La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Estupor en las aulas

El estupor de noticias como las dadas ayer en radio, prensa y televisión, en la que se aseguraba que más de un 15% de los profesores de secundaria han sido agredidos físicamente, y nada menos que un 73% (tres de cada cuatro) verbalmente, debe dar paso inevitable a la reflexión. Y perdonadme este post tan polémico, pero no puedo por menos que tratar esto en mi espacio (porque, como dice Adastra: "este es mi blog, y me lo follo cuando quiero"), sobre todo porque es un tema que me interesa mucho. Prometo volver a mis canciones y mi arte en breve.

Veamos. De verdad, y en poquísimas palabras: ¿de quién es la culpa? Venga, sí, seamos demagógicos, pero tiremos primero de hechos, y no de los que salen en la tele, que pueden parecer extremos y sacados de lugar (ese chaval al que no se le ve la cara y que dice que él vio cómo un energúmeno le tiraba una silla a un profesor, y el ínclito lo veía casi normal), sino de las experiencias que podamos manejar. Una persona muy muy cercana (y muy, muy querida) me asegura que en la clase donde trabaja, como profesor de secundaria y bachillerato (o sea, para los más viejos -como yo- del lugar, nuestro BUP y nuestro COU), son habitual los desplantes, los insultos, las faltas de respeto e incluso los juegos de cartas. En este último caso, paradigmático, me cuentan que, después de preguntarles qué hacen, y después de quitarles la baraja (no importa, mañana traerán otra), te dirán que por qué les echas la bronca, si no están hablando...

Recuerdo mis años anteriores a la facultad. En mi caso, estaba orgullosísimo de estar en una clase que yo había elegido (de letras "puras"), dando asignaturas que sabía que me iban a hacer falta para mi expediente académico y para entrar en la universidad, que era mi mayor ilusión. A los profesores se les respetaba porque, entre otras muchas cosas, eran "mayores" (aunque probablemente tuvieran, en algunos casos, veinte y no muchos) y sabían muchas más cosas que tú, y no sólo de cada asignatura en cuestión. No es que se me pasara por la cabeza que en una clase pudiera distraerme (hombre, malos momentos hemos tenido todos), o hablar con mis compañeros (se suponía que tú estabas ahí porque lo habías elegido, y estabas mirando por tu futuro), ni siquiera se nos pasaba por la cabeza alborotar (ya no éramos unos críos), pero... ¿jugar a las cartas? Joder. Y en cuanto al respeto, me consta que las más listas o listos de la clase no se dedican a apurar el tiempo para poder sacar matrícula, sino que se dedican a "pillar en algún renuncio" al profe para retarle en sus conocimientos y, llegado el caso, son capaces de quejarse al jefe de estudios porque ese profesor no cumple sus expectativas (sí, esto es verídico; un mocoso o mocosa poniendo en duda el magisterio de un profesor).

Cuando hablo de pérdida de valores, de falta de disciplina (y digo interna, no impuesta) o de ausencia de sacrificio hay algunos de mis, llamémosles "compañeros de quinta", que se rasgan las vestiduras porque piensan que me estoy convirtiendo en extremista de la derechona y en un carca. Pues qué queréis que os diga, me parece que los que tienen la culpa de la forma en que se mueven nuestros adolescentes, aparte de la sociedad y de esta cultura del éxito fácil en la que nos encontramos, son los propios padres de los monstruos. Y sí, ya sé que yo no soy padre y que no sé de qué estoy hablando, pero estoy en este mundo, y ya sabéis que a quien Dios no le da hijos el diablo les da sobrinos (y primos). La desidia o la incapacidad manifiesta de discernir entre qué es y qué no es educación en algunos padres es manifiesta.

Las autoridades, como de costumbre, cuando tienen que reconocer que las cosas se ponen feas en su jurisdicción, echan balones fuera y dicen que son datos alarmistas, y que no hablan de una realidad (la encuesta del CSI-CSIF se ha llevado a cabo entre 12.376 profesores de enseñanza pública, lo que creo que es para tener en cuenta). Pero con todos los profesores con los que he tratado el tema me han hablado de lo mismo (a pesar de los bonitos decálogos que se reparten en los institutos): indisciplina, prepotencia, amenazas e incluso violencia por parte de los alumnos; e indefensión, desánimo y desmotivación por parte de los profesores, que a menudo se centran en unos pocos alumnos que les hacen algo de caso, y hacen oídos, ojos y olfatos sordos ante el acoso. Así que el problema es muy grave, porque además suele ocurrir que si se llama al orden a un alumno y se tira de padres, estos niegan la mayor y dicen que su hijo no es conflictivo (o directamente se desaconseja a los profesores que den un paso adelante, mediante denuncias o aperturas de expediente, porque lo mejor con los chicos conflictivos es dejarlos y que ellos solos se "integren"). Y me consta que algunos pueden también llegar a ponerse violentos para defender a sus vástagos (si en mis tiempos llegaba una queja del colegio a mi casa a mí se me caía el pelo, algo que por supuesto nunca ocurrió porque nunca di motivos).

Yo no tuve profesores tiranos ni educación castrante. Teníamos claro cuál era el papel del profesor y cuál el del alumno, y más cuando estudiábamos algo que nosotros habíamos elegido (y eso que aquellos de mis amigos que se fueron por la rama profesional les fue muy, pero que muy bien en su futuro económico). ¡Dios!, ¡éramos alumnos de bachillerato con conciencia! Estábamos ahí para algo, y no era raro que aprobara la selectividad más del 95% del alumnado. Por algo sería.

Los profesores están indefensos, y es el Estado el que debe ponerse manos a la obra y remangarse para atajar esto. Primero, estableciendo un sistema en el que la autoridad del profesor sea incuestionable. Luego, estableciendo otro sistema de expedientes y expulsiones que sean, de verdad, coaccionantes para el alumno. Y, por último, gastándose los dineros en campañas de concienciación en el aula por equipos de profesionales de la pedagogía en mayúscula (y que no tengan nada que ver con el cole, para que los alumnos vean que la cosa va en serio) que repartan folletos explicativos y den charlas a pie de aula para que los chavales sepan que ellos serán los primeros beneficiados.

Os he dicho que me iba a poner demagógico, y sé que mis consejos serán poco tenidos en cuenta porque no soy profesional del tema, pero quería hablar de esto, y así lo he hecho. Me da pánico que creemos una generación de pequeños monstruos a los que todo les dé igual. Y me da miedo que los profes de secundaria y bachillerato, que tan importante papel hacen para concienciar a los alumnos para que hagan una carrera (algo que, seamos francos, es vital para el devenir vital de muchos, con todos mis respetos por los que no hayan estudiado), terminen por arrepentirse de no haber hecho magisterio y dar clases a niños de cuatro años. Y, bueno, me da mucho miedo pensar que estos sean los que decidan en el mundo cuando nosotros seamos viejos. Mucho miedo...

