La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Las otras manos

Un día os hable de mis manos, y de otras manos. También os hablé en mi anterior post de tesoros del ayer, y de la pasión por las fotografías de una parte de mi familia. Con todo ello en la cabeza recordé una imagen que me ha acompañado desde mi infancia: la de mi bisabuelo, con el que comparto nombre.

No suelo incluir imágenes personales, pero con ésta haré una excepción.

Mi bisabuelo vivió hace ya más de un siglo, y su existencia es bastante oscura para mí, puesto que apenas conozco detalles de su vida. Prácticamente esta imagen es lo único que sé de él, además de que por "su culpa" mi padre se llama como se llama, y yo me llamo como me llamo. También sé, claro está, que fue el padre de mi abuelo, una de las miles de víctimas de esa guerra cruenta que asoló nuestros país y que para muchos sigue todavía muy presente en las pérdidas habidas entre nuestros seres queridos. Mi abuelo fue, además, un civil, lo que aporta un componente aún más trágico a su historia. ¿Qué de qué bando era?, ¿qué bando lo asesinó?; y eso... ¡qué importa! Los muertos en las guerras no tienen colores; su sacrificio es igual de inútil e igual de absurdo, hace tres mil años como ahora.

Por lo que sé de mi familia, mi bisabuelo debió nacer muy avanzado el siglo XIX, cuando España vivía una etapa convulsa que desembocó en lo que todos sabemos. Por todo ello (tendría que investigar) intuyo que esta foto debió tomarse ya en el XX, cuando probablemente mi bisabuelo era ya maduro (y, por tanto, mi abuelo era aún joven). En cualquier caso, me fascinan muchos de sus detalles: la pose despreocupada, pero distante, con mucho "empaque", como si de un aristócrata se tratase (y os aseguro que no es el caso); con ese periódico cogido entre los dedos, dando por hecho que no es un hombre de campo, sino un tipo "leído y escribido"; las piernas cruzadas, y algo en la mano izquierda que no atisbo a saber qué es (ni aumentando mucho la fotografía), pero que parece una boquilla para los cigarros; y, por supuesto, un buen traje, perfectamente planchado y acoplado. Supongo que es un traje para la ocasión, porque también supongo que hacerse fotos en esa época en un pueblo (por muy grande que fuera) no debía de ser muy habitual.

Pero todo esto me lleva al principio, a las manos. Fijaos:

Esas manos que lucían así hace cien años eran ya muy maduras, muy trabajadas en su momento, como corresponden a un hombre de cierta edad, pero son mis manos. Y las manos de mi padre. Y sospecho que las manos de mi abuelo. En esas manos está escrita la historia de mi familia.

Ahora me da vértigo mirar mis propias manos.

4 comentarios

  1. Ya no tenemos costumbre de hacernos fotos como esta. ¡Es tan fácil hacernoslas a cientos! Preferimos, ¿como retrato?, una aquí, otra allá, una riendo, otra en un viaje. Un retrato como esta parece ser suficiente para encerrar todo lo vivido. Deja intuir su personalidad , su dignidad, lo vivido y lo sufrido. Ya no se hacen retratos. ¿Será que tenemos poco que mostrar?

  2. Tus post sobre manos siempre son geniales. Las de tu bisabuelo parecen unas manos preciosas, bonita herencia :)

    Un beso,

  3. Carme

    Un post precioso.
    Me alegro que de vez en cuando saques las manos de los bolsillos.

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