Radiohead y el 11-S. Segunda parte: ¿qué está pasando?
Bien, sigamos.
En esta parte de la historia nos centraremos en las palabras de Klosterman, así que prácticamente me dedicaré a transcribir lo que él ha escrito, insertando algún que otro comentario que consideraré necesario. Pero antes de nada, como dirían Tip y Coll con el Gobierno, hablemos del 11-S. Y para ello, nada mejor que una panorámica del skyline antes de todo.

A estas alturas sabemos demasiado y demasiado poco sobre el 11-S. Además, los madrileños, a poco que pensemos en ello, tenemos demasiado reciente lo del 11-M, y algunos malos recuerdos se nos confunden. Yo había estado en Nueva York unos años atrás, y la visión de la Gran Manzana era demasiado apabullante como para recuperarse en tan sólo unos meses. Recuerdo que cuando aterricé en el JFK sólo pude ver la gran ciudad desde las alturas, pero cuando el taxi, después de un tremendo atasco como los que salen en las películas (o sea, como aquí, pero con coches muuucho más grandes), y vi los primeros edificios del centro (eufemismo para denominar la increíble isla de Manhattan), me asaltó una sensación indescriptible. Mi hotel estaba en mitad de Central Park, y desde allí el paseo (largo) hasta Time Square era apabullante. Pero, de todas las sensaciones que me traje a Madrid, la visión de Las Gemelas desde abajo y desde su cúspide fue una de las más especiales que puedo recordar. Los edificios de Minoru Yamasaki eran, como mejor pude describir, como si cogieras una gran avenida y la colocaras en vertical. La visión desde ahí de la bahía del Hudson era como situarse en la cima del mundo y ver a los transeúntes como si fueran pequeñas hormiguitas. En fin, esas moles de cristal, cemento y aluminio eran el triunfo de la civilización con toda la belleza y crudeza que ese tipo de edificios son capaces de transmitir (y que en su vertiente más modesta puede comprobarse en la Torre Picasso de Madrid).

El 11-S se ha descrito de muchas maneras, pero con la que me quedo, la más apocalíptica, fue la que me describió un gran amigo mío y, por aquella época, compañero de piso. Cuando regresaba a casa, y atravesaba el intercambiador que hay en Príncipe Pío, vio como la gente se agolpaba en las pantallas del Canal del Metro y dejaban pasar los convoyes vacíos, absolutamente consternados por el espectáculo que derramaban los monitores de la estación. Como él me lo describió, era “como si el fin del mundo se estuviera retrasmitiendo en directo, y nosotros fuéramos los mudos espectadores”.
Yo recuerdo aquel día pegado a las pantallas de los ordenadores, a la radio y a la televisión que nuestro jefe había conectado en su despacho. El Apocalipsis, el golpe dado a la cima del la civilización, el principio del fin, lo inimaginable.
El paso del tiempo ha sembrado demasiadas dudas sobre el 11-S en el subconsciente colectivo, pero las víctimas cayendo desde el World Trade Center están todavía frescas en nuestra memoria. Pues bien, de alguna manera todo aquello ha quedado identificado (ironías del destino) con Thom Yorke, como leeréis a continuación. Al menos para mí. Paso, ahora, a transcribiros el texto de Klosterman (por supuesto, fusilado; espero que la editorial Mondadori me perdone, pero creo que muchos querrán comprarse este libro –aún en las librerías- cuando lean todo esto):
""La lógica de Kid A no tiene lagunas, quizá porque su lógica en ningún momento es evidente; casi parece el storyboard musical de ese día en concreto. Lo escuché de forma compulsiva durante todo un año. A estas alturas, lo tenía muy claro: Kid A era la banda sonora oficial para el 11 de septiembre de 2001, a pesar de haber sido puesto a la venta el 3 de octubre de 2000.””
Sé que os sonará raro, pero por favor, seguid leyendo.
““El primer tema de Kid A retrata el skylane de Manhattan a las ocho de la mañana; se titula “Everything in Its Right Place” [‘Todo está donde tiene que estar’]. La gente se levantó ese día ‘sucking on a lemmon” [‘chupando un limón”], porque, por lo general, así es como uno siente la vida cuando va en el metro en Manhattan; la ciudad es un lugar hermoso, amargo y sarcástico. No tardamos en llegar al segundo tema, que da título al álbum. Es el sonido de la efímera y mareante normalidad. Es el sonido de Johny Greenwood tocando un Ondes Mantenot, un instrumento recordado por el uso que le dieron en la melodía de Star Trek. Puedes imaginar a los seres humanos camino del trabajo, montando en ascensores, bajando del tren C y del tren número tres, pensando en un futuro que será muy parecido al presente, aunque mejor. Kid A es un término de Yorke para referirse al primer ser humano clonado, que él (medio en broma, medio en serio) sospecha que ya existe. El mensaje conscientemente equivocado es el siguiente: la ciencia es la respuesta. La tecnología resuelve cualquier problema, porque la tecnología es invulnerable. Y eso era lo que casi todo el mundo en Estados Unidos pensaba a eso de las ocho y media de la mañana. Pero algo sucede cuando el tema “Kid A” lleva sonando tres minutos y medio. De repente no parece sonar como debería, y no sabes exactamente por qué. Entonces empieza a sonar el tercer tema: “The National Anthem” [‘El himno nacional’].
Es entonces cuando el primer avión impacta contra la torre norte a seiscientos cincuenta kilómetros por hora.””

