La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Crónicas Summercase 2006: ¿Dónde queda el Fórum? Jornada segunda

Los segundos días de los Festivales siempre tienen un componente especial: ya sabes a lo que te enfrentas, para bien o para mal. El sábado sabíamos que la entrada iba a ser más rápida y que el recinto nos iba a dar las mismas incomodidades del día anterior, pero ya vas “a tiro hecho”, sabes dónde más o menos puedes dejar el coche y dónde más o menos están todas las cosas (casetas de comida y bebida, urinarios, etc.). Pero, además, el sábado, ya más ubicados, fue uno de esos días auténticamente “festivaleros” en los que te pasas todo el tiempo de un lado a otro, y mira, en eso sí que ganamos algo: a pesar del pedregal al que nos enfrentábamos, los escenarios no estaban demasiados lejos unos de otros, por lo que, como bien decía una amiga nuestra, nos aprestamos a una jornada de “gymkana” festivalera en toda regla.

Nada más entrar vimos lo que quedaba de The Libertines cuando se hartaron de Pete Doherty, las putas drogas y los líos (que si sí, que si no) con Kate Moss: Dirty Pretty Things, que sonaban, pues a eso, a lo que sonaban The Libertines, pero tomándose las cosas en serio. Una buena descarga de guitarras y sonidos contundentes para empezar un día que prometía demasiadas cosas, lo que no es mala forma de empezar. Ya lo decía Paul Weller, que esta banda era muy buena, y que lo que había que hacer con Doherty era rehabilitarlo (aunque pensara que realmente lo que necesitaba era una buena zurra). No se equivocaba el bueno de Pablo, pero Pete no supo (ni creo que quisiera, al fin y al cabo) rehabilitarse. Una lástima… ¡con el nombre tan bonito que se pusieron, The Libertines, y los dos grandes discos que sacaron!

Bueno, Astrud. Debo confesarlo: nunca me los tomé muy en serio, la verdad, y sí que me gustan canciones que he oído aquí y allá, pero no sabía qué esperarme de ellos. Pues me sorprendieron con un concierto “rockero” (sí, rockero) y con un buen sonido. Solos Manolo y Genís con un batería (buen batería) sonaron “serios”, y perdonadme que esté dando vueltas a esto, porque estoy acostumbrado a que el dúo barcelonés me den la impresión de que todo lo que hacen es una excusa para chotearse de todo este rollo del rock (con mucha gracia en ocasiones, sólo hay que ver su “Hay un hombre en España”) y reafirmarse en su condición “pedorra”, pero el sábado dieron un gran concierto, y es mi obligación (o no) consignarlo aquí.

Siguiendo con la gymkana, me di una vuelta por una de las carpas para ver a Greg Dulli y sus Twilight Singers. También debo reconocer que no los había trabajado mucho antes, ni a los Twilight ni al anterior grupo de Dulli, The Afghan Whigs, salvo una estupenda versión del “Can't Get Enough of Your Love, Babe” del gran Barry White que apareció en la banda sonora de Beautiful Girls. El caso es que no es mi estilo (demasiado “americano”), pero hay que reconocer que Dulli tiene una enorme presencia en el escenario y una actitud rockera envidiable (a pesar de los estragos de la buena mala vida), así que dieron un buen espectáculo. Sin embargo, cuando su guitarrista comenzó a ponerse pesadito se me empezó a atragantar el concierto, y recordé que había más cosas que ver, así que continué (amos) camino.

En la “terminal O” un ebrio Adam Green protagonizó el episodio más festivalero y gracioso de cuantos pudieron verse en los escenarios del Summercase. Estaba completamente borracho, e incluso terminó enseñando sus nobles posaderas al público, lo que fue acogido por el respetable con el esperado júbilo. De hecho, soltó varias veces un sonoro “pero esto no es un festival”, a lo que todos respondimos “sí, majete, y llevas una curda del siete". En fin, lamentable, pero gracioso, y con él hicimos tiempo para uno de los platos fuertes de la noche… que no lo fue tanto.

Belle and Sebastian me temo que no es un grupo para festivales, y menos para un festival tan “contundente” como éste. Si ya me habéis leído, sabréis que adoro a este grupo, pero Stuart Murdoch se está ya tomando esto de los directos demasiado “en serio”, y me explico: ha pasado de la pose exquisita de conciertos en iglesias o salas pequeñas a convertirse en histrión de grandes conciertos al aire libre, y creedme, creo que me gustaba más en su papel anterior. Eso sí, salió ataviado con un perfecto traje de sastre que le quedaba como un guante, pero se pasó todo el concierto haciendo payasadas. Ahora sí, musicalmente hablando estuvieron perfectos, y el público (como podéis ver en alguna de las fotos) se lo pasó en grande, pero todos nos quedamos con la sensación de que “no pegaban” con lo que estábamos viendo. En fin, es lo que tienen los festivales y las gymkanas.

