La mala educación
Después de leer el artículo de Javier Marías Adiós a la educación en el País Semanal me vinieron a la memoria muchas situaciones en las que podría sentirme identificado con lo que en él dice. Soy de los pocos especímenes que quedan que aún doy los buenos días, las gracias y me disculpo. De hecho, no puedo soportar, por ejemplo, entrar en un ascensor sin saludar a la persona que ya está dentro, pero no puedo comprender por qué la persona que entra no hace lo mismo conmigo.
Las viejas consignas que nuestras madres nos inculcaron de pequeños, aquello de "¿qué se dice?" o "¿cómo se pide?", y que me consta que todavía son, afortunadamente, norma usual en la educación de los pequeños, parece que se están difuminando con el paso del tiempo. Es cierto que los adolescentes son maleducados, pero no es culpa sólo de ellos...
He visto a personas mayores mucho peor educadas que cualquier adolescente, incluso entre los grupos más radicales de punkies, rockeros o miembros de cualquier tribu. Gente que te responde con exabruptos en la cola de un banco cuando, por su edad, deberían ver la vida con otra perspectiva. Auténticos energúmenos al volante con traje y corbata. Gente que aprieta los dientes y los hombros por la calle con tal de no ceder ni un ápice de terreno a tu paso, como si fuera una competición, o un rebote debajo de la canasta (no importa la nacionalidad, pero es algo que, por desgracia, ocurre mucho con los inmigrantes, y me apena muchísimo, porque contribuye más a su mala prensa). Niñas y niños pijos que no te miran ni a la cara cuando se ven en la obligación de sentir tu presencia en un centro comercial, y vuelven la mirada para no sentirse incómodos, con la aquiescencia de su madre con el pelo llenetito de mechas. Funcionarios, camareros y gente cuya labor es atender al público que no son capaces de ser amables; yo lo he hecho mucho tiempo en mi vida laboral, y me he desvivido para que mis clientes estuvieran a gusto en el local, sin jamás llegar al servilismo, pues es una pura cuestión de amabilidad y, porque no, de profesionalismo.
Puede parecer una cuestión baladí, pero espectáculos bochornosos como el ocurrido hace muy poco a Arcadi Espada en Girona son lodos que vienen de esos barros. Un tipo sin educación se cree en el derecho de usar el claxon indiscriminadamente, poner el codo en las aglomeraciones, montar un pollo sin venir a cuento en una tienda o soltarle una hostia a un seguidor del equipo contrario o, claro, a un político o cargo público que no sea de su misma cuerda, por mucho que vivamos, supuestamente, en democracia y con libertad de expresión.
Supongo que a estas alturas sólo puede decir lo siguiente: que el nacionalismo exacerbado (no confundir con el amor a la tierra) se cura viajando, y que el energumenismo se cura leyendo. La mala educación está demasiado presente, y no tiene nada que ver con Almodóvar. Yo desde aquí reivindico mi derecho a ser amable, cortés y solícito. Seré tan tonto que cederé los asientos en el autobús y el metro a quien lo necesite, pediré las cosas por favor, daré las gracias todas las veces que sean necesarias, pediré perdón cuando lo crea oportuno y manifestaré mis preferencias, sean políticas o de cualquier otra índole, de forma pacífica.
En fin, creo que soy un superviviente.

16 comentarios
Gracias, empezaba a sentirme muy solo a este lado del espejo.
Supongo que somos muchos lo que ocurre es que nos da vergüenza. En algún momento dejó de estar bien visto eso de saludar a los vecinos por la calle y tiempo después ocurrió lo mismo con los vecinos en el ascensor (¡que mira que hay que ser cafre para no saludar a alguien en dos metros cuadrados!), luego fue lo del Metro (el famoso dejen bajar antes de subir), las colas de la compra (daba tanta vergüenza pedir la vez que se inventaron las maquinitas esas de los papelitos), posteriormente de nuevo el Metro (la teoría de no dejarle el asiento ni a Dios llevó a la creación de asientos expecíficamente reservados, ni así) y saltando de una cosa a otra, al más puro estilo del famoso poema de Brecht (y no es que sea un pureta es que no hay narices a escribir su nombre), llegamos a la estúpida vergüenza de tener amigos con distintas ideologías políticas, poco más que un crimen de lesa majestad. De ahí a liarnos a hostias con todo el que no piense como nosotros, ni un paso.
