La Coctelera

Las manos en los bolsillos

Escaparates, hordas y luces navideñas

Neones, bombillas, estelas luminosas y mucho frío. La ciudad se transforma en una enorme tienda en la que todo se vende en aras de la supuesta ilusión. El consumismo alcanza grados alarmantes, y en los centros comerciales (custodiados por la policía ante la presencia de una manifestación antisistema) hay extraños clientes ataviados con cuernos de plástico que se iluminan con bombillitas.

Y yo miro las bolsas que hieren mis manos en la fría tarde invernal y quiero creer que esto es lo correcto, lo que hace ilusión y lo que encamina a la búsqueda del amor fraterno.

Pero sólo pienso en las humeantes máquinas registradoras.

Y en la cabrona de la ciudad, que a pesar de los pesares luce un aspecto magnífico. Ved si no.



2 comentarios

  1. No me encontrarán en esas multitudes... No sé qué tienen esas aglomeraciones que me hacen llorar. De pequeña no me importaba, me encantaba el bullicio, los colores, la gente, el frío en la orejas... Pero dsde hace poco tiempo me desespero. Hay algo que me abruma y encoge, me hace huir de esos espacios públicos. Aún así, la ilusión permanece intacta.

    ¡Un abrazo!

  2. Pues si que etstá bonito Madrid si.....
    Estoy contigo, es todo un poco paradojico.

    Un saludo

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