Faunia: Fauna embotellada... ¡pero qué hermosa!
Ya comenté cuáles eran mis impresiones y sentimientos de aquellos "paraísos" de mentira que construimos los humanos para encerrar a los animales salvajes y poder observalos de cerca cuando os hablé de mi visita al Oceanografic de Valencia. Y ya os comenté la extraña sensación de no saber realmente quién está más encerrado en su recinto, si los animales o los sapiens que deambulamos asombrados entre los caminos perfectamente señalados de sus lindes. Lo cierto es que, tal y como está el percal, tenemos que admitir encima que como no construyamos estos santuarios, muchas de las especies ni siquiera podrían vivir en libertad, así que, de una manera u otra, también acabamos por domesticarlas.
Aprovechando la visita de unos amigos muy queridos de Barcelona, nos fuimos a Faunia, ese peculiar espacio que se ha creado relativamente cerca de mi casa de Vallecas. Evidentemente, la compañía hizo mucho para que la jornada fuese encantadora, pero también debo reconocer que me quedé fascinado con muchas de las especies que vi, y me hizo replantearme mi idea sobre estos sitios, que no es precisamente muy positiva, pues no dejan de ser meros sucedáneos de la vida salvaje. En esta ocasión sí que tuve ocasión de ver ejemplares magníficos de especies poco habituales en este tipo de sitios, y me parecieron en general bastante acertadas las reconstrucciones de sus habitats, pasando por encima, por supuesto, de una barrera que, aunque más disimulada que en otro tipo de instalaciones (sobre todo en los zoos convencionales), no deja de ser muy triste: la falta de espacio para que uno de estos bichos pueda llevar una vida que no parezca una condena de cárcel. Quizá el recinto que mejor supera esa barrera sea el Parque de Cabárceno, cercano a Santander, pero esa es otra historia. Lo cierto es que si al menos un recinto como Faunia sirve para que los más pequeños se hagan una idea de la maravillosa diversidad que hay (había) en el reino animal puede darse por bien empleado.
Como ya os comenté, mi amigo y vendedor de la Nikon, Víctor, me prestó una maravilla: un teleobjetivo también Nikon que le habían prestado a su vez a él. Con semejante arma en la mano, me apresté a hacer algo con lo que disfruto como un chiquillo: tirar fotos a mansalva (casi 200, en esta ocasión). Los resultados, eso sí, no fueron todos lo satisfactorios que hubiese querido porque aún no estoy muy ducho en el manejo de las reflex digitales (soy todavía de la vieja guardia analógica, aunque ya, evidentemente, he dejado de serlo), y el tele no era precisamente fácil de manejar, sobre todo en el enfoque. Pero bueno, alguna que otra foto interesante sí me salió, y aquí estoy para compartirla con vosotros.
Ya os eneseñé una foto de un perrito de las praderas hace un par de posts. No he visto bicho más gracioso y simpático. Literalmente, no paraban quietos. También os incluyo las fotos de algunas aves que pude ver en un gran lago que está cerca de la entrada al recinto. ¡El tele es -con perdón- una puta maravilla para "cazar" a estos bichos!







Cerca del lago había una "casa de mariposas" en la que podía observarse especies increíbles, algunas volando con cierta libertad. En cualquier caso, no dejaba de dar la impresión de ser una gran jaula tibia y húmeda. El tele en este caso resulto demasiado potente, y era francamente difícil usarlo. Os pongo un par de fotos de las que he podido salvar.


Camino de la "jungla" pasamos por el aviario, donde vimos algunas especies de aves realmente fascinantes, pero la prisa por llegar a ver la tormenta artifical hizo que no nos pudiéramos parar demasiado, así que sólo os puedo ofrecer una foto. Eso sí, en la jungla disfrutamos como críos no sólo con esa tormenta artificial (aunque no deje de ser otro sucedáneo), sino con las especies que vimos y, sobre todo, con los monos ardilla, con los que jugamos, nos reímos y nos lo pasamos francamente bien. De todos estos animales sofisticadamente domesticados que vimos, estos fueron, sin duda, los que parecieron estar más a gusto.




Por cierto, que en mitad de camino, y antes de llegar al espectáculo en el "Teatro lago", vimos a unos flamencos encerrados (desconozco la razón) a los que pude hacer alguna buena foto como la que os enseño. Del espectaculito con las focas y osos marinos (siempre me han dado un poco de pena), y que aprovechamos para descansar un poco, sólo os pongo ésta porque pille a una de ellas a puntito de poner a la concurrencia perdida de agua.


