A fuerza de ser estentóreo
... y cuando una mañana de lunes se mal abre con la visión de un motorista tirado en el suelo de la M-30 (y me recuerda lo chalados que están algunos de mis correligionarios de las dos ruedas y lo poco que se respeta a los motoristas, hasta límites insospechados), y el tiempo es inclemente por el inusitado calor del veranillo de san Miguel, cuando todos estamos preparados-listos-ya con todas nuestras prendas de abrigo estiraditas en el armario. Cuando este fin de semana me han ocurrido cosas fascinantes, cosas inusitadas. Como que un cabrón de niño (espero que no fuera ni adolescente) acertó desde una ventana con un huevo que afortunadamente no estaba podrido en plena moto, y echó al traste el que llegáramos al cine a tiempo. Mal quiste le salga en las partes nobles (y no voy a entrar ahora en más polémicas sobre la educación de nuestros cachorros, porque cabrones los ha habido siempre, toda la puta vida, que diría Nacho Vegas)
.
Porque este viernes me he comido el atasco más estentóreo de mis últimos años como conductor, con casi tres cuartos de hora perdidos en la inmensidad de una M-30 cambiante, cual serpiente que muda su piel diariamente en tramos que afloran y desaparecen como si fueran riachuelos desbocados tras una crecida; un atasco también estentóreo, decía, como mis pensamientos, pero... a las tres de la madrugada. Son cosas de este mi Madrid, el Madrid de la Gran Vía y Cibeles desangrada en hordas de transeúntes noctámbulos desde todas las venas que van a parar a la arteria más hermosa del mundo, aún más hermosa en estos tiempos de límpidos cielos azules de un otoño cálido y desacostumbrado. El pulso se la ciudad se demuestra siempre fascinante, pero sea quizá ahora, en esta pausa amable que nos da el tiempo antes del crudo invierno, cuando más se disfrutan los paseos por las calles, cuando aún se aprovechan las terrazas y el mundo parece contener el aliento a punto de una nueva carrera contra las estaciones. Lástima que en Madrid el otoño sea simplemente testimonial.
Y repasando, repasando, la prensa (dánosla hoy, y cada día, Señor) de este agosto, recordé una de las noticias que más me llamaron la atención este verano, fuera de la nueva invasión del Líbano, los tan traídos y llevados "pecadillos" de juventud de Günter Grass, las terribles (¿y necesarias?) noticias de portada sobre los enésimos casos de "violencia doméstica" (¿por qué no los llaman asesinatos, simplemente, y dejan de sacarlos en portada, para que no sirvan de ejemplo a otros descerebrados hijos de la gran puta?), el (bendito) Mundial de baloncesto o la noticia de que Saramago iba a escribir un libro de memorias.
[Y abro paréntesis, o corchete, pero entendedme lo que os digo: probablemente Saramago sea el personaje literario que más respeto de los últimos tiempos y el que más a gusto leo, pero... ¿por qué ese empeño de todos los autores de escribir sus memorias? Sí, ya sé que la mayoría de las veces es una cuestión impuesta por la propia editorial, pero... ¿por qué nos tienen que parecer interesantes las memorias de todos los personajes célebres? Entiendo que un estudioso bucee en la vida y milagros de un autor o artista que admira, pero, ¿cuál puede ser la razón para que un autor decida escribir un libro contando su propia vida?, ¿no es ese acaso el ejercicio de vanagloria más extremo que pueda concebirse? ¿Y si su vida no es interesante, sino que lo único interesante es el arte que sea capaz de destilar con sus manos, con su cabeza? No tengo ni idea de las cosas que hizo Saramago en su infancia lusitana, pero... ¿qué más me da? A mí déjame joyas como Ensayo sobre la ceguera o La caverna, y quítame el saber a qué edad dejó de sacarse los moco el bueno del niño José de Sousa.]

