La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Porque sueño yo no lo estoy

Porque sueño yo no lo estoy
Porque sueño, sueño
Porque me abandono por las noches cuando sueño
Antes de que me deje el día
Porque no amo
Porque me asusta amar, ya no sueño
Ya no sueño

Aquí la dama, la audaz melancolía
que con grito solitario hiende mis carnes ofreciéndolas al tedio
Tú que atormentas mis noches
cuando no sé qué camino de mi vida tomar
Te he pagado cien veces mi deuda
De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de una sombra de la mentira que tú misma me habías obligado a oír
Y la blanca plenitud no era como el viejo interludio
y sí una morena de finos tobillos que me clavó le pena de un pecho punzante en el que creí y que no me deja más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad

E iré a descansar con la cabeza entre dos palabras en el valle de los avasallados

Hay textos que escribimos en una hoja de papel y que quedan ocultos en nuestra memoria hasta que la casualidad más desmemoriada acierta a encontrar por accidente, insertos en las páginas de viejos libros o viejos álbumes y cuadernos olvidados en un cajón o en el fondo del armario. Viejas cartas perdidas, confesiones inconfesables y textos a los que la modestia quita valor literario.

Como le ocurre a Léolo, para quien sus pensamientos, atormentados o rabiosos, terminarán en los anaqueles anónimos de un viejo "chiflado" y domador de versos (que porque sueña tampoco lo está) que los preserve del olvido sujetos con una de esas gomas elásticas con las que tirábamos postas cuando éramos pequeños.

¿Cuántos textos desaparecerán en sótanos y buhardillas? ¿Cuántos en papeleras y casas que arden o se quedan sin dueño?

Sólo los chiflados lo saben.

3 comentarios

  1. K

    Muchos, muchos más que muchos.

    Todos los que pare la melancolía y la maldita modestia condena al olvido; todos los que nacen hijos bastardos de un noche oscura y la vergüenza al ridículo. Todos los que duermen en cajones sueños que no merecen. Todos los que los chiflados regalan a una posteridad anónima, injusta y eterna.

    Lo dicho, demasiados.

  2. Cuanto talento desperdiciado por los rincones del olvido.
    Gracias por rescatar algo de él y compartirlo.
    Besos,

  3. domaverso

    Ha sido publicada al castellano, la traducción de El valle de los avasallados.
    No todo se olvida y menos esta novela, con la que su autor Réjean Ducharme, obtuvo el premio a la excelencia literaria con tan solo 25 años.

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