido suficiente, así que os lo contaré en las siguientes entregas.

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9 comentarios

  1. ... esperando el capítulo II...

  2. Javier

    Interesante artículo, pero deberías revisar esa parte en la que dices que comerse el año 0 fue un error. No lo fue. NADA se empieza NUNCA a contar por el 0, y, por tanto, tampoco con los años debe hacerse así. Te invito, humildemente, a visitar mi blog:http://javiercarrascon.blogspot.com/ en el que encontrarás un par de posts, creo que allá por Enero o Febrero de 2006, titulados, si no recuerdo mal "Año cero" y "Qué quiere usted que le cuente", en los que desarrollo más ampliamente el tema.
    Un saludo

  3. Querido Javier:

    Una cosa es cierta: se empezó a contar el año 1 cuando supuestamente Cristo nació, el 25 de marzo (luego diciembre), es decir, que no hubo "año 0", del "-1" se pasó al "1". No obstante, prometo entrar en tu blog y leer más sobre el tema (y hacer las enmiendas que fueran necesarias).

    Saludos a ambos

  4. Aaaah, tempus fugit. La de tiempo que hace que no me pongo un reloj...

  5. Querido Javier:

    ¡Uf! Leí tus explicaciones y sólo puedo llegar a una conclusión: a la hora de contar el tiempo antes y después de Cristo hay dos versiones: una para matemáticos (que no creo que sean miles de millones, como dices) y otra para el resto de mortales. Por mucho que me expliques, mi limitadita mente no matemática no "se traga" lo de la ausencia del año cero, a no ser que lo tomemos como un "convencionalismo" creado por el tal Dionisio.

    En cualquier caso, gracias por las explicaciones. Seguiremos contando nuestra historia sobre el tiempo y el calendario, a pesar de estas "menudeces".

    Saludos

  6. K

    Bueno, para empezar, gracias Polidori por la cita. Yo también espero la segunda entrega (me muero de ganas por ver cómo sales del patatal romano :-)

    Por otro lado decir que estoy de acuerdo con Javier (justificaciones matemática a un lado) El año cero no existió por la misma razón que nadie tiene cero manzanas o cero peras (bueno a lo mejor la sra Botella sí) Está claro que las cuentas hubieran quedado mucho más bonitas (los siglos acabarían cuando tienen que acabar y los milenios ni te cuento) pero es que el concepto del cero como número se las trae. Vamos a ver, sí los números se inventaron para contabilizar cosas ¿qué leches cuenta el cero? ¡la ausencia de cosas! ¿cómo narices se contabilizada la nada? ¿se puede tener más o menos de nada? Por cierto, pregunta para lingüístas y filólogos varios ¿Pq en nuestro idioma se admite no tener nada? Ala, ponerle el cascabel al gato...

  7. Pues para vosotros la perra gorda, pero si tenemos que comenzar a contar el tiempo basándonos en el nacimiento de un personaje, ya me contaréis el embrollo. Mi sobrino aún no tiene 1 AÑO, sino que tiene MESES. ¿No será el problema el haberse metido en ese berenjenal de contar los años de Cristo? Podían haber empezado el día de su muerte, que habría sido más fácil, joer. En fin, qué lío. Da como para contar un post... ;-)

    En cuanto a "no tener nada", querido K, es una de las características más curiosas y bonitas del español. En nuestro idioma es perfectamente válida la DOBLE NEGACIÓN, que en vez de "anularla", la enfatiza, y refuerza el significado; al contrario que el inglés, que lo anula. Si "no tienes nada" es que está pelao, vamos, es que no tienes nada de nada. Lo único que la RAE aconseja es a no utilizarla en el lenguaje científico; así, es preferible

    "La bacteria está ausente en todas las especies" que "la bacteria no está presente en ninguna de las especies"; o "no hay contaminación" a "no hay ningún tipo de contaminación".

    Gracias por leerme y por "picarme". NO dejes NUNCA de hacerlo, porfa.

    Saludos

  8. K

    Estoy contigo, frases como "no tener nada" "no ha venido nadie" "no hay nadie" o la pura genialidad de "no hay nadie en ningún sitio" son de las de quitarse el sombrero.

    Si a eso le añadimos la locura de nuestras formas verbales, el subjuntivo (puestos a picar a ver cuando de marcas un post con esto), y las oraciones pasivas con un millón de variantes... nos encontramos con un idioma que mola hablar y escribir (pese a que no suene también como el francés o rime tan fácil como el inglés, incluso pese a que la mitad del tiempo ni siquiera sepamos cómo llamarlo)

    Salud

  9. Javier

    Ningún embrollo. Para empezar, eso que le pasa a tu sobrina le pasa a todo el mundo. Antes de cumplir un año, todavía no tiene un año. Evidentemente. Tiene, para ser exactos, 7/12 = 0'583 años. De hecho, sólo el día en que cumpla un año tendrá un año. A partir de entonces empezará a tener 1'xxx años... hasta que tenga dos. Yo mismo, en este momento, no tengo 48 años. Los tuve el día 4 de Enero, mi cumple. Hoy tengo 48'347945 años, y los decimales van creciendo cada segundo que pasa hasta el próximo 4 de Enero a eso de la una de la madrugada, que es cuando nací, en que tendré exactamente 49'00 tacos.

    Da lo mismo empezar a contar el día del nacimiento o el día de la muerte, porque, de hecho, no importa el día. No cambia nada. Lo único que hemos hecho ha sido tomar como año número 1 el año dentro del cual, no importa qué día, creíamos que nació Jesús. Una vez tomada esa decisión, el momento desde el que se empieza acontar no es el de ese nacimiento, sino el momento en que comenzó ese año 1, es decir, las 00'00 horas del día 1 de Enero del año 1dC., o, si prefieres, las 24'00 horas del 31 de diciembre del año 1aC. Ese es el Instante 0, el PUNTO desde el que empezamos la cuenta. No existe un año 0, pero sí un instante 0, adimensional, que marca el inicio de nuestra Era.

    Aunque en cualquier momento desde el pasado 1 de Enero decimos que estamos en 2006, todavía no han pasado 2006 años enteros desde ese instante que tomamos como 0. Ahora mismo han pasado 2005'3589 años desde ese momento y, como en el caso de la edad, los decimales corren hacia arriba hasta que el próximo 31 de diciembre, a las 12 de la noche, alcancemos, entonces sí, exactamente 2006'00 años desde el momento inicial. Y empezaremos, por tanto, el año 2007, que va desde 2006'xx hasta 2007'00.

    En el caso de la edad, decimos el número de años enteros que ya hemos vivido, y omitimos la parte decimal. Obviamente, yo no digo que tengo 48'xx años. me basta con decir que tengo 48 cumplidos, y todo el mundo entiende que además de ellos, he vivido el pico que sobra desde mi cumpleaños hasta ahora. Con igual exactitud podría decir que estoy viviendo el año 49 de mi vida. Por el mismo mecanismo que en 19xx decíamos que estábamos en el siglo XX (que estábamos viviendo el vigésimo siglo de la era), cuando tengo 48'xx años digo que estoy viviendo mi año nº 49; y cuando tengo 0'xx años digo que estoy viviendo mi primer año. Aún no lo tengo, aún no lo he cumplido: estoy viviéndolo. Cuando lo cumpla, habré terminado de vivirlo y habré empezado a vivir mi segundo año. Tendré 1'xx años.

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