Flores para todos los santos
Flores frescas sobre tumbas nuevas. Y sobre tumbas viejas. El cementerio era un hervidero de deudos portadores de ramos para todos los santos. Grandes, pequeños, ostentosos o discretos. Color sobre el frío mármol, sobre la fría piedra y el frío cemento. Flores como las que ilustran este post, como las que llevábamos en las manos.

Flores recién cortadas para tumbas añejas de santos tan viejos envueltos en musgo espontáneo.

Flores nuevas para santos anónimos.

Flores olvidadas, decrépitas, flores más que secas, desvitalizadas, deshidratadas, fosilizadas y demasiado altas como para poder cambiarlas con frecuencia a los santos más inalcanzables.

Flores para santos perdidos y tan abandonados como algunas tumbas abiertas y olvidadas, inútiles por ser receptáculos de la nada.

Flores discretas, singulares, como si florecieran espontáneas entre las hojas de un libro imperecedero, escrito para dos amantes esposos.

Y flores para santos inocentes que descansan en un pequeña, minúscula losa en el suelo de un rincón perdido, en un pasillo del cementerio, como si la infancia fallecida fuese demasiado fúnebre, demasiado dura incluso para un camposanto, demasiado cruel para un hermoso, amplio y arbolado patio. Tumbas que necesitan del olvido del destierro post mortem, donde aún acuden desde hace más de setenta años deudos perseverantes que alinean claveles blancos sobre los despojos de su partida.

O flores para algunos santos que, como ángeles, aún no tenían ni nombre.

Pero también flores para el santo autor del primer poema que todos aprendimos.

Y flores, muchas flores para un santo con nombre de barrio rosa como ninguno.

Flores para un santo que fue gran actor dramático ya casi olvidado por el paso del tiempo.

O para uno de los santos pintores románticos más aventajados de España.

O para una santa, anciana poeta y estudiosa filóloga, capaz de escribir premonitorios versos como los que os reproduzco debajo.
Realidad, terrible azote
del alma que mundos crea
con ese eterno don Quijote
que sueña su Dulcinea.
Soñar ¡donosa locura!
soñar que un ángel se encierra
en la pobre vestidura
que ha de pudrirse
en la tierra.
Despertemos. ¿Qué es la vida?
Festín de cuervos hambrientos.
¿Y el alma? Hambrienta rendida
que devora sentimientos.
¿Y el cielo? El espacio, nada.
¿Y Dios? El vano anhelar
de la humanidad cansada.

Y, sobre todo, flores frescas, flores de hoy, para el santo "Fígaro" de las letras, para el más cansado de los humanos, para un terco hombre de pluma y desesperanza que puso una pistola en su sien con tan sólo veintisiete años. Un hombre, pues, harto en su juventud, un crítico sensible que, pocos días antes de su muerte, nos dejó el siguiente texto sobre la obra cimera de Juan Eugenio Hartzenbusch.
Si oyese decir que el final de su obra es inverosímil, que el amor no mata a nadie, puede responder que es un hecho consignado en la Historia, que los cadáveres se conservan en Teruel, y la posibilidad en los corazones sensibles; que las penas y las pasiones han llenado más cementerios que los médicos y los necios; que el amor mata (aunque no mate a todo el mundo) como matan la ambición y la envidia; que más de una mala nueva, al ser recibida, ha matado a personas robustas, instantáneamente y como un rayo; y aún será en nuestro entender mejor que a ese cargo no responda, porque el que no lleve en su corazón la respuesta no comprenderá ninguna. Las teorías, las doctrinas, los sistemas se explican; los sentimientos se sienten.
Un literato joven, suicida, único al que Innes y yo hemos rendido un modesto homenaje, con dos rosas rojas sobre su nombre.


Flores frescas y tumbas viejas en un Madrid lleno de zanjas.
Tempus fugit.



4 comentarios
"–¡Necios! –decía a los transeúntes–. ¿Os movéis para ver muertos? ¿No tenéis espejos por ventura? ¿Ha acabado también Gómez con el azogue de Madrid? ¡Miraos, insensatos, a vosotros mismos, y en vuestra frente veréis vuestro propio epitafio! ¿Vais a ver a vuestros padres y a vuestros abuelos, cuando vosotros sois los muertos? Ellos viven, porque ellos tienen paz; ellos tienen libertad, la única posible sobre la tierra, la que da la muerte; ellos no pagan contribuciones que no tienen; ellos no serán alistados ni movilizados; ellos no son presos ni denunciados; ellos, en fin, no gimen bajo la jurisdicción del celador del cuartel; ellos son los únicos que gozan de la libertad de imprenta, porque ellos hablan al mundo. Hablan en voz bien alta y que ningún jurado se atrevería a encausar y a condenar".
"Día de difuntos de 1836", M.J. de Larra
Se le olvidaba una cosa: que ellos, los muertos, tampoco escriben. Lástima.
2 nov 2006 | 07:04 PM
Algunos, demasiadas veces los mejores, viven tanto que a los veintisiete años no les queda más desesperación que la muerte; mientras que otros, demasiados de todos los demás, no logran vivir nunca un momento de desasosiego.
Debe ser por ello por lo que regalamos más flores a los muertos que a los vivos. Quizá por eso les dedicamos un día al año, por la certeza de que al final formaremos en sus filas, y no se lo dedicamos a los vivos.
Parafraseando al homenajeado:
Vuelva usted mañana.
Saludos
3 nov 2006 | 12:12 PM
Hola:
Disculpa este off-topic.
Mi nombre es Javier Canteros y soy el asistente de Eduard Punset para los desarrollos de internet que su empresa, smartplanet, está llevando a cabo.
Te escribo porque veo que en la lista de enlaces tienes un link al blog de Punset (¡muchas gracias!). La dirección que está puesta desaparecerá en pocos días. La hemos cambiado por www.eduardpunset.es/blog (ya está funcionando) y es la única que estará vigente dentro de algunos días. Te agradeceríamos que la cambies para que los lectores de tu blog no se encuentren con un link roto.
Muchas gracias y un saludo.
_________________________
Javier Canteros
Gestor de contenidos web
Smart Planet, S.L.
Bruc, 72-74, 6ª planta
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Tel. (+34) 93 272 41 21
Fax. (+34) 93 215 67 46
http://www.smartplanet.es
3 nov 2006 | 01:27 PM
Estimado Javier:
Gracias por la advertencia. Cambio el enlace enseguida.
Saludos
3 nov 2006 | 01:40 PM
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