20 comentarios

  1. Las aulas de secundaria dan más miedo que los pasillos del hotel de "El resplandor"...

  2. Stephin

    Pues si no teníamos bastante con el problema de la vivienda, he aquí otro que se las trae...

    ...Y si aquel es serio y de difícil solución, me atrevo a afirmar que este es aún más grave, pues sus efectos serán devastadores a largo plazo: la vivienda se puede arreglar, aunque se tarden lustros. En cambio, varias generaciones con una educación deficiente o inexistente generan un desaguisado social que no tiene arreglo ninguno.

    ¿Causas? Buf, supongo que muchas y de diversa naturaleza: culturales, socioeconómicas, científicas, legislativas, etc.

    No me extenderé tanto como suelo. Así, a bote pronto, quiero recordar las dos que, sin tener claro si son las principales, sí que me parecen las más llamativas:

    -La pérdida del sentido de la responsabilidad en nuestra sociedad. El maestro es una parte de la educación integral del menor, no el único encargado de ella. La familia tiene otra parte inalienable. Y creo que la sociedad entera. Como dice el pensador José Antonio Marina, "quien debe educar es la tribu entera".

    -La imposición de una pedagogía equivocada. Los críticos más feroces de nuestro Gobierno afirman que la degradación de la educación es algo consentido y hasta promovido por los socialistas, con el objeto de modelar una sociedad fácilmente controlable desde un poder público afín a las concepciones de izquierda, es decir, omnipresente y sobredimensionado.

    Yo ni creo ni quiero creer que esa acusación es cierta, pero, presuponiendo la mejor voluntad a los expertos en educación del PSOE, todo lo que leo y me cuentan me lleva a estar convencido de que la LOGSE (y, por extensión, la concepción de la educación que la sustenta) ha sido un fracaso absoluto e innegable. Y fue el gran estandarte educativo del socialismo gobernante.

    Recomiendo la lectura del "Panfleto antipedagógico", del profesor de secundaria D. Ricardo Moreno Castillo. Quienes están más familiarizados que yo con la docencia tendrán más elementos de juicio para alabarlo o criticarlo. Desde luego, a mí me pareció interesantísimo y digno de toda consideración.

  3. Stephin

    ...Y, por cierto, Innes, no negaré que los pasillos del hotel Overlook acojonaban un poco, con aquella moqueta y aquellas apariciones espectrales al final de los inmensos pasillos...

    Pero te aseguro que aún acojonaban más los grititos de "no me toques, no me toques", que profería la señora de Jack Torrance con la mismísima voz de Verónica Forqué.

    Jack, amigo, descuartízala cuanto antes, por favor...

  4. Alonso de Palencia

    La culpa de todo la tiene Yoko Ono, y los putos pedagogos que le salen por los poros :-D

  5. K

    Querido Alonso, se puede decir más claro pero no mejor.

    Mi aportación personal a la causa de hoy es la siguiente sentencia: "Hay una generación entera de padres que es un absoluto fracaso" y contaré una anecdotilla familiar que la apoya.

    Tengo un primo que es un fascista de mucho cuidado. Estaba un día en el instituto, en una clase de historia sobre la Guerra Civil, cuando se puso a increpar a la profesora y llamarla de todo pq no estaba de acuerdo con lo que esta decía (aquí es preciso anotar que además de facha es una mula torda). El caso es que logró acojonar a la profesora, pero ésta tuvo suerte y el resto de la clase salió en su defensa haciendo callar al energúmeno. La profesora llevó el caso al Consejo y estos decidieron llamar a los padres (mis tíos). Pues bien, en la reunión mi tío casi acaba en comisaria por intento de agresión...

    ¿Creéis que hay ley educativa capaz de acabar con esto?

    Saludos

  6. K, estoy de acuerdo contigo, pero tiene que haber algo más. Mis padres también fueron un absoluto fracaso y yo jamás llegué a esos extremos. De hecho, los padres de la mayor parte de mis compañeros de instituto también lo eran y "nuestra" mayor hazaña fue que un profesor (que por otro lado, estaba algo desequilibrado) se prejubilara despues de que le pusieran un marcapasos.

    Antes, cuando tus padres eran un fracaso, buscabas una alternativa. Tal ahora ya no la hay.

  7. Patricia

    Estoy de acuerdo con la mayoría de vosotros, en considerar que la culpa de tanto fracaso y tanta violencia (física y verbal) en las aulas la tienen los padres. Pero el problema es realmente complejo.
    Como opositora al cuerpo de profesores de secundaria, este tema me llega y me envuelve lo suficiente como para estar preocupada...cuando la gente te pregunta a qué estás opositando, se ha pasado de decir; que complicado o no sois muchos?, a; y no te da miedo? Pues sí, un poco, pero supongo que en este caso gana la vocación...en fin esta es otra cuestión.
    Yo creo que este problema viene dado por un cúmulo de circunstancias. Primero los profesores, que aunque hoy por hoy tienen las de perder ( por Dios como no voy a defenderlos!) también hay mucho profesor inepto (difiero de ti Polidori, dejas ver que todos tus profes han sido muy buenos...) todos hemos tenido algún profe al que le hubieramos dicho cuatro cositas, pero esa es la diferencia, aunque lo pensaramoss no te atrevías a decir nada, supongo que por respeto, y lo único que hacias era quejarte en casa, donde tus padres ya se encargaban de calmar los ánimos y de decirte que no te creyeras tan lista, antes de seguir con esto hay otros puntos que hay que tener en cuenta.
    La segunda circunstancia ( voy de menor a mayor problema), es o son las leyes de educación, en fin esto si que es complicado, la oposiciones salvo raras excepciones no suelen sacarse a la primera, teniendo en cuenta que el examen es cada dos años, es muy posible que inviertas de cuatro a ocho años en prepararlas, presentarte...en ese tiempo podemos cambiar de ley de educación tres veces como ya ha pasado, esto es muy indignante, esto quema a los opositores pero más aún a los profesores que no saben por donde andan, con lo que acaban pasando del tema, y todo para nada, las diferencias entre las leyes respecto al asunto que nos ocupa son mínimas, al final, todas las leyes son practicamente iguales, los cambios; a peor, porque a los chavales no les beneficia.
    En tecer lugar los alumnos, cada vez mas consentidos, cada vez más influenciados por televisión, series de moda con el rebelde como líder (parece mentira que esto que suena tan tópico haga tanto daño)...los chavales cada vez se creen más mayores (cuando me comparo veo que con 14 años era mucho más madura que las chavalas que tienen esa edad ahora), se creen con más derechos porque la democracia con todas sus cosas buenas que las tiene por supuesto, también ha hecho mucho daño, continuamente oimos hablar de la importancia de los derechos de todos y todas... no os podeis imaginar lo que puede llegar a manipular esto un chaval, que no sabe donde está la capital de España o cuantas constituciones ha tenido este país, pero sus derechos son intocables!!

