La Coctelera

Las manos en los bolsillos

David Sylvian: el último romántico. Versión 1ª: aquellos postpunks

La música está tan metida en nosotros, en algunos de nosotros, como la propia sangre de nuestras venas. Infinidad de canciones me traen a la memoria infinidad de sensaciones y recuerdos, y hay músicas, y músicos, que me han acompañado desde casi mi niñez, tanto más desde mi adolescencia.

Este periplo que ahora empieza por la trayectoria vital y artística de uno de los músicos que más me han influido desde siempre, tiene necesariamente que pasar por algunas épocas que pueden parecer irrisorias para aquellos que se acerquen a éstas desde un punto de vista actual. La música, en muchas ocasiones, no tiene por qué ir acompañada de la visión, de la "pinta" que los músicos puedan tener para nosotros en la actualidad; es decir, que parece mentira que los cánones de "belleza" y "elegancia" hayan cambiado tanto en tan poco tiempo. El ejemplo que mejor me viene a la memoria es el de David Bowie. Si pensamos en la época de Ziggy Stardust, de esos tacones y esos ojos pintados, podríamos no dar crédito a una música excelente, más aún cuando el músico londinense está considerado como una leyenda viviente. Es por ello que pido algo de paciencia (y clemencia) para aquellos que no vean nada más atrás del año 95.

Por otro lado, aviso para navegantes: es éste un periplo personal sobre la vida de un músico que no tiene por qué gustar a todo el mundo. Puede resultar blando, pusilánime y lánguido por momentos (no todos, os lo aseguro), pero puede parecer también elegante, intenso, trascendental y pleno de matices para otros. Pero lo que nadie puede negarme (a no ser que quiera someterse a un careo eterno) es que nos encontramos ante una de las voces con más personalidad que pueda haber existido en el universo mundo de la música occidental actual. Y yo añadiría que una de las más bellas.

En resumidas cuentas, estamos hablando de David Sylvian, cantante, músico y compositor al que profeso una inabarcable admiración y una inquebrantable adhesión. Un músico por el que fui capaz de viajar, por única vez en mi vida por este motivo, al extranjero (ya os contaré en capítulos siguientes en qué momento) y por el que he sido capaz de gastarme mucho dinero en adquirir sus discos con tal de tenerlos en la mejor versión.

Avisados quedáis, pues. Y ya sabéis que, además, este es mi blog y me lo follo cuando quiero (Adastra dixit).

Sylvian nació once años antes que yo, en febrero de 1958, en Beckenham (localidad del condado de Kent), y su nombre de bautizado fue David Alan Batt. No sé nada de su infancia, y me imagino que no sería precisamente un niño pobre, pero tampoco es un tema que me preocupe demasiado. No se atisba en su música, precisamente, un componente reivindicativo de opresión, ni nada parecido. Más bien podemos decir que desde muy niño, fascinado por lo que veía hacer a los grandes músicos de la época, inmersos como estaban en el panorama musical del glam rock, al ya nombrado Bowie o a los New York Dolls, quiso ver en la música una vía de escape a su imaginación, y quiso convertirse en eso, en una estrellaza glamourosa que vistiera esos atuendos y tocara tan bien como ellos. Así, me imagino que después de dar la paliza a sus padres hasta límites insospechados, él y su hermano (Stephen Batt, que luego sería conocido como Steve Jansen), consiguieron un regalo muy especial: una batería y una guitarra, respectivamente.

Extremadamente jóvenes, pues las fechas de formación oficial del grupo fue 1974, ambos hermanos entraron en contacto con otros tres músicos igual de imberbes, Mick Karn (sobrenombre de Anthony Michelides, bajista), Richard Barbieri (teclados) y Rob Dean (guitarra), y crearon una de las bandas míticas de lo que vino en llamarse "nuevos románticos", aunque si preferís podéis etiquetarlos como "postglam-rock", "post-punk", "pop de sintetizadores", "tecno-pop", "rock postprogresivo" o si me apuráis "new wave" (sic) o, incluso "adult music". Ya veis, en esto del rock si hay algo que les guste a los críticos es poner etiquetas.

Lo cierto es que el quinteto, a poco que empezaron a ponerse de acuerdo, llegaron a dos conclusiones: estaban fascinados por el glam y adoraban la cultura japonesa. Así que formaron, claro está, Japan, y comenzaron un periplo cuya culminación, miren ustedes por dónde, fue una serie de conciertos que celebraron en tierras niponas. Pero antes comenzaron a ser reconocidos por canciones como "Communist China" o "Adolescent sex", ambas de su primer elepé homónimo, de 1978.

