La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Fauvista en blanco y negro

Cuando una imagen me llama la atención suelo conservarla en algún rincón de mi ordenador, más recóndito cuanto más identificado me siento con ella. Ésta que ilustra este post la vi por primera vez en un artículo de prensa en el que se anunciaba una exposición peculiar: El tejido de los sueños, realizada en el Metropolitan de Nueva York (y recordé, por cierto, cuánto dinero se necesita para gozar del arte, hay que fastidiarse). En ella, amén de más de ochenta obras, entre cuadros y dibujos, se mostraban algunas de las piezas textiles que Matisse coleccionó con esmero toda su vida. Sedas, brocados japoneses, batiks o mantones de Manila de los que tomaba inspiración para elaborar algunos de sus más famosos cuadros.

Además de mi afán fetichista por conservar imágenes, sabía que con esta foto, que me había atrapado de inmediato, iba a hacer algo, pero no sabía muy bien el qué (por aquel entonces ni siquiera tenía este blog). Fue entonces, mientras le buscaba utilidad, cuando me di cuenta de qué era lo que realmente me llamaba la atención: la ausencia de color. Esta foto, tomada en 1928, mostraba al artista en su estudio de Niza con una modelo. Lógicamente, el fotógrafo sólo podía utilizar el blanco y negro (la fotografía en color no se generalizó hasta mediados del siglo XX), pero resultaba ciertamente curioso que fuera precisamente Henri Matisse, el líder del fauvismo, defensor de la libertad de expresión a través de los colores puros, quien se declarara contrario (no me extraña) a la ligereza de los impresionistas, a la pura ornamentación del Art Nouveau y a la evasión espiritual del simbolismo, y quien defendiera la libertad ante la esclavitud de la perspectiva y la fuerza descriptiva de los colores, el que apareciera en un lacónico y parco blanco y negro.

El crítico francés Louis Vauxelles, indignado, asustado por la demostración de poderío cromático del propio Matisse y de su amigo Derain, los tachó de "fieras" (fauves en francés). Y eso es lo que son, fieras que te acechan desde sus óleos. Ese color que inunda la obra de Matisse contrasta de tal manera con la ausencia de color de la foto que es hasta cómico; esa ausencia de color convierte en opacidad el torrente de color que a buen seguro saldría de las telas que aparecen en ella. La pose, provocativa, desafiante, de la modelo; la hermosura de su figura, de sus pies, de su rostro, y los detalles que emanan de su indumentaria; además de la textura de todas las telas de las que está rodeada; unido a la expresión de fastidio del pintor, como harto de que se inmiscuyan en la intimidad de su estudio; hacen de esta fotografía un caleidoscopio alucinante, siendo Matisse como es su protagonista.

No tengo mucho más qué decir, salvo mostraos algunas de sus obras, con clara presencia de esas telas, esas texturas.



Y sus odaliscas.


Y el gran Brassai, fotografiando a Matisse en plena medición de espacios en su cabeza para su siguiente desnudo.


1 comentario

  1. francisco aranguren

    Muy interesante el texto y las fotos. Matisse fotografiado ya mayor con el pañuelo en la cabeza contemplando una paloma que sostiene en la mano, o con esas batas blancas, o dirigiendo la confección de esos grandes collages de papel recortado, al final, desde su silla, arropado por su manta...Es mucho más joven que ese señor mayor, casi anciano, de la primera foto ¡Qué bien envejeció! Rejuveneciendo. Su último arte, las vidrieras y los murales son puro movimiento y color. Geometría. Modernidad. Y qué viejo tan bello...el genio de Matisse y de Picasso, unidos por la clarividente longevidad y la liberación progresiva de cualquier atadura formal o técnica.

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