La Coctelera

Las manos en los bolsillos

La política y las distancias

La política lleva con nosotros demasiados siglos. Por política se ha combatido, odiado e incluso dado la vida. Por política hoy andamos aún sumidos en algunas guerras, y continúan vigentes entre nosotros incompatibilidades arraigadas desde generaciones atrás. Y hoy el político al que di mi confianza (no me importa decirlo; en los actuales tiempos de crispación inducida parece que es una heroicidad decirlo) ha hablado ante todos nosotros y sólo ha hecho política. Así que no va a cambiar la apreciación que creo que tenemos muchos sobre el Sr. Zapatero, a pesar de que haya demostrado que desde que está en la presidencia (y supongo que antes) no tiene ni puta idea de lo que se siente desde la calle (con sus cafés a 80 céntimos incluidos). Pero eso ni me extraña ni me hace sentirme defraudado. Zapatero supone lo menos malo, como la democracia. La política tendría que ser otra cosa, como otras cosas tendrían que ser muchas cosas. Por mucho que se hable o se debata el ciudadano de a pie (y que no pertenezca a esos noventa mil afortunados que dicen que son ricos, de verdad, en nuestro país) va a seguir notando que su poder adquisitivo ha disminuido a casi la mitad, que la vivienda es un problema asfixiantemente grave o que no se hace todo lo que se debe hacer, o al menos no con la premura que sería necesaria, ante demasiadas cosas. Y dejaremos que añadáis lo que queráis a la lista. Así que esperaremos también poco de quien dice ser el jefe de la oposición y seguiremos con poco dinero en el bolsillo, una sensación de precariedad sempiterna y una pálpito de que para este viaje no necesitábamos alforjas. O de que en algo nos confundimos a mitad de camino. Eso sí, no olvidaremos quiénes están peor. Pero sobre todo no olvidaremos, cada vez que sintamos la punzada de la mediocridad ciudadana, quiénes están mejor.

Eso sí, la única mediocridad en la que me siento cómodo es la ciudadana. Las demás, por muchos que ustedes quieran, señores importantes, va a acomodarlas su puta madre.

Polidori dixit.

4 comentarios

  1. K

    No sé, Polidori, a mi si me gustó el programa. Me parece una buena forma de que los políticos se enteren de cuáles son los problemas que nos preocupan y se dejen de debatir sobre la cuadratura del círculo.

    Más que las preguntas de rigor sobre terrorismo y varios, me llamaron la atención las realizadas por ciudadano de a píe. Me encanto el agricultor de remolacha y el joven que tras la explicación del Presidente sentenció algo como "pero después de oírle sigo sin poder comprarme un piso".

    No es menos cierto que los políticos tampoco tienen una varita mágica para resolver problemas. Que estos no van a desaparecer de la noche a la mañana. Que algunas cosas, la vivienda, por ejemplo; van a tardar en solucionarse.

    La idea no es tanto si el problema está resuelto como si está en vías de resolverse, porque si ya está resuelto es que no era tanto problema.

    Saludos

  2. Querido K:

    No quiero decir que el programa no me gustara. Me pareció una buena idea y un buen formato, sobre todo porque todavía, al ser nuevo, no le falta "frescura", algo que seguramente si pasará en el siguiente programa con Rajoy. Lo que sí creo es que es un canto de sirena que, en realidad, no va a servir para casi nada. Claro, que puedo estar equivocado. A mí me pareció que los temas son demasiado complicados como para debatirse, si me permites, de manera tan "frívola", aunque halago el esfuerzo de reunir a toda esa gente. Pero desde el principio, cuando te das cuenta de que las preguntas estaban "ordenadas" por temas, sabías que no era una cosa tan espontánea como parecía, y que, por mucho que quieras, una pregunta de tal calado a un político con tan corto espacio de tiempo no puede servir de mucho, porque nadie se imaginaba que Zapatero fuera tajante, y dijera: "es verdad, los políticos, incluidos los del PSOE, tienen culpa de los graves problemas que tiene hoy nuestra sociedad", o diese la solución a cualquiera de las cuadraturas del círculo que tú mencionas. Ya sabemos que los problemas más gordos van a tardar en solucionarse, pero todos queríamos, de alguna forma, "más" en el programa de ayer, que al final fue incluso anodino.

    Y, bueno, me imagino que, como otras muchas cosas, las buenas intenciones en política se diluyen cuanto más alto estés en el escalafón. Es inevitable, te llames Zapatero, Lula o lo que quieras (y no cito otros nombres evidentes).

    Un abrazo.

  3. K

    Estoy de acuerdo en que siempre se espera más, es más, es nuestro derecho no sólo esperarlo sino exigírselo. Lo que se suele perder de vista cuando se llega allá arriba es que no dejan de estar a nuestro servicio, que somos nosotros los que los aupamos y derribamos. Por eso estamos en pleno derecho de exigirles más y más. Como se decía hace años "seamos razonables, pidamos lo imposible"

    El deber de los ciudadanos pasa por ahí, por exigir siempre a los políticos, no ya que cumplan su programa, que eso se supone que están obligados a hacerlo, sino que nos den más, que se dejen la piel porque nuestras vidas sean mejores, porque nuestras posibilidades sean mayores, porque nuestros problemas se minimicen. De lo contrario, ¿para qué los queremos?

    Dicho esto, también es cierto que Zapatero no es el político más elocuente del mundo. Tiene un perfil demasiado frío, demasiado pausado, quizá demasiado conciliador. Probablemente se encuentre más cerca de Suárez que de González (no hablo de ideologías), pero también es cierto que González es mucho González (pese a todos los errores que queramos). Aún así creo que ayer no estuvo del todo mal, se fue calentando poco a poco y hacia el final ya había cogido el tono.

    Creo que además de su carácter, le pesó el estrenar el formato (ciertamente arriesgado) y las dos primeras preguntas (sobre todo la primera) que fueron extraordinariamente duras. Luego creo que se rehizo bastante bien.

    En cuanto a si servirá o no para algo. Bueno, la verdad es que yo ante este tipo de experimentos prefiero ser optimista. Ayer el programa tuvo una audiencia de casi 7 millones de personas, los cuales pudieron ver al Presidente en primera persona, respondiendo a las preguntas directas de ciudadanos como ellos. Creo que eso puede servir para hacerse una idea de los políticos que tenemos, de cuáles son sus soluciones a nuestros problemas, de cuáles son sus políticas. Es importante ir más allá de la anécdota o del gesto y adentrarse en los contenidos. Ayer se habló de una serie de leyes y reformas que si bien no han acabado hoy con nuestros problemas si suponen un paso (en algunos casos un primer paso).

    Si de este tipo de programas lo único que sacamos en claro es que el Presidente no sabe cuanto cuesta un café o que el líder de la oposición no sabe no sé qué otra trivialidad, no iremos a ningún sitio. Centrémonos en lo que nos proponen, en lo que nos ofrecen, en el camino que dibujan para nuestros problemas..., lo demás no son más que fuegos de artifico de la prensa.

    Saludos

    PD: Por cierto, poner en la misma frase los términos frescura (aunque sea entre comillas) y Rajoy, ¿no es un sin sentido?

  4. Lo es, querido K, lo es. Ya lo siento... ;-)

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