Polly Jean Harvey o la teoría de la caverna
A todos los que nos gusta esto del rock sabemos muy bien valorar su glamour, su erótica y su capacidad de seducción. No hace demasiado tiempo, en un EP[S] (para los no familiarizados con el grupo PRISA, El País Semanal), apareció un artículo titulado “Curvas peligrosas”, un texto pronto contestado desde las cartas al director porque en estos temas, se quiera o no se quiera, siempre aparece el sexismo. La imagen de una mujer o de un hombre, según tu orientación sexual, en pose desafiante y con una guitarra colgada del cuello es casi siempre provocativa, y no tiene por qué ir acompañada de un bello rostro o de una bellas hechuras. Simplemente es la erótica del rock.
Puede parecer pues que una mujer menuda, delgaducha, no demasiado agraciada (algunos que conozco la tachan directamente de fea), desgarbada y, como suele decirse, poca cosa, se convierte en un indómito animal encima de un escenario. A eso se le une un talento musical fuera de lo común, un saber estar tremendo dentro del “star system” musical y una enorme capacidad para rodearse de músicos excelentes allá donde toque o grabe. En eso podría, si es que se puede, resumirse la figura de Polly Jean Harvey, más conocida como P.J. Harvey, o simplemente “la Pilli”.
Antes de comenzar, y si no conocéis a la “diosa del indie”, a la musa de todos los festivaleros y de un gran amplio espectro de los rockeros de pro (y si no que se lo pregunten a Nick Cave, o Thom Yorke), daos una vuelta por youtube, escribir su nombre y dejaos enganchar por, por ejemplo, “Good fortune”. Esa es Polly, tan brutal y tan directa, y sin embargo tan cercana. 
Yo me topé con ella por casualidad, allá por 1996 (¡joder, hace ya diez años!). Por esa época vivía en Bilbao, y como de costumbre andaba demasiado escaso de dinero como para pensar en muchos dispendios musicales. Entonces me di una vuelta por una inaudita e insólita tienda de alquiler de cd, algo perseguible, aniquilable y censurable entonces y (qué diría el memo de Ramoncín) ahora. Funcionaba como un vídeo-club en el que, por poco dinero, te llevabas a casa un par de cd para poder escucharlos y (¡horror!), grabarlos en una cinta. Pues uno de ellos fue To bring you my love, elepé de impagable portada en el que Polly aparece medio sumergida en el agua (presagio de su estupendo “Down by the water”). Confieso que por esa época a mí esta intensa sesión de visceralidad me quedaba grande, pero consigné varios cortes en una cinta y me dejé seducir por ella en unas cuantas ocasiones. Y ahí empezó todo. Ahora puedo decir, con todo rigor, conocimiento de causa y posibilidad de extenuante discusión con quien se quiera poner a tiro, que es uno de los discos más importantes, influyentes, destacables y, por qué no, devastadores de toda la década de los noventa. Es apabullante, y no sólo por su sórdida atmósfera y ese sonido tan característico y único (pero dentro de los estrictos cánones del rock, por supuesto, con su guitarra, su bajo, su batería y su canesú), sino porque escucharlo merece un delicioso ejercicio de introspección musical y un repaso a todas las emociones que, de una forma o de otra, deben aparecer en ese objeto de belleza que llamamos “larga duración”.
Y aún no había entrado en su directo. La compra (esta vez sí) de Is this desire?, un trabajo tachado de menor por algunos, sirvió de aperitivo para esa enorme gira que la de Yeovil se marcó en esa época. La visión de esa mujer ataviada con un sujetador, unas medias de rejilla, una minifalda de cuero y una botas de tacón de aguja, portando una guitarra como quien desenfunda un kalashnikov era un espectáculo brutal. Y la intensidad sonora, el muro de ruido que es capaz de ofrecer en directo es tan abrumador como sus pasos de pantera de uno al otro lado del escenario. Lo dicho, un puro animal de las tablas, o un impactante recordatorio de la caverna primigenia, donde escuchamos sonidos provenientes de otra realidad (musical) que nos parece inancalzable. Y sé que puede sonar manido y ya contado, pero es la viva imagen de lo que el rock es capaz de hacer entre unos espectadores ávidos de sensaciones sonoras (un saludo, mr. Pleasant).