    Y por supuesto la culpa es de los padres, como decía antes cuando llegabas a casa quejándote por mucha confianza que tuvieran tus padres en tí, por mucho que te conocieran y supieran que eras una buena alumna, siempre dejaban un margen de duda, siempre querían saber el por qué, y generalmente iban a hablar con el pofesor para solucionarlo, para oir su versión. Ahora lo que dice su hijo va a misa, ahora el niño es intocable, a su hijo no se le grita, a su hijo no se le castiga (que se habrán creído estos profesores...!!), antes el profesor era una educador que ayudaba en la educación de los hijos, incluso como especilista generalmente se tenía muy en cuenta su opinión, ahora el profesor es un enemigo, los padres van a hablar con los profesores y no lo ven como alguien que está para ayudar a que ese alumno aprenda, conozca, tenga curiosidad por la vida, pueda ser mejor persona, sino que lo ven como un enemigo (repito), van dispuestos a enfrentarse a él y a no asumir que la culpa sea también del niño, o de todos.
    Pero es que padre puede ser cualquiera, tu tienes un hijo y nadie te hace un examen de oposición, nadie te pide cuentas, puedes ser la persona más cafre (por no decir algo más fuerte) que podrás tener ese hijo...y no todo el mundo está capacitado para educar a un hijo, es así...

  8. Stephin

    Interesantísimo tu comentario, Patricia. Y estremecedor en alguna de sus partes, porque confirma lo que a muchos que ni somos docentes ni tenemos hijos nos vienen diciendo quienes conocen este tema de primera mano.

    Tampoco debemos llevar las cosas al extremo: supongo que ahora hay muchísimos chavales tan aplicados (o al menos, tan ajenos a la violencia) como éramos la gran mayoría de quienes nos educamos en la antigua EGB, y lo cierto es que antes también había alumnos gamberros y profesores puteados (yo recuerdo una clase en que le quitamos el peluquín al de música, y el pobre hombre la emprendió a flautazos con sus asaltantes).

    Lo que sí es verdad es que antes no se oía hablar de alumnos "cuasidelincuentes", padres amenazantes, denuncias por agresiones y estas historias. Si pasaba era algo muy aislado. Pero hoy da la impresión de que cualquier profesor tiene bastantes números para tener un problema grave si se le ocurre afearle la conducta a algún niñato consentido. Esto es inaudito e inaceptable, se mire por donde se mire.

    Parece intuirse de tu comentario que no le das tanta importancia a las leyes educativas, salvo por el desconcierto que generan sus continuos cambios entre docentes y opositores... Yo creo que sí es algo primordial, pues es la Ley quien debe proteger al profesorado y dotarle de instrumentos que refuercen su autoridad. Pero, claro, para eso hay que partir de una concepción previa de la "autoridad" y la "jerarquía" que no sé yo si hoy en día está muy clara en estos artefactos legislativos que se traen entre manos los políticos, que han convertido los centros de enseñanza en pequeños "parlamentitos" donde todo se decide siguiendo las reglas de la democracia deliberativa.

    Pues no, coño, ordenar la educación no tiene nada que ver con eso, que no es más que pervertir el sentido último de la democracia: precisamente si se quiere garantizar una educación democrática hay que procurar que todos accedan a ella en condiciones de igualdad, para lo cual es imprescindible el ejercicio de la autoridad y la jerarquía: si cualquier jode una clase cuando quiera y lo hace impunemente, porque no se le pude reprimir, ni expulsar definitivamente de la enseñanza, no hay democracia que valga: hay muchos con sus derechos pisoteados por uno o unos pocos.

    Claro que si para gran parte de nuestra ciudadanía la democracia es algo así como "yo no tengo ninguna obligación pero sí todos los derechos, y fundamentalmente uno: el de hacer lo que me salga de los cojones", pues tampoco podemos podemos pedir peras al olmo...

  9. Alonso de Palencia

    El día en que a un pedagogo se le ocurrió que un adolescente pajillero y con granos (como todos fuimos en alguna ocasión) no sólo podía autoevaluarse, sino que además también podría hacerlo con sus compañeros e incluso con su profesor, ese día se acabó la educación, porque se acabó con el obligatorio y necesario desnivel que debe existir entre maestro y alumno, entre quien da y quien recibe, entre quien enseña y quien aprende. ¿Que no es democrático? ¿Que no es políticamente correcto? ¡Nos ha jodido! ¡Han descubierto América! El problema de la pedagogía es que durante unos diez años se han creído en posesión del Santo Grial educativo, cuando en realidad nada (insisto: NADA) sustituye el contacto directo profesor-alumno... cuando el alumno no tiene puesto el I-Pod, claro. Los pedagogos, que tienen una función importantísima en la educación, no pueden pretender tener EL método, tener LA solución, porque cada maestrillo tiene su librillo, y esa es la única verdad universal en la educación. Aparte de que, al igual que en otras profesiones, no todo el mundo vale para ser profesor, al igual que yo, entre otros miles de ejemplos, jamás podría ser médico. El pedagogo puede ayudar en ciertos casos, en ciertas clases, con ciertos alumnos, al profesor; pero siempre, como diría ese gran poeta y sabio llamado El Koala, "cuando diga yo, no cuando quiera él" :-D

    Como más o menos todos habéis dicho los problemas, vamos a por las soluciones. Y aquí es donde chirría el asunto: el principal problema de la educación son las soluciones. Es decir, la educación va a seguir siendo un problema porque ninguno de los colectivos implicados tienen, ni colectiva ni individualmente, los arrestos necesarios para plantarse y aplicarle una solución tajante, ya que ninguno está dispuesto a asumir las consecuencias negativas de esa decisión. Me explico.