Un saludo
6 jun 2006 | 12:40 PM
Ante todo mi enhorabuena por tu blogg,estoy de acuerdo en todo.
Y pienso que hay mucho animal suelto de 40 años para arriba;no sólo los jovenes (¡¡ que hay de todo!!).
saludos!!
6 jun 2006 | 01:31 PM
Ay, Polidori, cuánta razón tienes... Hay unas normas elementales de urbanidad que parece se estén yendo al infierno poquito a poco, y no solo en las calles. Solo hay que echar un vistazo a las sesiones del Congreso de vez en cuando. Energúmenos los hay en todos lados, desde lo más alto a lo más bajo.
Un abrazo desde Canarias :)
6 jun 2006 | 02:01 PM
Ay, Polidori, cómo me reconfortas... Tu discurso es el de una buena persona.
Y es triste que hoy en día sea bastante probable que cualquiera que lea esto que he escrito ponga cara escéptica y piense "¿pero qué habrá querido decir este tío? ¿No le estará insultando indirectamente?".
Sí, hoy en día da la impresión de que la bondad y la educación están bajo sospecha. La publicidad es un buen termómetro de lo que digo. Es usual y hasta muy exitoso (acuérdense de Mediamarkt) que intenten ganar nuestros favores con mensajes del tipo "tú no eres tonto". Pero es impensable que el gancho sea un lema de este tipo "sea vd. bueno y desinteresado". No, eso ni hablar. Puedo aceptar ser gordo (no mucho...), ser golfo, ser guarro, ser egoísta, ser materialista, ser inculto o ágrafo, ser ridículo o friki... pero tonto no, por Dios. Ah, ser tonto... no hay adjetivo más cruel para el "homo contemporaneus"
¿Y qué es en esa percepción general quien antepone la convivencia y el bien común a su propio beneficio? ¿No es sino un tonto?
Así, quienes nos guiamos por unos valores éticos según los cuales es mejor sufrir un mismo un pequeño perjuicio que causar a otro un mal mayor, estamos constantemente expuestos a que nos den en la cresta con las cinco terribles letras: T-O-N-T-O. A mí me pasa cotidianamente (en la comunidad de vecinos, al aparcar, al hacer gestiones, etc.).
Por eso, creo que el enfoque de Polidori es el correcto. Uno debe comportarse así por convencimiento y actitud personal, y es mejor que no espere correspondencia, aún cuando piense (así lo creo yo) que si todos nos comportáramos con semejante educación la vida sería más agradable. Si la satisfacción depende de la reciprocidad ajena, estamos aviados...
...Respecto a la cita que haces de incidente de Arcadi Espada, nada me gustaría más que poder sentenciar que estamos ante un problema de educación. Pero no es así. De hecho, el estado de cosas
6 jun 2006 | 04:43 PM
(dónde le habré dado para colgar el post antes de tiempo..., ¡coño! -perdón por la falta de educación-)
...(viene de la respuesta anterior)... que han desembocado en estas agresiones no tiene nada que ver con la falta de educación. Todo lo contrario, quienes llevan décadas creando el clima para que energúmenos como Maulets campen a sus anchas y coaccionen y agredan suelen ser personas educadísimas. Tan educadísimas que ahora mismo cambio el adjetivo por el sustantivo y afirmo que la mayoría de ellas provienen del mundo de la educación.
Sí, entre profesores de secundaria, catedráticos de instituto, lingüistas y algún otro titulado de humanidades (mayoritariamente. Hay gente de otros ámbitos, claro) es donde ha nacido la delirante ideología que inspira agresiones como esa. Repásense sino las biografías de Carod-Rovira, Bargalló y algún otro de sus adláteres para comprobar que lo que digo es cierto.
