La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Aquí estamos, en las grandes ocasiones

Hay algo especial en algunos eventos deportivos que los hacen mucho más grandes que otros, únicos. Y no siempre es una cuestión de calidad del espectáculo que se ve, ni siquiera por la importancia del premio que se consiga; es algo intangible, inabarcable, distinto y muy, muy especial. Algo que se recuerda con los años, y que se recuerda con orgullo, como una especie de "yo también estuve allí" (¿quién no recuerda "la mano de Dios" que os reproduzco?). Algo que consigue que los que no somos muy aficionados a determinado deporte (como pueda ser, en mi caso, el fútbol) nos unamos a gente con la que no tenemos nada en común y nos pongamos juntos y delante de un aparato de televisión a vociferar con los puños en alto. O se convierten en motivo central de una reunión entre amigos en la que suelen correr a raudales la cerveza y los aperitivos grasientos. Es ancestral, atávico, casi casi cavernícola, aunque, gracias al cielo, cada vez menos sexista.

Me refiero, por supuesto, a las grandes citas, a los Mundiales de atletismo, al Mundial de baloncesto, a determinadas competiciones (la Champions, la Final Four, la final de la NBA), el Seis Naciones y, por supuesto, los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol.

Ahora estamos inmersos en pleno Mundial. Os aseguro que cada vez veo menos partidos de fútbol, fundamentalmente porque me aburren, pero el Mundial es otra cosa. El aburrido, aunque a priori gran partido, Holanda-Argentina fue, por ejemplo, una excelente excusa para juntarme con unos amigos y picar algo en un bar en el que había también algunos aficionados porteños. Evidentemente, al margen de algún que otro lance del juego, el ambiente que se respiraba en el local era muy especial, y muy distinto al que, a buen seguro, pueda haber en otras ocasiones, aunque también haya deporte de por medio.

Pero algo más calido, divertido, entrañable e irrepetible viví el lunes en un bar con mis compañeros de cancha de baloncesto. Algunos puede que les interesara el fútbol, pero a la mayoría les traía al pairo quien gane el Mundial. Eso sí… ¡jugaba España! Y claro, a la primera ocasión (cuando llegamos el partido estaba más que empezado) un poco clara del combinado nacional (y no me refiero a un “sol y sombra”) nos levantamos todos como guepardos al acecho de una presa. Y de ahí al 3-1 final os podéis imaginar en qué se convirtió el bar.

Y aún más curioso fue el primer partido de la selección, que vi con mis compañeros de trabajo en una sala de reuniones de mi empresa. Unas doce personas (con mayoría masculina; andamos camino, pero estamos aún en medio del sendero) de “su padre y de su madre”, de distintos departamentos y distintas categorías, nos comportamos de manera muy similar a la de mis compañeros de baloncesto, coreando puño en alto los goles de Raúl, el Niño y compañía.

A pesar del atracón de publicidad, de programas absurdos, de especiales en prensa y de los “sabios” que atacan de todos lados, el Mundial tiene algo especial, un brillo de “grandes ocasiones” difícil de describir. Entiendo perfectamente a quien no le guste, y sé hasta dónde deben estar de tipos de corto dando patadas a un balón, pero tal y como está el patio creo que me voy a dejar engullir por la maraña balompédica, y rezar porque me lleve algo en la macro-porra mundialista que han hecho en mi empresa.

En definitiva, ¡aupa España! Como diría Bob, olvidémonos por un momento de elecciones a la Casa Blanca y portadas del Marca imposibles y centrémonos en lo que para él empieza a ser un “espectáculo fantástico y emocionante”.

P.D.: El ocaso de los dioses. ¡Qué lástima da ver a Zidane mermado en sus facultades! Ojalá Francia pueda llegar más lejos para que veamos los últimos destellos de este jugador único.

Actualización 28 de junio: ¡Quién lo iba a decir! Francia nos ha echado del Mundial, y Zidane ha firmado el último gol. Sólo nos queda echar rodilla en tierra y rendir pleitesía. Perder ante un equipo superior es inevitable, y ayer fue más inevitable que nunca. Adieu, Zizu.

6 comentarios

  1. Stephin

    No promoveré debates sociológicos ni políticos, que no tengo ganas de aburrir al personal. Ni tampoco valoraré las virtudes o defectos del fútbol como espectáculo: allá cada cual con sus gustos y opiniones.

    Lo que sí voy a hacer es aprovechar el post de Polidori para manifestar la fascinación que me produce el impacto popular del fútbol, y más concretamente del Mundial. No hay nada igual, se pongan como se pongan sus detractores. De Angola a China, de Nueva Zelanda a Alaska... Es el mundo entero detrás de un balón y de sus colores.