    El PP, que ha estado largos años gobernando, ni hizo ni va a hacer nada con el tema porque, en realidad, a los de derechas la educación pública se la suda ampliamente. Sólo se van a preocupar, y además por motivos puramente electorales, de que la Iglesia mantenga sus prerrogativas educativas y punto pelota. Sus hijos no van a institutos públicos: van a los Salesianos, después estudian en Comillas y hacen másteres y cománderes en Cambridge y en Georgetown si hace falta. Por otro lado, el gobierno del PSOE no va asumir la aplicación drástica de medidas educativas porque al día siguiente Federico, Pedrojota y sus acólitos de Radiobispo y el Mundillo tendrían otro ingrediente que echar a su profesión (crispadores), y ya la tendríamos liada. Cualquier medida drástica implica un coste electoral que, en un futuro de unos diez años, nadie va a asumir porque políticamente las cosas están muy equilibradas. Así que por ese lado, no hay nada que hacer.

    La culpa es de los padres, sí. Pero arreglar eso supondría arreglar el mundo y la sociedad actual, y no estamos para eso. Eso sí, el único apunte que yo haría es que no existe una generación de padres fracasados, sino un modelo de familia que no funciona, y eso es culpa de todos nosotros. El modelo de familia tradicional cristiana tenía sus defectos, pero funcionaba; nosotros le hemos roto sin buscarle sustitutos y eso ha hecho aguas una parte muy importante del futuro de nuestros hijos. Y lo peor es que no lo hemos hecho de forma consciente, pero a nadie parece importarle encontrar una solución. En la familia tradicional, con respecto a la educación, había un comando policíaco de acoso y seguimiento (la madre), ayudado por una red de espionaje efectiva (los hermanos, las otras madres), y luego una autoridad competente en materia de sanciones y castigos (el padre). Y todo funcionaba. Ahora nada de eso existe. Pero nadie se va a atrever a decir que una familia de dos padres y dos madres tienen también que repartirse estas funciones además de quién se encarga con el niño los findes que el otro se va con la otra a esquiar a Baqueira. Decir esto es impopular, claro, puede que hasta injusto para muchos padres que sí se ocupan de estas cosas. Pero la norma general es así, y denunciarlo es impopular. Nadie lo va a asumir.

    Los profesionales de la educación son los únicos que podrían hacer algo al respecto. Pero es complicado. En primer lugar, porque bastante tiene uno ya con prepararse las clases, vivir e intentar sacar lo mejor de cada alumno día tras día como para encima implicarse en comités y cosas asociativas, en los que uno la mayoría de las veces se deja la piel ante la incomprensión de familiares, amigos e incluso compañeros. Si por ese lado les comprendo, en donde no les comprendo es en su iniciativa individual. Aquí es el único sitio donde se puede ganar la partida. La autoridad es el único principio irrenunciable del profesor. En el "panfleto antipedagógico" que Stephin ha mencionado antes ponía un ejemplo rotundo, sacado de "El milagro de Ana Sullivan", en la que la profesora se pega con la niña hasta que ésta ha doblado la servilleta y ha puesto el plato sobre la mesa. Al autor se le criticó y se dijo que estaba justificando la violencia en las aulas, que si se volvía a la época franquista de la letra con sangre entra, y demás pijadas posmodernas.
    No. No es eso. El diálogo y el consenso siempre es preferible, pero cuando no hay otra salida, hay que afrontarlo y punto. Yo no justifico ni apruebo la violencia. Es más: en diez años jamás he tenido que utilizarla ni de lejos(también es cierto que yo enseño en Universidad y ahí las cosas todavía no son tan complicadas). Pero adelante. La autoridad hay que protegerla. ¿Que hay que acabar a hostias con un alumno porque nos amenaza en clase con pegarnos? A mí un alumno jamás me va a levantar la voz en clase y si me tengo que hostiar con él, me hostiaré (aunque me deje maltrecho). ¿Que hay que pegarse con el padre también? Se pega. ¿Que hay que ir a juicio? Se va. ¿Que se pierde? Se pierde. Cuando en vez de 10 casos de estos haya 10.000, el problema social será tan alarmante que a lo mejor los putos políticos empiezan a valorar otro coste electoral y se ponen con ello.

    Mientras tanto, tengan cuidado ahí fuera :-P

    Un saludo y perdón por el ladrillo.

  10. Stephin

    Me parece muy enriquecedora la visión que nos aporta D. Alonso (por cierto, espero que su fórmula heterodoxa y políticamente incorrecta para lidiar con alumnos violentos siga las pautas de la escuela de Dña. Whoopi Goldberg en "Una monja de cuidado". Porque si no es así debe dar más miedo que aquella enérgica cincuentona conocida por Sita Puri, que aterrorizó mis sueños preadolescentes y me hizo odiar el dibujo técnico para siempre jamás).

    Sobre todo me ha llamado la atención su reflexión sobre la carencia de un modelo de familia que pueda asumir con eficiencia las funciones que cumplía el católico y tradicional, en el cual casi todos nos hemos criado. Creo que cuando hablábamos del fracaso de los padres no nos dábamos cuenta de que la clave era la confusión de modelos familiares en la que los adultos de hoy llegamos a convertirnos en padres.

    En cuanto a los políticos, estoy de acuerdo en lo esencial. Creo que pocos de los miembros de este sufrido, incomprendido y pintoresco grupo social al que pertenezco(cuya norma de admisión es la de ir pidiendo disculpas de antemano a todo el mundo por considerar que el PP es un mal menor frente al PSOE y sus aliados -y comportarse en consecuencia en las urnas-. Jiménez Losantos nos llamaría "Maricomplejines"...) podrá negar que, si en algún ámbito el PP se acerca más a la imagen peyorativa de derecha intransigente y clerical que constantemente se le atribuye, ese es en el de la educación. Supongo que es consecuencia de su incapacidad para marcar distancias con la Iglesia católica. Sea por ello o por cualquier otra razón, pocas soluciones espero yo del PP para la educación pública...

    ...Y del resto, pues más o menos igual. Los nacionalistas tienen parecido concepto de la educación que Francisco Franco, el General Perón, Mao Zedong o Fidel Castro: instrumento de adoctrinamiento al cual destinar ingentes recursos públicos, para así configurar una sociedad a la medida de sus ensoñaciones. Y en cuanto al PSOE, pues creo que a la vista están los resultados de su política educativa: si el PP ha mandado ocho años, los otros han estado dieciseis en los últimos veinticuatro años.

    Además, es cierto que cualquier reforma en profundidad tiene que tener una perspectiva a largo plazo, por lo cual forzosamente debe ser impopular y "antielectoral". Y máxime si lleva aparejadas medidas espantosas desde la mentalidad posmoderna y políticamente correcta que hoy nos domina. Es más fácil inaugurar obras o ganar bolsas de votos a fuerza de subvenciones o créditos presupuestarios especiales...

