Españolito que vienes al mundo
Me gustaría pensar en un mundo mejor, o aferrarme a mi realidad más cercana, amable y acogedora, o a aquélla que aunque nos deje impertérritos todos los días al menos tiene como espejo maligno las atrocidades de aquel otro mundo que sólo está cerca si coges un avión. Pero esa ciudad que hace unos días acogió una manifestación a la que ya sabéis que asistí es la misma que acogió otra tan igual y tan distinta. Me sobran razones para haberme sumado a una de las dos, como a todos los rostros anónimos que me acompañaron en aquel post que leísteis, pero esta mañana, al comprar el periódico, un agrio trago me subió por el espinazo y acabó amargándome el sabor de las primeras horas del domingo. Quise pensar que todos tienen la misma intención, que lo que importa es la verdadera razón de condena, pero yo sí estuve dentro de aquélla, y lo que leo de esta última me desespera, confunde y aturde. ¿Dónde estamos? ¿Dónde se quedaron las reglas del juego? ¿Hay algo más tenaz que el engaño de aquel que quiere engañarse? Pero al otro lado del tablero, de ese tablero vigente de las dos patrias de antaño, habrá demasiadas voces que me espetarán que el verdadero engañado soy yo. Incluso algunos peones díscolos, una vez comidos y fuera ya del tablero, me mirarán con desdén, como hacen con "los otros", y nos dirán que estamos todos igual de engañados. Sus razones tienen, y tendrán, pero mi mente está empezando a hartarse, a negarse a comprender, a respetar, y sólo se deja ya llevar por otra realidad que nada tiene que ver con esta otra que me enseñan los periódicos y la tele, esa que hoy miente en las estadísticas, que busca razones o excusas, pero que está tan dividida como antaño. Pero no en nuestro nombre, no, no al menos en el mío. Así, al abocarme al pesimismo, a la tristeza por la tierra que me ha visto nacer, crecer y desarrollarme, quisiera plantarme delante de esa muchedumbre y preguntarle si sabe lo que está haciendo, si sabe a lo que está jugando, pues hay juegos muy peligrosos y suenan ya a mal juego hace tanto jugado.
En cualquier caso lo están consiguiendo, porque son tenaces y pacientes. Al fin y al cabo el lado siniestro del tablero, a fuerza de ser crítico y hasta vago, no sabe estar a la altura en demasiadas ocasiones y acaba por bajar los brazos y hundirse en la desesperanza.
Así es y así será en esta cíclica historia de una de las dos Españas que ha de helarte el corazón.



3 comentarios
No se trata de bajar los brazos, se trata de que es imposible. La teoría es absurda, sus argumentos ridículos, su defensa un despropósito..., pero todo da igual. Quieren creerlo y lo creerán pase lo que pase.
He llegado al convencimiento de que ellos también saben que es mentira, pero no les importa, prefieren su realidad a la de lo demás. La razón, las evidencias, la ciencia, el sentido común, el resto del universo puede demostrarles mil veces que están equivocados, pero seguirán creyendo lo que quieren creer porque no tienen nada más.
Hay gente que cree en un Dios único y verdadero que son tres personas, una de las cuales es Él mismo y, a la vez, su propio hijo, fruto de las relaciones entre una paloma (que también es Él) y una virgen. Que no sólo era virgen cuando conoció (bíblicamente hablando) a la paloma sino que siguió siéndolo durante y después y hasta murió virgen. Y claro, ante eso, tuvo que subir al cielo, así tal cual, con toda su virginidad y su cuerpo. Y creen que está sentada allí arriba a la derecha del Padre (para desesperación de cuantos pilotos de Iberia han sido). Claro, a la derecha del padre de su hijo que era al mismo tiempo su propio hijo y el padre de ella por aquello de la Creación. Y esa es otra, la Creación, esa magna obra de un Dios omnipotente que hasta las narices de aletear sobre el agua (Gn 1, 2) se decidió una semana a poner orden en el universo, un orden un poco confuso pero orden al fin y al cabo. Pero como la tarea era inmensa, a la vista los resultados, el bueno de Dios la completó en seis días y el séptimo se fue a descansar... (Ojalá alguien me cuente un día dónde leches descansó, qué le pasó a su omnipotencia para que se cansase y sobre todo cómo diablos atardecía y amanecía los dos primeros ¡¡días!! si se dejó la creación del sol y la luna para el tercero)
¡Lo peor es que esta historia alucinada lleva dos mil años funcionando! Se achaca a Goebbles la famosa frase de que una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo el verdad, yo ignoro si la frase es suya, pero el concepto ya lo dominaba un tal Saulo de Tarse dos mileños antes.
Salud
6 feb 2007 | 09:10 AM
Amén (con perdón) K, amén.
6 feb 2007 | 11:40 AM
Estamos divididos por fuera porque estamos divididos por dentro. Llenos de conceptos polares que nos inculcaron desde niños y nadie se atreve en su madurez a cuestionar seriamente como bondad/maldad, amor/odio, culpa/preocupación, egoísmo/altruismo, vida/muerte y podríamos seguir hasta el infinito. Esto es así en España y en medio mundo, por no decir en todo.
Luchamos hacia fuera y eso es harto evidente (discusiones, ideologías, peleas, guerras) pero lo que es menos evidente es que eso es consecuencia de la división interior en cada uno de nosotros, los humanos.
La única forma de luchar contra la guerra de ahí fuera es luchar contra la guerra de nuestro interior lo cual (si se hace bien) termina con la bendita conclusión de que ¡no hay lucha alguna! todas las guerras son ilusorias, autoalimentadas, nunca connaturales a la condición humana.
Saludos
22 feb 2007 | 06:55 PM
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