Hablemos de sexo
Porque sí, porque ya iba siendo hora. Y porque es el tema. Por encima de todos los temas. Es el motivo central de conversaciones, debates y programas de televisión.
Y empecemos por lo primero: la norma básica es que no hay normas. Al menos ya no las hay. Hombres. Mujeres. Lo importante, lo único importante es cumplir los deseos, los propios y los ajenos, cuando se pueda, teniendo en cuenta la desordenada vida que llevamos el común de los humanos. Buscar placer y encontrarlo satisface nuestros instintos, los primarios y los no tan primarios. Pero...
Hay una floreciente industria dedicada a ello. Y sesudas facultades que lo estudian. Podemos llamarlo pornografía, o podemos llamarlo como queramos: erótica, psicalipsis, hardcore y cientos de nombres más. Y si atendemos a la satisfacción personal, aquella que tiene que ver con ser o no acólitos de Onán, sería estúpido no partir de ello, y no admitir que una parte importante de nuestra existencia cotidiana gira en torno a la satisfacción de nuestro propio deseo. La masturbación, en todas y cada una de sus vertientes, es algo que, por incómodo que pueda parecer a algunos, y más en ocasiones confesarlo, significa el punto de partida básico de aquello que conocemos como sexo. Pero...
Si queremos definir el sexo de una manera medianamente lógica y sensata, debemos avanzar un peldaño y admitir que sólo se puede hablar de sexo, de sexo "de verdad", cuando dos o más personas vencen las barreras que delimitan su cuerpo y entran en comunicación con otros, para satisfacer no sólo sus necesidades, sino las de las personas que se juntan, se acoplan para unirse en una comunión de deseos. Es decir, aquello de "hacerse pajas está muy bien, pero follando se conoce gente". Pero...
¿Qué leyes marcan esa comunicación? Si son dos los cuerpos que se unen, una cama, una mesa, una silla, el suelo, la taza de un wáter, una bañera, el alféizar de una ventana, una banqueta, el césped, el asiento de un coche, el capó de un coche, la encimera de la cocina, un banco en un parque, un sofá, un sillón, un columpio o un potro de torturas pueden ser lugares idóneos para satisfacer, de cualquier forma posible, nuestros deseos. Pero...
¿Es el sexo sólo deseo? ¿Qué hacemos si la persona que está en frente es a la que amamos, de cualquier forma posible? ¿Cuál de los dos sexos es más válido, el sexo con o sin amor? Sexo sin amor... ¿acaso no es ese el sexo que se nos vende cotidianamente? Existe hoy día (o mejor dicho, existe desde tiempos inmemoriales) todo un entramado, incluso sórdido y prohibido, de lugares dedicados a vender una forma de sexo rápida y "sin complicaciones" que arrastra a un buen número de usuarios cada día, y más los fines de semana. Existe la "profesión" del sexo, que abarca desde los actores de los supuestos sueños del hombre moderno (no sería la primera vez que veo u oigo a alguien decir que su mayor aspiración en la vida es ser actor o actriz porno) a personas cuyo modo de vida es prestar su cuerpo para que otros consigan el placer pagando por ello. Es tan viejo como el mundo. Pero...
También se venden lugares para practicarlo. Incluso sólo para verlo. Cines porno, sex shops, barras americanas, saunas, locales de intercambio, o ferias industriales... Miles de negocios tienen como finalidad principal servirnos sexo, sea éste del tipo que sea, y en ellos se accede para satisfacer cualquiera de nuestros deseos. En la mayoría de los casos, y sobre todo en aquellos en los que la discreción no sea una frontera necesaria, se produce la curiosa paradoja de ser los locales más iluminados de la ciudad, pero también los más oscuros, si me queréis entender. Pero...
