¡Gora san Fermín!
Sólo he estado una vez en mi vida en Sanfermines, y ni siquiera vi un encierro. En Pamplona he estado alguna vez más, pero muy pocas. Las fiestas populares no son precisamente algo que me atraiga demasiado, y apenas suelo apuntarme a verbenas, romerías y demás festejos, salvo alguna que otra vez a la de La Paloma y al día del Orgullo, como ya os comenté, pero esta locura, esta bacanal, esta ancestral exaltación del culto al toro y al vino me fascina de tal forma que, cuando llegan estas fechas todos los años me invade un nerviosismo especial, y me siento de alguna forma un poco navarrico. En definitiva, entono el “uno de enero, dos de febrero…” y suelto un ¡gora San Fermín! en cuanto que me descuido.
Y sí, doy la razón a todas las organizaciones que están en contra de las corridas de toros, y miro un poco torcido al hecho de que se tenga una buena excusa para joder el mobiliario urbano con impunidad, pero Sanfermín es Sanfermín. Una fiesta dedicada a un santo de más que dudosa existencia, una catarsis tamaña en sus calles y una brutal exaltación del riesgo y la temeridad como son los encierros son motivos suficientes para que me sienta en estas fechas transmutado por no se qué extraña sensación.
Yo he estado allí. He participado en la algarabía y el subidón del txupinazo, literalmente inundado de cava por todas las partes de mi cuerpo. He compartido calles con todos los espectros que produce la ingesta indiscriminada de alcohol, y he entendido de manera fiable lo que significa para los pamplonicas las fiestas de su patrón. Y cómo quedan sus calles diariamente, y la cantidad de gente que se dedica laboralmente a limpiar las inmundicias de millones de personas emborrachándose en la calle, ya sea escoba en mano o camilla en la otra para llevarse a las víctimas de los encierros. Pero, el ambiente que se respira allá (por encima de Hemingway) es inenarrable, y el poso que te deja te acompaña el resto de tu vida.
Sanfermín es la fiesta por excelencia, el triunfo del espíritu trasgresor y el empeño superado de toda una ciudad, que acoge a cientos de miles de visitantes, de detener el tiempo para superar los problemas y dedicarse a la algarabía y el disfrute con ese tono a la vez sarcástico y a la vez solemne que sólo los navarros son capaces de lograr.
¡Y qué decir del encierro! No me pierdo uno. No he visto evento popular más emocionante en mi vida. Todo el culto que hay alrededor del hecho de que los toros sean conducidos desde los corrales hasta la plaza a través de las calles de la ciudad me resulta fascinante. No me pierdo uno. Me sé el recorrido y los rincones (Santo Domingo, Ayuntamiento, Mercaderes, Estafeta, Telefónica y callejón) tanto como los anuncios que año tras años se repiten durante la retransmisión. Se me remonta el corazón, no lo puedo evitar, y sigo las evoluciones de los corredores con ansiedad y verdadera pasión. Y qué decir de la estampa de esos hermosos animales conducidos (por los buenos corredores) diestramente por el empedrado... Es un maravilloso espectáculo.



En fin. No tiene explicación. Sanfermín es Sanfermín. Tan increíble y desmesurado como real y fascinante. Así que, desde Madrid echo la vista al norte, busco Pamplona con la mirada y os emplazo a entonad conmigo:
“A san Fermín pedimos
Por ser nuestro patrón
Nos guíe en el encierro
Dándonos su bendición
¡Viva san Fermín!
¡Gora san Fermín!”
[Todas las fotos son del clásico de los clásicos en lo que a Sanfermines se refiere, sanfermin.com, y su patrocinador, kukuxumusu. La visita a su página en estas fechas no sólo es recomendable, sino imprescindible para entender un poco mejor toda esta catarsis.]



2 comentarios
Cada 6 de Julio a las 12 del mediodía , suelo estar con la piel de gallina, no lo puedo evitar....
Hoy por la mañana yendo a currar, hacia las 8,15, han dado en la radio un anuncio sobre un especial San Fermín en el que se oía el ruido del encierro, los cencerros, las voces de los corredores.... y me he emocionado.
Es que mi padre nació en la Estafeta y aunque soy Gipuzkoana lo llevo en la sangre.
Mis mejores juergas, que no han sido pocas, las recuerdo en San Fermines.....
aquella en la que nos juntamos con tres sevillanos que no paraban de decir que la feria de abril era una mierda ....estaban alucinando todo el rato, ¡qué risas nos echamos...!
Otra en la que una australiana que sólo sabía decir "tira la bota, tira la bota..."a la que su novio habia dejado tirada (por otra, claro) se junto con nosotras. Una noche totalmente surrealista...y divertidísima.
Y aquel 6 de julio en plena plaza del ayuntamiento hacia las 11,45 cuando recibí un huevazo en toda la cara...
Y muchas más...casi todas con un toque especial.
Así que yo también comparto esa sensación especial de que estamos en San Fermines....todos los años desde el 6 hasta el 14 de julio.
Eso sí, como me pilla cerca, no falto...y aunque sólo puedo ir el sábado allí estaremos como siempre, para armarla.
GORA SAN FERMINNNNN!!!!!!GORAAAAAAAA
VIVA SAN FERMIN!!!!!!VIVA!!!!!!!
6 jul 2006 | 11:38 PM
Yo no he estado nunca, ni siquiera conozco Pamplona, pero me uno a los que sienten un cosquilleo raro estos días. Desde siempre he visto los encierros y siempre me han parecido algo muy especial... Como dice Polidori (o casi), esa mezcla de culto al toro y al vino tan propia del viejo Mediterráneo.
Por cierto, un apunte histórico. Quien quiera creer que San Fermín existió que se lo creo pero para los demás... Según la tradición San Fermín fue un romano, de noble cuna, converso que vivió en el siglo III y que se dedicó a predicar por el sur de Francia hasta que los romanos se cansaron y le cortaron la cabeza el 25 de septiembre del 303 en Amiens. (La fecha es más que curiosa, justo ese año empezó la persecución de Diocleciano)
Bueno, el caso es que hasta este momento la historia de San Fermín no tiene ninguna novedad y es idéntica a la de la legión de mártires y santos de la Iglesia. El problema está en que esta historia no se hizo pública hasta el siglo XII (De hecho el primer patrón de Navarra era San Saturnino, San Fermín es copatrón). Para estas fechas San Fermín era el patrón de los gremios de boteros, vinateros y panaderos... Muy lógico si se tiene en cuenta que su festividad se celebraba el 25 de septiembre, cuando se recoge la cosecha de uva.
Si bien en el siglo XII Navarra aún era un reino importante, la Historia se empecinó en que dejara de serlo pronto. En los siglos siguientes Navarra perdió poder y quedó aislada entre los grandes colosos peninsulares: Aragón y Castilla; hasta convertirse en un reino de segundo orden, terriblemente pobre. Al final Navarra perdió su independencia, pero continuó siendo pobre.
Para el siglo XVI a Navarra sólo le quedaban sus ferias de ganado. A finales de ese siglo un obispo de Pamplona tuvo una idea genial para potenciar las ferias de ganado, organizar una gran fiesta. En 1591, a petición del ayuntamiento de Pamplona, la fista de San Fermín se trasladó al 7 de julio (el día en que empezaban las ferias de ganado), a esta iniciativa se unió que aprovechando las ferias de ganado se también organizaban recitales taurinos.
De este modo tenemos a un San Fermín, que nunca dejó de ser patrón de los vinateros, enlazado con el ganado, los toros y el mítico 7 de julio...
7 jul 2006 | 11:02 AM
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