La Coctelera

Las manos en los bolsillos

David Sylvian: el último romántico. Versión 3ª: el camino a Graceland

Toda vez que la anterior etapa de la carrera de Sylvian se hubiera cerrado esa manera tan brillante, los seguidores de su música aguardábamos con impaciencia cualquier noticia suya. Yo por esos años era un jovencito de veinte años que había entrado de lleno en la Sylvianmanía, e incluso dediqué, no sin esfuerzo, una buena cantidad de pasta en comprarme una joyita que se editó allá por 1989 y que tenía por título Weatherbox, una hermosa caja de cinco compactos con toda la discografía en solitario de Sylvian con los discos (agarraos) ¡serigrafiados! Me costó quince mil pesetas (para los que ya sólo piensan en euros, fueron unos noventa), y tuve que encargarla de importación a una tienda que todavía existe en Chueca y que se llama CD-King (y a la que mis amigos, con sorna, llamábamos “CD-Queen”, por el amaneramiento de su dueño). La conservo como un tesoro, no sólo por lo que contiene musicalmente hablando, sino porque es una maravilla (claro, que lo malo es que es sólo cartón y plástico; la era de los flexidisc y otras zarandajas aún no había llegado).

Supongo que por despiste o porque todavía había cosas que, si no estabas atento a todas las posibles noticias que podías leer en revistas y otras publicaciones (¿Internet?, no hijo, no, esas cosas todavía no existían, aunque parezca mentira, no había ni móviles), los siguientes trabajos de Sylvian se me pasaron completamente desapercibidos. Antes incluso de la aparición de esa Weatherbox, Sylvian publicó dos trabajos que fueron sendas colaboraciones con el músico polaco Holger Czukay, el que fuera bajista del grupo Can y del que ya os hablé en la anterior entrega. Describirlas no es fácil. Czukay y Sylvian realizaron dos elepés que, con los nombres de Plight & Premonition (1988) y Flux & Mutability (1989), fueron dos largos manifiestos de sonidos oníricos, delicados y, si me lo permitís, “atmosféricos” que incluían, como en los viejos tiempos sinfónicos, una pieza por cada cara que duraban entre dieciséis y veinte minutos. El sonido era muy similar al segundo disco que se incluía en Gone to earth, y de las cuatro piezas, alguna puede ser algo más pesada, pero sobre todo destaca para mi gusto “Mutability”, un hermoso canto que dura nada menos que veintiún minutos y que bien podría sonar a banda sonora del día después de un holocausto. En cualquier caso, nunca le perdonaré que en esta especie de “menosprecio de corte y alabanza de aldea” incluya en la parte interior del disco nada menos que ¡una foto de un pastor, con rebaño y todo! En fin, está claro que en esta época Sylvian estaba un pelín blandito.

Poco después, en 1991, tuvo lugar el regreso de Japan, camuflado bajo el nombre de Rain Tree Crow, disco al que sólo pude acceder mucho más tarde, cuando me compre el cd-single de la canción “Blackwater”. Lo cierto es que el tema es bueno, pero mejor lo escucháis vosotros mismos.


Powered by Castpost

Más tarde incluso tomé contacto con otro tema que si me parece espléndido, y que no he podido incluirlo en esta sección, pero que os lo recomiendo si podéis escucharlo. Se llama “Every colour you are”, y yo lo escuché por primera vez en directo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Poco después, en 1992, el sempiterno compañero de fatigas de Sylvian, Sakamoto, editó un disco muy especial llamado Heartbeat cuyo tema central estaba interpretado por el propio Sylvian y… ¿de quién era esa voz femenina tan peculiar? Pues por esa época nos enteramos también de que Sylvian ya no estaba solo… ¡se había casado! Y fue con una cantante brasileña llamada Ingrid Chaves, con la que comenzó a colaborar (evidentemente) con asiduidad y a la que os presento en este vídeo del bendito youtube, que da título al elepé y por el que confieso haber tenido una querencia enfermiza durante un buen número de años. Tengo recuerdos de ese año en los que me parecía una verdadera delicia recorrer la ciudad de noche con esta canción a todo lo que daba el equipo. Eran buenos tiempos...; sí, lo eran.

Poco después, en 1993, sin embargo, salió a la luz un nuevo Sylvian que nada tenía que ver con el de su etapa anterior. Bueno, nada, nada no, porque se hacía acompañar por otro ilustre músico, Robert Fripp, que ya había colaborado con él en Gone to earth. La verdad es que una primera escucha (porque esta vez sí que lo pillé a tiempo, y pude paladearlo a gusto) de The first day resultó demasiado árida, apabullante, pero desde luego podría decirse que las canciones, además de contundentes, sonaban tremendamente originales, y definitivamente distintas a lo que David nos tenía acostumbrados. Uno ya tiene años, pero no los suficientes como para haber escuchado a King Crimson en su momento, pero cuando descubres que su sonido tiene que ver mucho con lo que pueda escucharse en The first day comprendes hasta qué punto la “mano” de Fripp era patente. A todo ello había que sumar un denso entramado de percusión, bajo y otros instrumentos indescriptibles tocados por Trey Gunn y que se acompañaban de los personalísimos sonidos de la guitarra de Fripp.