Gastamos buena parte de nuestro tiempo en "ligar". Alcohol, tabaco y otras drogas corren en cientos de miles de locales de todo el mundo en donde, además de cumplir con nuestros ancestrales ritos de fomento de la amistad, también buscamos a otras almas a las que unirnos en eso que llamamos "tener relaciones". A veces, o la mayoría de las veces, se mide la conclusión de una noche de diversión en la consecución o no de un "triunfo", en saber si hemos "triunfado". Incluso en los anuncios se nos vende la imagen de un señor o una señora (preferentemente el primero, qué le vamos a hacer) que, chaqueta al hombro, se despide del recién estrenado amante y pasea por la ciudad con esa sensación que se tiene cuando, después de una noche "de esas", parece que las calles huelen y suenan distinto, como recién horneadas, y caminas sin prisa, eufórico por tu buena suerte y por haber dejado durmiendo a tu partenier. O lo contrario, claro, con el mal sabor de boca por volver solo, sin haberte "echado nada a la cara". Pero...
No hay leyes escritas, no. Ni edad. Maduras con jóvenes, maduros con jóvenes, adolescentes, jovencitos, de mediana edad, muy maduros, ancianos... Desde que sentimos, muy adolescentes, la primera pulsión del deseo sexual, nuestra vida es una carrera de obstáculos que se mide precisamente en la altura de éstos, como si nuestros amantes llevaran en la frente un código de barras con la calidad o el valor que alcanzan en "el mercado". Casi sin limitaciones. Una chavala de trece años puede unirse a un chaval de doce. Otra cosa es que un persona madura se líe con una niña o un niño, pues entonces hablamos de delito, corrupción de menores y peredastia. Pero...
Algunos límites son más laxos. Que un hombre o una mujer de cuarenta y cinco o cincuenta años se una con un joven de diecisiete, de dieciocho, de veinte, de veintiuno, no es ni mucho menos pederastia. El joven tiene edad legal para hacerlo. Otra cosa es que sea una relación equilibrada, pues la diferencia de edad no es intrínsecamente mala, pero si puede serlo la experiencia, su ausencia o su exceso. La persona madura sabe que, por mucha madurez que demuestre la persona tan joven, no tiene aún criterio para saber si eso que está haciendo es realmente lo que quiere o no (con esa edad puede parecer maduro, pero no lo es). Algunas relaciones, por muy consentidas que sean, pueden marcar a la persona inmadura, por muy en aras de su experiencia que se haga. Y no hablemos si en esa relación se ejerce con cualquier tipo de ejercicio de poder, ya sea económico, de posición social o intelectual. Pero...
¿Qué culpa tienen si es el sexo que se nos vende? La gente se queda, al igual que se queda con el coche, con la lavadora o con la lejía que ve en los medios, con el sexo que se le mete por los ojos, no con el sexo que más le gusta, o el que más le conviene. El sexo que busca no es el que se imagina o el que llega como fruto de su experiencia, sino el que observa, ya sea en las edulcoradas películas de Hollywood o en los filmes porno más duros. El ser humano folla como se le ha enseñado, no como quiere o sabe hacerlo. Adopta, inconscientemente, las posturas, los gemidos, los jadeos, los ritmos y hasta los ademanes o las muecas que ve en la pantalla, que rastrea en Internet, donde la sumisión y el estereotipo imperan. Pero...
Se aprende también, por encima de todo, la teoría de llenar agujeros. Da igual que sea sexo heterosexual u homosexual. El caso es "tapar huecos". Cualquiera. La boca, la vagina o el ano. No hay película, porno o no, en la que el acto sexual no sea una búsqueda de llenar vacíos, con un pene erecto, un objeto de plástico o unas bolas chinas. Con estos antecedentes, en el amor heterosexual u homosexual masculino la única premisa obligatoria es que los vasos sanguíneos del pene deben estar perfectamente repletos de sangre endurecedora, sangre eréctil que haga que el sujeto se "trempe". Si no chungo. Se acabó, no se puede ir llenando huecos en la vida sin un buen pene llenito de sangre que satisfaga al hueco receptor. Y no olvidemos que el amor lésbico es todavía una anécdota en la industria del porno, y pasa algo parecido en la mercadotecnia asociada. Las lesbianas sólo cuentan con sus propia imaginación y algunos aparatos clásicos (y creo que siguen siendo tan felices). Pero...