    Sólo haría un matiz a lo dicho: en estos tiempos confusos y paradójicos se sorprendería D. Alonso de la gran cantidad de potenciales votantes del PP, lectores habituales del Mundillo u oyentes de Radiobispo que no podrían nunca pagar los estudios de sus hijos en los Salesianos o Comillas. Y en cambio, qué larga sería la lista de los vástagos de fieles al PSOE, el Paisete y la Cadena SER-MÓN matriculados en centros de tal alcurnia.

    A mí, cuando reflexiono sobre mi condición social y mis propias reflexiones y conclusiones de los últimos años, me aterroriza cada vez más verme reflejado en esa punzante y atinada expresión popular: "Eres más tonto que un obrero de derechas...".

    Sólo me consuela estar convencido de que nunca correré el peligro de quedar atrapado por el reverso tenebroso de dicho aserto, igualmente punzante y atinado: "eres más listillo que un niño bien de izquierdas...".

  11. Bendita vehemencia, querido Stephin. Es bueno y sano apelar a los maniqueísmos ideológicos de las actuales tendencias políticas para meterse con cualquier tema de portada, y es curioso ver como puede darse un giro al dicho que yo conocía de "no hay nada más triste que ser pobre y de derechas". Palabra de lector de Paisete (y al que encima le gusta ese "libelo")...

    Por cierto, no sabía yo que eras un "maricomplejines". Claro, que si no me diera urticaria escuchar según qué cosas no me pasaría esto.

  12. Poco tengo que aportar a todo lo dicho excepto la experiencia personal de mi propia madre (de quien, Polidori, ya te ha hablado varias veces) que estuvo de baja el año pasado por estrès intenso y depresión debido a lo desgastante de su actividad docente (y añado que una compañera suya se sucidó, hablamos ya de cosas mayores). Ahora ha pedido una excedencia y está en otro trabajo haciendo una tarea más de oficina pero mucho más feliz: tiene menos vacaciones pero lo prefiere. Ahora no se pasa tooooodaaaaas las tardes corrigiendo ni los fines de semana preparando clases para que luego los alumnos no apreciaran absolutamente NADA. Ahora madruga más pero tiene más tiempo libre real y puede volver a sonreir.

    Besitos

  13. Stephin

    Gracias por los elogios, Polidori.

    Aunque no estoy de acuerdo contigo en que El País sea un libelo.

    Un libelo es libertaddigital.com (ultraliberal y antigubernamental -mientras esté el PSOE-), o El Triangle (por irme al otro espectro ideológico: nacionalista de izquierda radical), o el Sport, o el As (en sus respectivos ámbitos foroferos, que no deportivos). Incluso El Mundo, que es el que yo suelo coger del kiosko, se comporta a veces como un auténtico libelo, aunque no lo tengo por tal.

    El País no cae en esas cosas, por favor. Que aún hay clases... El País es pulcro, educado, mesurado, de tono y estética uniformes e inalterables. Como corresponde a una buena imagen corporativa. En este caso la que proporciona a través de su buque insignia en la prensa escrita el más gigantesco conglomerado de fabricación en serie de ideología de este país: el Grupo Prisa.

    ¿Un libelo? No, desde luego. Un periódico no tengo tampoco muy claro que sea, pero esto ya es materia de debates más enjundiosos.

  14. Lo que Vd. diga, Stephin, lo que Vd. diga. Yo no soy tan sufrido, incomprendido y pintoresco como usía.

    Definitivamente, estoy completamente lobotomizado por el grupo Prisa, a la sazón hacedor de pulcros, mesurados y sobre todo estéticos progre-pensantes.

    Si no me diera tanta grima el Mundillo a lo mejor podía hacer una cura de desintoxicacón... ¡Al final terminaría echando de menos a Aznar! Bueno, aunque últimamente se prodiga bastante, cosas que muchos agradecemos.

  15. K

    Allá voy, cual elefante en cristaleria...

    Stephin, lo siento pero no estoy de acuerdo contigo. Vayamos por partes.

    No creo que el problema que yo empecé achacándole a los padres se deba a ningún tipo de confusión de papeles ni a la pérdida del modelo católico de familia. En primer lugar, la generación de padres a la que yo culpo de fracasar estrepitósamente son unos tipos metios en la cuarentena, que nacieron en las décadas finales de la dictadura y se educaron en ese momento convulso de la Transición o el final del franquismo. Los padres de estos vándalos de los que hablamos andan por encima de los 40 (casi todos) y esos nacieron como mínimo en el 66. ¡Vamos, toda la infancia bajo el franquismo! Esos padres que vivieron a caballo entre la represión tardofranquista y aquello que se llamó el destape (en la TV) Esos son los padres que tienen un cacao mental de narices que les lleva a no saber que hacer con sus hijos. Los que se debaten entre el autoritarismo que sufrieron y la libertad que mal entendieron.

    Para esos padres de los que hablo el modelo de familia está muy claro, es el de toda la vida. Ten en cuenta que para muchos de esa generación, sobre todo fuera de las grandes ciudades, la mujer no se ha incorporado al trabajo y sigue a frente de la casa. Ten en cuenta que muchos de ellos siguen siendo fervientes católicos de misa dominical (quizá esa sea la última generación de misa dominical) y los habrá que votarán a un partido a otro o a ninguno, ¡yo qué se!

    Es posible que ahora, en nuestros días, si se de esa confusión de modelo familiar del que hablas. Pero se da entre los treintañeros y ¿cuántos de estos conoces con hijos? Ha sido esa generación la que ha arrinconado el modelo tradicional de familia.

    Por otro lado, tampoco estoy de acuerdo en tu análisis sobre los modelos educativos. Nosotros, los treintañeros, somos hijos de la reforma educativa de Maravall (el primer ministro socialista de cultura) y no somos unos delincuentes en potencia, es más, de nosotros siempre se ha dicho que éramos la generación mejor preparada en años. De acuerdo que nuestra universidad no era la mejor del mundo y que nos ha costado Dios y ayuda hacerno un hueco en el mundo laboral, pero nuestro plan educativo no pudo ser tan malo a la vista de los resultados. Ni la violencia era algo habitual en nuestras aulas (y teniendo en cuenta lo que se movía en las periferias de las grandes ciudades en aquellos años es como para celebrarlo), ni el asentismo era tan elevado, ni amenazábamos a nuestros profesores, ni el fracaso estaba tan extendido, ni éramos tan cafres...

    Los chavales de los que estamos hablando tienen 12, 13, 14 años (algunos hasta menos, ¡no veas cómo está la primaria!) y con esa edad de la política educativa del PSOE han visto bastante poco, ¡sólo hay que hacer la cuenta!