    Es increíble ver los documentales sobre zonas deprimidas de África, Asia o Sudamérica... Es muy probable que las pocas escenas de alegría que se vean tengan un balón por medio. Es impresionante leer que una de las pocas alegrías que tienen últimamente los norcoreanos es que sus vecinos del sur les han cedido gratuitamente la señal para que en su hermético país puedan ver estos días el fútbol.

    Es impresionante ver que una de las pocas cosas que pueden unir a un niño pijo de Montecarlo con un rubiales de Sydney, un chinito de Shanghai y un cholito de los suburbios más depauperados de La Paz es que probablemente los cuatro jueguen en la calle con una camiseta del Barça con el 10 de Ronaldinho (bueno, o con el 23 del Madrid que lleva Beckham, no se me vayan a cabrear).

    Es alucinante grabarse en video un irrelevante Angola-Irán y comprobar como las gradas del Zentralstadion de Leipzig se convierten en la perfecta válvula de escape de una sociedad tan aplastada y oprimida como la iraní: en ningún otro sitio se podrá ver mujeres persas (probablemente, emigrantes, exiliadas o hijas de emigrantes o exiliados en Alemania) luciendo con orgullo sus símbolos nacionales y disfrutando con el equipo de su tierra sin velo obligatorio ni demás constricciones de la moral oficial (por cientos se las veía ayer en la retransmisión televisiva).

    Estos últimos días he viajado a Madrid dos fines de semana seguidos y me daba muchísima alegría ver lo contentos que están los inmigrantes ecuatorianos luciendo su elástica amarilla por la ciudad. De vuelta a Barcelona me sigo encontrando con camisetas del mismo color, pero aquí suelen ser de brasileños que supongo que están aprovechando el Mundial para viajar por Europa. Ahora mismo pasan varios grupos por debajo de mi despacho según escribo, camino del Parque Güell.

    Yo, en esta coyuntura, me acuerdo siempre de lo que decía Bill Shankly, el legendario "manager" del glorioso Liverpool F. C. de comienzos de los ochenta:

    "El fútbol no es cuestión de vida o muerte. Es algo mucho más importante que eso".

    Y, sin más les dejo, que no puedo seguir perdiendo el tiempo en el trabajo sin saber si se ha clasificado Ghana o la República Checa.

    P.D.: Supongo que Andrés Montes despierta odios y amores por igual. Yo pertenezco al segundo grupo. Le adoraba comentando la NBA y le sigo adorando cuando hace el Mundial. Y si con Antoni Daimiel hacía una pareja irrepetible, la que han fabricado los ejecutivos de La Sexta uniéndole al cachondo de Julito Salinas no está tampoco nada mal. Impagable (por desmitificador) lo de llamarle "Mr. Gayumbo"... al guaperas de Freddy Ljundberg.

  2. No soporto el fútbol y, por tanto, no me pondré a hablar de "ello". Quería felicitarte por esa magnífica y nueva cabecera que estrenas y no había un post al respecto.

    Besotes,

  3. Querida Albanta:

    No sólo respeto tu odio al fútbol, sino que lo entiendo en todo su extensión; yo odio "Mira quien baila", y supongo que si fuera tan extendido como un Mundial (¡Dios no quiera que llegue a eso!) y lo tuviera hasta en la sopa estaría muy, pero que muy mosqueado.

    En fin, gracias por lo de la cabecera; ahora haré un minipost para dar las gracias a quien más lo merece: adastra.

    Besos

  4. Torombolo

    Poli, muy bonitos tus buenos deseos hacia Zidane pero espero que no se hagan realidad...

    Stephin, totalmente de acuerdo contigo excepto en lo de Montes. Odio a ese tipo y sus gracias repetidas hasta la saciedad, si quiero tener a un tipo diciendo tonterías mientras veo el partido me busco a un amigote o me lanzo yo mismo, que cuando me pongo puedo ser tan insoportable como tu calvete.

    Mañana voy a ver el partido con un amigo, espero que no sea fan del duo Montes-Salinas (aunque algo me dice que si que lo es) y no tengamos bronca sobre la cadena en la que lo vemos. Tampoco es que me vuelva loco el pelopincho de Cuatro, pero me parece mas soportable... ¿colará si le digo a mi amigo que la Sexta no se pilla bien en mi casa?

  5. Tu amigo va a tener que aguantarse, porque para eso están los amigos. Montes ha sido siempre igual, y lleva haciendo eso muchos años en la NBA. Pero en fin, para eso están los amigos...
    ¡Vaya crack!

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