Fervor mariano entre chiringuitos
Veamos... es probable que pueda herir sensibilidades, pero hay cosas que no pueden pasar desapercibidas, y como suele decirse, "son carne de blog".
He pasado gran parte de mis vacaciones en la playa de Los Boliches, una gran extensión de arena y paseo marítimo que pertenece a la localidad malagueña de Fuengirola. Ante los defensores de este tipo de sitios (que supongo que haberlos, haylos), debo decir que no puedo dejar de reconocer que estos lugares "para el descanso" de costa suponen para mí la quintaesencia del esperpento, un dechado de lo que más detesto de la condición humana, y un lugar que no es, precisamente, para perderse. Llevo yendo años, pues mis padres compraron hace ya bastante tiempo un pequeño apartamento que sí cumplía para ellos un requisito: la comodidad; y por unas cosas o por otras siempre paso allá unos días todos los años (la mayoría de las veces porque no hay dinero para ir a otros sitios). En este caso también he podido comprobar que la compañía puede convertir un sitio horrible en lo más parecido a un paraíso, pero no por ello dejo de constatar en Fuengirola todo lo que más me aterra de unas vacaciones: playas atestadas, chabacanería, ausencia de gusto y/o educación y una fauna incomparable que animaba a sacar la calceta y comentar las distintas posibilidades que, en cuestión de atuendos y poses imposibles, puede llegar a adoptar el ser humano. Ya os adelanto que no va a ser el único post en el que lo mencione.
En este caso voy a hablar de algo muy distinto. En medio del paseo marítimo, entre chiringuitos, tiendas de recuerdos, bares, restaurantes o cosas que se les parecen, cafés, heladerías y otros negocios de muy distinta condición e incluso dudosa rentabilidad, hay un anacrónico, fascinante y fuera de lugar santuario. Sí, una pequeña capilla, de no más de metro y medio (si llega) de anchura por dos de longitud que alberga una imagen de la Virgen de Fátima. En esta foto podréis verlo de lejos, incrustado entre los edificios y el lecho del río.

El santuario en cuestión suscitó enseguida encendidas digresiones. A mí, para empezar, siempre me ha parecido alucinante que entre tanta mole de ladrillo, tanto sitio dedicado al ocio y tanta arquitectura "de verano" pueda encontrarse un lugar como éste, dedicado, en principio a la oración (incluso, con semejante nivel de decibelios, propios de un paseo marítimo, hay un cartel que conmina al silencio); pero para mi compañía simplemente resultó ser un sitio horrible y siniestro (y eso a pesar de la apariencia de pulcritud que se le pretende dar, muy acorde con la buscada candidez de la imagen). Es especialmente patético ver la pequeña capilla junto a un local, ya cerrado, que se llama "El corral del pollo" y en el que, mientras estuvo funcionando, todos nos dedicábamos a engullir las citadas aves (y otras vituallas pseudocatalanas) al lado mismo de una Virgen milagrosa. En la siguiente foto podéis ver el cuadro que os describo, así como un detalle del peculiar acabado que remata al conjunto.


¿Virgen milagrosa? Sí, no he dicho ningún disparate. Al igual que su imagen de cabecera, parece ser que ésta también es milagrosa, a tenor de los miles de exvotos que, a pesar de su reducido tamaño, pueden contemplarse. En ellos puede leerse muchas frases de creyentes que, tras haber pedido auxilio a la Virgen, han conseguido el "milagro" que pedían. La foto, al menos desde mi punto de vista, y no porque la haya hecho yo, resulta espectacular.

Pero... ¿por qué no lo hice con la Nikon nueva, y sin embargo la hizo con mi Canon Ixus (una cámara de muy pequeño tamaño) y a hurtadillas? Por respeto, diréis; sí, pero también por pudor. Y me explico: como en casi todos los santuarios que conozco (aunque no conozco demasiados, es la verdad, y menos los grandes), siempre hay figuras extrañas, medio embozadas, o en actitudes cabizbajas que, con un paso quedo y sin apenas hacer ruido, pululan alrededor de las imágenes con parsimonia y actitudes cuanto menos inquietantes. Sí, incluso en este anacrónico, peculiar y fuera de lugar escenario. No me atrevo a decir que les tengo respeto, ni siquiera miedo; más bien diría que me incomodan, y por mi educación tiendo a alejarme de ellos, porque me traen a la memoria viejos fantasmas.
Mi agnosticismo me lleva a no cuestionarme demasiado la importancia de estas manifestaciones de ¿fervor?, ¿fe?, ¿fanatismo? Durante las horas en las que cae la tarde, y en las que me imagino que frecuentará el santuario la persona que se dedique a mantenerlo limpio y "en orden" (apuesto por una señora muy mayor vestida de negro que suele encontrarse por los alrededores en esas horas del día), hay siempre un pequeño corro de personas que charlan animosamente, mientras que otras, como si esperaran un turno no escrito, se acercan a la imagen desde la ventana practicada en su frente y oran afanosamente y en silencio mirando los ojos iluminados permanentemente de la imagen. Casi da reparo pasar por los alrededores vestido con el bañador y con la toalla al hombro.
Dejo cualquier otra disquisición para vuestros comentarios. Sólo añadiré, o mejor dicho presentaré el trabajo de un viejo y querido conocido mío, José Antonio Lobo Altuna, que sí que se atreve con esas almas en pena que pululan por estos lugares y a los que fotografía, sin ningún pudor, para conseguir estampas tan increíbles como éstas (si queréis saber más de él, consultar esta página):



Lo dicho, inquietante. Siempre me lo ha parecido, y aquí estoy para narrároslo.

3 comentarios
A mi me ha dado mucho miedo la susodicha foto.....ufff....qué ganas de echar a correr.
5 sep 2006 | 10:29 PM
A mi lo que más me pone es lo de "El corral del pollo" :P Pocas cosas me llaman más la atención que los contrastes: playa y capilla, pollo y exvotos...
Fantástico post, como siempre.
Besos malagueños :)
5 sep 2006 | 11:07 PM
Yo estoy de acuerdo con tu "compañía", esos sitios (los santuarios marianos en general) son horribles y siniestros.
Éste en concreto de Fuengirola lo conocía (yo tb he pasado unos cuantos veranos por la zona) y, por unas cosas o por otras, también he visto unos cuantos más. Todos tiene cosas en común, como por ejemplo estar llenos de fotos, cartas, mechones de pelo, prótesis de todo tipo, hasta paquetes de tabaco..., exvotos al fin y al cabo.
Pero si algo me ha sorprendido siempre de estos lugares (y lo siento si alguien se ofende) es su paganismo apenas maquillado.
Se que está muy extendido y que es uno de los pilares del catolicismo, pero, desde mi agnosticismo, el culto mariano me provoca una sensación desasosegante, tétrica; lo siento como una corriente salida de las fosas más profundas de la humanidad.
En fin que cada uno se quede con sus creencias y sus ritos, pero que no se queden muy cerca.
Saludos
7 sep 2006 | 10:24 AM
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