La Coctelera

Las manos en los bolsillos

¿A qué día estamos hoy?, o los caprichos del calendario. Capítulo V y último

Llegados a este punto, no queda demasiado que contar salvo chascarrillos, que es como se puede calificar a los dos calendarios que nos quedan por visitar. Al fin y al cabo, el calendario gregoriano se ha demostrado como el menos malo, y es el que está admitido ya por casi todo el mundo (salvo excepciones muy aisladas o países lo suficientemente al margen del mundo occidental como para seguir su curso y devenir histórico, salvo en lo que le toca más de cerca).

Uno de los casos más curiosos de los últimos siglos fue el de la Francia revolucionaria. Después de cargarse nada menos que a la monarquía borbónica, y tras guillotinar en París a Luis XVI, los nuevos dirigentes revolucionarios se convirtieron en una efímera máquina de reformar; eso sí, con mucha racionalización y mucho anticlericalismo. Los miembros de la Convención, unos meses después del magnicidio, quisieron ser más molones que nadie y decidieron suprimir el calendario gregoriano y sustituirlo por un nuevo que, mira tú por dónde, llevó el nombre de “calendario republicano”, el cual tuvo su primer día de vigencia el 6 de octubre de 1793. El año republicano comprendía doce meses de treinta días cada uno, a los que se añadían cada año cinco jornadas suplementarias después del último mes, y un sexto día, llamado “de la República”, cada año bisiesto. Los meses se dividían en tres décadas, en vez de en un número no entero de semanas, y el año comenzaba el día del equinoccio de otoño, aprovechando la coincidencia de que la República había sido proclamada el 22 de septiembre de 1792. Los nombres de los doce meses, propuestos por Fabre d'Eglantine (un tipo curioso, medio poeta medio político, que después de hacer matar a medio París, incluido el propio Rey, al final fue también pasado por la piedra, o mejor dicho por la cuchilla), pasaron a ser los siguientes: vendimiario, brumario y frimario en otoño; nivoso, pluvioso y ventoso en invierno; germinal, floreal y pradial en primavera; y mesidor, termidor y fructidor en verano (mi francés no es muy bueno, pero creo que los nombres son bastante fáciles de traducir). La instauración del nuevo calendario republicano encontró, como era de esperar, numerosas resistencias y provocó importantes dificultades de coordinación con los de otros países. Así que Napoleón, un tipo listo y pragmático, aunque un pelín megalómano (sic), restableció el calendario gregoriano a partir del día 1 de enero de 1806.

Otro caso peculiar es el calendario universal. Pese a todas las mejoras y ajustes introducidos por el calendario gregoriano, éste ha seguido presentando algunas imprecisiones en su cómputo y aplicación. En primer lugar, porque excede en 0'0003 días el año trópico y, además, porque los movimientos de rotación y traslación terrestres provocan una disminución de 5 segundos cada 1.000 años en la duración del año trópico y determinan una prolongación del día de 0'00164 segundos cada 100 años. Además, hay problemas más “prácticos”, como por ejemplo que algunos meses tengan cuatro domingos y otros cinco, y el final de un mes coincide algunas veces con el fin de la semana y otras veces no. Algunas festividades religiosas institucionalizadas, como la Navidad, corresponden a fechas fijas, pero otras están condicionadas por la sucesión de los días de la semana, como la Pascua o Pentecostés. En fin, que como cabía esperar, los problemas han continuado y continúan, y para intentar resolver esta situación, la Sociedad de Naciones convocó un concurso de propuestas para una reforma que los gobiernos de algunos países consideraron pertinente, pero que otros acogieron con reservas. En definitiva, ¿qué pasó? Pues como casi todo lo que pasa por la ONU, que no logró un consenso suficiente como para ser implantado de manera universal. De los dos centenares de propuestas de reforma que se sometieron (¿os imagináis el tribunal que tuvo que leerse todo ese mogollón de números, cambios y enmiendas?) a la consideración de la Sociedad de Naciones en 1927, el que ganó mayor número de partidarios fue el denominado “calendario universal”, que propuso un año de 364 días repartidos en 12 meses y 52 semanas; al final del año habría una jornada festiva sin numerar y sin correspondencia con ningún día de la semana; también se añadiría un día sin numerar al final del mes de junio de cada año bisiesto. Con ello, los meses pasarían a ser de 30 y de 31 días, pero los trimestres serían siempre de 91, y tendrían 13 semanas exactas, con lo cual el número mensual de días laborables sería siempre invariable. ¿No está mal, verdad? Bueno, pues este sistema guarda el sueño de los justos en algún cajón de Naciones Unidas, y mucho nos tememos que haya caído en el olvido del que difícilmente podrá ser rescatado.

