La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Un sueño preilustrado al este de Madrid: Nuevo Baztán

A veces te topas con que alguna población cercana a tu ciudad tiene un curioso pasado, muy curioso. No es la única historia parecida en un siglo XVIII muy proclive a ellas (conozco casos parecidos en Extremadura y Andalucía, tanto en ese siglo como en épocas posteriores), pero normalmente la aparición de una nueva ciudad tenía como único fin albergar a los trabajadores que iban a explotar los alrededores, pero nunca con esta monumentalidad.

Todo se lo debemos a un personaje peculiar, un tipo que se equivocó de época e intentó llevar a cabo un proyecto demasiado ambicioso para una España en plena crisis de cambio de monarquía. Juan de Goyeneche y Gastón fue un navarro de buena familia que llegó a ser administrador de Carlos II, consejero de tres reinas y de milicias, editor de la Gaceta de Madrid (un antecedente del BOE), armador, industrial, por supuesto comerciante y en sus ratos libres historiador. Un tipo como él no veía con buenos ojos la apatía industrial de los primeros años del siglo, y dado su apoyo en la Guerra de Sucesión a la monarquía entrante, consiguió algunos privilegios de la nueva Corte que hicieron que se convirtiera en un influyente financiero. Se hizo con varios asientos para el abastecimiento del ejército y otras prebendas que le llevaron a emular a su admirado Jean-Baptiste Colbert, un estadista galo del que se declaraba entusiasta seguidor.

Al calamitoso estado de la industria española se unía una desfavorable balanza de pagos. Es decir, se importaba demasiado y se exportaba demasiado poco. Así que el bueno de Goyeneche decidió invertir una considerable cantidad de dinero y esfuerzo en levantar sobre unos campos yermos al sur de Alcalá de Henares nada menos que una urbe fabril en la que el admirado escultor y arquitecto José Benito Churriguera (sí, hombre, el del estilo churrigueresco) invirtiese todo su buen hacer creador para idear el que fuera su proyecto más ambicioso.

En 1709 se iniciaron las obras, que duraron cuatro años. Primero se hizo la fábrica de paños de la vecina Olmeda de la Cebolla (hoy Olmeda de las Fuentes), y luego el poblado de Nuevo Baztán, en el que se incluyó una iglesia, un palacio, viviendas para administradores de la hacienda y obreros, una fábrica, oficinas y un horno para la industria de vidrio. En la nueva ciudad llegaron a vivir medio millar de personas, se instalaron maestros llegados de Italia, se explotaron un gran número de campos de los alrededores con olivos y viñedos, y se creó toda una maquinaria fabril que pretendía ser modélica en la España borbónica. En palabras del arzobispo de Toledo en 1722:

"[...] Don Juan de Goyeneche, Señor de la Villa de Olmeda de este Arzobispado, ha fundado a sus propias expensas un Lugar en un despoblado en el término y jurisdicción de la referida Villa de Olmeda, llamado Nuevo Baztán, que tendrá ochenta casas, y más de quinientas personas, donde ha puesto fábricas de Cristales, Sombreros, Pieles y Telares de seda y lana, conduciendo Maestros Estrangeros, que enseñen a los Naturales, con notable utilidad de aquella tierra, y con crecidas expensas suyas, plantando en sus cercanías Olivas y Viñas, y haziendo frustuoso el campo, que antes era inútil."

Nuevo Baztán se convirtió en un ejemplo de concepción muy temprano de lo que serían las ideas urbanísticas ilustradas. La arquitectura es muy sobria, y recuerda al estilo herreriano. La traza general es geométrica, con plazas y manzanas regulares, y con un sentido bastante clasista (propio de la época), en el que las mejores familias (los administradores) tenían acceso directo a la parte más bonita de la población, la Plaza de la Iglesia (por la que pasa demasiado cerca la carretera, pero me imagino que sería el trazado del antiguo camino), y tenían mejores edificios, mientras que "la plebe" se arremolinaba alrededor. El conjunto tiene otras dos plazas, la del Comercio (llamado de El Secreto) y la de Fiestas, curiosas como todas en su concepción. Goyeneche y Churriguera, muy "ilustradamente", pensaron en el pueblo, para el que construyeron una plaza donde poder colocar cómodamente sus mercaderías y tener acceso al camino que conducía a Olmeda; y una plaza con graderíos donde pudieran darse espectáculos, como corridas de toros, para que estuvieran todos contentos.