Polly es intensa, desmesurada y capaz de una sucia sordidez musical. A menudo parece pedir a gritos una escapada en una chooper por las carreteras de Nevada lamiéndote con fricción la nuca, y a veces desbroza como en un susurro leves melodías apenas rasgadas con su guitarra. La guitarra de P.J. Sus primeros elepés, Dry y Ride of me son pura energía, a veces contenida, pero siempre presente. Una cuerdas profundas y poco tensadas desgarran sonidos apabullantes y a buen seguro demasiado “rockeros” para mí en esa época. Lo cierto es que me pasó inadvertida (eran tiempos más “poppys”); pero ahora, después de miles de discos escuchados, cortes como “Dress” o “Happy and bleeding”, suenan a música celestial; sucia, sí, pero celestial.
Pero amigos, To bring you my love es otra cosa. La canción homónima que abre el disco deja ya muy claras sus intenciones. La sucia habitación de motel de carretera comienza a ser opresiva, claustrofóbica. La señorita bien de Inglaterra se convierte en (con perdón) una guarra que habla de sexo y sordidez como quien canta una nana, arrastrando las sílabas (tenía que llegar la comparación inevitable) como Patty Smith y la mejor Chrissie Hynde. Y el sonido te empequeñece, te deja sumido en una atmósfera decadente y fronteriza. “Meet ze monsta” es un buen ejemplo; cuando entra el bajo parece que se van a rasgar las telas de los altavoces, y su final es uno de los más abruptos del rock. Pero puedes seguir por el resto de cortes, y acabarás suspirando por algo más de luz que te saque de la cueva. Y si quieres que tus vecinos te miren definitivamente mal en la escalera sube un poco el volumen de “Long snake moan”. Pero ya la has cagado, sabes que esa será una sola de las muchas veces que recurrirás a este disco, pare recordarte que polvo eres y en polvo te convertirás.
Pero Polly también necesita salir para respirar. Is this desire allanó el camino del sonido folky, y dejó que el piano y otros sonidos tomaran protagonismo. Apareció la introspección, y el señor Polidori dijo “esta chica es la hostia”. Vale, peguemos empellones con temas como “The sky lit up” o la impresionante “A perfect day, Elise”, pero entremos también en un descapotable a una velocidad rallana lo ilegal y dejémonos mecer por “The wind”, “Catherine” o “The garden”. Sucio, sí, pero Polly ya había salido del hotelucho, y quería comenzar a viajar.
Así, Stories from the city, stories from the sea, su disco más “comercial”, fue su salto al mundo real. Un disco a medio camino entre las calles de la Gran Manzana y los recovecos melancólicos. Tiros de subidón adrenalínico y urbanita como “Big exit”, “Good fortune”, “The whores hustle and the hustlers whore” (con el espíritu de Siouxsie muy presente), “You said something”, “Kamikaze” o la enorme “This is love”, hacen el relevo a las intensas “A placed called home”, “One line”, “Horses in my dreams” o “We float”, y respaldan a la inenarrable, brutal “The mess we’re” con Thom Yorke. Bueno, si ésta es la definición de un disco comercial, me quedo con los discos comerciales.
Uh huh her ha sido una vuelta a las raíces, si es que se pueden llamar así. Un disco desnudo, sin apenas artificio, con sólo algunos instrumentos a veces desvaídos. La fuerza se la deja en temas como “The life & death of Mr. Badmouth”, “Who the fuck?” o “Cat on the wall”. Un gran disco, pero alejado de la fuerza de los anteriores.
Todo esto y mucho más es Polly Jean. La mujer que salvó el rock femenino en los noventa, y que nos hace estar al tanto de todo lo que hace, de sus grandes colaboraciones y de sus grandes directos, enfundada en vestidos imposibles y amparada en aquello que se ha venido en llamar “el alma del rock”.
Salve, Polly Jean.
[Nota del autor: el tono panegírico es absolutamente buscado, pero creo que la artista se lo merece, por su integridad y buen hacer. Polidori dixit.]
Todas las imágenes de allmusic.

3 comentarios
Que onda??
Te escribo desde el país Azteza osea México, que buena esta tú página de PJ Harvey, es como si fuera una guía para los principiantes (me incluyo)de esta gran rockera no hay duda de que si Pj viera tu blog estaria feliz de que tiene un fan como tu.
Muy buen Blog¡¡¡¡
30 jun 2006 | 01:49 AM
Muy bueno Polidori, por una vez puedo decir que coincidimos en gustos musicales....
Por cierto, hablando de "damas" del rock se te ha olvidado una que cuanto menos era tan provocadora: Janis Joplin
Y aquí te dejo un clásico:
http://www.youtube.com/watch?v=MxdCWdaUv18&search=janis%20joplin
30 jun 2006 | 10:04 AM
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