    Me dirás que la reforma educativa del PP nunca se finalizó, y tienes razón. Pero lo primero que hizo al llegar al Gobierno en 1996 fue iniciar el proceso de reforma y empezar a modificar todo aquello que podía modificarse sin necesidad de aplicar la ley de reforma. En la década comprendida entre 1996 y 2006 un alumno cualquiera ha sufrido media docena de proyectos, reformas y contrarreformas educativas. Que eso pueda salir bien es pura utopía.

    Para mi hay dos culpables claros de la situación actual. Por un lado una generación desastrosa (los de aquellos que nacieron a principios de la década de 1960, si, los que estuvieron en París tirando adoquines con ocho años...) y por otro una mezcla imposible de sistemas educativos superpuestos que han acabado con cualquier atisbo de racionalidad en el sistema educativo.

    Puede que la actual ley de educación no sea la mejor del mundo, pero o la dejamos tal cual durante las próximas décadas o vamos a tener problemas más graves a los que hacer frente que a unos niños revoltosos en clase.

    Saludos

    PS: Lo siento por la vajilla :-)

  16. Stephin

    Polidori, la ironía y el cinismo son divertidos, pero en exceso empalagan, así que no añadiré más cucharadas...

    Quizá seré injusto o me equivocaré, y te pido que me disculpes si es así, pero también espero que aprecies mi sinceridad al decirte esto. Al fin y al cabo, con gente como tú o como K (otro rato te contesto a tu último mensaje) aún se puede discutir. Con otra mucha hace tiempo que he desistido:

    Con tu último comentario me reafirmas en una convicción que tengo desde hace ya bastante tiempo: que los prejuicios y los maniqueísmos están más extendidos y son más poderosos, influyentes y efectivos entre la izquierda que entre la derecha. Y me refiero a izquierda y derecha en su sentido más amplio y tópico, sin ninguna pretensión de precisión ideológica: hablo en sentido muy genérico de la derecha sociológica que pueden representar El Mundo o la COPE, y de la izquierda sociológica que encarnarían El País y la SER.

    Creo que tu grima confesada hacia El Mundo refleja ese prejuicio: o mucho me equivoco o en tu vida has leído El Mundo con cierta asiduidad ni pretendes hacerlo. Lo consideras un periódico carca, clerical, derechista, cuya lectura quizá nos haría añorar a Aznar, como dices en plan de cachondeo (en cualquier hemeroteca podrás comprobar que El Mundo ha sido muy crítico con Aznar en bastantes ocasiones. Por ejemplo, ante la guerra de Irak, durante la cual se posicionó claramente en contra del Gobierno).

    Yo no tengo grima hacia El País. Pienso que la grima es un sentimiento de asco y repulsión previo a cualquier contacto físico: lo que nos da grima nos hace taparnos los ojos si lo vemos y los oídos si lo escuchamos. Yo sí me acerco a El País. De hecho, y aunque casi nunca lo compre yo, sigue siendo el periódico que se lee en casa de mis padres (y aprecio mucho a algunos de sus artículistas, sobre todo de la sección de deportes). Y si mi valoración es negativa es producto de una reflexión crítica sobre su comportamiento como periódico más leído de este país a lo largo de dos décadas.

    No soltaré otro enorme ladrillo desgranando las decenas de ejemplos de los últimos años que podría poner de lo que quiero resaltar. Simplemente el tratamiento del susodicho Aznar es un ejemplo perfecto: en El País, leña y caricatura permanente haga lo que haga y diga lo que diga (hasta el entrañable Forges ya cansa en su obsesión con D. José María, aunque desde luego su muñequito con bigote tiene muchísima gracia. Otras gracietas de ciertos columnistas ya no tienen tanta), por mucho que ya no sea noticia. En ciertas ocasiones se lo tuvo más que merecido (como en la pijo-boda de su hija, en su discurso en falsete tejano, en su pésima y ensoberbecida gestión del 11-M o con ocasión de la última chorrada que ha soltado sobre Isabel y Fernando). Pero, joder, resulta que esta semana viene el Primer Ministro británico a España a darnos lecciones para resolver el terrorismo vasco y hete aquí que la estopa que valía para D. Jose Mari (el lacayo de Bush, el belicista de Irak, el que nos enfrenta con Europa, el ridículo aprendiz de vaquero, etc.) ya no vale para D. Toni. Pero, ¿no estaba también este en la famosa foto de los malísimos de las Azores? ¿Ahora resulta que es modelo de talante conciliador y catedrático en pacificaciones?.

    Pues eso ha venido haciendo exactamente El País desde hace ya demasiados años: maniqueísmo, simplificación y tendenciosidad unidireccional (El Mundo ha criticado muchas veces al PP. A veces muy duramente. En El País es inverosímil que eso suceda con el PSOE. A lo sumo les dan un azotito cariñoso y les dicen "PSOE niño malo. Eso no. Eso caca"). Las portadas de El País en los días de los recientes accidentes de metro de Valencia y del tren de Palencia ilustran perfectamente lo que digo.

    Por eso a mí, que procuro reflexionar y ponderar a la hora de formar mi opinión, lo único que me saca de mis casillas y me hace ser vehemente (y sarcástico, como bien sabéis en este blog) es que tanto ciudadano bienpensante se escandalice y se rasgue las vestiduras en nuestros días con el éxito de la COPE o de Libertad Digital. Es cierto que crispan. Es cierto que en ellos no hay ninguna pluralidad. Es cierto que resultan tendenciosos e irritantes. Pero, ¿de qué se queja tanta alma cándida horrorizada? Simplemente han aprendido de El País y la Cadena Ser, sus maestros, de los cuales se han convertido en los perfectos reflejos especulares. Con un estilo distinto, es verdad, con menos finura y más brocha gorda, pero con la misma concepción de fondo. De la misma manera que José Ramón de la Morena quiso y consiguió convertirse en el nuevo José María García, aunque las formas fueran opuestas.

    Frente a esos medios hiperpolarizados, El Mundo, aunque obviamente se define como periódico de tendencia liberal y cercano a la derecha política, todavía conserva cierta pluralidad, cierta pretensión de independencia, cierta capacidad para dar voz a ideologías divergentes (sólo hace falta leer su versión catalana para comprobarlo), aunque tampoco puede negarse que muchas veces se le ve el cartón (y la billetera) al calvorota de su mentor. Sólo por eso lo compro de vez en cuando. Por eso y por cierta nostalgia de la vocación periodística que un día tuve y nunca llegué a desarrollar. También podría no leer nada escrito por otros para no contaminar mi propio pensamiento, pero me temo que no estoy tan formado como para caer en esa jactancia intelectual.