En fin, allá me fui ayer, con mi moto (es curioso; se tardaba en llegar antiguamente media jornada de camino, y yo me planté en algo más de media hora). La impresión es rara. Como dice Andrés Campos en excursionesysenderismo, nos encontramos con un extraño pueblo cuadriculado, muy antiguo y a la vez muy moderno, dónde precisamente las piedras nobles están más ajadas que las casas de alrededor, en las que hoy vive la población de esta curiosa ciudad, que tiene más de maravillosa maqueta que de villa histórica. Algunas partes están en franco deterioro (sobre todo la Plaza de Fiestas), pero parece que se está actuando sobre todo el conjunto. Un paseo por el Centro de Interpretación nos puede dar una idea muy buena de la historia del pueblo, pero acrecienta aún más la impresión de que estamos antes una enorme maqueta de algo que desapareció, por desgracia, hace demasiado tiempo.


Precisamente, la historia no fue muy benevolente con Goyeneche. Su fábrica de cristal, en la que más ilusión había puesto, sólo duró ocho años. Llegó a ser incluso proveedor de la Corona, pero la competencia era demasiado fuerte. De las demás, las cosas no funcionaron demasiado bien, e incluso la gente comenzó a abandonar el pueblo. Eugenio Larruga en Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España (1791), comentaba:

"Bien fuese por el descrédito en que se hallaban aquellas fábricas, bien por haberse olvidado su buena calidad, bien por haberse establecido otras, bien porque los naturales, que tenían medios, se inclinaban más al uso de géneros extranjeros, ó por otros motivos [...] se deterioraron tanto, que [...] ya no se mantenían en 1759 sino seis telares de paño, ocho de medias, dos batanes y la fábrica de sombreros".

Goyeneche, viudo, vio el comienzo del declive, amargo trago que le acompañó hasta su muerte en 1735. Su hijo Francisco se hizo cargo de las fábricas, pero murió pronto, en 1748. Su hermano Francisco Miguel intentó reactivar la actividad, y en eso estuvo hasta que falleció en 1762. En 1767 cesaron las exenciones fiscales, y comenzó el lento deterioro de todo el conjunto, que acabó definitivamente en 1778, cuando cerraron las fábricas de sombreros, papel y aguardiente.

Un sueño que duró casi ochenta años, y que fue ejemplo para las futuras reales fábricas, que tanta importancia tuvieron. Hoy día nos queda la población y el fabuloso legado arquitectónico, y una sensación agridulce de estar contemplando algo que arrancó en mal momento, pero que se merecía haber sido algo mucho más hermoso y duradero. Sobre todo cuando, ironías del destino, muy cerca se extiende una enorme masa de casas unifamiliares (Eurovillas) que han tenido más éxito en su conquista del terreno de lo que nunca tuvieron los planes churriguerescos...

[Tenéis fotos de Nuevo Baztán en mi página habitual.]

4 comentarios

  1. Mis vecinos tenían un chalet en Eurovillas y me pasé gran parte de los fines de semana de mi infancia correteando por allí con la bici. Me acuerdo que íbamos a comprar el pan a Nuevo Baztán. La arquitectura me llamaba la atención, pero más aún el nombre.

    Acabo de llegar de darme un paseo con el coche por Madrid y me he tenido que controlar para no coger carretera y manta. Tengo puesto de fondo "Todo sobre mi madre" en el DVD. No esperaba que hubiese nadie despierto por aquí.

    Un saludo noctámbulo.

  2. K

    Polidori como sigas así te va a contratar la Comunidad de Madrid como promotor turístico. Muy bueno el post, me gusta la idea de recuperar estos viejos lugares.

    Un saludo

  3. No dejaré de ir a verlo cuando pueda. Aunque con las fotos que veo, acabaré buscando a Juan Preciado, lo sé. Y no sé cómo podría acabar un encuentro con fantasmas.
    Y, por cierto, curioso personaje el de Goyeneche. ¿Estará rondando por ahí?

  4. No lo dudes, querida Innes, el fantasma de Goyeneche rondaba por el lugar. Estaba como cabreado, pensando todo el rato "en qué me he equivocado". Además, me hace gracia que lo digas, porque en el centro de interpretación echan un documental en el que los "espectros" de Goyeneche y Churriguera te cuentan sus cuitas.

    Ya sabes, aquí tienes un buen cicerone.

    Besos

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