Si hablamos de tamaño de penes, la cosa se complica aún más. La famosa premisa de que "el tamaño no importa" es una de las mayores leyendas urbanas que existe. Señores: sí importa. En el caso homosexual por ser sobre todo un fetiche, y porque en realidad el tamaño en el ano es menos importante (importa más la capacidad de dilatación del susodicho). Y en el caso heterosexual porque, salvo excepciones (me niego a llamarles aberraciones) la justa medida es la adecuada. Un micropene, según sé, es como meter un dedo meñique, apenas nada. Y un pene exagerado, tanto de grosor como de longitud, es incómodo, inabarcable e incluso doloroso. Parece ser que las medidas que se barajan son entre diez y veinte centímetros; menos o más de eso es un problema. Pero...
Habrá que hablar, pues y también, de impotencia, o de falta de potencia propia de la madurez. En este caso llegamos incluso a anuncios como el que os reproduzco, en el que un hombre cincuentón abraza a una joven que a duras penas cumple los treinta y en el que reza el lema de "problemas de erección". ¿Por qué coño no han puesto a dos personas de la misma edad? Todos sabemos que los problemas de erección llegan a cualquier edad, pero parece que sólo afecta a aquellos hombres maduros que pretenden mantener una relación sexual "satisfactoria" con una jovencita que puede ser su hija. Pero...
Una vez que se admite todo esto que llevamos dicho hasta ahora, elijamos. Sexo oral, sexo vaginal, sexo rectal... ¿Qué es el sexo sucio y el sexo limpio? ¿Acaso, cómo diría el gran Woody, el sexo no es sexo de verdad si no es sucio? O como diría un conocido cantante, sólo se conoce bien lo que es el sexo cuando se aprende bien a dilatar. De acuerdo, a menudo la mayor de las ternuras cabe en el más oscuro, sórdido, sucio y bajo de los deseos, así es que nadie puede poner trabas ni limitaciones a lo que puede o no excitar al contrario, ni menos a lo que puede ser satisfactorio. Pero...
¿Nos doblegamos al poder del orgasmo? Eyaculaciones y climax contorsionistas. Vemos en las películas gemidos y suspiros de todos los gustos y sabores, pero... ¿no son del todo punto irreales? El orgasmo que inunda nuestras pantallas es también una vacua y fantasiosa imagen de un ideal que pretende ser el de todos nosotros, pero que se antoja la mayoría de las veces una ridícula y grotesca farsa. El orgasmo se convierte en la meta, pero pocos parecen poder alcanzarla (me refiero al unísono) porque pocos pueden, quieren y saben. Bajarse al pilón, saber acariciar, tomarse el tiempo necesario, hacer lo que la otra persona busca, algo parecido a lo que le gusta hacerse ella misma, o directamente dejarle que se estimule mientras se continúa "en el tema". Hay un dicho que asegura que no hay "mujer insatisfecha, sino hombre inexperto". Cambiad el género de la persona y podremos decir lo mismo de los amantes homo. Siendo así, ¿es el orgasmo un fin o una consecuencia? Pero...
El sexo se aprende. O mejor dicho, se aprende el sexo con la experiencia. El sexo de los jovencitos lúbricos termina siendo el sexo de las parejas anodinas, que ni saben ni pueden saber de sexo, como no saben ni pueden saber de elegancia y gusto en el vestir, o del comportamiento fuera de los centros comerciales: porque no conocen otra cosa. El sexo que perpetran es un mero remedo de lo que han visto en las películas de la televisión, o en alguna que otra porno que, en ese caso sí, confunden más que ayudan. Para ellos el sexo de "pin-pan-pun" es el que han tenido desde que en el mundo han estado, y hablarles de otra cosa no hace más que confundirles. Pero...
