Algo huele a podrido en Oslo (por culpa de Munch)
Dos años justos han pasado desde que el Museo Munch viviera el más que rocambolesco robo de dos de sus cuadros más importantes: El grito y Madonna de Edvard Munch. Dos tipos enmascarados entraron como Pedro por su casa en un museo que no tenía especiales medidas de seguridad y se llevaron dos de las glorias nacionales de Noruega, en especial El grito, que por aquel entonces estaba valorado en 62 millones de euros.

Vamos a ver... ¿62 millones de euros colgados en una pared de un museo sin especiales medidas de seguridad? De hecho, los cuadros estaban simplemente colgados por un cable. Supongo que tendrá algo que ver la bondad y confianza propia del pueblo nórdico (¿no?) para tener su cuadro más querido en estas condiciones... Especialmente hilarante me parecieron las palabras de la ministra de cultura, Valgerd Swarzstad Haugland, quien calificó de "terrible y chocante" el robo. Chocante, bonito calificativo, muy nórdico. A mí me pareció lamentable. Dos tipos encapuchados entran en el museo, amenazan a los visitantes y reducen a los vigilantes, cogen los cuadros y se marchan usando un coche que estaba aparcado en las inmediaciones. Así de sencillo (podéis ver una imagen captada con la cámara del museo entonces un poco más abajo; casi parece que están haciendo una mudanza). Además, la ministra manifestó también que "decir que esto es triste son palabras leves. No hemos asegurado bien nuestros tesoros artísticos". No hemos asegurado bien nuestros tesoros... ¡ya te digo! El Ayuntamiento de la ciudad ofreció, además, la mísera cantidad de dos millones de coronas (251.921 euros) como recompensa. ¡Cuarenta millones de pesetas por una gloria nacional! ¡Si eso es lo que vale un estudio modestito! Algo no cuadraba.

Durante mucho tiempo temimos por los cuadros. Parecía un robo demasiado fácil, e incluso se comenzó a especular con que habían sido quemados con intenciones reivindicativas (ahora no recuerdo cuáles). Por si fuera poco, no era la primera vez que se robaba El grito, pues en 1994 fue "sustraído" de la Galería Nacional de Oslo con un método aún más sangrante: la rotura de un simple cristal.
En fin, ahora parece que se han recuperado ambos y en un estado aceptable. No me gusta ser malpensado, pero algo me huele a podrido, pero no en Dinamarca, sino en Noruega. Tan exigua recompensa... Una noticia aparecida en los periódicos noruegos decía que un ladrón de bancos había ofrecido la devolución de ambos cuadros a cambio de una reducción de su condena; o sea, que los cuadros o fueron robados para este fin o el tipo en cuestión los había conseguido para hacer el canje. En cualquiera de los dos casos, el caso es alucinante. Imaginaos que aquí roban, digamos, Las meninas y, después de pasar dos años, aparece intacto. Sospechoso, ¿verdad? Bueno, pues lo dicho, todo me huele muy mal, pero si todo es tan simple como parece, espero que las autoridades y los responsables de la seguridad de los museos noruegos tomen buena nota y actúen en consecuencia.
El grito, obra temprana de Munch, tiene más de icono que de obra maestra de la pintura universal (sin dejar de serlo, claro), pero en mi caso del cuadro que siempre he estado enamorado es de la Madonna del artista noruego. De hecho, tengo la lámina enmarcada en mi casa desde hace unos años. No sé describir qué siento cuando lo miro, esa mezcla de carnalidad y aparente inocencia, y el hecho de que al término "madonna", tan preclaro en la iconografía cristiana, se asocie este desnudo, con esa pose, resulta lo suficientemente irreverente como para que no pase desapercibido. No sé, juzgad vosotros mismos:

[Por cierto: en la parte inferior de la lámina puede leerse un pequeño poema del propio Munch que siempre me ha llamado la atención, por lo bello y lo intenso. Aunque está en inglés no creo que tengáis problemas para entenderlo:
Your face holds all the love in the world
Moonlight steals across your face so full of
Earthly beauty and grief. For now Death
extends her hand of life and a bond is made
between the thousands of generations who
are dead and the thousands of generations
to come.
Hermoso... ¿no es cierto?]

1 comentario
Tambien nos pareció raro que Olof Palme se paseara sin escolta, supongo. Son así los nórdicos, raritos. Confiados e inocentones a juicio de nuestros pícaros ojos latinos. Si estaba tan fácil, lo normal es llevarselo, ¿no?. Otra cosa es de bobos.
La Madonna me recuerda los dibujos de Klimt, puro erotismo.
1 sep 2006 | 03:33 PM
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