A Super Farry Animals me los salté, lo siento. Nunca ha sido tampoco uno de mis grupos favoritos, así que aprovechamos para “descansar” (de pie, claro) y reponer fuerzas obviando a unos The Cardigans que ya no interesan, que son un triste remedo de lo que fueron antes de volverse “rockeros” y a los que da hasta rabia verles perpetrar un “Rise and shine” irreconocible ante el de otras épocas. Querida Nina… ¿dónde quedó esa maravillosa “primera banda en la luna”? Otra lástima más que apuntar.

Y vino para mí la sorpresa de la noche. Fui a la carpa a ver a unos Sigur Rós a los que no conocía, y de los que un amigo mío describió como “unos islandeses muy etéreos”, a lo que contesté: “¿cómo Mum?”, y me dijo el ínclito, “sí, más o menos”. ¡Pues joder con lo etéreo! Empecé a ver el concierto constreñido en la parte de atrás de la carpa, y acabé embobado a escasos diez metros del escenario, impresionado por un sonido indescriptible que a ratos parecía una caricia y a ratos las mismísimas trompetas del Apocalipsis. Jon Thor Birgisson tocaba la guitarra eléctrica con un arco, y el bajista en un momento especialmente intenso aporreaba el inicio de las cuerdas con una baqueta produciendo un sonido muy peculiar y contundente; todo ello, animado por un batería excelente, atronaba la atmósfera en intensos y escalados vaivenes que fueron ganando en fuerza según acababa el espectáculo. Al final, todos quedamos sumidos en un ensueño incómodo. No os lo puedo describir, pero el público reclamó a los artistas hasta tres veces para aplaudirles, cosa que recibieron como si fueran actores de teatro, doblando el espinazo ante el público. Fue para mí, sin lugar a dudas, el momento más emocionante del Festival.

Y después de esto… ¿qué? Pues mientras Daft Punk se dedicaban a ir animando el cuerpo a los dependientes de las pastis (entre los que no me encuentro, y además el rollo rave como que deja un poco frío; es lo que tiene no haber estado en Madchester, me imagino), fuimos cogiendo sitio para las estrellas de la noche, a las que nunca había visto en directo. Así que me aprestaba a cerrar una deuda histórica en mi currículo de artistas en directo, y vaya si quedé satisfecho. Massive Attack, por lo que me cuentan, siempre han hecho lo mismo, pero si es esto lo que hacen me declaro devoto de su devocionario. Os puedo asegurar que no había escuchado en la vida nada igual, y me demostré a mí mismo algo que he aseverado siempre, y que espectáculos como éste me reafirman en mi teoría: si un grupo tiene que sonar bien, sonará bien en cualquier escenario. Y los de Bristol sonaron no bien, excepcionales. Sus bases rítmicas, su línea pétrea de bajo y sus dos baterías (sí, dos baterías que se doblaban en perfecta armonía) daban tal dimensión a su sonido que a veces era francamente difícil respirar. Además, en la gira se acompañan de algunas de las grandes voces que aparecen en sus discos, algo que es muy de agradecer en estos casos, cuando buena parte del éxito del grupo se basa en eso, en las enormes y bien escogidas voces que han colaborado con ellos. Así, el gurú jamaicano Horace Andy, una sustituta perfecta de Shara Nelson (lo siento, desconozco su nombre) y, sobre todo (casi me desmayo), una colosal Elisabeth Frazer trajeron a Boadilla toda la brutal intensidad de uno de los mejores discos de la historia del rock (lo siento, a mi me lo parece), Mezzanine. Cuando acabaron le pregunté a mi amigo JJ: “pero… ¿cómo es posible que no los haya visto antes?”, a lo que él me respondió “porque eres un ignorante”. Y con esto no tengo nada más que decir.

Ahora sí, después de esto… ¿qué más? Pues, como comprenderéis, sólo nos quedaba hacer un poco el indio con Fatboy Slim, y acercarnos con curiosidad a ver que hacía James Murphy sin sus LCD Soundsystem (pues qué iba a hacer, pinchar; muy bien, pero eso, pinchar). Con lo que dimos por concluidos nuestro periplo festivalero, no sin antes observar como joveznos deseosos de chunda-chunda intentaban colarse ágilmente en el recinto (y eran perseguidos de forma no menos ágil por unos diligentes miembros de la seguridad del Festival).

Conclusión apresurada: el Summercase fue muy positivo en su calidad musical, aunque pueda ser tachado de “dinosáurico” en sus propuestas. Claro, que viendo de lo que son capaces algunos dinosaurios indies como Massive Attack o Primal Scream, ¡qué vivan los dinosaurios!, pero viendo de lo que son capaces otros ilustres… habría mucho que discutir. Eso sí, a la Organización hay que decirle que no sé para que nos quieren cachear en la puerta cuando tenemos todo un arsenal de piedras que, amén de colarse en nuestros zapatos y servirnos de "mullido" asiento, pueden servir de arma letal contra músicos aburridos.