El grupo fue progresivamente tomando conciencia de que eran bastante "raritos" en eso de sus gustos, y sin duda alguna su influencia oriental se fue haciendo pasmosamente visible no sólo en su música, sino en la temática de sus canciones. Karn, por ejemplo, le dio un toque de biwa a su bajo, y fue subiendo el instrumento -me refiero al bajo, claro-, hasta colocarse muy alto, cerca del sobaco, lo que hacía que prácticamente pinzara las cuerdas, más que las tocara; además, acompañó sus movimientos con pasitos cortos, como si fuera una geisha. En los nombres de las canciones también puede apreciarse esa temática, como en "Quiet life" (en alusión al ritmo de vida oriental), "Gentlmen take polaroids" (en alusión a la tan manida costumbre de fotografiar todo de los nipones), "Still life in mobile homes" (sobre las famosas casas flotantes), "Visions of China" (sin comentarios) o "Cantonese boy" (también sin comentarios).

Lo cierto es que Japan obtuvieron bastante éxito sobre todo por un par de canciones, "All tomorrow's parties" de la Velvet y (sobre todo) "The art of parties" (ésta de su último disco en estudio, Tim Drum, de 1981), y que incluso llegaron a oídos de éste que os escribe a pesar de la escasa edad que tenía. A éstas hay que sumar dos baladas (si pueden llamarse así), "Ghosts" y "Nightporter", para completar el puñado de canciones más famosas del grupo. Todas ellas, junto a otras de nueva factura, fueron incluidas en el disco de despedida de la banda, Oil on canvas, grabado más o menos en directo en 1983. Y digo más o menos porque en ningún caso consta dónde fueron grabadas, e incluso se sospecha que algunas de ellas lo fueron en un estudio. Eso sí, cuando yo era aún un adolescente, conté con este disco como uno de los de cabecera, lo que os da una idea del tiempo que hace que le sigo, y sobre todo... ¡el tiempo que llevo escuchando música!

Para haceros una idea de cómo eran Japan, y no sólo en fotos, creo que lo mejor es que os adjunte un par de vídeos del bendito youtube. El primero de ellos, de la primera época, os dará una idea de las pintas que me llevaban en los primeros tiempos; y en el segundo podéis verlos en su apogeo, en la época final, donde más divos eran y donde más éxitos cosechaban. Y sí, lo sé, así no se debería coger un micrófono, pero os aseguro que ese sonido, ese modo de hacer música y esa estética (a la del Oil on canvas me refiero) para mí resultaban hipnóticos en aquellos años.

Para terminar con este primer capítulo, debo mencionar una amistad que ha trascendido los años y que en los primeros tiempos parecía algo más que una amistad: la suya con Riuichi Sakamoto. No es el momento de hablar de la sexualidad de David Batt; al fin y al cabo no nos importa, pero resulta curioso que a Bowie también se le emparentara "bíblicamente" con el compositor y músico japonés (lo mismo que le ocurriría algo después con Mick Jagger, acaramelados en su famoso vídeo "Dancing in the street"). Pues eso, no es relevante, pero sí que es cierto que parece ser que la amistad con el integrante de la Yelow Magic Orchestra se fue consolidando con el tiempo, y ha durado hasta el momento presente, como ya veréis un poco más tarde.

La primera de las canciones que os adjunto será precisamente la usada en el filme que unió a los tres, Feliz Navidad, Mr. Lawrence, donde Sylvian interpreta una canción compuesta por Sakamoto, que a su vez actuaba en la película junto a Bowie. Todo queda en casa.

Una cosa sí que es evidente: esta canción, a la que precedió "Bamboo music", inauguró una fructífera tendencia a la colaboración entre ambos, así como de Sylvian con otros músicos, algo que nos ha dado grandes satisfacciones a los fans de Sylvian.


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Acaba aquí el primer capítulo. Espero haber despertado vuestro interés, porque esto es sólo un pequeño aperitivo.

Pronto más.

4 comentarios

  1. Daniel

    Son las 23:50 del viernes 30 de noviembre de 2006, con 39 años en mis espaldas, mientras escucho a lo lejos a mi mujer conversar con mi hija de casi 3 años antes de dormirse, en esta paz, con un ventilador refrescando el ambiente.

    Doy con este re-encuentro con mi pasado.

    Te felicito por el artículo.

    Un abrazo, Daniel

  2. Daniel

    Perdon, la emocion me hizo equivocar deberia haber dicho viernes 1 de diciembre.

    Daniel

  3. Muchas gracias, Daniel. Te emplazo para que leas las otras entregas.

    Un abrazo

  4. Modesto Muñiz

    soy fan de japan y sylvian desde la primera vez que escuche "the other side of life"..en 1980...sylvian ha sido y es mi artista favorito de todos los tiempos..no hay nada que haya hecho que me parezca poco interesante....tuve la suerte de hablar con el en 2001 en Malaga..y te aseguro que fue uno de los mejores dias de mi vida...saludos
    Modesto

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