Radiohead y el 11-S. Cuarta parte (y última): la vida sigue (o casi una conclusión)
El tiempo pasa, y alguna cosa queda. Muchos males vinieron después, muchos se asentaron, y con muchos convivimos. El 11-S supuso la pérdida de la nueva inocencia adquirida por Occidente; palabra que sin venir a significar nada (¿el occidente dónde está?, depende del cristal con que lo mires), significa demasiado. Demasiado dinero, demasiada desigualdad, demasiada prepotencia, demasiada imbecilidad, demasiado poder y demasiado mal repartido. Un tipo como Georges Bush terminó siendo el amo del mundo, por muchos Michael Moore que se pusieran en su camino. Y en España una mala foto trajo consigo cientos de muertes. Sí, habíamos perdido la inocencia; incluso en España, que llevábamos años sin ella, volvimos a perderla. Es el nuevo signo de los tiempos, y no sabemos cuándo acabará.
Yorke mientras continuó sacando discos, probablemente ajeno a toda esta historia de Nostradamus. Kid A, como apuntaba El País (en boca de Iñigo López Palacios), fue (se suponía) un aparente suicidio comercial. Pero… volvió a arrasar. Y ya me jode admitirlo, pero le doy la razón al crítico: nosotros, que nos consideramos fans a mucha honra, como ya os dije, aceptamos los pasos de Radiohead como inevitables y, aunque al principio los discos nos parecen ásperos, no pensamos que la banda no haya sabido explicarse, sino que nosotros no nos hemos aplicado lo suficiente.

Eso ocurrió, desde luego, con Kid A, y algo menos con Amnesiac (creo que a Yorke aquí se le fue un poco la mano). Pero sí que fue lo ocurrido con Heal to the Thief, disco que, con mesurada escucha debe admitirse que es más flojo que los anteriores, pero que en su conjunto pasa el corte con holgura. Temas, todos desasosegantes, como “2+2= 5”, “Sit down, stand up”, “Listen now” o el pasmoso “Myxomatosis” bregan con algunos de esperanza (casi optimismo) contenida como “Backdrifts”, “Go to sleep”, “There there”. Pero si tengo que destacar alguno deben ser dos de muy distinto cuño: “A punching at a wedding” y, sobre todo, “Where I end and you begin”, una de esas canciones que repites con insistencia y la tienes en la cabeza cuando vas en transporte público, en transporte privado, andando o cabeceando como Yorke delante del ordenador.
Cerrando el círculo vicioso de Kid A, debemos recordar dos colaboraciones con dos de las artistas más importantes del panorama musical de aquellos tiempos: una Björk recién sacada del infierno de la Selma de Von Trier (pero que se hizo tan famosa que terminó en los Oscar con un cisne en el vestido) y la exitosísima (para lo que es la música casi independiente) P.J. Harvey del 2000, con su Stories from the City, Stories from the Sea. Incluso hubo una actuación conjunta de ambas divas cantando el "Satisfaction" de The Rolling Stones, pero su amistad de choque de trenes fue tan efímera como extraña.
Con la primera hizo esa maravilla que se llama “I’ve seen it all”que se encuentra dentro de la banda sonora de Bailar en la oscuridad (llamada Selmasongs) y que a punto estuvo de ser oscarizada. Una canción que menciona el Empire State Building, el actual techo de Nueva York, por cierto. Os dejo aquí el trozo de peli donde sale la canción, en este caso acompañada del actor que da vida a Jeff, el bueno de Peter Stormare que, bueno, no canta tan bien como Yorke, pero hace lo que puede y le pone mucho empeño.
Con la segunda hizo otra maravilla llamada “The miss we’re in” en la que la Harvey susurra al oído de Yorke contándole los "líos" en los que están metidos… ¡mira tú por dónde!, con Nueva York de fondo. Todo un alarde se sentimientos encontrados e intensidad musical.
Ahora Yorke ha sacado un nuevo disco, esta vez en solitario: The eraser. Bueno, se puede decir que la sombra de Radiohead es alargada, pero es un disco muy interesante que aún estoy digiriendo. Al fin y al cabo la vida sigue… ¿no es cierto?

[Aquí podéis ver a Yorke fotografiado por Greg Williams para una campaña contra el hambre de Intermon-Oxfman]

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