En el extremo contrario, de los que saben hacer del sexo un juego, no cabe más que decir que se encuentran en el buen camino. No quiero recordar aquí las tesis del doctor López-Ibor, que incluía a la homosexualidad, tanto masculina como femenina, dentro de las "aberraciones sexuales", junto al sadomasoquismo, la necrofilia, zoofilia, gerontofilia, pedofilia y otras "filias". El límite del placer sexual es, a menudo insospechado. En cabezas como la mía no caben los gustos por follarse a un muerto o a un animal, menos (ya se ha mencionado) tirarse a un niño o niña, pero del resto de prácticas sólo podré añadir que me cuesta asimilar una relación sexual que incluya vejaciones o gusto por el dolor; y todo ello sin dejar de admitir que algunas prácticas "leves" puedan ser más que satisfactorias, pero no puedo pasar de un pequeño azote, un pellizco o un leve mordisco. Por ello, las prácticas llamémoslas "extremas" no dejan de ser prácticas sexuales, eso es cierto. Limítrofes, sí, pero prácticas, al fin y al cabo.
Llegados, pues, a este punto, concluiremos que, al fin y al cabo hablamos de sexo, y cada uno piensa de manera particular. Hay tantos sexos como practicantes, y tantos tipos de sexo y tantas formas de entenderlo como personas en el mundo son y han sido (y llevamos una buena pechá de millones). No puede juzgarse qué sexo es bueno, y cuál es malo. No puede hablarse de perversiones ni vicios, ni de ejercicios de poder siempre que haya consentimiento. No puede decirse que alguien está "descarriado", o "metido en cintura", pues el sexo también responde a distintas etapas de la existencia.
Y llegados a este otro punto, deberá preguntarse este humilde blogger... ¿qué es el sexo para él? Pues el sexo es para mí una de las cosas más hermosas y fascinantes que pueden encontrarse en este mundo. No soy Casanova, pero tampoco un fraile asceta. No soy un experto en las últimas tendencias de la industria del sexo, pero tampoco me considero una persona poco iniciada. No soy un asiduo de los "juguetes eróticos", pero no he despreciado, llegado el caso, su uso. Pero por más años que pase, por más experiencia que atesore, por más polvos que haya podido echar en mi vida, por más y más que lea, escuche, vea o huela sobre el asunto, si alguien me pregunta qué es el sexo, el verdadero sexo, el que arroba y enloquece, el que hace traspasar los límites de la realidad, contestaré sin lugar a dudas que es aquel que practicas cuando sientes que el amor traspasa los tuétanos de tus huesos y crees que podrías morirte en brazos de la persona amada. Y lo que se haga mientras sólo importa a esas dos personas que se aman. Eso sí, una caricia a tiempo puede ser mucho más placentera que el mejor de los orgasmos.
Pero claro, si se quiere, se puede seguir buscando experiencias. Para eso estamos en este mundo.
¿No?
Polidori dixit.

8 comentarios
Has esbozado una panorámica muy completa sobre todas las realidades, sean sórdidas o placenteras, que engloban esas cuatro letras tan buscadísimas en Internet.
Respondiéndome a mí mismo idéntica pregunta a la que tú te hacías al final del post, diré que para mí el sexo es algo que tiene bastante menos importancia de la que esta sociedad en la que vivimos parece darle.
8 nov 2006 | 10:47 AM
Querido Stephin:
Efectivamente, sólo lo he esbozado, porque hay tanta literatura sobre el tema que hasta hacer un post de cinco hojas de word como éste se queda al final en casi nada.
Y estoy completamente de acuerdo: el sexo no es tan importante como nos quiere vender esta sociedad. Y me explico: "ese" sexo que se nos quiere vender no es importante, al menos no para mí.
Otra cosa es si el sexo tiene o no importancia.
Si es dentro de una relación, mucha, muchísima, afirmaría yo.
Si es fuera de una relación, relativa, puesto que poner de acuerdo a dos personas, aunque sea por una hora, es de por sí bastante difícil, pero ponerlas de acuerdo para que encima disfruten de lo que están haciendo (y sepan cómo hacerlo, claro) es ya casi milagroso. No obstante (y esto da para otro post) la importancia que tenga para cada uno el sexo "esporádico" es, por supuesto y también, muy relativa. En mi caso puedo decir que, como diría un gallego (si me permitís el chiste), "depende".