Y así sigue siendo en una espiral infernal, en la cual la primera correa de transmisión del odio son los jóvenes que forman y ayudan a socializar a los chavales (las colonias de verano, las actividades extraescolares, etc...). Ese es el gran caballo de batalla de ERC y entidades políticas y culturales similares. La aspiración irrenunciable: controlar la educación para apuntalar desde sus cimientos la construcción nacional (cuando ERC inició las discusiones para formar el Tripartito puso como condición previa quedarse con la Consellería de Educación. Otras cosas eran negociables. Esa no).
Así que no nos confundamos: sin educación se empeora la convivencia. Pero ello no implica que sólo con educación se mejore. Hacen falta más cosas: valores, cultura... qué se yo...
6 jun 2006 | 04:57 PM
Querido Stephin
Es que para mí educación es sinónimo de cultura, valores, respeto... ese tipo de cosas.
En cualquier caso, qué penan me dan muchas cosas que veo y muchas cosas que me cuentas de Catalunya (¡perdón!, Cataluña, que no se me enfaden los de aquí). No sé que puedo decirte, que el tiempo sea benévolo con esa hermosa ciudad y ese hermoso/a país-nación-nacionalidad-comunidad histórica.
Abrazos matritenses
6 jun 2006 | 05:05 PM
Pues es un buen deseo el que formulas... sí, ojalá que el tiempo sea benévolo. Y lo dice alguien que ama profundamente Cataluña y que se siente atacado cuando alguien descalifica genéricamente lo catalán... Aunque a ojos de los de siempre será un anticatalán toda la vida, lo cual es paradójico a la par que triste. Alguien que ya la adoraba antes de vivir aquí y que tras cuatro años aún la quiere más porque ha podido conocerla mejor (y de la que tanto tenemos
Esta es una tierra privilegiada en muchísimos aspectos (clima, paisaje, cultura, situación geográfica), pero las circunstancias históricas y factores que la hicieron destacar están también en el origen de la patología social que hoy la afecta. En efecto, el nacionalismo actual no es más que la perversión modernizada de una doctrina política nacida de y para la burguesía que afloró con el desarrollo económico del siglo XIX.
Y sus efectos futuros difícilmente serán positivos, según mi corto entender, pues tan sólo traerán la ruptura paulatina de unos beneficiosos y complejísimos lazos que la unen con el resto de España (económicos, afectivos, demográficos, artísticos, etc.). Lo dramático es que defender planteamientos como los que yo defiendo (que someto gustoso a "las reglas de la sana crítica", según decía nuestra vieja Ley de Enjuiciamiento Civil) te acarrea automáticamente una descalificación: anticatalán, derechista, etc.
Está tan interiorizado entre muchos catalanes que el único progreso y futuro pasa por ir cortando lazos de todo tipo con España (con el "Estado", que es el eufemismo enmascarador de España, el gran referente negativo), ya sean fiscales, jurídicos, políticos, sociales, etc., que defender que la cohesión y correcta articulación de España es beneficiosa para Cataluña (o sea, para los ciudadanos catalanes) se convierte en toda una heroicidad.
Por eso va a ganar el Sí: porque todo lo que suene a mayor autonomía, a mayores poderes propios y menores del Estado, a mayor diferenciación de todo tipo, es automáticamente interpretado en clave positiva por el ciudadano de a pie.
Cambiar esa percepción es tarea ciclópea.
6 jun 2006 | 06:20 PM
Stephin, estoy básicamente de acuerdo contigo, pero algunas, pocas y tangenciales, de las cosas que dices no dejan de chocarme. Por ejemplo "te acarrea automáticamente una descalificación: ...derechista..."
Vaya, hombre. Siempre me he considerado de izquierdas, y jamás me sentí descalificado, sino todo lo contrario, por que me llamaran izquierdista. ¿Desde cuándo ser derechista es algo malo ni descalifica a nadie? ¿Tan asumido tenemos ya el discurso agresivo y guerracivilista de esta pseudo izquierda lamentable que nos desgobierna? ¿Ese es el respeto por las ideas del prójimo?