    Con este estado de cosas, me temo que hoy en día sí que hay riesgo de que aflore una mayoría social prejuiciosa, maniquea y simplificadora en apoyo del PP y sus medios afines, entre la cual sea muy habitual escuchar opiniones como "Si no me diera tanta grima El País a lo mejor podía hacer una cura de desintoxicacón... ¡Al final terminaría echando de menos a Zapatero!".

    A día de hoy creo que eso no es así. Que la mayor parte de la opinión pública de derechas es más autocrítica, objetiva y exigente con los suyos que la de izquierdas. Que es probable que un simpatizante del PP sea crítico con su partido y acabe votando al PSOE en las siguientes elecciones (de hecho, eso hicieron dos millones de votantes en el 2004), pero bastante improbable que un simpatizante del PSOE acabe votando al PP, salvo que un GAL, un Filesa, un Mariano Rubio o un 18% de paro hagan casi imposible votar a su partido.

    Pero si esa mayoría aflora (o si a lo peor ya ha aflorado) desde luego no fueron ellos quienes empezaron.

  17. K

    Hola Stephin

    Se que Polidori nos va a matar por convertir su blog en un foro de debate político, pero ¡qué le vamos a hacer!

    No voy a discutir sobre la imparcialidad de los medios de comunicación, es un tema que no me interesa lo más mínimo. Gracias a muchas cosas en España tenemos diversos medios de comunicación que pueden decir, más o menos, lo que quieran. Partiendo de ahí, que cada cual escoja el que le apetezca.

    Lo que si te voy a discutir es tu último párrafo. ¿De verdad piensas que la derecha es más autocrítica que la izquierda? ¿de verdad crees que hay un número significativo de votantes del PP que se han pasado al PSOE? Lo siento, pero no es verdad.

    En las elecciones de 2004 el PSOE obtuvo 11.026.163 de votos y el PP 9.763.144 , sobre un censo de 34.571.831 y con una abstención de 8.416.395. En las de marzo de 2000 el PP obtuvo 10.321.178 y el PSOE 7.918.752 sobre un censo de 33.969.640 y una abstención de 10.630.166. En marzo de 1996 el PP obtuvo 9.716.006 y el PSOE 9.425.678, en un censo de 32.531.833 y con una abstención de 7.359.775. En las de 1993 el PSOE obtuvo 9.150.083 y el PP 8.201.463, sobre un censo de 31.030.511 y una abstención de 7.311.695 . Perdón por la ensalada de cifras.

    Desde 1993 a 2004 el censo creció en 3.541.320, la abstención se movió entre los 7 y los 10 millones; y los votos del PSOE entre los 7 (casi 8) y los 11 millones mientras que los del PP oscilaron entre los 8 y los 10 millones. Con esto encima de la mesa es insostenible tu idea de que el electorado del PP se pasa al PSOE cuando no está de acuerdo con su partido. Los número cantan, querido Stephin, y su canción suena a que los votantes del PSOE se quedan en casa cuando no está de acuerdo con su partido.

    No es casualidad que al abstención más alta, año 2000, coincida con el menor número de votos para el PSOE y el mayor para el PP. Los tres millones de votos que ganó el PSOE en las últimas elecciones no pudieron proceder de votantes descontentos del PP (el PSOE ganó tres millones y el PP perdió apenas medio millón) procedieron del mayor censo electoral de nuestra historia. Es decir, gente que no había votado nunca votó y votó al PSOE (también gente de otros partidos, pero en pequeños porcentajes)

    No es asumible la idea de que "la mayor parte de la opinión pública de derechas es más autocrítica, objetiva y exigente con los suyos que la de izquierdas." Y las pruebas de las he dado antes. En PSOE llegó hasta los 7 millones de votos en 1996, en plena explosión de todos los escándalos políticos del mundo mundial; sin embargo, el PP apenas perdió medio millón de votos tras todos los errores cometidos en su segunda legislatura en el poder.

    Para terminar, creo que prácticamente ningún votante del PSOE o el PP vota al contrario por muy mal que lo haga su partido. La diferencia está en que mientras los socialistas no votan los populares siguen apoyando a los suyos contra viento y marea. A eso se le puede llamar de muchas formas, pero no autocrítica y objetividad.

    Saludos

    PD: Los datos son los oficiales que facilita el Ministerio del Interior.

  18. Queridísimo Stephin:

    Sé que cuando las cosas desvarían es normal que se pierda el hilo de lo que se estaba diciendo, pero puedo asegurar que después de leer la excelente aportación a este "debate" de Alonso de Palencia no pude por menos que torcer el gesto cuando, en el segundo párrafo de tu intervención, apelabas a "mundillos" y "paisetes".

    Querido Stephin: lo siento, siento reconocerlo, no soy afiliado, ni tengo carnet, pero soy simpatizante de ese partido que tanto denostas, creo en su labor a pesar de sus errores y leo con asiduidad (incluso en el trabajo, pues es una de mis fuentes para actualizar los datos que necesito para mis menesteres) ese periódico al que tanto odias. Y cuando, sin venir a cuento (créeme; no tenía nada que ver con el tema del post, ni ese post iba sobre los "grupos de presión informativa", sino sobre la educación) comenzaste el maniqueísmo (irónico también, te recuerdo) de quiénes eran buenos y malos me diste en la línea de flotación, y de la misma forma que algunos saltan cuando le mentan a su madre, yo también salté por algo que, con todos mis respetos, creo que no venía a cuento al hablar de los problemas de la educación de nuestros adolescentes. Admito mi culpa, y creo precisamente que mis opiniones no vienen, desde luego, desde una reflexión crítica como la tuya, y seguro que estaré equivocado en cientos de cosas, pero lo mismo que se defiende a tu equipo favorito en tu deporte favorito, también se defiende el periódico que lees o el partido político en quien confías porque te toca muy de cerca. E intentar comprender al Madrid cuando eres del Atleti, o al Barça cuando eres del Espanyol, pues como que va a ser muy difícil, ¿verdad?

    Esto es un blog, y precisamente este blogger no pretende crear polémica por crearla. No es un blog político, pero está abierto a cuantas intervenciones, propuestas y debates sean necesarios que existan. Por supuesto que estaré siempre encantado de que mis queridos lectores (y en algunos casos muy queridos amigos) intervengan comentando todo lo que quieran (para eso precisamente están los comentarios), pero, querido Stephin, cuando sueltas los dedos encima del teclado y opinas sobre aquello que te asalta la mente, tengo o no a veces mucho que ver con el tema del post, es difícil quedar impasible, sobre todo cuando eres "el hacedor" y responsable del asunto.