Os prometí, para terminar, un par de “anécdotas calendarísticas”, ¿verdad? Pues allá van. El 4 de octubre de 1582 falleció la religiosa española Teresa de Jesús quien, según la costumbre, fue enterrada al día siguiente. El problema es que ese mismo día fue cuando entró en vigor (¡joder, qué casualidad!) la reforma del calendario, por lo que el día que siguió al 4 de octubre de 1582 fue el 15 de octubre de 1582. Esto provocó una situación muy curiosa y una leyenda que ha llegado hasta nuestros días. Un cronista de la época describió el entierro de la religiosa y afirmó que su cuerpo muerto presentaba el día de su entierro un notable buen aspecto, incluso parecía “haber rejuvenecido”. La historia no debería de haber pasado de ahí, de un halago póstumo a una personalidad importante. El problema es que esta historia fue rescatada mucho después, cuando ya nadie se acordaba del cambio del calendario, para apoyar la tesis de la incorruptibilidad del cuerpo de Santa Teresa. En fin, fuera o no por eso, el cuerpo de la santa fue troceado sucesivas veces y repartido entre los distintos conventos que pretendían asegurar su veneración: en concreto, en 1585 se exhumó el cadáver y se le cortó un brazo (el famosísimo “brazo incorrupto de Santa Teresa”, al que tanto apego tenía la familia Franco); un siglo más tarde, en 1691, se volvió a desenterrar y cómo el cuerpo parecía fresco y olía a perfume (¡literal!) se le extrajo el corazón (que evidentemente también anda por ahí perfectamente incorrupto). ¿Incorrupto?, ¿corrupto? Quizá algún día indague algo más en el tema y hablemos de cuerpos incorruptos, pero por ahora vale ya, ¿no?

Por último, la que quizá sea la más famosa de las anécdotas producidas por los cambios en los calendarios: lo acontecido el 23 de abril de 1616. Esta es la fecha que figura en los partes de defunción de dos de los mayores genios literarios de todos los tiempos: Shakespeare y Cervantes. La fecha es la misma pero, debido a que Inglaterra no aceptó el calendario gregoriano hasta 1752, el día no lo es. Ambos genios fallecieron con diez días de diferencia pero en la misma fecha, lo que quizá sea una coincidencia aún mayor. Esto no dejaría de ser una anécdota si el bueno de Víctor Hugo no lo hubiese incluido en su libro William Shakespeare, y como lo decía Hugo todo el mundo lo tomó como dogma, así que, ¡nada, murieron el mismo día, y no hay nada más que hablar! Resultado: el 23 de abril es nada menos que el Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor. Si el genio de Stratford-upon-Avon levantara la cabeza fliparía.

Bueno, hasta aquí hemos llegado. Espero que os haya gustado. Yo ya me voy a dedicar a otros menesteres “blogueros”, pero podéis comprender que semejante material no podía dejarlo en el cajón, más de-sastre que nunca. Y a modo de conclusión y de ejercicio final, me vais a decir qué fecha es hoy en calendario egipcio, chino, musulmán, hebreo, babilónico, griego, juliano, octaviano, gregoriano, revolucionario francés y universal…

¡Venga, ya estáis tardando!

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2 comentarios

  1. Me presento voluntaria para suspender el examen, me veo incapaz de ponerme a calcular fechas :)

    Pero quiero, eso sí, felicitarte por estos fantásticos cinco capítulos debidamente fechados.

    Un beso,

  2. K

    Me uno a las felicitaciones y a la negativa de calcular la fecha, pero seguro que en internet hay alguna página que se dedica a estos cálculos. Ya os contaré si la encuentro...

    Saludos

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