Ser de derechas es tan respetable como ser de izquierdas. Dar por sentado que llamar derechista a alguien es descalificarlo... No se me ocurre un síntoma más desalentador de lo que está pasando en este pobre país.
6 jun 2006 | 07:41 PM
Quizá el problema no es sólo la educación, ni la política, ni los nacionalismos, ni las derechas e izquierdas, quizá el problema va más allá, quizá nos estemos agotando...
Vivimos en sociedades perfectamente decadentes en las que nos hemos acostumbrado a tocar la lira mientras todo arde a nuestro alrededor.
El otro día leía que los expertos esperan que el Mundial que está a punto de comenzar arrase todos los records de audiencia de la historia. Literalmente decían que se espera que sea el acontecimiento más visto por la Humanidad. Y no es que uno tenga nada en contra del fútbol es que Tito dio cien días de juegos en el Coliseo...
Hace unos meses alguien ascusaba a nuestros jóvenes (yo me incluyo, aún) de organizar macrobotellones al mismo tiempo que los franceses protagonizaban una revuelta social. Me hubiera encantado ver a todos aquellos mayosesentayochistas echarse las manos a la cabeza si en España nos hubiéramos puestos a quemar coches...
No se si me entendéis, hoy estoy un poco espeso, pero lo que quiero decir es que tras la falta de educación hay muchas más cosas; que tras el enfrentamiento brutal entre derechas e izquierdas hay otro tipo de historias; que no es normal que las gente esté convencida de que las cosas son siempre blancas o negras, que todo el mundo tenga razón y no quiera escuchar a nadie.
Quizá es hora de que el muno vuelva a girar
6 jun 2006 | 10:04 PM
Querido K:
Si hay un motivo por el que merece la pena mantener este blog es por leer comentarios como los que ilustran este post.
Siento sentir (valga la rebuznancia) que todo lo dicho hasta ahora es un poco (¿un poco?) apocalíptico, pero soy de naturaleza (la experiencia me ha hecho ser así) escéptico, desconfiado y un pelín pesimista. No podemos controlar la imbecilidad de la humanidad, y menos aún la de nuestros gobernantes, sean del signo político que sean, pero el poder corrompe, y la falta de educación desde la más tierna infancia parece ser la causa de todos nuestros males, los pasados y los venideros. No tengo ni idea de adonde nos dirigimos, pero me temo que seguirán pintado bastos y espadas. ¿Por qué? Porque tienes mucha razón, K, la gente está convencida de que las cosas son negras y blancas, y las gamas cromáticas se lo dejan a los locos, los desarraigados o los poetas. Ahora sólo nos queda meternos en uno u otro colectivo.
En fin... ¡habrá que ver el Mundial!, ¿no? ¡Aúpa España! (diciendo con esto que aúpa todas las nacionalidades, por supuesto, las diecisiete).
San Forges, a ti te invoco para clamar...
¡País!
¡Mundo éste!
6 jun 2006 | 11:10 PM
Javier, hoy sí que no puedo perder apenas tiempo, pero gasto todo el que dispongo hoy en contestarte:
Sí, puede parecer chocante la equiparación que hacía entre descalificar y tildar a alquien como derechista, pero es que es la pura realidad. Y creo que tú mismo en tu argumentación explicas lo que decías que te chocaba.
Te aseguro que aquí en Cataluña si te dicen "derechista", "pepero" o algo similar, en la mayoría de los casos será con toda la intención peyorativa del mundo. Peor aún. No es que sea peyorativa, que tal connotación desfavorable, aunque no me guste (estoy absolutamente de acuerdo contigo en que una sociedad democrática y avanzada debe albergar sin problemas y con naturalidad postulados políticos de izquierda y de derecha, así como tendencias afectivas, culturales o religiosas de todo tipo), es habitual y hasta aceptable que se dé en la confrontación de ideas políticas opuestas (difícilmente un comunista podrá evitar ser peyorativo con un liberal, o un democristiano con un partidario del socialismo científico).