Cuando estaba leyendo esto el corazón casi se me para. Me pilló fuera de casa, así que tuve que imaginar mentalmente un disco que ya me sabía de memoria, y descubrí aterrado cuánta razón tenía. Cuando llegué a casa y repasé de nuevo el álbum, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, sobre todo con el tema “Kid A”. Ese comienzo, lento, suave, como un arrullo, me recordó los momentos en los que, somnoliento, te diriges al trabajo; y el abrupto final, así como el brutal comienzo del siguiente tema, con esa línea aplastante de bajo, hicieron que sólo pudiera repetir “¡es verdad, es verdad!”. Pero continuemos leyendo…
[Nota: creo que en estos momentos estarás echando de menos las letras de las canciones. Puedes visitar está página de indyrock, donde gustosamente nos resuelven el problema.
“““The National Anthem” suena un poco como una canción de morfina. Apunta hacia una dirección totalmente diferente respecto a los dos primeros temas de Kid A, y resulta confusa, caótica. “What’s going on” [“¿Qué está pasando?”], pregunta la letra. “What’s going on”. Cada vez resulta más perturbador, hasta que el segundo avión choca contra la segunda torre (en realidad a las nueve cero tres de la mañana, cuando la canción lleva sonando tres minutos y cuarenta y dos segundos).""

""Durante un momento, todo se vuelve lúgubre. Pero entonces se transforma en algo anárquico. Lo cual nos lleva al cuarto tema, “How to dissapear completely” [‘Cómo desaparecer completamente’]. Aquí es cuando da la impresión de que el mundo podría estar llegando a su fin. La gente intenta convencerse de que no está allí. La gente repite una y otra vez: “This isn’t happening” [‘Esto no está sucediendo’]. La gente está flotando (léase cayendo) hacia el suelo. Habla de luces estroboscópicas y de altavoces que truenan; hay fuegos artificiales y huracanes. Es una canción sobre morir abrasado y saltar por las ventanas, y sobre el hecho de tener que ver todo lo que ocurre. El siguiente tema es instrumental sin melodía (“Treefingers”), porque, ¿qué es lo que vemos cuando se derrumba un rascacielos? Lo único que se puede hacer es mirar y cubrirse la boca con la mano.””


A estas alturas de lectura ya estaba anonadado. Me recordaba a mí mismo viendo los restos de los edificios cayendo; y, como si fuera una broma macabra, recordaba la misma instantánea cuando se quemó el edificio Windsor en Madrid, cuyas llamas se podían ver desde el otro extremo de la ciudad. El escalofrío que me recorrió el cuerpo fue brutal, pero más brutal fue ver cómo encajaba la música de Radiohead en esta historia. El tema “How to dissapear completely” es tan abrumador que asusta, más cuando recuerdas esas llamas y esos edificios colapsándose.


La historia continúa, pero será en una tercera parte.
[Nota: La mayoría de las fotos las recopilé de la prensa en los días en los que todo sucedió. No sabía por qué las guardaba, pero me imagino que eran, sin yo saberlo, para publicar esta historia.]

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