    Así que, bienvenida la ironía, esa que no empalaga, pero bienvenida también la mesura. Si este blog, este post termina hablando de pedrojotas, prisas y lossantos cuando pretendía hablar sólo de lo mal que están las aulas, sea, porque así tiene que ser así; pero si se estira la cuerda siempre sale lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Esa es nuestra esencia. Y si se ataca se defiende, pero lo que sí se debe tener claro es lo siguiente: si este blog es ecléptico por pura esencia (si repasas los temas que toco a fuer que me darás la razón) y si comienzo un post diciendo que no es mi intención crear polémica, al menos debes comprender que me defienda si se crea.

    Punto y seguido, que el punto y aparte es más antipático.

    Y gracias sinceras por estar ahí. Eso siempre.

  19. Stephin

    "no soy afiliado, ni tengo carnet, pero soy simpatizante de ese partido que tanto denostas, creo en su labor a pesar de sus errores y leo con asiduidad (incluso en el trabajo, pues es una de mis fuentes para actualizar los datos que necesito para mis menesteres) ese periódico al que tanto odias"

    Que no, joder, Polidori... que no odio a El País, como creo que he explicado suficientemente... Repito por enésima vez que lo suelo leer con cierta asiduidad, porque es el que siempre se ha comprado y se sigue comprando en casa de mis padres. Y no podría opinar sobre él sin conocimiento de causa.

    Yo los odios y los amores, las filias y las fobias que no son producto de la reflexión sólo me las permito en cosas inocuas o anecdóticas como el fútbol, el cine o la música pop.

    Lo único que me irrita y me dispara la adrenalina (y, en compensación, me activa el mecanismo irónico para mejor canalizarla, que no es cosa de andar a hostias físicas o verbales con nadie) es la hipocresía de quienes sólo ven la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio.

    De quienes propagan la jeremiada esa de que La Cope, El Mundo y compañía son quienes están crispando y encabronando a este país, y sin embargo no son capaces nunca, nunca, pero absolutamente nunca, de hacer la más mínima crítica ni reproche ante cosas tan absolutamente abyectas como la que te voy a poner más abajo.

    El montaje fotográfico al que se refiere Arcadi Espada en su blog lo publicó El País el miércoles 11 de octubre. Es el Grupo Prisa en su más pura esencia. No insultan, no llaman a nadie "maricomplejines" ni "indecentes", no acusan a nadie de estar pactando con asesinos o propiando la destrucción de España... No, eso sólo lo hacen los fascistas ultramontanos, la ultraderecha esa que resurge amenazante por doquier catapultada desde el PP, según Zapatero (a ver si me deja unos prismáticos... debo andar corto de vista).

    Ellos son limpios, pulcros, mesurados... pero ideológicamente demoledores: ya están convenientemente igualados los agresores y los agredidos, quienes coaccionan y quienes son coaccionados. Quienes siempre dan hostias y quienes siempre las reciben, aunque en un gesto de hartazgo comentan la osadía de intentar devolver alguna (por supuesto, ya han pedido el cese inmediato del tipo ese que protegía a Acebes al que se le escapó la mano). Ya está sembrado el campo de odio para que en la primavera electoral florezcan felices peluqueros barceloneses que se pasan una hora y media diciendo que "sí, está mal que los peguen a los del PP, pero que se jodan y no vengan a Cataluña" (esto lo viví hace un par de semanas). O dulces amas de casa que, agarradas al codo de sus apacibles maridos, suben por las escaleras de la FNAC comentando que "¿y se quejan esos del PP por lo que pasó? Más les hubiera dado yo. Que se larguen de Cataluña" (esto es del mismo miércoles por la tarde).

    Mierda limpia, mierda pulcra, mierda mesurada. Mierda socialdemócrata, como agudamente la define hoy Arcadi Espada en su blog. Sólo discrepo con él en una cosa: él afirma, no sé si ingenuo o irónico (me decanto por lo segundo), que nunca pensó que El País y la Ser llegasen tan lejos... Yo hace mucho tiempo que estoy convencido de que son capaces de eso y de mucho más.

    Lógicamente, D. Arcadi, como yo mismo, también debe ser un criptofascista:

    "La prensa socialdemócrata trata hoy de taponar las vías de agua de los últimos descubrimientos sobre el carácter y la conducta de los socialistas catalanes. Respecto a la participación de un concejal socialista de Martorell en las agresiones contra Piqué y Acebes, opta por el silencio. Pero ante la expulsión del partido socialista de un joven dirigente no puede hacer lo mismo. Es entonces cuando pasa a la acción, con todo lo que lleva dentro, y presenta el vergonzoso montaje fotográfico de la izquierda. (Foto: El País Cataluña. Pdf: El País, edición nacional). Arriba un joven, arreglao pero informal, vibrante pero educao, casi parece dialogar con Acebes. Han buscado la foto del golpe que le dieron a Acebes en la clavícula, pero no ha habido suerte. Dommage. Abajo se ve el brazo del secretario de organización del PP catalán apartando violentamente a un agresor: EL EMPUJÓN. “El secretario de Organización del PP catalán, Xavier García (derecha), golpea a uno de los manifestantes que portaba una cacerola”, dice el texto.

    Este es el mundo socialdemócrata y estos sus rasgos fundamentales. Unas gentes llegan a un lugar público para hablar de política. En la puerta les han organizado, con la colaboración por pasiva de la policía, unas horcas caudinas. Insultan: hijo puta, lárgate, mierda, fascista. Golpean cacerolas: en la boca del oído de los que pasan. Les zarandean, les golpean, los fríen a toquecitos subterráneos en el estrecho pasillo, cada vez más agobiante. Los que pasan aguantan. El límite está, naturalmente, en el dolor. El umbral del dolor, que es diverso. Uno de los que pasan, frito, extiende su brazo y se abre paso. La secuencia. El PP también pegó, dice la Ser. Pura justificación del terrorismo. Nunca pensé que llegasen tan lejos.

    Bullshit, en efecto, como dice Cebrián. Mierda limpia, la socialdemócrata"

    www.arcadi.espasa.com

    Y, por supuesto, espero que tu blog, Polidori, siga siendo hospitalario con discrepancias, divagaciones, digresiones y demás licencias que nos permitimos sus visitantes. Para mí eso es enriquecedor, siempre que no se traspasen ciertos límites. Y quien no opine así no tiene más que dejar de seguir leyendo.

    Otro rato que tenga libre contestaré a K sobre su último mensaje respecto al tema educativo.

  20. Perdón: el mensaje anterior de Stephin me aparecía marcado como "spam" y no me había dado cuenta hasta ahora. Acabo de subirlo, pues.

    Lo siento, Stephin

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