Y concluyo, que me ha quedado la anécdota un poco larga. El Summercase 2006 se esfumó. Veremos a ver qué pasa, dios menguante, con el de 2007. Polidori dixit.

5 comentarios

  1. Stephin

    Muy buena crónica. A ver si alguna tele digital saca el concierto de Massive Attack para que el resto de ignorantes podamos disfrutarlo. Seguro que estuvo fenomenal. No los he visto nunca y sí que me hubiera apetecido ver cómo funcionan en directo. Y si encima les acompañó la encantadora Liz Frasier... Su concierto al frente de los inolvidables Cocteau Twins en el Festimad'95 (sí, aquel novedoso e inquieto festival mostoleño que apenas tardó dos años en vender su alma al diablo metalero) es uno de mis mejores recuerdos de música en directo.

    Me gustaría que hubiesen tocado muchas de "Blue Lines", que para mí es su obra cumbre. Y que, por supuesto, no hubiese faltado la escalofriante "Unfinished simpathy", probablemente el mejor inicio de canción que he oído en mi vida. También espero que el sonido fuese contundente y nítido, cosa distinta a excesivo y atronador. Esto último es lo que hicieron Mogwai en el Primavera Sound: una cosa es que tu propuesta pase por subir los decibelios y otra es pasarse de la raya, que es lo que hicieron estos escoceses futboleros. Yo no he oído cosa igual, y si vuelvo a verlos en directo iré pertrechado de tapones de goma y gotas para el oído, no nos vaya a coger por sorpresa la perforación de tímpano.

    Respecto a Belle and Sebastian, me remito al post de hace unos meses. A mí me parece un grupo que cada día va a mejor. La última vez que les vi en directo me gustaron (Primavera Sound 2003), aunque para mi gusto les faltó un poco de fuerza. Espero que en eso, como en sus discos, también hayan sabido crecer. Por lo demás, comprendo que un rockero como Dios y Keith Richards mandan no los pueda soportar. Nos guste o no nos guste, hay límites y fronteras infranqueables. Y por más eclécticos y receptivos que nos pongamos, el que K u otros de su misma onda puedan disfrutar de B&S es tan improbable como que Polidori o yo soportemos más de diez minutos a los Iron & Maiden o los Jethro Tull (esas flautas, por Jehova...), por mucha autoridad en lo suyo que podamos reconocerles.

  2. Sí, sí, claro, perdona, Stephin, es que me ciego con Mezzanine... ¡Claro que tocaron cosas del Blue Lines!, y ¡claro que tocaron "Unfinished simpathy" maravillosamente! Fue conmovedor.

    Y con respecto al sonido, fue contundente y nítido, aunque algunos presentes discrepábamos sobre la intensidad de los bajos, perfectos para mí y un puntito pasados para otros. En cualquier caso el sonido fue abrumador, pero no atronador. Eso sí, esa noche me acordé de ellos (y de Sigur Rós) cuando me metí en la cama.

    En cuanto a los Belle, no es que no me gustaran, que por supuesto que me gustaron, sino que estaban un poco "fuera de lugar", nada más.

    Abrazos

  3. torombolo

    Pues tampoco he visto a Massive en directo, pero viendo la crítica de Polidori (que ya sabemos todos que es muy moderado y que no se deja llevar por la pasión) iría descalzo, desnudo, bajo el sol y sin mi ipod (eso es lo peor) con tal de poderles ver y difrutar de tan maravilloso espectáculo. A mi también me vuelve loco Mezzanine y, aunque soy mas tímido en eso de "el
    mejor disco" o "el mejor tema", lo metería en el saco de "los que mas me gustan".

    A los Cardigans si que tuve la mala suerte de verles en directo hace unos años y ¡¡dios santo, que horror!!. Podrían infiltrar a algún amigo entre el público para que le diese feedback, porque yo creo que los pobres no son conscientes del desastre que se traen entre manos y siguen en el escenario encantados de la vida pensando que lo bordan.

    Para la próxima te llevas una videocámara, Poli, y asi podemos ver a Belle, Massive y Sigur sin tener que ir por el empedrado, que ya tenemos unos años.

  4. ¡Ay, querido Torombolo! ¡A mí me lo vas a decir! Ya no tenemos edad para estos desmanes, pero de vez en cuando apetece darte una de estas palizas. En cualquier caso, si el Summercase no los siguen poniendo tan cerca de casa, habrá que seguir acudiendo. A ver qué depara el año que viene.

  5. K

    Querido Stephin agradezco tu comprensión. Es cierto que si trato de imaginarme disfrutando de B&S se me pone la carne de gallina, pero es lo que tienen los gustos...

    Bueno, a ver si Polidori se nos anima un día de estos y se va a un concierto de... ¿Deep Purple? que están de gira por el país en estos días.

    Saludos

Escribe un comentario