Una de las zonas más conseguidas de todo el parque, y por tanto más interesantes, es la llamada "la noche", en la que se supone que tienen encerradas a varias especies que tienen hábitos nocturnos, y a las que durante la noche nuestra mantienen con una luz artificial parecida a nuestro día. Lo cierto es que daba bastante lástima ver a estos bichos, pues eran los que más "encerrados" parecían estar, pero también es cierto que poder ver de cerca a un búho real o una mofeta era fascinante. Pero la estrella fue un trío de linces pasmosamente hermosos. A una llamada nuestra, y como si pareciera que respondiera al respeto que teníamos hacia ellos (sobre todo por el silencio solicitado por todos lados y que guardábamos con esmero, y que no era precisamente respetado por algunos visitantes que nos rodeaban; hay padres que tienen motivos para retirarles la custodia de sus hijos, os lo aseguro), uno de ellos se acercó y se colocó a escasos centímetros de nuestros ojos. ¡Dios, que criatura más hermosa! Estuvimos un buen rato delante de él, y me acordé de aquella beluga jugetona de Valencia. Fui incapaz de fotografiarle, pero mi querido amigo Víctor si pudo hacerlo, aunque a duras penas (espero que no te importe que incluya esta foto...).

Del resto del parque poco más puede rescatarse. Después de ver la jungla y la noche, el ecosistema de los polos y otras dependendencias quedaban en un segundo plano. Me fascinan los pingüinos, pero todos los que he visto hasta ahora en diversos zoológicos tienen un aspecto triste; me imagino que es muy difícil recrear su habitat (y fotografiarles aún peor). Eso sí, los pingüinos emperadores son fascinantes; asistimos al estiramiento de una pareja con unos movimientos increíbles; ¡lástima que fuera imposible fotografiarles bien por la ausencia de luz!

En cuanto a suricatos, canguros y demás, después de todo lo que has visto ya no llaman tanto la atención, aunque os incluyo un par de fotos (en el caso del canguro, para que os hagáis una idea de la potencia del tele, porque estaba lejísimos).



Y poco más que destacar, aparte de un interesantísimo hormiguero y una espestacular colección de insectos disecados, que no dejan de dar grima, pero que son evidentemente muy ilustrativos de la diversidad de este reino. También había una reconstrucción a escala real de una morsa que pasmaba por sus dimensiones.
En definitiva, Faunia es un recinto bien pensado e ideado, pulcro en sus instalaciones y que se preocupa por las especies que alberga, pero que no deja de ser otra demostración del afán humano por controlar el mundo en el que habita. No obstante, recomiendo su visita (a pesar de los pesares) porque es, con total sinceridad, un placer disfrutar de toda esta diversidad. Aunque sea "enlatada", "embotellada".

3 comentarios
No podemos dejar de ser lo que somos, nunca podremos acabar con según que lazos, y por eso necesitamos esa sensación de poder que nos da tener la vida salvaje perfectamente controlada a nuestro alrededor. Al fin y al cabo es probable que nosotros también estemos encerrados, aunque nuestras cárceles sean de cristal y hormigón y las costruyamos nosotros mismos.
Este verano estuve en Asturias, un lugar magnífico, por cierto; bueno, el caso es que Asturias está llena de animales, hay vacas y caballos sueltos por todas partes, la gente vivie de ellos y con ellos. Es muy normal encontrarte una vaca en medio de un camino y tener que parar el coche hasta que ella decida irse e incluso, encontrarte una vaca en la puerta de tu casa cuando te levantas por la mañana. Bueno pues el caso es que en Picos de Europa, en los famosos lagos, donde hay cientos y cientos de vacas sueltas, hay, junto a la parada de los autobuses que nos suben a los turistas, un cercado con varios terneros y varias vacas para que según salgas del autobús te tires la correspondiente foto...
Como decía al principio: no podemos dejar de ser lo que somos.
PS: Muy buenas las fotos, me encanta la del reptil.
4 sep 2006 | 12:07 PM
Esta máquina nos va a brindar a tod@s grandes momentos ;)
Besos,
5 sep 2006 | 11:08 PM
Argh. Odio los parques temáticos, del tipo que sean. Pero las fotos están guapas, eso sí :)
Un abrazo, Polidori :)
11 sep 2006 | 06:47 PM
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