La Coctelera

Las manos en los bolsillos

10 Mayo 2006

¿A qué día estamos hoy?, o los caprichos del calendario. Capítulo II

Os decía ayer que otros grandes genios del calendario fueron los aztecas. Crearon un sistema terriblemente complejo (se tardó años en descifrarlo) que, al igual que el egipcio, también se basaba en el sol. De hecho, fue el hallazgo en 1790 de la Piedra del Sol (o Cuauhxicalli), una antiquísima reliquia, lo que permitió conocerlo; se trata de un gran bloque de basalto de ¡25 toneladas!, con un diámetro de 3,5 m. Este gigantesco calendario fue creado, según el mito, por Quetzalcoatl, su principal divinidad, mitad serpiente mitad hombre, en el que convergían los mitos de la creación del universo y del ser humano (un Dios único y creador… ¿os suena de algo?). El siempre excesivo Boris Vallejo le representó así, a punto de zamparse a una víctima de un sacrificio.

Creado o no por Dios, su calendario era extremadamente complejo, pero muy exacto. La inmensa piedra estaba repleta de relieves que alguna vez estuvieron pintados; un disco central y diversos anillos daban la medida “en años” y “destinos”. En resumen, su sistema se componía de dieciocho meses de veinte días, y se iniciaba el 2 de febrero (por lo mismo que nosotros empezamos el 1 de enero, ¡qué pasa!) Los cinco últimos días del año estaban, pero no se contaban. Cada mes estaba dedicado a un dios, y se dividía en cuatro semanas de cinco días, el último de los cuales se dedicaba a las actividades del mercado. Lo espectacular de este calendario es que cada cuatro años se añadía un día y cada 130 se suprimía uno, con lo que se conseguía una perfección increíble.

Los mayas tuvieron un calendario muy parecido al azteca, e igual de complejo. Además, para más coña, tenían dos tipos de calendarios: el civil, o haab, y el sagrado, o tzolkin. El primero de ellos tenía 360 días divididos en dieciocho meses de veinte jornadas, a los que añadían cinco días correctores. El sagrado, sin embargo, tenía sólo 260 días; las jornadas se determinaba combinando una cifra escogida entre trece disponibles con un signo elegido entre veinte. ¡Fácil!, ¿verdad? Pues no me quiero imaginar cómo se lo deben pasar los datadores de fechas mayas, porque los días del calendario se determinaban mediante la combinación de sus respectivas denominaciones y órdenes… ¡entre los dos! En fin, como para hacer un calendario permanente maya, ¡je!

En el otro extremo del mundo, en China, el calendario se ajustaba al ciclo lunar, pero se sabe también que cuando conocieron el calendario de los griegos (del que hablaré más tarde) pasaron de complicarse y dijeron: “¡vale!, hemos inventado la pólvora, y el papel, y un montón de cosas más, así que… ¡que inventen otros!”. Bromas aparte, los chinos pasaron de un calendario civil y lunar a otro solar y agrario, cuya duración era de 365,25 días (me imagino que, cada cuatro años, aumentaban un día a la cuenta, y ya está).

Pero vayamos a nuestro occidente. Exceptuando el caso egipcio, para el resto de pueblos el tiempo no era su mayor preocupación, la verdad. Sin embargo, los babilonios, que para algo eran la cuna de la civilización (ya sabéis, lo del Tigris y el Éufrates), tuvieron uno de los primeros calendarios conocidos que estaba basado en observaciones astrológicas. Dicho calendario, pese a ser lunar, tenía una precisión espectacular. Tenía meses de 29 y 30 días, ordenados en ciclos de diecinueve años. En cada ciclo podían incrustarse hasta siete meses, dependiendo de lo que se hubieran desviado. La precisión era sorprendente, pero el cálculo complicadísimo. De hecho, sólo los sacerdotes (en Babilonia tenidos por magos) eran los únicos que sabían hacer los cálculos precisos y, por tanto, los que decían cuándo había que realizar las tareas agrícolas. El manejo del calendario era la fuente de su poder, y precisamente esa era una de las causas de su extrema complicación. No me quiero ni imaginar como contaban su edad estas criaturitas, o la pasta (o lo que vuestra calenturienta imaginación os sugiera) que les costaría saberlo...

Los judíos (por aquello del cautiverio de Babilonia, es decir, los casi cincuenta años que el pueblo hebreo estuvo cautivo en territorio babilónico, entre el 586 y el 538 a.C.) le copiaron el calendario a los babilónicos y le hicieron algunas modificaciones. Fueron los primeros que introdujeron la división de la semana en siete días, ya que la fijación hebrea con los números (que se lo pregunten a Madonna) les llevó a considerar el cuatro como un número mágico, así que dividieron el mes lunar en cuatro partes –semanas- y les salieron siete días. ¡Fíjate!, ¡qué casualidad, el siete!, ¡otro de sus números mágicos! Pues ya está, todos tan contentos. Además, los judíos siempre han ido por libre y empezaron a contar en el año 3761 a.C. porque ese fue el año en el que, según ellos, Dios se sentó a crear. Como rareza comentar que para ellos el día comienza al atardecer, lo que provoca casos curiosos, como la fecha de la fundación del Estado de Israel. Para todos los países occidentales ocurrió el día 14 de mayo de 1948, pero la fecha oficial para ellos es la del 15 de mayo, debido a que ya era por la tarde cuando se hizo la proclamación.

Y antes de meternos de lleno con griegos y romanos, comentaremos el calendario musulmán, el cual es también lunar y también copia del babilónico (meses de 29 y 30 días). Comienza en nuestro 16 de julio de 622 (cuando Mahoma tuvo que huir de La Meca a Medina, huyendo de los politeístas). El calendario musulmán es de puro psiquiátrico, porque sus años sólo tienen 354 días (los bisiestos uno más), así que tienen que introducir un montón de meses cada pocos años para no acabar contando los años hacia atrás. El calendario cubre ciclos de treinta años, y en cada uno de ellos se produce un desfase con nuestro calendario (34 años musulmanes son 33 gregorianos). Esto significa que el principio de cada año musulmán va avanzando por las estaciones del gregoriano hasta que da una vuelta entera (es decir, a lo largo de un ciclo de 34 años el Ramadán va recorriendo lentamente de enero a diciembre en nuestro calendario). Si a esto le sumamos que, como los judíos, sus días comienzan al atardecer (lo que según el uso horario ocurre en un momento o en otro), tratad de decirme qué día de qué mes de qué año es ahora mismo en Marrakesh, ¡anda! Espero que para ellos no sea tan complicado, pero pasar una fecha del calendario gregoriano al musulmán o al revés debe ser muy divertido…

Acaba el capítulo II. Mañana más.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Flanagan

Flanagan dijo

Madre qué lio, ya no se ni en qué día vivo ;-)

11 Mayo 2006 | 01:40 PM

K

K dijo

Lo que queda claro es que el mundo no es de un único color por mucho que se empeñen algunos. Con un poco de suerte nos curamos un poco de tanto eurocentrismo.

Vamos que la realidad no es única ni inequívoca y que como casi todo depende de por donde lo miremos...

Salud

11 Mayo 2006 | 01:54 PM

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