Para que oa hagáis una idea os enlazo a esta gran canción llamada "Jean the birdman" que resume muy bien la filosofía de esta nueva etapa de Sylvian.


Powered by Castpost

Y con esta otra, titulada "20th century dreaming" os podéis hacer una idea de la potencia que podían llegar a tener ambos músicos cuando se empeñaban.


Powered by Castpost

Con toda esta información algún amigo mío me había reconocido que no le gustaba nada el “nuevo Sylvian”. Lo cierto es que yo tenía la cabeza dividida, porque era cierto que era demasiado “duro” para lo que nos tenía acostumbrados, pero también era verdad que el disco me atraía cada vez más, hasta el punto de convertirse en adictivo. Supongo que estaba madurando algo, musicalmente hablando.

El hecho era que por esta época una buena amiga mía estaba viviendo en Londres, y casualmente se enteró de una gran noticia: Sylvian y Fripp iban a tocar en el Royal Albert Hall. ¡El Royal Albert Hall! Eso es como ir a ver un partido de los Knicks al Madison Square Garden, supongo. El hecho es que esta amiga me comentó que por qué no me animaba y me cogía un avión. Y eso es lo que hice, mi novia de entonces y yo, ni cortos ni perezosos, nos plantamos en la capital de la Commonwealth dispuestos a, aparte de hacer algo de turismo, ir a ver al bueno de Sylvian a semejante auditorio. Aquí os dejo mi entrada...

Como todo no podía ser de color de rosa, a pesar de que le había rogado a mi amiga que no escatimara con las entradas, y comprara las mejores, lo cierto es que comprobé con horror que estábamos muy, muy arriba, casi en el gallinero. Me cabreé mucho, pero cuando la música comenzó a sonar se me quitaron todos los males. El sonido en el Royal Albert Hall es simplemente perfecto, y recuerdo el concierto con deleite, con un sonido contundente, limpio y magnífico. La noche fue, como era de esperar, mágica, y yo aproveché para comprarme un par de camisetas y el programa de mano, en el que me enteré que Ingrid y David esperaban una niña… ¡Cómo había cambiado el cuento!

Algún tiempo después mi gran amigo Torombolo me hizo un regalo que jamás olvidaré. Yo no sabía que Sylvian y Fripp habían sacado una edición en directo de la gira que yo acababa de ver, pero lo que más me sorprendió y me dejó perplejo fue que el disco, que acababan de poner en mi mano, era nada más y nada menos que la grabación que yo había escuchado en directo aquella noche, y que vosotros podéis disfrutar, con su espléndido sonido, si compráis (bueno, o lo buscáis, porque me imagino que ya estará descatalogado) Damage. En él se incluye esta pequeña maravilla homónima:


Powered by Castpost
Por cierto, la gira, como alguno ya habrá intuido por el nombre de este post, se llamó “The road to Graceland tour”.

Y hasta aquí esta nueva etapa. Dentro de poco más. Eso sí, os dejo con un par de vídeos del bendito de nuevo youtube, de “Jean the birdman” y un par de canciones de la gira. Que los disfrutéis.

Actualización del 26/1: Olvidé mencionar que en ese viaje a Londres, amén de los discos con Czukay que al principio mencioné, y alguna que otra joyita de, por ejemplo, Peter Murphy en alguna tienda de segunda mano, me compré tres cd-singles de Sylvian / Fripp de The first day, en concreto dos versiones de “Jean the birdman” (con algunas sorpresas acústicas magníficas) y el que por aquel estaba de “rabiosa actualidad”, “Darshan”, un tema que ya de por sí en el disco tiene cierto aire “bailable”, pero que en el cd-single adquiere un aire definitivamente discotequero gracias a la remezcla de (¡tachán!) un viejo conocido de la música electrónica, Dave Ball (sí, el teclista ipertérrito y bigotudo de Soft Cell) y su The Grid, ese grupo alternativo que tan curiosos discos ha dado. Si os interesa, pues supongo que no lo encontraréis en ningún sitio (ni siquiera en la mula), os ponéis en contacto conmigo. Desde luego, merece la pena.

1 comentario

  1. Alonsod de Palencia

    Los Knicks, Polidori, los Knicks...

    Pero nada es comparable con haber visto uno de los Celtics en el Fleet Center... ¡no digamos ya en el mítico Boston Garden!

    Silluleiter

Escribe un comentario