No, lo que más me llamó la atención fue el "culebrón Perelman", que Javier Cercas me ha recordado tan oportunamente este fin de semana en el EP[S]. Porque hay personajes que nadan a contracorriente, que odian la celebridad, que se alejan de las palmadas en la espalda de los prebostes de turno, que hacen lo que hacen por amor, no por su repercusión, y que maldita la gracia que les hace ser famoso. Y creo no confundirme en este caso si afirmo que el caso de Grigori Perelman es verdadero, que su huir como de la peste de los medios, su negativa a recoger la medalla Fields (comparaciones: el Oscar, el Nobel, el Pulitzer de las matemáticas) porque lo consideraba una deshonestidad, porque le da urticaria cualquier acto social, y porque, en definitiva, no le da la más mínima importancia, me llaman poderosamente la atención. De hecho, aseguró que "no quería ser una mascota en el mundo de las matemáticas", y que no necesitaba otro reconocimiento sobre la validez de su trabajo, es decir, que si se entendía que la demostración del (ya) Teorema de Poincaré era cierta y se admitía así por el Congreso de la Unión Matemática Internacional, con eso a él le bastaba.
En este mundo de apariencias, OT, consumo de fama y estulticia cotidiana necesitamos más figuras como la de Perelman. Como cuenta Cercas, su amigo Yevgueni Damaskisnki ha dicho de él que es "un hombre ensimismado", y que "a veces da la impresión de estar un poco chiflado; [pero esto] no es un defecto, sino una cualidad propia de todos los buenos matemáticos". Tipos como éste, como Thomas Pynchon, como Terrence Malick, de los que no hay casi fotos, ni apenas datos de su biografía, te hacen pensar que a lo mejor no está todo perdido, ni que el mundo no es que se vaya a acabar, es que se ha ido ya hace tiempo a hacer puñetas. O es que quizá, como dice el bueno de K, en este mundo todos los tanques están en las manos equivocadas.

Disculpadme la estentoreidad, pero hay días en los que hay demasiadas ideas bullendo en el cerebro como para sólo describir una.
Os dejo con este Autorretrato reflejado en una esfera de Maurits Cornelis Escher. Viene que ni pintado como homenaje a las esferas tridimensionales de Perelman-Poincaré.

5 comentarios
Dispérsate cuanto quieras, es un placer leer tus pensamientos ordenados, desordenados e incluso sumidos en el caos, bienvenidos los pensamientos estentóreos y tambien los sigilosos.
Un beso,
9 oct 2006 | 07:20 PM
¿De verdad te gusta Saramago? No recuerdo haberme aburrido tanto nunca como cuando me leí el Memorial del Convento. Y Las intermitencias de la muerte me lo regaló una amiga mal informada sobre mis gustos y lo tuve que dejar en la página 25, harto de tanta inanidad trivial y autocomplaciente. Me parece un personaje ampuloso, convencido de su propia importancia, encantado de haberse conocido, que vocea como si fueran hallazgos personales y trascendentes los tópicos más manidos de la corrección política y de la progresía de manual. Y un escritor plúmbeo y perfectamente prescindible.
10 oct 2006 | 10:22 AM
Chicos, primero Van Gogh, ahora Saramago, ¡no me váis a dejar a ningún pope sin tocar! Pues no pienso entrar en el debate de si es o no bueno, que cada uno se quede con quien le apetezca. Sólo diré que quizá nunca nadie haya puesto las comas como él y, como decía un buen amigo, puede que sea una chorrada o la cosa más importante del mundo...
Por lo demás, plenamente de acuerdo con Albanta, Polidori di todo lo que te pase por la cabeza pq quizá los tanques no estén bien repartidos pero, sin duda, los cerebros si.
Saludos
10 oct 2006 | 10:40 AM
Ay, sólo por poder escribir o decir la palabra "plúmbeo" vale la pena sacar a relucir a Saramago... o incluso a Van Gogh. ¿Os dais cuenta?: PLÚMMMBEO. Es muy bonita, suena muy bien. Y, además, significa "pesado" y, sin embargo, suena a "pluma"...
Y es verdad, Polidori, son tantas las ideas con las que uno convive que cuesta escribirlas por tener que ordenarlas o, lo que es peor, seleccionarlas. Lo dijo Borges, "lo que vi fue simultáneo; lo que describiré sucesivo, porque el lenguaje lo es". O algo así.
Besos, y... ¡un brindis por tu estentoreidad!:
¡Güijky! ;-)
10 oct 2006 | 05:28 PM
Gracias a todos...
A Albanta por las alabanzas (un beso, guapa).
A Vanbrugh por las plúmbeas críticas a Saramago (que aunque no las comparto las respeto).
A K porque tú sí que tienes el cerebro bien repartido.
Y a Innes porque es un gusto verte y leerte (atinando, siempre atinando) por aquí. ¡Güijky!
11 oct 2006 | 11:22 AM
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