Estentoreidad de estentoreidades (o el eco del Sr. Rajoy)
Todos los días, al volver del trabajo, me sumerjo en el túnel que horada la antigua entrada de la carretera de Extremadura, y me da rabia, porque era una de las formas más hermosas de entrar en Madrid. Ingenuo no soy; a pesar de las formas, esta ciudad, y más el cinturón de la M-30, necesitaba un remozado que se ha demostrado hecho a prisas y de cualquier manera, a juzgar por el lamentable estado en el que están los túneles recién inaugurados, las curvas cerradísimas que incluyen y la sensación que se tiene al circular dentro de ellos, pues no parece que "hayan costado lo que han costado". Pero es que esa visión al entrar en la capital, con el espectáculo de la ciudad del XVIII asomando cálida a la luz del atardecer se ha perdido para siempre. Y que queréis que os diga... ¡me jode!
Como me jode el cartel, ahora famoso, de la "Espe" que "jode", ataviada con un casco de obra que le queda como a un santo tres pistolas. Tampoco pecaré ahora de ingenuidad, al no asimilar que los políticos son capaces de cualquier cosa por captar votos. Pero es que sigo estando tan cansado de los conservadores como lo estaba cuando vi Hay motivo, y después de todo lo vivido, pasando por encima la tristeza que todos conocemos, me siguen produciendo el mismo rechazo. Por eso ahora, esta noche, cuando acabo de ver al Sr. Rajoy en televisión me sigue dando esa sensación de que está hablando para una sociedad que no es la mía; la suya es una sociedad que está tan metida en su "normalidad" que no sabe tomar el pulso y las riendas de los nuevos tiempos. Y a pesar de que al otro lado sigue habiendo demasiadas sombras, y de que en todos lados cuecen habas, sigo pensando que este país, esta nación de naciones, continúa tan dividida como siempre, y habrá que esperar mucho para que seamos, de verdad, parte integrante de una sociedad instalada en el futuro, desde el presente.
En fin, perdonarme la perogrullada, pero seguimos metidos de lleno en el engaño en el que llevamos inmersos lustros. Seguimos perdiendo poder adquisitivo por días, y nuestros políticos sólo saben cuadrar las cuentas macroeconómicas.
Sigamos, pues, tirando de arte y sentimientos, que esos, al menos por ahora, no han sido devaluados. Pero no os fiéis, que todo puede ocurrir. Tened cuidado, pues, de no arrojaros por el acantilado, y seguid disfrutando del paisaje, que poco más nos queda.
[El ruido de la tele se ha convertido en la voz inconfundible de Sánchez Dragó por un momento sólo achacable al zapping. Creo que me iré a un rincón a leer a Rimbaud, o algo, no vaya a ser que me salga una urticaria... ¡País!, que diría San Forges].



2 comentarios
Hay memoria.
http://www.haymotivo.com/
23 abr 2007 | 04:33 PM
Creo que tu relato encaja entre mis peores pesadillas. Primero dos horas de Rajoy y luego Sánchez Dragó... Mejor que Rimbaud yo me iría de cabeza a por Baudelaire, no fuera a ser que me tomase al pie de la letra lo del marinero ebrio y la liáramos.
Supongo que más les gustaría que abandonáramos a esos escritores extranjeros de tres al cuarto y nos lanzáramos de cabeza en los brazos de Pemán y su tristemente famoso "mueran los malos intelectuales"; pero yo, que me gusta estar fuera de la tan traída y llevada "normalidad" popular, me quedo con el paisanaje de Sabina y su "muera la muerte"... o cualquier otra cosa.
Salud
26 abr 2007 | 08:43 AM
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