Fantasía para narrar lo inenarrable

Hay muchas formas de describir lo que se siente cuando sales de ver la pasmosa, espléndida e impactante nueva película de Guillermo del Toro, El laberinto del fauno. Hay muchas lecturas y muchas formas de ver esta película oscura, desasosegante y fantasiosa, pues también puede decirse de ella que es terrible, tremenda y, sobre todo, dolorosamente real. ¿Con qué quedarse? ¿Cómo asimilar tal estruendo de imágenes, sonidos e inclusive texturas que saltan de la pantalla, demostrando que el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a los efectos especiales ha dejado ya de ser un coto privado de los más poderosos? Pero lo peor de todo: ¿cómo asimilar que este cuento de hadas es el cuento de hadas más doloroso que jamás he tenido ocasión de contemplar?

Algo habrá que decir de la pulcra y acertadísima puesta en escena, con ese molino abandonado en un claro del bosque, donde se apostan las tropas franquistas, esa descripción de los personajes tan apabullante y esa espléndida forma de contarnos la trama, de nuevo como si de un cuento de hadas se tratara, y de nuevo también como si fuera un marco demasiado hermoso (el de la imaginación de una niña) como para contarnos un drama demasiado terrible que, en las manos, en el rostro, en la figura toda de Sergi López, queda terriblemente patente: el sadismo, la seducción por el dolor ajeno llevada a cabo por un malvado capitán del ejército poco después de la Guerra Civil.
Algo habrá que decir sobre la magnífica ambientación, de la creación de esa atmósfera irreal, tétrica, gótica de unos personajes de fábula, como hadas, faunos y monstruos terribles con ojos en las manos, que toman vida de una manera elegante y perfectamente integrada en la trama de la película, donde la realidad es aún más cruel y perversa. Y no es sólo acordarnos de Tim Burton, o de otros maestros de la ambientación oscura, sino es crear, desde la mirada de una niña aún inocente, un universo paralelo donde las más extraordinarias fantasías cobran vida de la misma forma que imaginábamos en nuestros sueños cuando éramos niños.


Pero... ¿y qué decir de los personajes, de los actores? El mencionado Sergi López apabulla, en una actuación que nada tiene que envidiar al Ralph Fiennes de La lista de Schindler. O una pasmosa Ivana Baquero que está muy creíble, a pesar de sus doce años. O una tremenda Maribel Verdú, en la línea de las grandes actrices clásicas del cine español que tan bien han sabido representar a las mujeres de la España profunda (y recuerdo, por ejemplo, a la tran traída estos días Terele Pávez por motivos más prosaicos, en su brutal Régula de Los santos inocentes). Y un emocionante Álex Angulo en su papel de médico rural demasiado comprometido. O una hermosa y angustiada Ariadna Gil, que ya está dejando de ser musa de juventud para entrar en una madurez espléndida, como mujer y como actriz...

No. Sobre todo quiero hablar de la opresión, de la pérdida de la inocencia, de la terrible descripción del dolor, de la supresión de la condición humana (si es que la humanidad no es dolor y crueldad), de la ruptura de las mínimas leyes de la dignidad, del drama que en tantos puntos del globo se ha repetido, pero que alcanza aún mayor cotas de terror cuando sabes que estuvo tan cerca, que ha estado en tu familia, y en las familias de tus amigos y demás compañeros de viaje.
Una cosa habrá que dejar clara: desmanes hubo muchos, todos lo sabemos, pero la terrible historia del sufrimiento de algunas zonas olvidadas (o pretendidamente olvidadas) de nuestra geografía y que fueron masacradas sin piedad (y tengo en la cabeza, por los datos que manejo desde hace años y los espeluznantes testimonios que he podido recopilar en los últimos tiempos, a la extrema Extremadura) no pueden quedar en el olvido. No en vano, con una de las cosas más terribles con las que amenaza el fauno a Ofelia es con perder la memoria y "convertirse en uno más de ellos" (espléndida parábola de lo ocurrido en nuestro herido país de posguerra).
Por eso, porque es nuestra responsabilidad, porque no estoy apelando a cuestiones políticas ni a determinadas lecturas (no, no van por ahí las cosas), sino a experiencias puramente personales. Después de escuchar las cosas que pueden escucharse sobre la terrible guerra fratricida que asoló nuestra nación de naciones, no dejemos que los niños, los adolescentes, no entiendan la película y sólo sepan decir "esto va sobre lo de Franco, y eso, ¿no?". ESTO ocurrió aquí, en esta misma tierra que pisamos. Esto tuvo lugar donde ahora descansan nuestras ciudades y nuestros parques naturales. Aquí se asesinó vilmente, y no siempre por aquello de que "en la guerra todo vale". Y no me refiero a gente más o menos comprometida, sino a ciudadanos que simplemente querían ayudar al necesitado o socorrer a sus seres queridos.
Así que pasemos página, sí, pero dejemos una flor seca para recordar lo que tendría que haber sido irrecordable.
Gracias, pues, Guillermo.



