La Coctelera

Las manos en los bolsillos

A lo que se llega por amor al arte, o como convertirse en guerrero de terracota

Topé con esta noticia hace unos días, y he de reconocer que me hizo mucha gracia. Y es completamente verídica, aunque, como os diré al final, algo de "cuento chino" parece que tiene.

Básicamente, la historia se cuenta con pocas líneas: un tipo llamado Pablo Wendel, nacido en Alemania y que es estudiante de arte en la ciudad china de Hangzhou, se quedó tan impresionado por los famosos guerreros de Xian, el gran ejército de terracota que acompaña el descanso "eterno" del emperador Shihuangdi (o Qinshihuang), primer soberano de la dinastía Qin; que soñaba con convertirse, aunque sea por un rato, en uno de ellos. Así que, ni corto ni perezoso, se disfrazó con toda la parafernalia necesaria y se coló, con la mayor rapidez posible, entre los famosos guerreros. Aquí podéis ver una foto de su "hazaña".

Los polis, perplejos, al principio no pudieron ni reaccionar, pero cuando vieron que era verdad que un tipo se había disfrazado y estaba entre los guerreros, espabilaron y conminaron al susodicho a que saliera de donde estaba (imagino que entre alarmados y medio descojonados). Pero el bueno de Wendel no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad, y aprovechó su pequeño momento de gloria para quedarse allí todo el rato que fuese necesario. Así que, los sufridos policías entraron en el recinto, le cogieron como si fuera un soldado más y le sacaron para fuera. Aquí podéis ver como se "desenmascara" al impostor (las fotos son de El Mundo).

Según cuenta la noticia (por lo que veo, copy-pasteada de agencia, sin más, pues se repite igual en todos los periódicos), "la policía se mostró en esta ocasión bastante comprensiva, y tuvo en cuenta su 'enorme pasión' por los guerreros así como que no les había ocasionado ningún desperfecto, por lo que el estudiante se fue a casa con una simple reprimenda". Y según declaraciones del propio Wendel:

"Siempre he soñado con disfrazarme de guerrero de terracota entre los reales".

Aquí podéis ver una foto del ínclito con pose propia de los sufridos hombres y mujeres estatua que pueblan nuestros parques y aceras. Imagino que después del tinglado que había montado, le hicieron repetir la jugada con fotógrafos y todo.

Bueno, vale, pero me asaltan muchas preguntas:

-¿Cómo es posible que un tipo pueda entrar disfrazado de esa guisa en un complejo que fue incluido por la UNESCO en su Guía de patrimonio cultural de la humanidad y no le digan nada?, o mejor aún, ¿dónde coño se disfrazó para poder meterse tan rápido entre los guerreros?, ¿nadie le vio hacerlo?

Por otro lado...

-¿no huele un poco mal que la noticia se haya pasado de agencia en agencia sin apenas cambiar el texto?

Y...

-¿qué hace un tipo alemán con ese nombre, "Pablo Wendel"?

Si, además, hacéis una búsqueda en Internet, veréis que el muchacho tiene una página junto a otros artistas en lo que parece ser una especie de web de una galería o algo parecido. Vamos, que el "chaval", que tiene 26 años, hace "instalaciones", que es como se llama ahora a hacer (salvo honrosas excepciones) gilipolleces por amor al arte.

No sé, a mí me suena todo muy raro. Este chico quería sus minutos de fama para llegar a ser algo en el mundillo del arte, o simplemente para que le conozcan en todo el mundo. No me voy a preguntar si esto es o no un mal de nuestros días, ni siquiera si por esos minutos de gloria se puede hacer cualquier cosa, sea disfrazarse de guerrero del Xian, tirarse a un famoso o participar en un concurso estúpido, pero algo huele a podrido en el planeta, y no sólo en Oslo, si la gente hace esto por simple fama.

Eso sí, al menos esta historia me hizo sonreír.

2 comentarios

  1. A mi también me ha hecho reír... ¿cómo no se me ocurriría hacerlo a mi? :P

    Me hubiera gustado encontrarme el sarao in situ... ¡hubiera sido genial!

    Besos,

  2. Pues esta noticia la he usado yo en una de mis clases de español y creo que en la próxima que la use, puede añadir alguna de tus preguntas para ampliar más el debate. Saludiños nipones. Ya voy pallá unos días en Navidad

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