Un abrazo.
8 nov 2006 | 12:00 PM
Buf, hoy, como estoy haciendo cosas mecánicas en el trabajo, puedo perder más tiempo "blogueando"... pero tampoco mucho más, así que seré muy breve:
Sí, estoy de acuerdo en que el sexo tiene importancia en una relación, y no creo que merezca la pena discutir sobre si es un poco más o un poco menos. Pero creo que no es lo más importante: estoy convencido de que el mal sexo o su ausencia pueden ser inconvenientes sobrellevables en una relación de pareja (aunque sea difícil sobrellevarlos), y que es bastante posible (de hecho, creo que es muy habitual) que se vaya a la mierda la relación de pareja pese a tener un sexo muy satisfactorio.
8 nov 2006 | 12:38 PM
¡Uf, lo que ha dicho!
Efectivamente, el mal sexo es sobrellevable en una pareja, pero la convierte en lo que son muchas de las parejas que conozco: parejas completamente anodinas. Y de esas hay a patadas, vamos, para parar varios trenes.
Y me temo que no conozco ninguna pareja en mi vida que se haya roto por tener un sexo muy satisfactorio. Al contrario, creo que el sexo insatisfactorio es un motivo bastante habitual para que se vaya a la mierda una pareja (o se busque el sexo en otro lado, lo que no deja de ser malo para la pareja; al menos en mi humilde opinión, que me cuesta creer eso de las "parejas liberales" o que "no basan su relación en el sexo"). Así que me cuesta creer que todas esas parejas que mandan a la mierda una relación lo hagan desde la perspectiva de una relación sexual satisfactoria. Más bien habría que plantearse qué entienden ellos por una relación sexual satisfactoria (y desde aquí no tengo más remedio que remitir al texto de mi post).
En este tema si que entraré al trapo. Todo lo que haga falta.
Abrazos.
8 nov 2006 | 01:39 PM
Yo tampoco puedo estar de acuerdo contigo, Stephin. Que el sexo en una pareja no sea satisfactorio, o simplemente, que no lo haya, me parece un claro indicador -aunque no el único- de que algo no va bien en muchos otros niveles. Es la punta de iceberg de un problema mucho mayor. Que la gente lo sobrelleve, por otro lado, no me parece indicador de nada, más allá de un cierto temor a abandonar la calma chicha y a enfrentarse con el problema: ya sea suyo, del otro, o de la relación.
8 nov 2006 | 06:27 PM
Iba a decir exactamente lo que ya ha dicho Danae. No creo que, en una relación, la falta de sexo o el mal sexo sean en sí mismos un problema (que también), sino un indicador de que existen otros problemas graves o, directamente, que ya no existe nada, ni problemas ni todo lo contrario. Y, también estoy de acuerdo, en que el hecho de que a la gente eso no le parezca importante no es más que pereza: pereza para reconocerlo y pereza para asumir cambios en la vida.
Por otro lado, difícilmente se tendrá sexo muy satisfactorio si la relación de pareja no es buena. Puede ocurrir de forma aislada, supongo, pero dura poco: es insostenible estar bien o estar mal con la pareja dependiendo de lo que estés haciendo con ella.
8 nov 2006 | 06:43 PM
Por propia experiencia, puedo decir que el "mal sexo" en la pareja es reflejo de que algo no funciona bien. Si a ello le sumamos otras problemáticas, lo más probable es que la relación acabe fracasando.
Un tema fundamental es la comunicación con tu pareja, muchos problemas se deben a que no se habla lo suficiente, también hay personas muy egoístas, que sólo buscan satisfacer sus deseos, sin tener en cuenta a su pareja.
Saludos
9 nov 2006 | 10:52 AM
Uno de los mejores pots que he leido en mi vida. Glorioso. Tienes más razón que un santo. Aunque ¿qué sabrá un santo de sexo?
Un saludo.
16 nov 2006 | 06:39 PM
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