Lo de derechista o pepero es algo más que peyorativo... peyorativa puede ser la opinión de uno de ERC respecto a CiU, o de un votante de CiU respecto al PSC-PSOE. O de los de Esquerra-Alternativa respecto a los democristianos de Unió Democrática de Catalunya.
Pero con el PP no se es peyorativo. Se es radical e intolerante de origen. El PP es el mal absoluto: la opresión fiscal, la represión política, los agravios frente a otros territorios, la imposición cultural, los insultos, el anticatalanismo, Franco, las bombas de 1939 sobre Barcelona... qué se yo. Es tal la concatenación de mitos negativos que es bastante probable (a mí me ha ocurrido más de dos y más de tres veces) que empieces discrepando por la gestión de la administración de justicia y te acaben echando encima de la mesa de tertulia no se cuántos fusilados de la Guerra Civil. Y de postre, Fraga, por supuesto. Rara es la conversación política que no acaba con el recuerdo de D. Manuel y su pasado como ministro represor. Si yo fuese independentista catalán, el día que se muera o se retire le enviaría una corona de flores con una nota de agradecimiento que dijese: "A mi salvavidas argumental, con cariño. Suyo siempre".
En ese estado de cosas, entenderás que uno se sienta atacado cada vez que le insinúan que es un derechista o un pepero. Es la forma, no el fondo. No es lo mismo que te digan con tono condescendiente "ven acá y dame un abrazo, hijoputa", a que te digan con gravedad y desprecio "tú eres un hijo de puta". De hecho, lo cierto es que tampoco es exacto que el tono sea peyorativo. Suele ser de asombro, de incredulidad... cuando tú argumentas es fácil que tu interlocutor te mire con los ojos abiertos como platos, se quede un momento pensativo y diga balbuceando: "pero, eso que dices... no es lo que defiende... el PP?" Vamos, como si estuvieses confesando una violación o que te gusta montártelo con menores.
Por lo demás, no negaré que también hay una componente subjetiva y psicologica que acentúa internamente esa sensación peyorativa que te transmite el interlocutor. En mi generación y en mi ambiente educativo (instituto, universidad, etc.) y laboral siempre han sido abrumadoramente mayoritarias las opiniones de izquierda. Mejor dicho, pertenecientes a cierto izquierdismo sociológico muy vago y complaciente, muy poco elaborado (no sé si tendrá que ver con la posmodernidad. Que lo dictamenen los filósofos o los sociólogos...), en el cual se puede compatibilizar sin demasiados remordimientos las proclamas contra la banca, la iglesia (el Opus, ah, ¡qué gran mito satánico de nuestros días...!) y los poderes económicos con la posesión de una segunda residencia de verano, un paquete de acciones de REPSOL y un crédito concedido para hacer un crucero en verano.
En ese ambiente a mí me cuesta bastante reconocer que estoy más cerca de lo que hoy en día defiende en España la derecha (mejor dicho, el partido que la representa, el PP) que de la izquierda (o el PSOE, siguiendo con la precisión). Siento cierto complejo, no lo puedo evitar: no soy de esos que se recocijan en su singularidad y heterodoxia, y aunque mi biografía demuestra que casi siempre he tendido hacia lo minoritario, no me siento cómodo en el papel de "outsider". Y lo cierto es que cuando analizo y comparo, la mayor parte de las veces llego a la conclusión de que mi peyorativo contertulio de turno probablemente sea en el fondo más de derechas que yo. Pero él alivia su conciencia cagándose en el PP y yo me la machaco por sentir tentación de votarles (nunca lo he hecho. De hecho, discrepo con muchísimos de sus planteamientos -desde su falta de distancia con la Iglesia hasta su tolerancia con los caciquillos locales y regionales- y creo que son muy culpables de la pérdida de calidad de la vida política de nuestro país. Pero cuando comparo con el PSOE... buf, mejor no seguir).
