The Radio Dept: música para un melancólico septiembre
En de los recovecos de la música en los que a menudo te encuentras hermosas y agradables sorpresas, existe uno de esos grupos de los que sólo puede decirse, al igual que dije de Belle & Sebastian, que se empeñan denodadamente en hacerte la vida más hermosa. Estoy de enhorabuena en esta radiante mañana de septiembre: The Radio Dept ha sacado un nuevo disco.

Este grupo sueco, de esos “que ni su padre les conoce” en España, fue formado por Elin Almered and Johan Duncanson en Lund allá por 1995. En su música se adentran en las delicadas lindes del “estilo” que ha venido en llamarse shoegazing (literalmente, “mirándose los pies”), y que lo encabezan, puedo decir sin temor a equivocarme, los irlandeses My Bloody Valentine. Este, vamos a llamarle “movimiento musical”, se basa en la creación de un rotundo muro de sonido realizado a base de guitarras con el llamado “feedback”(básicamente se explica en que la guitarra se “retroalimenta” de su sonido y suena como “acoplada”; no soy experto en la materia, pero creo que por ahí van los tiros), ruidosas pero muy, muy melódicas, en el uso de pedales con efectos de reverberación y en un sonido básicamente "sucio" pero melodioso. En cierto sentido recogen la semilla sembrada por The Cure y The Jesus and Mary Chain, y en otro orden de cosas el de unos primitivos New Order. En el caso de My Bloody Valentine el resultado es abrumador y atronador en ciertos momentos, pero en todos se nota una afán porque las cosas suenen “armónicas”, y que, en el fondo, se tienda a la exquisitez, por mucho ruido que se esté haciendo.
Quizá el momento de gloria en esta peculiar forma de entender la música, y que nació a finales de los ochenta (¿cuándo si no?), estuvo en ese momento sublime de Lost in traslation cuando, de vuelta al hotel en taxi en una larga noche de juerga (y mucha, demasiada complicidad), la mirada de Scarlett Johanssen se posa en un rendido Bill Murray bajo los sones de “Sometimes” de My Bloody Valentine. Todos (¿no?) hemos tenido ese momento de plenitud y agotamiento de una noche mágica metidos en un taxi, y esta canción es una magnífica banda sonora para ello. Todo Hollywood tuvo que escucharlo, y eso fue maravilloso. [En este vídeo aparece la escena y otros momentos de la peli, y además se puede escuchar la canción prácticamente entera.]
En el caso de los suecos, la intención es hacer “canciones bonitas”, impregnadas hasta el tuétano de melancolía y salpicadas de sonidos algo abruptos pero siempre mecidos por una base melódica que puede estar protagonizada por las guitarras o los teclados. Yo he tenido la suerte de verles un par de veces, y siempre en salas muy pequeñas (sin ir más lejos, la minúscula Moby Dick en Madrid) y siempre he salido de los conciertos con una gran sonrisa de oreja a oreja. Son de esos grupos que están de rebote metidos en esto de la música, y no lo hacen por ganar dinero, sino por el mero placer de hacer lo que les gusta y darse el gustazo de viajar enseñándolo. Y eso, queridos amigos, se nota.
Tienen sólo dos elepés en el mercado que, no os molestéis, no vais a encontrar en las tiendas normales. O preguntáis por ellos, o los encargáis o tiráis de la mula. Yo sólo he podido comprarme discos originales en sus conciertos, en una de esas mesitas minúsculas y cutres que se ponen en las salas y que más parecen mesas de trileros que improvisadas tiendas de discos. En cualquier caso, los elepés son Lesser matters (2003) y Pet Grief (muy calentito, de este año). Y, claro, dos espléndidos maxis de cinco canciones que tengo la suerte de tener en mi poder y que se llaman Pulling our weight y The past week (ambos de 2005).

Música para septiembres melancólicos, cuando la playa queda tan lejos y los días de lluvia amenazan ya (bendita amenaza) con ser cotidianos.

[Por cierto, estreno (¡por fin!) castpost. Intentaré a partir de ahora acompañar con alguna canción mis recuerdos musicales. En esta ocasión os ofrezco el tema “Every Time" del reciente disco de los suecos.]
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