Volver a los estrenos
Hace ya un año de este post en el que hablaba del 2005, y del balbuciente 2006. No me voy a enredar en mis acostumbrados circunloquios de aniversario, pues a poco que hayáis leído mi página sabréis que soy demasiado dado a ellos. Al fin y al cabo, aquellos buenos deseos los hago extensibles a esta misma fecha, con la sustancial diferencia de que probablemente tenga poco que ver el Polidori de ese primer día del año 2006 y el que ahora os escribe de los albores del (bonito dígito) 2007. No voy tampoco a extenderme en las cábalas y teorías nunca mejor dicho estentóreas sobre las beldades y defectos de los años pares, impares o que acaban en 7 (uno de mis números favoritos, mira tú por dónde), pero este ser algo más calvo y algo más viejo ha cambiado de visión, y aunque las ramas no dejen ver el bosque, puede afirmar que se siente más feliz y más esperanzado dentro de la desesperanza del mundo que nos ha tocado vivir.
Acabo de llegar de viaje, y que me perdone una bloguera de la ciudad condal por el escaso tiempo que he tenido y que me ha impedido poder verla, pero debo confesar que he estado en Barcelona, y he podido despedir el año desde aquella hermosa tierra. De lo bonita que estaba la ciudad sólo puedo añadir un par de testimonios a vuela pluma y apresurada instantánea. Helos aquí:


Madrid versus Barcelona. No sé cuál de las dos se pone más hermosa en esta época del año, a pesar del gentío, los patosos y las urgencias de los regalos. La Navidad ha corrido mucho ante mi puerta en esta ocasión, quizá algo abandonada por la premura vital de un cambio de domicilio en el que me encuentro inmerso (y al que aún le queda mucho, pero del que puedo afirmar que ya ha empezado, con todas las consecuencias que ello impone). Estoy, pues, cansado, pero agradecido por haberme visto rodeado de la gente que quiero, y feliz por lo que me sonríe este tiempo invernal y por los maullidos que mi gata no para de emitir y que me dan la bienvenida de vuelta al hogar.
Este año de La Coctelera se ha cerrado. Miles de cosas han ocurrido, y ahora suenan lejanas en aquel invierno pasado y ya olvidado, y en la amable primavera esperanzadora, y en los cálidos verano y gentil otoño que desplegaron sus nuevos vientos en mis sienes. Los agradecimientos a vosotros, mis lectores, fueron ya explícitos hace un par de posts, y del presente, de mis mejores deseos para todos, sólo me queda reproducir un mensaje que he enviado a mis mejores amigos y que también lo hago extensible a vosotros, mis compañeros de viaje y de cócteles jugosos, ahora que sólo deseo entregarme a Morfeo antes de que el despertador suene en mi primera jornada laboral del 2007. Allá va, pues, con mis más prístinos deseos:
Alguien escribió que hay vinos tan nobles que al beberlos sientes la necesidad de dar las gracias. Pues con uno de esos vinos lleno vuestras copas por ser tan afortunado de tener a alguien a quien dar las gracias. Si 2006 fue dichoso, aún más lo será el 2007. Tened confianza.
¡Salud!



2 comentarios
Feliz año, querido Polidori; feliz año a todos los demás.
Algunos años habría que pasarlos en brazos de Morfeo y no recordarlos sino como viejos sueños, mas otros, y espero que este sea el caso, habría que mecerse junto a Dionisio y Ariadna en una bacanal desenfrenada, valga la redundancia.
Abrazos
2 ene 2007 | 08:31 AM
La lectora de la Ciudad Condal no tiene nada que disculpar, los días tienen las horas contadas y hay que priorizar :)
Me encanta el optimismo que derrochas últimamente y sólo puedo desearte que no se acaben los motivos para tenerlo.
Un beso, mi buen amigo.
2 ene 2007 | 08:21 PM
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