Ya que me he vuelto a enrollar, acabo: yo me defino como una persona moderada y desconfío de las ideas radicales y revolucionarias de uno u otro signo. Creo que la democracia parlamentaria y representativa en un sistema económico abierto y de libre mercado es la mejor opción política posible, y que lo que se necesita es regenerarlo y corregir sus defectos e ineficiencias, no derribarlo para inventarnos algo totalmente distinto pensando que será una panacea. Para ello es totalmente necesario que exista una izquierda política con planteamientos claros y políticas alternativas. Reconozco que la izquierda lo tiene mucho más difícil porque nada contra corriente: tiene que redefinirse y buscar nuevos referentes tras el colapso de los Estados socialistas, mientras que la derecha en sus múltiples expresiones (liberalismo tradicional, democracia cristiana, autoritarismo populista, etc.) se puede permitir cierto conformismo intelectual porque las tendencias parecen evolucionar a su favor (si no en el plano social -familia, sexualidad, religión, etc.-, sí en el plano económico -globalización, expansión tecnológica, ampliación de mercados...). Pero, demonio, hay que hacer esos deberes de una vez, y yo no detecto demasiada inquietud intelectual en la izquierda de nuestros días, que despacha cualquier análisis desde una amalgama facilona de antiamericanismo, populismo y tercermundismo. Y aún menos en la española, donde a los cinco minutos de empezar a hablar lo más probable es que te salgan de nuevo con la Guerra Civil...
...Quizá el Manifiesto de Euston sea un buen comienzo para la nueva izquierda. Es algo muy genérico y no demasiado elaborado, pero al menos me pareció un comienzo esperanzador cuando lo leí. Aquí dejo el enlace para quien le interese:
http://www.eustonmanifesto.org/joomla/translations/manifesto/es/e...
7 jun 2006 | 10:52 AM
Caramba, Stephin, y eso que no tenías tiempo.
A falta de una respuesta más larga, para la que en primer lugar tampoco yo tengo tiempo y, en segundo, lo has dejado tú prácticamente todo dicho, me limito a hacer constar que retiro cualquier objeción contra tu primer comentario. Tu explicación es espléndida, exactísima y lucidísima.
7 jun 2006 | 11:13 AM
No me cansaré de defender la importancia de algo tan básico y tan sencillo como dar los buenos días, las buenas tardes, decir gracias y por favor... Cosas así. Y, no sólo de decirlo, sino de entenderlo y sentirlo. Estoy cada día más convencida de la importancia de la buena educación y, cómo no, la amabilidad. Quiero creer que los maleducados son minoría, pero como molestan y hacen más ruido, parecen multitud.
Suelo coincidir al mediodía, casi a diario (casualidades de la vida), en el Metro con una chica embarazadísima y, siempre, siempre, se levantan varias personas para ofrecerle un asiento. Claro que también hay muchas que no se levantan... (Y yo voy de pie).
Para compensar, un hombre de dos metros de ancho por dos de largo, casi me disloca el hombro izquierdo por ir corriendo por el pasillo y subirse al vagón que una multitud y yo acabábamos de dejar.
¿De verdad era tan importante coger ese Metro, no poder esperar tres minutos? ¿De verdad era necesario llevarse por delante a varias personas y a mí, de un golpe fortísimo? ¿De verdad todo el mundo se da cuenta de que la masa de gente no es un conjunto de muebles sino de personas a las que hay que respetar para compartir un espacio?
A mí me parece tan elemental, tan importante, tan sencillo tratar bien a los demás... Que a veces, visto lo visto, me siento ridícula.
En fin.
Buenas tardes.
7 jun 2006 | 02:16 PM
Muchas gracias, Innes. Ya se me había olvidado de qué iba la conversación.
7 jun 2006 | 03:42 PM
¡Buenas tardes!
Sólo puedo expresar mi acuerdo con tu post y cuánta falta hace que haya más gente con un poquito de educación que, en eso discrepo, en lo básico nada tiene que ver con la cultura (en defecto o exceso). Hay gente educadísima y con una cultura mínima y gente con toda la cultura del mundo y que no saben ni decir "hola" a la señora de la limpieza.
Un placer, como siempre, leerte ;)
7 jun 2006 | 10:59 PM
El ser humano amable y educado es una especie en vías de extinción. Debería estar protegida por la ONU.
8 jun 2006 | 12:38 PM
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