De homenaje
Se ha hablado mucho en estos días de los problemas de La Coctelera. Al margen de estar más o menos de acuerdo con la mayoría de las cosas que he leído, y admitiendo que yo también he sido "afectado" por el famoso cable del servidor (y me temo que por desgracia, y a tenor de lo que está creciendo "el mounstruo", nos pasará a veces que no sea algo tan sencillo lo que nos ocurra), creo que estamos poniendo a prueba no sólo nuestra fidelidad, sino también nuestra dependencia.
Yo sólo sé que a estas alturas, al margen de mi onanista pasión por escribir, y las consabidas gracias a los hacedores, debo confesar que algunos de mis amigos me tienen atrapado desde ese lejano octubre del año pasado.
No puedo vivir ya sin saber de mis clásicos: mi querida Maggie; los diseños y las cuidadas palabras de amqs; la sabiduría televisiva y el saber estar al quite de la chica televisiva más famosa de la galaxia; de los cachivaches más sorprendentes del mundo mundial y la estupenda chica que mejor lo cuenta; o las más increíbles y espléndidas fotos de bichos, todo un regalo para los lectores.
Ni sin mi ración diaria de los recovecos lingüísticos y los cadáveres exquisitos de micro-latencia; la visión desnuda de bluesea; las sabias palabras y la curiosidad de contraejemplo; las profundas reflexiones de la crisis existencial, que tanto nos hace pensar; las hermosas y atinadas cosas de Tara; la desaparecida y echada de menos chica americana lejos de la cordura; la información al momento de uno que pasaba por allí; la música por la música, porque es música, de sensaciones sonoras; o esa chica.
Ni por supuesto de aquellos que nos embalan, empaquetan, clasifican y nos muestran, desnuditos, ante todos los demás, como c.d.c.; o 25p.
Ni como diría Forrest, mis muy mejores amigos, del siempre sorprendente, entrañable e inigualable adastra; mis queridas chicas, que ni preguntan (¡mi querida Albanta!) ni siempre mienten (sigue así, pequeña); o mis queridos Flanagan y Walias, con los que tanto aprendo y tanto disfruto leyendo (y escribiendo en mi Moleskine, je).
Ni otros transeúntes polidorianos que la vida real me otorga la suerte de ver en vivo y en directo, como K, Stevin, Víctor, Alonso de Palencia o Innes.
No quiero olvidarme de todos aquellos que me estoy perdiendo, y a algunos que no he mencionado, para no aburrir. Somos muchos, demasiados para controlar a todos, y esto sigue creciendo. ¡Qué vértigo!
A todos vosotros... ¡sois la hostia! ¡Gracias!
A La Coctelera... ¡ánimo, que esto está mereciendo, y mucho, la pena!



9 comentarios
(reverencia) Como diría Wayne, ¡no somos dignos!, ¡no somos dignos! :)
Un abrazo, Polidori, y espero que esto crezca, crezca y crezca, ad infinitum, para que podamos seguir leyéndonos :)
17 may 2006 | 01:53 PM
Gracias a ti, un abrazo.
17 may 2006 | 01:54 PM
Oh, gracias, Polidori. Qué honor. Es un detalle precioso. Añade tu nombre a ese homenaje.
17 may 2006 | 08:32 PM
Todo un honor contarme entre los que sigues. Es recíproco, bien lo sabes.
Gracias por compartirlo, por comentar, por ser, por estar... en el mundo hacen falta más "narradores" como tú.
Creo que las birras te las debo yo ahora :)
Un beso,
17 may 2006 | 10:00 PM
Como por esos "problemillas cocteriles"voy con retraso en lectura,poniendome al día,he visto este amable post,gracias por tus palabras,un placer leerte a tí si que es bonito,de veras.Un abrazo de amigos
18 may 2006 | 12:41 PM
Qué bonito post... gracias por acordarte de mí. Cuídate, un abrazo
20 may 2006 | 12:08 AM
Un millón de gracias por incluirme en tu homenaje, me ha hecho mucha ilusión que alguien a quien me encanta leer me incluya a su vez entre sus lecturas (qué lio!).
Un abrazo.
21 may 2006 | 05:32 AM
¡Qué razón tienes!
24 may 2006 | 08:46 AM
Polidori, soy un desastre. Acabo de descubrir este post en el que me mencionas. ¡Mil gracias!
Es un verdadero placer cruzarse con gente tan interesante, culta e ilustrada como tú.
Un abrazo.
27 ago 2006 | 12:39 AM
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