4 comentarios
Me ha encantado tu texto. También vi la película, la verdad es que me sorprendió porque no sabía bien lo que me iba a encontrar. Desde el primer momento entré en la historia tanto fantástica como real y pegada en la butaca estuve hasta el final.
Y tienes razón es el cuento de hadas más triste. Que mezcla en esa oscura ambientación una dura realidad que aunque pasada , es algo creo que no hay que olvidar. Porque fueron nuestras familias los que vivieron esos momentos. Es algo que estuvo, algo cercano y que nos llega.
Saludos.
25 oct 2006 | 09:46 PM
Yo no la he visto aún y tengo ganas, aunque con lo poco que voy últimamente al cine supongo que se me quedará para el video...
...Leí una carta en un periódico matutino de estos gratuitos que me llamó la atención: era de una madre que decía que la publicidad de la película le había engañado, que la venden como un cuento y que la sala estaba llena de familias con niños que se encontraron con una película ciertamente dura en sus contenidos.
¿Puede haber algo de cierto en la denuncia de esa ciudadana?
A mí, desde luego, me sorprendió saber que la película era explícita y descarnada, y viendo los trailers que dan por la tele también tengo la impresión de que me están publicitando una película "para todos los públicos".
No obstante, si su clasificación no es "para todos los públicos" la señora o cualquiera en su situación no tiene derecho a quejarse (ahora mismo desconozco ese dato).
27 oct 2006 | 12:33 AM
Querido Stephin:
Desconozco si la peli se ha vendido como un cuento para niños, pero si es así, ha sido un grave error. Desde luego, no sólo no es para niños, sino que es para adultos con buen estómago.
Ve, si puedes, a verla y juzga por ti mismo.
Un abrazo
27 oct 2006 | 11:13 AM
Juzgaré en cuanto pueda, lo prometo.
...Pero hasta que vaya a ver lo del Fauno voy a recordar el anuncio aquel del detergente ("¿y a quién se lo ha dicho?Pues a mi cuñada Candelas y a mi vecina Remedios") y a gritar todo lo alto que pueda:
¡¡¡¡¡¡¡¡PEQUEÑA MISS SUNSHINE!!!!!!!!!!
Creo que es de justicia gritar bien alto el nombre de la mejor película que recuerdo en mucho tiempo. Y, desde luego, la mejor comedia con actores reales que he visto en la última década (dejo al margen obras maestras absolutas como Shrek o Monstruos S. A.).
Y creo que es de justicia gritarlo bien alto porque el sábado, apenas una semana después de su estreno, sólo se podía ver en tres o cuatro cines de Barcelona. Ya no estaba en la cartelera de los grandes multicines y nos vimos obligados a cruzar la ciudad mi señora y yo para poder verla en uno que aún la mantenía (en la sala más pequeña y esquinada).
Es tierna, divertida, hilarante, emocionante, caústica, terrible por momentos... Es la mejor sátira que recuerdo sobre ciertas enfermedades crónicas de la sociedad norteamericana. Y al mismo tiempo es un gran, enorme, maravilloso homenaje al cine del país donde mejor cine se hace, eligiendo uno de sus géneros más reconocibles: la "road-movie". Enorme Greg Kinnear (su personaje es un tipo tan estúpido y aborrecible como enternecedor), espléndida Toni Collette (de nuevo le dan un papel de madre puteada por la vida, pero de nuevo lo borda sin repetirse, genial Alan Arkin (de la escuela de los grandes secundarios) y sobrealiente hasta el desconocido compositor de la banda sonora, tan extraña y emotiva que es capaz de alegrar y entristecer al mismo tiempo (tal que el "Funeral" de The Arcade Fire).
Hace años una insignificante película inglesa, estrenada casi en la clandestinidad, se abrió paso en el corazón del gran público a partir de un lento pero incesante boca a boca. Se llamaba Full Monty y quizá no fuera la mejor película de la historia. Pero sí es la única, en mi caso, que gustó a absolutamente todos los conocidos que la vieron (desde un abuelo católico y franquista hasta una amiga punki, pasando por primas veinteañeras y sobrinas preadolescentes).
Nada me alegraría más que sucediera algo parecido con esta pequeña joya.
31 oct 2006 | 01:15 AM
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